Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 65
Autores: Banco de la República
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La rebelión comenzó el 15 de enero de 1684, cuando los indígenas lanzaron un ataque sorpresivo sobre el asentamiento de Neguá, donde mataron a todos los españoles, entre ellos al fraile franciscano Álvarez de Avilés | 72 . Al mismo tiempo, se lanzaron ofensivas similares contra los otros dos asentamientos principales de Lloró y San Francisco de Atrato. La rebelión se extendió pronto a asentamientos distantes, por cuanto los indígenas atacaron varios campos mineros, entre los cuales Nuarita e Ingipurdú, así como aquellos que se decía pertenecían a los españoles Joseph Díaz y Domingo de Veitia. Los españoles que vivían en las riberas de los ríos también fueron asesinados | 73 . Algunos sobrevivientes proporcionaron cifras específicas de cincuenta y nueve personas muertas, pero otros testigos mencionaron esclavos, entre ellos varias mujeres, y sirvientes indígenas, pajes, cargueros, y mozos que totalizaron muchos más. Parece que al estallar la rebelión murieron al menos ciento doce colonos. No hubo informes sobre víctimas entre los indígenas | 74 .

La rebelión se planeó con mucha anticipación, y fue organizada y dirigida por un pequeño grupo de capitanes de los tres caseríos más importantes, quienes, en los días anteriores al 15 de enero, viajaron a cada uno de estos caseríos en un esfuerzo por comprometer cuantos indios fuera posible en la insurrección inminente | 75 . En esto tuvieron pleno éxito. En efecto, la rebelión se llevó a cabo con tanta rapidez y acierto precisamente porque numerosos indígenas (y no sólo capitanes) provenientes de todo el territorio citará participaron. Varios indígenas capturados en los meses subsiguientes admitieron sin dificultad haber participado en las masacres, cada uno alegando que se le había ordenado matar a un español. Por ejemplo, un indígena afirmó que había sido enviado a eliminar a un grupo de cuatro españoles que viajaban desde Anserma hacia el Chocó | 76 .

No obstante las matanzas, parece que muchos indígenas participaron en la rebelión más para saquear que para matar. El testimonio indica que, además de mujeres esclavas, quienes eran especialmente estimadas, los indígenas tomaron ornamentos y cálices de las iglesias, ropa y oro, que un indio admitió haber utilizado posteriormente para comprar hachas | 77 . Y cuando los hombres de Bueso de Valdés capturaron varias canoas sobre el río Murri en agosto de 1684, encontraron que llevaban ornamentos religiosos, ropa de cama, martillos, machetes, hachas, acero y sal. En septiembre se capturó la familia de otro indígena, a quien se le hallaron dieciséis hachas, machetes, una reliquia en una cadena, tres pesos en polvo de oro y ropa vieja, entre otros artículos | 78 . Pero aun cuando la rebelión gozó de amplio apoyo, un grupo importante de indígenas se mantuvo leal a los colonos a lo largo de los acontecimientos de enero de 1684, optando del todo por no apoyar la rebelión. En el momento del levantamiento, algunos de estos indígenas estaban ausentes de los tres asentamientos principales; en realidad, los ataques pudieron haberse hecho deliberadamente en un momento que coincidiera con la ausencia de indígenas cuya lealtad a sus propias comunidades era dudosa. De hecho, este grupo de súbditos leales a los amos era muy pequeño, pero a su vez era crucial para la supervivencia de muchos españoles: algunos portaban cartas, otros abastecían de alimentos, e incluso otros devolvieron algunos esclavos capturados por los rebeldes | 79 . Los indígenas más destacados que ayudaron a los colonos fueron los capitanes don Rodrigo Pivi y don Juan Mitiguirre, quienes suministraron información a Bueno de Valdés que facilitó la captura de muchos indios. Por esto, más tarde tanto Pivi como Mitiguirre fueron amenazados por los rebeldes | 80

