Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 65
Autores: Banco de la República
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| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 65

Animales descuidados

 

Titulo del libro: Faunética. Antología poética zoológica panamericana y europea

Autor: |Acopio, ordenamiento, introducción, traducciones y notas de Víctor Manuel Patiño
Editorial: Instituto Caro y Cuervo, Bogotá, 1999, 845 Págs.

 

"Una cosa es con guitarra y otra con cajón...", dice el adagio de los viejos limeños (ancianos, quizá) de la más vieja bohemia de guitarra y, por cierto, cajón. Estos instrumentos del vals criollo, hermanados en una frase popular, permiten acercarse a las diferencias entre un libro como |Geórgica americana (2000) y el volumen, editado un año antes, que motiva el actual comentario. Leí primero el de botánica y me enfrento ahora a la zoología de pelambre o sin pelambre, real o imaginaria. Descubrí, como en el Génesis, el terruño y sus plantas; luego me fueron llegando los bichos.

El prólogo de |Faunética está fechado en 1994, en Cali, aunque las pruebas de imprenta (el prefacio se escribe al final, supongo) debieron de estar listas mucho después. Este dato importa por lo siguiente: a estas alturas -internet, correo electrónico- es imperdonable que los datos biográficos de tantos autores y autoras tengan más huecos que la avenida Abancay del centro de Lima. No hablo de poetas de illo témpore sino de Rosario Castellanos, Delmira Agustini, Coronel, Urtecho. ¿Cómo es posible, por ejemplo, que en una lista tan grande como el número de versos del poema de Carlos Argentino Daneri no haya sido posible poner la fecha de nacimiento de Santiago Mutis Durán, hijo de don Álvaro? ¿Cómo explicar que Pierre-Jean Jouve tenga la sorprendente edad de 117 años? En algunos datos no aparece la nacionalidad, en otros se quedan en misterio las fechas de nacimiento y partida de este mundo. Pero lo que causa asombro absoluto es lo siguiente: ¿de qué nos sirve a los lectores el saber que W. S. Merwin tiene un poema titulado |Words from a totem animal (Palabras de un animal totémico, pág. 68) cuando no contamos con versión castellana ni con el original en inglés? No se trata de una canita al aire, sino de innumerables, en la lengua de Mark Twain. Hay poemas del alemán y el francés (¿no bastaba con la lengua de Gracián?). El recopilador -este conjuro, ¿es una justificación?- nos lo repite: "Como se dijo en la introducción, muchos de los poemas en inglés apenas se registran sin publicar el texto ni las traducciones" (pág. 60). Y bien, ¿de qué nos sirve saberlo? Esto no tiene pies ni cabeza: será un animal de lógica invisible.

|Geórgica americana es una antología que agrada porque el proyecto era controlado: hablar de las plantas a través de los poemas a ellas dedicados, restringirse a América y soltar las cartas de una erudición que tiene mucho de filología, antigüedad clásica, sesgo agrícola. Pero cuando entra uno en el reino animal con la convicción de que los seres humanos somos moralmente superiores, ahí la cosa cambia mucho. La investigación botánica se aprestaba al ataque y puede mezclarse sin problema con las rimas y los metros, porque al final de cuentas lo que cuenta es el cuento detrás de los versos, la imaginación de la ciencia de acuerdo con las épocas. En las plantas manda la ciencia, pero en los animales gobierna ese instinto que conocemos como curiosidad en la semejanza. Es notable que |Faunética sea un volumen apasionante por razones tal vez ajenas a la voluntad del compilador, cuando |Geórgica americana tiene su atractivo en un rigor de invernadero. Conviene que venga el maestro Hauser en nuestra ayuda:

