Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 65
Autores: Banco de la República
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BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 65

El ahorcado de Arbeláez (tomado de América pintoresca. Descripción de viajes al Nuevo Continente, Barcelona, Montaner y Simon, Editores, 1884, pág. 621).

DESPOJOS DE GUERRA Y EXHIBICIÓN CABALLERESCA DE PODER. ESCUDO DE ARMAS OTORGADO. TOLEDO, 1539

Volviendo al caso de Andagoya, conviene examinar un documento alterno a su "relación" a Carlos V que divulga, de manera distinta, las tensiones mencionadas en relación con los conceptos de 'frontera' y 'ciudad'. Me refiero a la "Concesión del escudo de armas de Andagoya", documento en el que el rey le permite a Andagoya diseñar y exhibir un escudo de armas en la gobernación del río San Juan que él espera consolidar (al noroeste de Suramérica). Este documento, que pertenece, entre otros, al mismo paquete de la "Capitulación", postula dos instancias consecutivas del programa de conquista: una de planeación y diseño de una iconografía del poder, y una instancia subsecuente de exhibición de tal iconografía una vez que la frontera haya sido absorbida, la ciudad haya sido fundada y el statu quo colonial haya sido conquistado.

... un escudo hecho de tres partes, que en la primera parte alta de la mano derecha esté un águila rampante en vuelo de campo de oro, y en la otra parte alta de la mano izquierda esté una ciudad de oro encima de la ciudad en lo alto della, un castillo de oro con sus puertas y ventanas de azul; que del homenaje del dicho castillo salga una bandera colorada con unos perfiles de oro y en medio della una cruz de oro en campo verde; y en la otra parte baja un león de oro con una corona real en la cabeza, atado con una cadena de oro, con unas letras delante las manos, de oro, que dicen "Tibro", en campo la mitad de medio arriba colorado y la otra mitad de medio abajo de azul; y una orla con cuatro aspas de oro y cuatro veneras de oro en campo colorado y un yelmo cerrado con sus trascoles y dependencias a follajes de azul y oro [207 - 208] | 31 .

En este documento programático, como dispositivo textual solidificador en la formación de una cultura de frontera y la fundación de la ciudad, se dan claras indicaciones para la vertical organización y distribución de poder y obediencia en un prospecto de sociedad basado en la guerra y el saqueo. Se da también en este texto una institucionalización de los esfuerzos militares y fundacionales de la expansión y la colonización por medio de la concesión de honores caballerescos para el cruzado/conquistador. La articulación de esta misma institucionalización es posible; a su vez, mediante la división conceptual del mundo entre el de unos cruzados, caballeros cristianos hostiles, portadores de una cruz y que buscan metales preciosos, por una parte, y el mundo de salvajes invadidos, por otra; o mediante la división simplemente entre españoles e indios, católicos y paganos, civilizados y bárbaros; es decir, entre los fundadores de las ciudades y la población nativa forzada a vivir en ellas. Los resultados esperados incluyen, primero, la espectacular exhibición de este escudo de armas en una residencia privada que se habrá de construir en la plaza central y, segundo, la celebración y el reconocimiento de varias cosas: la legitimidad de un varón especial (el caballero conquistador), su admirable empresa (la invasión de territorios de infieles y la fundación de la ciudad), la incautación de la plétora de oro (los tesoros acumulados por los nativos) y la efectiva pacificación y evangelización de esos nativos (la cruzada cristiana). Hay, por consiguiente, varios procesos anunciados gráfica y conceptualmente: 1) el despojo de metales y piedras preciosas, claramente indicado en la obsesiva repetición de la palabra |oro y la inclusión del fondo verde asociable, en la mente codiciosa del conquistador, con las esmeraldas del Nuevo Reino de Granada (aledaño a la gobernación de Andagoya); 2) la solidificación del poder español a manos del conquistador comisionado para ello, ya que el rey le ha otorgado una condición nobiliaria con su escudo de armas a cambio de la ampliación de los reinos de Castilla y la consecución de tesoros | 32 ; y 3), sobre todo, la normalización de las conflictivas relaciones entre los nativos y los españoles de tal manera que sea posible la fundación de la ciudad, la construcción de la casa señorial de Andagoya y la institucionalización de relaciones ventajosas para los españoles con los nativos.

