Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 65
Autores: Banco de la República
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Alto a las orillas del San Juan, Chocó (Colombia). (Grabado en madera de Édouard Riou, tomado de Le tour du Monde bajo la dirección de M. Édouard Charton, París, Librería Hachette, 1877, pág.101c).

Los objetivos de la corona coincidían precisamente con los intereses, casi idénticos de los oficiales reales y de los mineros españoles, quienes de modo creciente habían empezado a establecerse en la región a comienzos de la década de 1670. Varias fuentes indican que a comienzos de la década muchos españoles, cuya identidad no conocemos, se trasladaron al Chocó para iniciar actividades mineras; al mismo tiempo, parece que algunas cuadrillas de esclavos fueron trasladadas desde Anserma y Antioquia.

Los mineros españoles no pretendían emplear indígenas en actividades mineras: para esto, importarían esclavos. No obstante, a los indios se les asignaría un papel ceatral en la economía minera emergente. Ellos se encargarían de abastecer los campos mineros (dado que el alto costo del transporte sobre un terreno difícil hacia imposible obtener suficientes provisiones en otras partes), servirían como guías y cargueros, y construirían viviendas tanto para los mineros como para los esclavos. A fin de facilitarles estas labores a los indígenas, las pequeñas comunidades dispersas tendrían que reagruparse en asentamientos de mayor tamaño cercanos a los campos mineros. De este modo, cuando en 1674 el gobernador García le informó a la corona que, para que el tesoro real se beneficiara de las riquezas de la región, sería necesario importar entre doscientos y trescientos esclavos, el sacerdote seglar Luis Antonio de la Cueva, quien además tenía experiencia en el Chocó, insistió en que los indígenas de la región debían radicarse cerca de las cuadrillas de esclavos, con el único propósito de proporcionarles alimentos | 23 .

Por lo tanto, la corona, el clero y los mineros coincidían todos en la necesidad de ubicar a la población indígena en áreas donde fueran más fáciles su adoctrinamiento en la fe cristiana y donde mejor podrían apoyar y abastecer los asentamientos españoles. No obstante, el proceso de reducción demostró ser mucho más difícil de lo que los jóvenes misioneros que llegaron a la región en 1673 habían imaginado. A su llegada al Chocó, ocho de los nueve misioneros franciscanos se dividieron en dos grupos. Un grupo de tres permanecería entre los tatamás, y el otro grupo de cinco se trasladaría a la provincia de Citará. Todos iniciarían el proceso de congregar a las comunidades dispersas en un pequeño número de asentamientos permanentes.

Indígenas en el barequeo del oro procedente de una mina cercana a un río (Gonzalo Fernández de Oviedo, Historia general y natural de las Indias, Sevilla, 1535-1548. Tomado de Fábulas y leyendas de El Dorado, Tusquets/Círculo, 1987).

Desde un comienzo, los misioneros franciscanos afrontaron serias dificultades para llevar a la práctica las congregaciones. El líder de la misión, fray Miguel de Castro Rivadeneyra, cuyo papel parece haber sido el de un superintendente ambulante de las actividades de sus compañeros, informó que poco después de llegar a la región emprendió viaje hacia una aldea indígena a orillas del Atrato para informarles a sus habitantes que había venido en nombre del rey a celebrar misa e instruirles en la sagrada fe. A cambio, los indígenas debían escoger un sitio para su nuevo pueblo, construir una iglesia y establecerse allí. Parece que, en efecto, los indios escogieron el sitio para el asentamiento, el cual se llamó San Francisco de Atrato, e incluso accedieron a construir una iglesia al fraile. Mas, tan pronto como se terminó la iglesia, los indígenas abandonaron el sitio escogido | 24 .

