Ficha bibliográfica
Titulo: Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23
Autores: Banco de la República. Biblioteca Luis Ángel Arango. Bogotá Colombia.
Edición original: Bogotá:1986
Edición en la biblioteca virtual: Diciembre 2006
Notas: reseñas y artículos sobre arte, literatura e historia.
Consulte y lea en línea libros completos, textos, revistas, imágenes y páginas interactivas sobre temas relacionados con Colombia.

|
| Boletín Cultural y Bibliográfico No. 23

La segunda etapa (1959-1970) comienza con un ambicioso plan de colonización dirigido por la Caja Agraria en la margen derecha del río Ariari. Programa que confrontó muchos problemas, pues partió de un hecho irreal: se declaró la vega del río Ariari como baldía. Así, cuando se empezaron a distribuir las parcelas, los funcionarios de la Caja y los colonos "oficiales" se encontraron con que gran parte de lo que se aspiraba a repartir estaba ya ocupado por los primeros colonos. Ante esta situación, la Caja tuvo que comenzar a repartir terrenos donde los hubiera; se comenzó así a colonizar la sabana, lo cual trajo el más estruendoso fracaso y llevó a que los nuevos colonos buscaran tierras para establecerse en la reserva natural de la Sierra de la Macarena. El programa benefició a los antiguos colonos, pues les permitió acceder a los servicios de la Caja Agraria.

Así mismo, se estableció en Granada el batallón Vargas, el cual iría a cumplir, además de un control militar, un ambicioso programa cívico-militar. El triunfo de la Revolución Cubana influyó en la creación de este contingente militar, pues con base en ello el Estado y las FF. AA. tuvieron muchos argumentos para adelantar proyectos en contra de la influencia comunista. Para ello se contó con la colaboración económica y militar de los Estados Unidos, que, a través de la AID y del programa de asistencia militar estadounidense (Pam), colaboró estrechamente con el plan de acción cívico-militar. Este programa, a diferencia del anterior, contó con mejor suerte, pues el ejército, mediante distintos mecanismos, logró ganarse la simpatía de los habitantes del Ariari.

Si bien el libro tiene grandes aciertos, sobre todo en la parte factual, también presenta grandes desaciertos en la parte teórica y conceptual. Por ejemplo, reiteradamente el autor usa el término |autodefensa de masas campesinas, el cual no es suficientemente explicado y, dados los actuales momentos que vive el país, podría dar lugar a mal entendidos. Así mismo, el autor hace un buen esfuerzo en historiar un proceso regional de colonización en el cual la violencia ha desempeñado papel protagónico. Sin embargo, Londoño Díaz desconoce los avances que al respecto han logrado Luis Duque Gómez (1967), Catherine Legrand (1988), Carlos Miguel Ortiz (1985), entre otros. Sin embargo, los testimonios presentados por el autor son lo suficientemente contundentes en mostrar la conjunción de ambos factores.

Sin embargo, lo más sorprendente es que Londoño Díaz ni siquiera menciona las obras que sobre el mismo fenómeno por él estudiado se han escrito para la región y que se han citado con anterioridad y que le hubieran permitido adelantar algunas comparaciones valiosas. Tales carencias en cuanto a lectura de la bibliografía secundaria básica, de la cual sólo hemos mencionado algunos títulos, hacen de la obra que comentamos, un libro interesante por las descripciones y testimonios presentados pero poco analítico.

Sólo resta felicitar a quienes cumplieron la cuidadosa labor editorial y de imprenta realizada en Villavicencio para sacar a la luz pública este trabajo. Es un buen ejemplo de que en la provincia, si se quiere y se tiene el deseo e interés, se pueden hacer las cosas bien.

JOSÉ EDUARDO RUEDA ENCISO