Anónimo, Historia del Nuevo Mundo, 1565 (tomado de Jean-Paul Duviols, L'Arnérique espagnole vue et révée. Les livres de voyages de Christophe Colomb á Bougainville, 1492-1768, París, Editions Promodis, 1985, pág. 189)

No es claro por qué algunos indígenas permanecieron fieles a los colonos, especialmente porque precisamente unos pocos años antes al menos tres de ellos habían estado directamente implicados en el conflicto con Cárdenas y Córdoba. Uno de ellos había amenazado a Joseph de Córdoba si regresaba a Neguá; otro había amenazado prenderle fuego a la iglesia de Lloró; y el tercero había procurado la promesa del gobernador de Antioquía de que los misioneros franciscanos serían expulsados | 81 . No obstante, una observación hecha por Bueno de Valdés en 1684 señala una posible razón para explicar las divisiones entre indígenas. En un comentario en cuanto a su incredulidad de que la rebelión había ocurrido, Bueno de Valdés mencionó el hecho de que algunos indios chocoes habían sido honrados por los gobernadores de Popayán con los títulos de gobernadores indígenas de los nuevos asentamientos | 82 . El hecho de que muchos indígenas adoptaron nombres españoles (por ejemplo, don Rodrigo Pivi y don Juan Mitiguirre), y el hecho de que posteriormente Pivi fue premiado con el título de cacique hereditario por su papel como auxiliador del proceso de pacificación, apoyan este argumento | 83 . Otros indígenas, tales como aquellos que comerciaban con los españoles, pudieron haber preferido mantener buenas relaciones con los colonos para beneficiarse de estos contactos | 84 .

Por consiguiente, la rebelión provocó algunas divisiones entre la población indígena de la provincia citará. Varios capitanes sobresalientes permanecieron leales a los colonos mientras muchos de los otros indígenas, a pesar de no prestarle auxilio directo a los españoles, tampoco participaron en las masacres. Pero, obviamente, hubo amplio apoyo a la rebelión, puesto que se piensa que centenares de indígenas participaron activamente en ella. Por ejemplo, doce días después de la erupción de la violencia, una fuerza de aproximadamente trescientos indígenas (que representaban una quinta parte de toda la población de la provincia) retornaron a la mina de Naurita, donde los sobrevivientes se habían refugiado, en un intento de completar la masacre | 85 . Es claro que la rebelión apuntaba a borrar todo vestigio de presencia española en el Chocó.

Real cédula sobre la protección de los indios dedicados a trabajos en las minas, dada en Madrid a 13 de marzo de 1568. A. G. N. Colonia. Encomiendas, Legajo 24, folio 756 (tomado de José Agustín Blanco Barros, Atlas histórico geográfico. Colombia, Bogotá, Carvajal, 1992, pág. 25).

En los siguientes meses, muchos citarás se retiraron del territorio que habían ocupado. Al menos siete capitanes rebeldes, acompañados de un gran contingente de hombres, retrocedieron a una región situada a ciento cincuenta leguas de la zona principal de colonización, desde donde siguieron atacando a las fuerzas expedicionarias españolas enviadas a pacificar el Chocó. A pesar de eso, la derrota de los rebeldes era tan sólo cuestión de tiempo. Se capturó a cientos de indígenas poco después de que llegaron las expediciones, y muchos de ellos fueron juzgados y condenados a muerte. Por ejemplo, Fernando Tajina fue sentenciado a la horca pública, sus propiedades se distribuyeron entre los soldados y se condenó a sus hijos a diez años de servicio a los españoles. Los indios Guaguirri, don Pedro Paparra y otros recibieron sentencias similares, en tanto que castigos más indulgentes -como la pérdida de propiedades, los azotes y el servicio personal forzoso- se impusieron a indígenas cuyos crímenes se limitaban al saqueo | 86 . El objetivo principal era, a pesar de todo, prevenir nuevos disturbios más que destruir a la misma población de la cual los españoles dependían para su subsistencia. En lo que respecta a los rebeldes que habían logrado mantenerse firmes hasta 1687, su derrota quedó asegurada con el nombramiento, por parte de la Audiencia, de don Carlos de Alcedo Sotomayor para tomar pleno control de la campaña de pacificación. Alcedo ofreció una amnistía a cambio de la rendición, con lo cual sembró serias divisiones entre los rebeldes. Muchos indígenas se entregaron; otros retrocedieron más hacia la selva, refugiándose entre los sorucos o los cunacunas. Otro grupo, dirigido por Quirubira, permaneció en una fortificación que habían construido para defenderse de los españoles. Pero una vez que los indígenas se dividieron y dispersaron, cada uno de los grupos separados fueron rápidamente derrotados. Para finales de agosto de 1687, Quirubira y otro capitán habían muerto; cuatro más murieron poco después | 87 .

