Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
El segundo recorrido, también de viajeros, navegantes y soldados
-algunos de ellos guerreros, como Lope de Aguirre, "la ira
de Dios"-, pero también de expedicionarios y estudiosos,
como Alejandro de Humboldt y estos modernos canotiers que nos donan
sus crónicas en este libro. Pero hay algo que queda, por una u otra
razón, como un vacío en su espacio cronístico y que corresponde en
variación diferenciada con el legado de Pane, el ermitaño catalán.
El narrador está asombrado ante lo visto. Lo visto es la
cotidianidad del estilo de vida de quienes habitan en los espacios
por donde transcurre la mirada asombrada del viajero. Su mirada y
su escritura son, en sí mismas, un transcurso, es el transcurso en
su cronos viajero que lo ata al espaciamiento vacío de su mirar, de
ver, de transcribir. Aunque el desplazamiento sea al ritmo de
canoas, no es posible captar con detenimiento los acontecimientos
que fulguran diferenciados en uno u otro afluente del sendero
seguido y trazado. Nuestros nuevos cronistas, a diferencia de los
primeros, ya cuentan con otros cronistas, y su escritura se ve
marcada por ellos. Los textos modernos no pueden prescindir de lo
bibliográfico, al mismo tiempo que deben narrar lo que acontece en
su presente.
El politólogo Roberto Franco, del Inderena, así lo asume en su
texto, con el que empieza el libro: conjunción de documentación
histórica y de sus diarios de viaje. Y así se cierra el libro, como
enfatizando con insistencia la actividad cronística: igual atención
en el texto de la antropóloga colombiana Ana Cecilia Montoya
respecto a la colonización y mestizaje en Trinidad. Con un
intermedio de crónica arqueológica del peruano Aldo Bolaños
("Observaciones generales sobre la arqueología del río
Ñapo'*), en el que sólo ha de limitarse a señalar tipologías
generales de relación entre horizontes culturales, para postular
posibles investigaciones futuras entre un hojaldre de figuras de
fragmentos de cerámica sin mayor interrelación con el texto. A uno
y otro lado, en el paginaje, de este intermedio arqueológico y
entre los polos del politólogo y la antropóloga, se presentan las
crónicas del presente inmediato de este viaje respecto al
mesianismo, los últimos vestigios de un patronato de hacienda, una
lista -sin más- de nombres vernáculos de plantas recogidas y
clasificadas de acuerdo con la taxinomia de la ciencia botánica,
una valiosa comparación entre la alimentación endógena y las
propuestas "alimenticias" que llegan con la
colonización -vividas y valoradas en su corporeidad por quien
redacta la crónica-, y el transcurso narrado geográficamente entre
Quito y el Amazonas cuyo autor no puede escapar a su propia
cronografía-geográfica: el geógrafo Camilo Domínguez redacta su
texto desde el lo. de marzo, saliendo de Quito, hasta el 29 de
marzo, al llegar a Iquitos. El 27 de marzo, como preludio de final
de texto, no puede escapar a su propia cronogeografía al llegar a
Santa Clotilde, "un pueblo de unas 70 casas y unos 400
habitantes": "Para dormir en tierra solicitamos
permiso para tender las hamacas en una pensión donde vivían
empleados del Banco Agrícola. Estos son estudiantes de contabilidad
de la Universidad de la Amazonia de Iquitos que se encuentran
realizando prácticas. Allí se tiene la costumbre de dormir con la
luz de una lámpara prendida toda la noche y con el radio encendido.
Para colmo de males uno de los empleados llegó borracho a las tres
de la mañana y lloraba y trasbocaba sin cesar. Un niño se asustó y
acompañaba los lloriqueos mientras que uno de nuestros compañeros
de viaje roncaba como un león.
"Total, me levantó y salí corriendo a refugiarme en la
lancha, pero allí roncaba otro de los compañeros con toda la
potencia de su enorme caparazón. Santa Clotilde perdió todo su
encanto esa madrugada". ¿Qué hubiese hecho Aguirre con su
Ira de Dios y su voluntad de traidor?
La expedición en canoa del Amazonas al Caribe dejó aún otra
actividad cronística: convocó y realizó dos simposios y un
seminario con la participación de delegados de Europa, Estados
Unidos y América Latina. El primero se efectuó en Iquitos (Perú),
convocado por el Instituto de Investigaciones de la Amazonia
Peruana (liap) y el instituto Veterinario de Investigaciones
Tropicales de Altura (Ivita); el segundo sesionó en Leticia
(Colombia) como Simposio Internacional sobre Investigación y Manejo
de la Amazonia, organizado por el Inderena; el seminario en
homenaje a la expedición lo realizó el Instituto Nacional de
Pesquisas Amazónicas (Inpa), en Manaos (Brasil); así mismo
sostuvieron "conversatorios" en la Universidad de
las Indias Occidentales (Trinidad y Tobago), en la Universidad de
Guayana y de las Antillas, en la isla de Guadalupe (departamento
francés de ultramar), con la Sociedad de Historia de la isla de
Nevis, en la Universidad Central del Este (República Dominicana) y
en el Museo del Hombre Dominicano. Con esta otra actividad
cronística se puso en discusión la necesidad de proponer y aplicar
medidas adecuadas en beneficio de las gentes y del espacio
amazónico, como responsabilidad de los Estados.
El proyecto "En canoa del Amazonas al Caribe"
fue y es valioso no sólo por el recorrido de los territorios y el
conocimiento de sus gentes, además de su cronística, sino porque es
en sí mismo una convocatoria a navegar en nuevas crónicas -en ese
legado de escritura con espaciamientos vacíos, al que no escapa-:
Hoy cerca del quinto centenario del arribo de la colonización
podemos convocar nuestros cuerpos viajeros a navegar no sólo por
las sendas de los afluentes y el cauce gigante del Amazonas, sino
también por las sendas de la inmensa diversidad de cultura
diferenciada en múltiples formas de existencia. Esto es lo escapado
de la cronística, estos son sus espaciamientos vacíos. En ellos
podemos viajar y navegar.
WILLIAM TORRES C.
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