|El concepto renacentista de la autonomía estética no es una idea purista. Los artistas se esfuerzan por emanciparse de las cadenas del pensamiento escolástico, pero no tienen un celo particular por mantenerse sobre sus propios pies, y no se les ocurre precisamente hacer una cuestión de principio de la independencia del arte. Por el contrario, acentúan la naturaleza científica de su actividad intelectual. Sólo en el Cinquecento se aflojan los lazos que reúnen la ciencia y el arte en un órgano homogéneo de conocimiento del mundo; sólo entonces se crea un concepto del arte autónomo también frente a la ciencia. El arte tiene sus períodos orientados científicamente, como la ciencia tiene sus períodos artísticamente orientados. En los comienzos del Renacimiento la verdad del arte se hace depender de criterios científicos; en el Renacimiento tardío y en el Barroco la imagen científica del mundo se forma muchas veces según principios artísticos. La perspectiva pictórica del Quattrocento es una concepción científica; el universo de Kepler y de Galileo es en el fondo una visión estética. Dilthey habla con razón de la "fantasía artística" en la investigación científica renacentista, pero con el mismo derecho se podría hablar de la "fantasía científica" en las creaciones artísticas del primer Renacimiento | 1 .

El acercamiento de Patiño y los lectores a |Geórgica americana, sospecho, coincide en muchos puntos; de hecho coincide en la especulación sobre los intereses del arte de varias épocas en representar el reino vegetal. Sin embargo, dudo mucho que en |Faunética ocurra lo mismo. Es un libro motivador en extremo, un libro para ser leído con videncia poética pero al que no podemos dejar de reclamarle rigores de empeño y de selección. Digamos que, respecto de las plantas, los poemas que se quedaron fuera de |Geórgica americana no protestarán jamás; por el contrario, podría apostar que muchos seres expresarían su desacuerdo por no haber sido seleccionados los poemas que tratan de ellos. El rigor y la erudición se advierten en |Geórgica americana y son casi inexistentes en |Faunética, debido a que la sabiduría no puede ser la frialdad descriptiva. Y el criterio de selección de los poemas, ¿ha de ser estético o de guía telefónica? En |Geórgica americana entró lo habido y por haber, digamos, porque la ambición estaba controlada por la geografía. Detrás de cada planta había un sentimiento verbal, que sí, pero de hecho una clasificación. Detrás de cada animal habita el enigma, y eso hace que los bestiarios, de la Edad Media para acá, sean hervideros de incitaciones artísticas. Ni qué decir de las crónicas de la Conquista; tan sólo recordemos que los dibujos de los animales entablaron desde siempre el desafío de la raíz de |otredad. Cortázar, experto vampirólogo, escribió un ensayo insuperable sobre el tema, tomando como punto de partida los dibujos de Aloys Zótl -austriaco de fines del siglo XIX- editados por Franco Maria Ricci | 2 . De esta manera concluye la nota el narrador argentino:

Vámonos entonces, Ricci; detrás de esas rejas queda una silenciosa multitud de formas, de movimientos, de sigilosas conductas, no solamente en las jaulas sino en esas zonas intersticiales donde alientan las larvas de nuestra noche más honda. Un bestiario, un zoológico: espejos. Esos que no tenemos en nuestros cuartos de baño, pero en los que conviene ir a mirarse de cuando en cuando. Aquí, a la vuelta de página, empezarán los fabulosos espejos de Aloys Zótl; yo me despido y entro otra vez en mi condición de hombre que sube a un tranvía para volver a su casa. Pero esa mujer a cuyo lado acabo de sentarme, ¿por qué tiene unas manos tan pequeñas y unas uñas tan largas?

|Faunética no se limita a la geografía sitiada sino al universo en su totalidad: tangible e imaginario. Menudita empresa. Y entonces la selección exigiría gusto, capricho, arbitrariedad, lemas todos de una postura poética. Patiño tiene los mejores deseos del mundo y confía en que hacer una lista por géneros y especies basta y sobra para los fines temáticos que se propone. Los poemas son un simple canal, el medio de la palabra; también pudo haber hecho una fauna comercial, por ejemplo, apelando a las propagandas de televisión. Víctor Manuel Patiño lanza esta excusa que es toda una declaración de principios de muy tierno origen, pero ajenos a la estética de las palabras:

|Debo un desagravio a los animales. Durante más de cincuenta años admitilos a regañadientes, como integrantes del complejo vital, pero detestando su tendencia destructora, por más que se tratara de algo inexorable dentro de la cadena biológica que compele a unos seres a vivir a expensas de otros. Vuelta mi sensibilidad casi íntegramente hacia los vegetales y hacia su austera -si así pudiera llamarse- manera de vivir sin tomar casi nada del medio, como no sea la materia mineral y el intercambio gaseoso de la atmósfera, ignoré despectiva e intencionalmente, en un proceso de obnubilación cultural, a los animales como un mal apenas tolerable. [pág. 20]