A pesar de la violencia, los líderes de las fuerzas expedicionarias enviadas al Chocó para derrotar a los rebeldes parecen haber sido extraordinariamente reacios a considerar razones que explicaran la rebelión, y mucho menos a reconsiderar los métodos empleados en la colonización de la región. En cambio, los españoles buscaban explicar el comportamiento de los indígenas por la naturaleza misma de la sociedad indígena en el Chocó. Diego de Galvis, defensor de los indios, consideró que la causa de la rebelión se hallaba en la tendencia inherente a los citarás a matar, pues "no conocen... el delito que cometieron". Los indígenas, afirmaba, "pasan todas sus vidas en este ejercicio matando y apresando en diferentes provincias y naciones de estas montañas". Achacó el interés de los indígenas en las posesiones de los españoles al hecho de "la general codicia que tiene y natural novelero y que a todo lo que mira a novedad solicitan con tanto ahínco hallarse" | 88 .

Finalmente, el testimonio de los mismos citarás probablemente contribuyó a la facilidad con que los españoles atribuyeron la rebelión a su misma naturaleza más que a las acciones de los colonos y al proceso de colonización. En sus declaraciones, los prisioneros indígenas demostraron un gusto sorprendente tanto para confesar sus delitos como para proporcionar información sobre parientes involucrados o presentes en las masacres, tendencia que al parecer los españoles tomaron como indicativo de la gran aceptación de las gentes del Chocó hacia la violencia | 89 . Hasta Bueso de Valdés señaló la veracidad inherente a los indígenas cuando observó que "ninguno niega lo que ha hecho" | 90 . El defensor Diego de Galvis también les creyó a los testigos, declarando que "ninguno niega ni aun el delito propio que cometen sabiendo por experiencia que les han de quitar la vida" | 91 . Los motivos para que los citará se mostraran tan dispuestos a hacer estos reconocimientos pudieron residir en la importancia que la sociedad autóctona del Chocó parece haberle dado a la captura y muerte del enemigo. Esta era una característica de la sociedad citará que incluso Marzal había identificado. "Por sola esa vanidad de ser tenidos por valientes -anotó en 1678-, van a la guerra, siempre y cuando quieren, sin que haya quien los detenga, con el deseo de matar, que quien más mata es más valiente" | 92 . Por consiguiente, en su confesión, don Fernando Tajina le informó a Bueso de Valdés que era capitán "porque ha muerto cinco cunacunas y burgumias". Y un indígena llamado Guaguirri describió su oficio como "rozar para sustentar sus hijos y usar la guerra" | 93 . Dada la posición central de la guerra como tal, la interpreación de Galvis pudo estar cerca de la realidad.