Sin la consecución de este estado de cosas la ostentación de este emblema heráldico en la ciudad que se va a fundar sería imposible. La articulación de este proyecto de exhibición de signos nobiliarios en este documento, y en la misma "relación" escrita después a Carlos V, presupone una ratificación textual -desde el punto de vista de los españoles, por supuesto- de la marcha triunfal de la civilización sobre las Indias Occidentales. Implica también un continuado y "natural" avance de la empresa conquistadora desde centros metropolitanos civilizadores (Valladolid, Sevilla, Santo Domingo, Panamá) hacia espacios amplios y "vacíos" | 33 , que resultan estar llenos de indios idólatras y salvajes que esconden oro y piedras preciosas. Este avance civilizador se cristalizará en la ciudad, que primero toma la forma de un fuerte, como vimos, pero que además incluye varios edificios destinados a actividades mercantiles y militares | 34 . En este fuerte/ciudad en ciernes se congregan conquistadores, burócratas (contadores, notarios, jueces, auditores, agentes policiales) y misioneros, junto con la necesaria población nativa forzada en sus confines, para la ejecución de las instrucciones de la capitulación que se ha celebrado entre el rey y el conquistador y otros documentos oficiales que las acompañan. Este espacio de conflictiva y coercitiva congregación de españoles e indígenas se convierte en una localidad poderosa que irradia la cultura y la religión europeas al resto del territorio americano y a la vez acumula la riqueza robada a los indígenas, o conseguida con el trabajo de éstos.

Plano de Santa Marta (tomado de Atlas de mapas antiguos de Colombia. Siglos XVI a XIX, 4ª ed., Bogotá, Litografía Arco, 1997, Pág. 53).

La previa experiencia colonizadora de Andagoya bajo la protección de su mentor y jefe, Pedrarias Dávila, en Castilla del Oro (un trecho entre Panamá y Nicaragua) le dio un modelo para el control de las fronteras y la fundación de las ciudades. Según varias ordenanzas para la conquista de Castilla del Oro -en lo que sería la última expedición completamente financiada por la corona- Fernando el Católico le ordenaba a Pedrarias la inmediata construcción de dos edificios: una "casa de contratación" como la que ya había en Sevilla, y una "casa de fundición" | 35 . El primer edificio debía posibilitar las siguientes funciones: 1) almacén para las provisiones traídas a la colonia; 2) caja fuerte para guardar el botín obtenido en la tierra; 3) oficina para la composición y recepción de documentos legales; 4) salón de conferencias para discutir sobre estrategias políticas y comerciales; y 5) archivo para guardar todo documento pertinente recibido o producido, para su posible consulta futura (estos documentos no eran simplemente letra muerta) | 36 . El segundo edificio debía ser la casa de fundición de mentales conseguidos. Ambos edificios (oficina y fragua atentos al saqueo de la tierra invadida) constituirán el primer centro urbano reconocible en este proceso de fundación de la ciudad.

Los productos de estos dos edificios primigenios de esta ciudad en formación (planchas de oro o plata y documentos legales) se van a convertir en evidencia textual y pecuniaria de la exitosa realización de la empresa colonizadora señalada en la capitulación y las instrucciones | 37 . En el caso de la "relación" de Andagoya, el avance circular de la expansión española (de un centro urbano europeo a una fundación americana y de allí de regreso a España) se convierte en el itinerario del informe narrativo que se escribe para el rey o sus oficiales; pero el éxito de este itinerario textual del conquistador depende de una doble transición: 1) del espacio de una impertinente y deplorable diferencia cultural americana a un espacio de control cultural europeo; y desde 2) una posición de ansia de tesoros escondidos a otra de saqueo. Los edificios desde los que se planean y se propician tales control y saqueo (la casa de contratación, la casa de fundición, la iglesia, la cárcel, etc.), están todos colocados alrededor de aquel espacio que les da una centralidad urbana y solemne: la plaza pública.

