Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
En 1926 circuló en Bogotá el extenso periódico semanal Hogar,
dirigido por la periodista santandereana Uva Camacho, de quien se
decía que tenía un "estilo varonil"
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por sus polémicos artículos acerca de la
condición femenina en el país. El semanario contenía varias
secciones, sobre noticias nacionales e internacionales, sobre moda,
cocina y una titulada "Epistolario del hogar"; en
las que se respondían cartas sobre el rodaje del mundo doméstico.
Incluía publicidad gráfica.
La revista Letras y Encajes, que en algunos años usó el
subtítulo de "Revista femenina al servicio de la
cultura", circuló en Medellín entre 1926 y 1959. En su
larga vida -fue la que más años duró, dentro de este género de
publicaciones-, alcanzó a tener varios formatos, varias
orientaciones y varias directoras, y en algunas épocas la dirección
estuvo a cargo de un grupo de mujeres. Entre ellas figuraron Sofía
Ospina de Navarro, Angela Villa, Alicia M. Echavarría, María
Jaramillo de Simón, Tulia Restrepo Gaviria y Teresa Santamaría de
González. Esta última fue la que más influyó sobre la revista desde
el comienzo hasta el final.
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Cabezote de Catleya, año I, núm. 2, Popayán, mayo de 1938.
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El primer número manifestó el deseo de convertirse en guía para
que las mujeres fueran amas de casa "modernas",
vocablo que se usa desde la segunda década del presente siglo para
designar aquellas mujeres que supieran por igual de literatura que
de culinaria, manejo de ropas y crianza de los hijos. Pero todo
esto dentro de una orientación cristiana, que a veces resultaba
bastante rígida. En noviembre de 1936, por ejemplo, se publicó un
artículo sobre las mujeres de la Acción Católica, de quienes dice
que tienen sobre sus hombros la responsabilidad del comportamiento
moral de la sociedad. Asume que ellas conforman una especie de
"falange femenina del ejército valeroso de los
cristianos". La revista conservó este carácter hasta
mediados de los años treinta. Por esta época se incluyen
comentarios críticos sobre el estrecho horizonte y la ignorancia en
que se encontraban sumidas las colombianas. De ahí en adelante, sin
abandonar el interés original, empezó a publicar artículos que
reclamaban la igualdad jurídica de la mujer y se convirtió en un
órgano del movimiento sufragista que surgió en el país durante
estos años. En el número 111 de octubre de 1935, una de las
colaboradoras escribió: "Tenemos que trabajar lo mismo que
el hombre, pero no contamos con elementos propios. Cuando las leyes
hablan de obligaciones y deberes, se nos aplican con el mismo rigor
que a los hombres, pero cuando habla de derechos y ventajas, pocas,
muy pocas, se refieren a nosotras (...). No somos ciudadanas porque
carecemos de los derechos que constituyen la ciudadanía. No podemos
elegir ni ser elegidas, ni desempeñar cargos públicos; no podemos
dictar leyes, pero estamos sometidas a ellas (...). Cuando
solicitamos el derecho al voto se argulle que sería un arma
terrible en nuestras manos y tienen razón, porque carecemos de
criterios propios (...) es necesario estudiar y
mejorarnos".
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Propaganda de
Tónico ovárico "Ovaril", publicada en la Revista
Femenina, Catleya, año I, núm. 2. mayo de 1938.
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Portada de la
revista femenina año I, núm. 3, publicada por el Instituto Central
Femenino. Imprenta Oficial, Medellín, junio de 1939.
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Pero curiosamente, después de 1957, cuando las mujeres
ejercieron por primera vez el derecho al voto la revista dio un
paso atrás, y le hizo eco al llamado de la Iglesia de que las
mujeres permanecieran en el hogar, del que no debían haber salido,
pues nunca debieron descuidar sus familias.
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Véase Joaquín Ospina, Diccionario biográfico y bibliográfico
de Colombia, Cromos, Bogotá, 1927, págs. 433-434.
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