Evidentemente, las dificultades que los franciscanos encontraron en el establecimiento de asentamientos permanentes durante los primeros años de actividad misionera entre los tatamás y citarás fueron en parte el resultado de que los indígenas interpretaron mal las intenciones de los recién llegados. Mas estas complicaciones también se debieron en parte a las pautas de poblamiento que caracterizaban la región, y que consistían en constituir pequeñas comunidades dispersas conformadas por varias familias extendidas, frecuentemente separadas entre sí por distancias de dos a tres leguas | 25 . Además, estos asentamientos dispersos no eran permanentes: por lo general las comunidades cambiaban de ubicación de acuerdo con sus necesidades agrícolas. Como se lamentaba el gobernador García, de Popayán, ante el rey en 1674, ningún intento de congregar a los indígenas en asentamientos permanentes podía ser exitoso mientras los indios se abandonasen a sus propios recursos, "por que ellos a cada cosecha hacen choza nueva adonde hallan a propósito para sus rozas de maíz" | 26 . Sin duda, esto era una característica de la agricultura del Chocó.

En 1678 el jesuita Antonio Marzal observó que un trecho de tierra no tenía capacidad para producir dos cosechas consecutivas. Refiriéndose específicamente a los noanamas, Marzal explicó que los indios frecuentemente abandonaban sus asentamientos durante prolongados períodos, "porque donde rozan una vez no pueden tan pronto volver a rozar o sembrar su maíz" | 27 . Por consiguiente, las pautas de poblamiento y formación de la agricultura constituyeron obstáculos importantes cuando los frailes intentaron reducir a la población.

La organización social fragmentada de los indígenas, basada en pequeñas comunidades formadas por unidades familiares, también obstaculizaron los esfuerzos de los franciscanos. Es claro que los misioneros, en sus esfuerzos por reducir a la población, hubieran preferido trabajar a través de los caciques, pero fueron condenados por la aparente falta de líderes claramente identificables. Esto no quiere decir que no hubiera líderes en el Chocó, por cuanto repetidas veces en los documentos se refería a ellos como capitanes. Mas los capitanes eran hombres cuyas reputaciones se habían construido en contiendas contra grupos enemigos, y quienes no ejercían autoridad permanente sobre sus comunidades. Como observaba Marzal nuevamente, los indígenas "son gentes sin señor, que no obedecen ni respetan a ninguno ni en las guerras, con que si tienen capitanes, no es porque lo obedezcan en cosa, sólo tienen el nombre de ser valientes" | 28 . El procurador general de la provincia franciscana de Santafé también daba por sentado que la naturaleza acéfala de la sociedad indígena del Chocó obstaculizaba el proceso de reeducación, y podía obstruirlo por completo. Insinuaba dos posibles soluciones a este dilema. O los funcionarios coloniales escogían un individuo de entre los indígenas que la comunidad reconocía como su líder, y quien por lo tanto tendría la autoridad para llevar a cabo el proceso de reducción; o una compañía de hombres armados podía despacharse para lograr, por medio del miedo o la fuerza, lo que no se había podido lograr por medios pacíficos: "porque si no reconocen alguna fuerza en sus mismas tierras se volverán a retirar a dichos sitios donde antiguamente vivían y no habrá vida segura asi de religiosos como de los demás" | 29 .

Por consiguiente, las características de la organización social citará obstruyó la tarea de los misioneros. No obstante, la población indígena también se opuso directamente a las actividades de los franciscanos. La resistencia se manifestó en numerosas faramas. Por ejemplo, se negaron a aceptar la autoridad de los frailes o asistir al catecismo. Como se lamentó fray Bernardo Ramírez, "no se hace ningún fruto ni [...] se hará mientras no se buscare modo para que los indios obedezcan a los religiosos mandándoles acudan a doctrina". Fray Miguel de Vera, quien encontró tanta resistencia en el pequeño sitio de Taita que lo llevó finalmente a abandonar la misión del Chocó, también informó que los indígenas se resistieron a cualquier tipo de sujeción, y que los misioneros estaban fracasando completamente en sus intentos de enseñar la doctrina cristiana a los indígenas. Cuando se requería que asistieran al catecismo no sólo se negaban, sino que permanentemente huían de sus pueblos | 30 .

