Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 65
Autores: Banco de la República
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Notas:
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Para castigar un hecho que ambos tenientes consideraban traición, Arce Camargo dirigió una fuerza expedicionaria de treinta hombres armados desde la provincia de Noanamá hasta territorio citará, a donde llegó el 28 de agosto de 1680. La expedición también incluía a los franciscanos previamente expulsados. Una vez en Neguá, Arce Camargo procedió a prestarle ayuda a Cárdenas en su venganza contra aquellos españoles con mayor responsabilidad por la riña que resultó en la pérdida de su cargo. Diego Díaz de Castro, señalado como el español sobre quien recaía la mayor responsabilidad, fue el primero en sufrir las consecuencias: fue arrestado y posteriormente ejecutado | 52 . Sin duda, la violencia anterior contra Cárdenas y su cargo impulsaron al teniente a responder, incluso con mayor violencia, a los colonizadores españoles, aumentando considerablemente las tensiones en la región. Temiendo por sus vidas, algunos españoles huyeron de la provincia; otros, menos afortunados, fueron arrestados. Si bien la mayoría de ellos fueron posteriormente liberados y desterrados del Chocó, por lo menos uno, el platero Joseph Enrique, recibió órdenes de permanecer allí, y se le obligó a servirle a fray Joseph de Córdoba | 53 . Subsecuentemente, Cárdenas y Córdoba procedieron a confiscar los bienes de todos los españoles que habían huido, que habían sido desterrados o que aun estaban bajo arresto. Uno de ellos, Manuel de Burgos, relató que se le habían confiscado muchas posesiones, minas y esclavos. Otro, Juan Nuño de Sotomayor, informó que Cárdenas se había apropiado de la mina de un tal capitán Juan de Guzmán, la cual operaba en compañía de Jacinto Roque, habiendo nombrado a otro minero para que dirigiera a los negros. Otros testigos agregaron que Córdoba se estaba apropiando de todo el oro extraído de las minas y que, junto con Cárdenas, personalmente llevaba a cabo las incautaciones así como también el cobro de deudas que otros habían contraído con los españoles que se habían opuesto al teniente | 54 .

Modo de lavar oro, provincia de Barbacoas (tomado de Álbum de la Comisión Corográfica, publicación de Hojas de Cultura Popular Colombiana, Bogotá, c 1950, núm. 47).

La violencia con que Cárdenas y Córdoba procedieron contra otros blancos también empeoró las relaciones con los indígenas. Hubo informes de que los hombres armados de la expedición dirigida por Cárdenas y Arce Camargo habían robado alimentos esenciales para las comunidades -maíz, plátano, gallinas y puercos-, y que a causa de esto muchos indígenas estaban muriendo de hambre | 55 . El retorno de los misioneros a Neguá, en agosto de 1680, provocó el aumento de la resistencia. Muchos indígenas se alejaron de las áreas colonizadas; en su huida le prendieron fuego al pueblo de Lloró y bloquearon los caminos desde Anserma y Popayán hacia el Chocó. Ahora los indígenas demandaban que tanto Cárdenas como Córdoba fueran reemplazados, al primero se le debía exigir que compensara a los indígenas por los bienes robados y, lo que es más interesante, que en lo sucesivo no se debía permitir que los curas tuvieran armas y perros. A más de esto, los indígenas amenazaron que de no cumplirse sus exigencias todos se retirarían al territorio aun no conquistado de los sorucos | 56 . Previamente los indígenas habían apelado al gobernador de Antioquia para que restableciera el equilibrio; ahora estaban preparados para tomar acciones directas.

En un comienzo, estos actos de resistencia indígena impulsaron la conciliación. En octubre de 1680, el gobernador Radillo de Arce envió a don Juan Bueso de Valdés, antiguo gobernador, al Chocó con instrucciones de tranquilizar la provincia y hacer que los indígenas regresaran a sus asentamientos. También recibió instrucciones de reemplazar a los frailes Córdoba y Ruiz y pedirle a Lope de Cárdenas que mostrara alguna moderación en sus acciones. Los indígenas serían compensados por todos los daños que habían sufrido, y a los españoles con propiedades confiscadas se les permitiría testificar contra Cárdenas y los misioneros | 57 . Pero para noviembre de 1680, justamente antes de que Bueso de Valdés llegara a la provincia, Lope de Cárdenas había ejecutado a dos españoles más: Nicolás de Murcia y Sebastián García. Este incidente llevó a que Bueso de Valdés detuviera a Cárdenas, quien fue llevado a Neguá y puesto bajo arresto | 58 . Entonces Bueso tomó medidas en contra de los franciscanos Joseph de Córdoba, Pablo Ruiz y Francisco Moreno, quienes fueron arrestados y enviados a Santafé de Bogotá para que comparecieran ante su provincial | 59 . Los nuevos misioneros enviados a reemplazarlos -Esteban Alvarez de Avilés, Dionisio de Camino y Joseph Flores- fueron encargados de la tarea de reconstruir los asentamientos e iglesias y llevar a cabo la reducción y conversión de los indígenas.