Si no hubiera fechas de escritura ni autores contemporáneos, podría uno decir que el hablante, por las palabras citadas, es un "obrero intelectual" del positivismo y se sitúa entre la |Gramática de Rufino José Cuervo y las arengas civiles de Carlos Arturo Torres. La disculpa que enarbola tiene mucho de taxidermista y poco de aquella iluminación magistral del poema de Ezra Pound: "Cuando considero las costumbres de los perros / concluyo que el ser humano es un animal superior. / Cuando considero las costumbres de los hombres / le confieso, mi amigo, que me sorprendo". Cito de memoria, así que también lanzo disculpas a los vientos del acaso.

Si el saber no debe limitarse a la acumulación de datos en el disco duro de la computadora, aquí tampoco se niega a ser un zoológico del verbo. Cualquiera se clasifica. ¿Cómo elegir entre tantísimas arañas cuando el tiempo apremia? |Los Artrópodos, arácnidos, araneidos están representados en las págs. 111-123 (porque ahí vienen tres menciones a poemas "no visibles" de Edward Taylor, Winifred Welles y de nuevo W. S. Merwin). El asunto es que la araña más famosa, la Superaraña, brilla por su ausencia, como también César Vallejo, su progenitor, aunque en el susodicho apartado aparezcan sus paisanos Demetrio Quiroz Malea y Luis Valle Goicochea. En "Buzos", la segunda sección de |Los heraldos negros, se cruza esta peregrina:

|Es una araña enorme que ya no anda; una araña incolora, cuyo cuerpo, una cabeza y un abdomen, sangra.
Hoy la he visto de cerca. Y con qué esfuerzo hacia todos los flancos sus pies innumerables alargaba. Y he pensado en sus ojos invisibles, los pilotos fatales de la araña.
Es una araña que temblaba fija en un filo de piedra; el abdomen a un lado, y al otro la cabeza.
Con tantos pies la pobre, y aún no puede resolverse. Y, al verla, atónita en tal trance, hoy me ha dado qué pena esa viajera.

|Es una araña enorme, a quien impide el abdomen seguir a la cabeza. Y he pensado en sus ojos y en sus pies numerosos... ¡Y me ha dado qué pena esa viajera! | 3

¿Es que Víctor Manuel Patiño ignoraba la existencia de esa mascota del Cholo de Santiago de Chuco? Bueno, nadie es perfecto, y Patiño no tenía por qué saber de tal abdomen existencial. Lo que llama la atención es el hecho de no haber leído los índices de las obras de Vallejo, donde la hiperaraña patalea ahí no más, en su primer libro de 1918. Será para la próxima, entonces. Mientras tanto los poemas de |Faunética son la mejor defensa, pues juntos, como en Masa, del mismo Vallejo, le piden a la araña que no siga en ese trance, que recapacite, que aún hay esperanza. Como todo en la poesía.

EDGAR O'HARA
Universidad de Washington (Seattle)

 

| 1 Arnold Hauser, Historia social de la literatura y el arte (traducción de A. Tovar y F. P. Varas-Reyes), Madrid, Guadarrama, 1971, vol. I, págs. 426-427.
| 2 Julio Cortázar, "Paseo entre las jaulas", en Territorios, México, Siglo XXI, 1978, págs. 27-48.
| 3 César Vallejo, La araña, en Obra poética completa (prólogo de Roberto Fernández Retamar), La Habana, Casa de las Américas, 1970, págs. 12-13.