Otro problema especialmente serio era que, desde que comenzaron sus actividades, los franciscanos esperaban que los indígenas del Chocó les suministraran alimentos. Rara vez se cumplieron estas expectativas, no obstante los esfuerzos de los franciscanos para asegurar provisiones a través del trueque de abalorios, campanas, hachas y otros artículos. En efecto, el hambre fue uno de los factores que sacó a algunos frailes, como Miguel de Vera, de la región | 31 . Algunos franciscanos, por ejemplo Miguel Tabuenca, encontraron unos pocos indígenas dispuestos a efectuar el trueque, aunque sólo por algunos artículos, especialmente herramientas, como machetes, cuchillos, hachas y tijeras. No obstante, incluso aquellos misioneros que encontraron indígenas con quienes efectuar trueque descubrieron que no siempre podían contar con la disponibilidad de provisiones (que en todo caso consistían en cosas distintas de maíz y plátanos) | 32 . Con frecuencia los indígenas sólo vendían alimentos cuando tenían un excedente. Muchos otros, como ya se anotó, rehusaban intercambiar, confiados en que podrían sacar más a los colonos por medio del hambre.

La viruela (tomado de Pedro Hernández, |Origen y descubrimiento de la vaccina, z.e ed., Madrid, Benito García y Compañía, 1802, lám. 4).

A veces los indígenas también desafiaban a los misioneros mediante la resistencia, tanto pasiva como violenta. Por ejemplo, en mayo de 1674 Marzal informó que las gentes del asentamiento de Lloró se habían alzado en armas contra el líder de la misión franciscana, Castro Rivadeneyra | 33 . En septiembre del mismo año, el mismo Castro Rivadeneyra confirmó confrontaciones violentas entre españoles y citarás en Lloró, cuando informó que nuevamente los indígenas habían intentado matar a los españoles | 34 . Dos años después, en 1676, el presidente del hospicio franciscano en la ciudad de Antioquia, fray Francisco Caro, informó sobre un incidente que comprometía a fray Francisco García, otro misionero del Chocó, quien al parecer fue atacado por mandarle a un indígena que rezara | 35 . Sin duda semejantes ataques formaron parte de una resistencia más extendida contra las incursiones de los europeos, por cuanto todos los españoles del Chocó parecen haber estado en riesgo. Por ejemplo, el minero Domingo de Veitia y Gamboa escribió desde Lloró en septiembre de 1674 que "los indios están tan revueltos que cada día nos dicen nos quieren matar" | 36 .

 

23
Gobernador Miguel García a la corona, Popayán, 22 de noviembre de 1674, Agi, Quito, leg. 16. Luis Antonio de la Cueva fue uno de varios sacerdotes que habían estado activos en la región algunos años antes de la llegada de la misión franciscana.
| 24
"Testimonio de autos" (franciscanos), Agi, Quito, leg. 67, fol. 44.
| 25
Por ejemplo, véase ibíd., fol. 16.
| 26
Gobernador Miguel García a la corona, Popayán, 22 de noviembre de 1674, Agi, Quito, leg. 16.
| 27
Marzal, "Informe sobre el Chocó", t. II, pág. 494.
| 28
Ibíd., t. II, Pág. 501
| 29
"Testimonio de autos" (franciscanos), Agi, Quito, leg. 67, fol. 16.
|30
Ibíd., fol. 23.
| 31
Ibíd.
| 31
Ibíd. fols. 77, 79-80.
| 33
Ibíd., fol. 80.
| 34
Ibíd., fols.. 113-114.
| 35
"Testimonio [...] sobre el alzamiento...", Agi, Santafé, leg. 204, ramo I, fols. 6-8.Fray Joseph de Córdoba también informó sobre este incidente; véase "Testimonio de autos" (franciscanos), Agi, Quito, leg. 67, fols. 113-114.
| 36
"Testimonio de autos" (franciscanos), Agi, Quito, leg. 67, fols. 112.