Los informes de Bueso de Valdés al gobernador de Antioquia indican claramente que Cárdenas, como teniente, había usado de fuerza excesiva en su trato con los indígenas del Chocó: "es dificultoso -observó- referir las violencias y daños que había hecho el dicho Don Lope de Cárdenas y los clamores de indios y de españoles". Por lo que respecta a los franciscanos, el nuevo líder de la misión, Alvarez de Avilés, encontró que los "religiosos delincuentes" habían avanzado poco en la conversión de la población. Los indígenas, afirmó, "aun no saben persignarse". Aun más, se decía, los niños "no sabían rezar porque los padres se ocupaban en andar cobrando la ropa que vendían". Sin embargo, el cambio en el personal retornó la calma a la región. Según Bueso de Valdés, para el momento de su partida los indígenas, con sus familias, y los españoles, habían salido de los montes | 60 .

REBELIÓN INDÍGENA DE 1684-1687

Sin embargo, la calma que resultó de los intentos españoles de reconciliación en 1680 no perduró. El 15 de enero de 1684 una rebelión a gran escala estalló en el asentamiento de Neguá; la revuelta se extendió a través del territorio citará y llevó a la masacre de la mayoría de los habitantes españoles y sus sirvientes: misioneros, mineros y comerciantes, así como mestizos, mulatos, esclavos y cargueros indígenas del interior | 61 . Más de cien personas murieron en la violencia, que incluyó a centenares de indígenas y se extendió rápidamente al través de la provincia | 62 . Los rebeldes quemaron asentamientos e iglesias, y tomaron ornamentos de los templos y las posesiones de residentes españoles | 63 . En Neguá, por ejemplo, masacraron a todos los habitantes españoles y mestizos -decapitaron cuatro de las once víctimas, y quemaron el cuerpo del misionero franciscano- y robaron todas sus posesiones | 64 .

En la totalidad de la provincia citará, sólo seis españoles sobrevivieron a la rebelión. Puesto que habiendo sido advertidos, lograron refugiarse, junto con cerca de setenta esclavos y gente libre, en una de las minas de la provincia. Estos fueron rescatados el 24 de julio por una de las dos expediciones enviadas, poco después de que comenzó la rebelión, para auxiliar a los sobrevivientes, tranquilizar a la población y castigar a los líderes rebeldes | 65 . Juan Bueso de Valdés, quien partió de
Antioquia con cuarenta y ocho soldados y más de cuarenta indios, encabezó una de las compañías | 66 . Una segunda fuerza, de más de cien hombres armados, asistidos además por ciento sesenta indios, se envió desde Popayán bajo el mando de Juan de Caicedo Salazar | 67 . Más tarde una tercera fuerza expedicionaria, incluso más grande que las anteriores, fue enviada desde Popayán; ésta fuerza, dirigida por Cristóbal de Caicedo, comprendía doscientos españoles y doscientos indios | 68 .

Primer combate en el nuevo mundo (tomado de Découverte de I'Amérique, t I, París, imprenta de J. B. Imbert, 1812 pág. 154).

Entre julio y octubre de 1684, Bueso de Valdés dirigió correrías (expediciones para capturar rebeldes) hacia la región circunvecina de los ríos Murri y Bojayá, donde se pensaba que muchos de los líderes principales habían escapado | 69 . Entre tanto, Caicedo Salazar y sus soldados construyeron un fuerte y llevaron a cabo correrías adicionales dentro y alrededor de Lloró. Muchos indígenas fueron capturados en estas expediciones poco después de iniciar su misión, pero no se capturó a la mayoría de los capitanes principales sino hasta después de 1687, cuando la cabeza de un indio llamado Quirubira, quien se cree fue uno de los principales líderes rebeldes, se envió al rey como prueba de que los indígenas finalmente habían sido derrotados en una guerra que duró desde el 15 de enero de 1684 hasta el 31 de agosto de 1687 | 70 . Los testimonios de sobrevivientes españoles y de rebeldes indígenas proporcionan información sobre los acontecimientos que llevaron a la rebelión y sobre lo que realmente ocurrió.