Entrada a Bogotá por san victorino, provincia de Bogotá (tomado de |Álbum de la Comisión Corográfica, publicacion de Hojas de Cultura Popular Colombiana, Bogotá, c 1950, núm. 116)

El statu quo deseado entre diferentes grupos étnicos en colisión requiere para su solidificación -según dejan en claro tanto el texto de la capitulación como la "relación" de Andagoya- una permanente exhibición de poder y control que puede tener la forma de un espectáculo de ejecución de un cacique rebelde o la presumida y arrogante exhibición de insignias nobiliarias y de arquitectura europea como se hace en las plazas de Europa. La gran diferencia en el caso americano está en que los individuos que construyeron esos edificios y ayudaron a instalar esas insignias pertenecen a la población nativa recientemente invadida y esclavizada. La fundación de ciudades en una situación colonial -como la americana contemplada aquí- está, entonces inevitablemente unida a la disponibilidad del trabajo forzado de los indígenas. Esta situación se ilustra bien recurriendo a aquella "relacion" de tanto éxito editorial en España a mediados del siglo XVI y titulada |Naufragios. En ella su muy famoso autor, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, nos explica con alguna contrariedad en el capítulo XXXV, cómo él termina colaborando con las cacerías de esclavos indígenas que realizaban las tropas de Nuño de Guzmán en el norte de México. Estos conquistadores andaban desesperados buscando fuerza de trabajo para la construcción de sus casas e iglesias en los pueblos recientemente fundados y para cultivar la tierra en su beneficio. En la narración de lo que bien parece ser la descripción de la ejecución de aquel elaborado protocolo de subyugación llamado "requerimiento", Cabeza de Vaca nos cuenta cómo utiliza su gran prestigio entre los indígenas para persuadirlos a que salgan de sus escondites y vengan a las áreas invadidas y controladas ya por Nuño de Guzmán. Claramente indica, además, que en tal salida y entrega a la voluntad del conquistador sus manos deben dejar de empuñar sus armas y empuñar en cambio un icono cristiano:

Mandámosles que bajasen de las sierras, y viniesen seguros y en paz, y poblasen toda la tierra, y hiciesen sus casas, y que entre ellas hiciesen una para Dios, y pusiesen a la entrada una cruz como la que allí teníamos, y que cuando estuviesen allí los cristianos, los saliesen a recibir con las cruces en las manos, sin los arcos y sin las armas, y los llevasen a sus casas, y les diesen de comer de lo que tenían, y por esta manera no les harían mal, antes serían sus amigos. Ellos dijeron que así lo harían como nosotros lo mandábamos; y el capitán les dio mantas y los trató muy bien; y así se volvieron […] Esto pasó en presencia del escribano que allí tenían y otros muchos testigos [211].

Caracas (tomado de Uma Viagenz a Venezuela, Nova Granada e Equador, Bruselas, A. Lacroix, Verboeckhoven E. [eds.], 1866).

Rituales de fundación, penas capitales, insignias heráldicas y la producción de textos sobre todo lo anterior son elementos cruciales en las ceremonias y diseños de la fundación de la ciudad en las Indias. Según hemos visto, la pauta dominante en las fundaciones europeas en América se resume en la santificación de un espacio urbano, siempre en torno a una plaza en la que convergen siempre construcciones significativas, como una columna, una estatua o una cruz. Convergen allí también estructuras construidas para la regulación comercial (casa de contratación), civil y judicial (oficina de la Real Audiencia, la cárcel) todas las cuales orientan la organización y el desarrollo urbano futuro. Y entre todas estas construcciones sobresale aquella designada para la aniquilación ritual y física de la disidencia, como es el caso del cadalso en el que termina la vida del cacique rebelde de Cali o Lili. Estos asesinatos legales y ceremoniales convierten la plaza en un lugar en el que la integridad política y cultural indígena se controla aun a morir, si es del caso. La plaza se transforma durante estos espectáculos judiciales en una localidad desde la cual se emprende una europeización simbólica, física y, sobre todo, violenta de los habitantes no europeos; o, para ser más precisos, desde allí se intenta, al menos, tal eliminación de la integridad cultural, lo cual redundaría en una total homogeneidad cultural si no fuera por la ubicua resistencia que ha caracterizado a los indígenas americanos desde los atacantes al fuerte de Navidad en Haití en 1493 hasta los rebeldes zapatistas en Yucatán, el pueblo U'wa en el este colombiano, o las comunidades mapuches en Chile en nuestra época.