A diferencia de la de 1680, en la rebelión de 1684 no hubo cooperación entre indígenas y españoles. Los rebeldes mataron tantos españoles como pudieron sorprender, así como a todos los otros forasteros asociados con la colonización del área -esclavos, sirvientes, mujeres, niños, mercaderes-. Las declaraciones de los testigos no proporcionan motivos específicos para explicar la rebelión, y esto hace difícil distinguir las causas directas de la revuelta. La única indicación de una posible causa proviene de informes señalando que, no mucho tiempo antes del levantamiento, el español Martín de Ardanza mató a un indígena e hirió a otro, y que otro español, Domingo de Veitia, amenazó con ejecutar a todos los capitanes citarás | 71 . Es posible que estos acontecimientos fueran las causas inmediatas de la rebelión, por cuanto probablemente los citarás consideraron que las negociaciones anteriores con las autoridades de Antioquia habían fracasado en lograr un cambio real en la conducta de los residentes españoles. Sin embargo, lo que indudablemente queda claro es que la rebelión no fue un acto espontáneo. Más bien, estuvo bien planeada, abarcó una amplia participación indígena y se llevó a cabo rápida y exitosamente.

 

| 52
Ibíd., fols. 66-68.
| 53
Véase ibíd., fols. 27-28, 37-39, 45-46.
| 54
Véase ibíd., fols. 37-39, 45, 72.
| 55
 54 Ibíd., fols. 39-40
| 56
Ibíd., fols. 41-42.
| 57
 Ibíd., fols. 47-48.
| 58
Ibíd., fols. 57-58
| 59
 Inicialmente, Ruiz y Moreno habían trabajado entre los tatamaes y no entre los citarás.
| 60
"Testimonio [...] sobre el alzamiento...", Agi, Santafé, leg. 204, ramo 3, fols. 44, 56-57, 60-61.
| 61
Ibíd., ramo 2, fols. 2, 28, 31.
| 62
Una lectura detenida de las declaraciones tanto de sobrevivientes como de indígenas capturados tras las consecuencias desastrosas de la rebelión muestra que murieron por lo menos ciento doce personas. No obstante, en 1689 el gobernador de Popayán informó a la corona que en un día más de ciento veintiséis españoles habían muerto; esta cifra no incluye esclavos o indígenas; véase don Gerónimo de Berrío a la corona, Popayán, 2 de marzo de 1689, Agi, Quito, leg. 75.
| 63
"Autos criminales obrados por [...] Bueso de Valdés contra los indios chocoes levantados...", Agi, Santafé, leg. 204, ramo 6, fols. 8-9.
| 64
Ibíd., fols. 22-23. 27, 31.
| 65
Ibíd., fols. 22-24, 27.
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"Testimonio [...] sobre el alzamiento...", Agi, Santafé, leg. 204, ramo 5, fols. 1-5
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Como recompensa por su ayuda en la supresión de la rebelión citará, se prometió a los noanamas una exención de tributos por diez años. Véase "Autos obrados por [...] Bueso de Valdés sobre la retirada de [...] Juan de Caicedo...", ibíd., ramo 7, fols. 1, 3.
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Don Gerónimo de Berrío a la corona, Popayán, 2 de marzo de 1669, Agi, Quito, leg. 75.
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 68 Véase "Autos obrados [...] sobre la retirada de [...] Juan de Caicedo...", Agi, Santafé, leg. 204, ramo 7, fols. 2-3, y "Testimonio [...] sobre el alzamiento...", ibíd., ramo 5, fol.30.
|70
Don Gerónimo de Berrío a la corona, Popayán, 11 de marzo de 1689, y certificación de don Carlos de Alcedo Lemus de Sotomayor, 21 de septiembre de 1687, Agi, Quito, leg. 75.
| 71
"Autos criminales [...] contra los indios chocoes...", Agi, Santafé, leg. 204, ramo 6, fol. 25. De acuerdo con Azcárate del Castillo, estas reclamaciones habían sido hechas por el indio Quirubira, quien se pensaba había sido el líder principal de la rebelión.