 

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"Concesión del escudo de armas al Adelantado Pascual de Andagoya (10 - 1 - 1539 )" ["Documento XV"].
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 En la capitulación con Andagoya el rey dice explícitamente: "Primeramente, mandamos que todo el oro y plata, piedras o perlas que se hobieren en batalla o en entrada de pueblo o por rescate con los indios, o de minas, se nos haya de pagar e pague el quinto de todo ello" (véase "Real capitulación con Pascual de Andagoya sobre la provincia del Río San Juan, diciembre 12 de 1538", en Andagoya, pág 187).
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Esta perspectiva de América como un lugar baldío a la espera de la población de europeos no es cosa del pasado. Resonancias de tal visión eurocentrista se encuentran en Solano, quien, al referirse al diseño de damero para las nuevas ciudades típicas del modelo renacentista introducido por los españoles en el Nuevo Mundo, indica que tal modelo fue aplicado y multiplicado "en los amplios espacios vacíos de América" (60).
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La práctica de construir un fuerte como el primer edificio de la nueva población en América fue iniciada por el mismo Colón en su primer viaje: "Agora tengo ordenado de hacer una torre y fortaleza", dice el Almirante sobre la decisión de construir el fuerte de Navidad, en su entrada de diciembre 26 de 1492 (100).
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La orden del rey a Pedrarias en 1513 indicaba: "Luego que con la buena ventura llegardes a la dicha tierra [...] abeys de mandar fazer una casa de contratacion a la manera que alla las husan, para que en ella vos junteis vos, o vuestro teniente quando vos estuvierdes a vuestra gente ocupado en cosas de guerra, con nuestros oficiales, conviene a saber, Tesorero y Contador y Fator, en un apartamiento que para ello se faga en la dicha casa, e ordenar y fazer todo lo que conviniere a la buena gobernación y pacificación y población de la dycha tierra". Véanse "Las hordenanzas que llevan Pedrarias y los oficiales para guardar y juntarse", en Serrano y Sanz, pág. dxxiv.
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Las órdenes del rey eran estrictas en relación con el registro por escrito de cualquier actividad colonizadora. Una primera orden fue crear un sistema de archivo de documentos: "As¡ mismo mandamos que tengays una arca o cofre en la dicha casa, en que tengays todos los despachos e mandamientos generales que nos vos enviasemos, ansi tocantes en general a vuestros oficios, como al bien y población de la dicha tierra"; otra orden especificaba la tenencia de una carpeta exclusivamente para registrar todo acto de administración: "un libro de acuerdo en el dicho apartamiento donde vos juntaredes, para asentar en el todas las cosas necesarias que se ovieren de hacer y proveer y platicar": y otra orden incluso exigía la consulta eficiente de esos archivos: "y las dichas provisiones estarán guardadas donde no se pierdan ni dañen, y el dicho libro podra estar donde lo veais cada ora, para que se guarde e cumpla lo contenido en las dichas provisiones", en Serrano y Sanz, pág. dxxv.
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 Cuatro puntos centrales contemplados en la capitulación con Andagoya aluden precisamente a conquista, fundación de una ciudad, extracción de tesoros y evangelización. Véanse en Andagoya, Capitulación, documento 1 (185-188).