CONCLUSIÓN

La rebelión de 1684 y la campaña de pacificación subsiguiente fueron un punto crítico en la historia de la población autóctona del Chocó. La derrota de los rebeldes anunció el final del último intento indígena de sacar a los españoles de la región por la fuerza. En 1690 se informó que un grupo de seis indios conspiraban para matar a los colonos. Pero estos planes fracasaron, habiendo sido descubiertos por el nuevo teniente, don Antonio Ruiz Calzado. Para asegurarse de que ningún intento de este tipo volviera a presentarse, Ruiz Calzado actuó bastante despiadadamente contra los rebeldes, arrestando a ochenta y sentenciando a cuatro a morir. Fue precisamente en este momento cuando los indígenas de la provincia de Citará adoptaron la fuga como el único recurso que quedaba para resistir a los españoles | 94 . De igual manera, la pacificación marcó un momento crucial en otro sentido. Comenzando en 1690, los dueños de esclavos de la provincia de Popayán se dedicaron cada vez más a actividades mineras en Citará. Por ejemplo, solo en ese año cuatro de los dueños de esclavos más importantes de Popayán pasaron cuadrillas de esclavos al Chocó en compañía de un número considerable de mineros españoles | 95 . Después de eso, el número de mineros y esclavos en el Chocó creció rápidamente, y en breve los indígenas de Citará, al igual que los de las provincias vecinas de Noanama y Tatamá, fueron atraídos hacia la economía ninera. Comenzaron a construir moradas y canoas, a cargar bienes y suministros, y a abastecer alimentos. Por consiguiente, no obstante su resistencia temprana, las comunidades indígenas finalmente fueron incapaces de contener el avance español en su territorio y su transformación subsiguiente en una de las regiones mineras más importantes de la Nueva Granada colonial.

 

| 72
Ibíd., fol. 9.
| 73
Por ejemplo, véase ibíd., fols. 24-25, 30-32.
| 74
Ibíd., fols. 3-4, 9, 10, 11-12, 14-16, 24-25, 30-31, 32, 43.
| 75
Para datos sobre la población de los asentamientos, véase "Testimonio [...] sobre el alzamiento...", en Agi, Santafé, leg. 204, ramo I, fols. 75-79, 85-90. 131-143.
| 76
El nombre de este indígena era Juananui; véase "Autos criminales [...] contra los indios chocoes...", en Agi, Santafé, leg. 204, ramo 6, fols. 14-16, 44, 47.
| 77
Véase, por ejemplo, ibíd., fols. 3-5, 12, 14-16, 19. 41,44. La toma de esclavos parece haber sido usual entre los citarás. Un censo que llevó a cabo Bueso de Valdés durante su primera entrada a la región del Chocó, en 1676, muestra un número considerable de esclavos entre la población. Estos eran indios capturados en guerras contra grupos enemigos.
| 78
"Testimonio [...] sobre el alzamiento...", en Agi, Santafé, leg. 204, ramo 5, fols. 34, 50.
| 79
Ibid., fols. 23-24, 27.
|80
Ibíd., fols. 30.35.
| 81
Ibíd., ramo 3, fols. 22-24, 41- 42,44.
| 82
"Autos criminales […] contra los indios chocoes...", Agi, Santafé, leg. 204, ramo 6, fols.8-9.
| 83
Sven-Erik Isacsson, "Embera: territorio y régimen agrario de una tribu selvática bajo la dominación española", en Nina S. de Friedemann (ed.), Tierra, tradición y poder en Colombia: enfoques antropológicos, Bogotá, Instituto Colombiano de Cultura, 1976, pág. 31.
| 84
Véase, por ejemplo, "Testimonio, de autos" (franciscanos), Ági, Quito, leg. 67, fol. 62.
| 85
"Autos criminales [...] contra los indios chocoes...", Agi, Santafé.leg. 204, ramo 6, fol. 32. Según Bueso de Valdés, para octubre de 1684 se habían capturado cerca de seiscientos indígenas, dejando novecientos aún sin capturar. Véase "Autos obrados [...] sobre la retirada de [...] Juan de Caicedo'', ibíd., ramo 7, fol. 4.
| 86
"Autos criminales [...] contra los indios chocoes...", Agi, Santafé, leg. 204, ramo 6, fols. 7-8, 13-14, 17, 20-21, 40, 49, 51, 53-54, 56.
| 87
Don Gerónimo de Berrío a la corona, Popayán, 2 de marzo de 1689, y certificación de don Carlos de Alcedo Lemus de Sotomayor, sin fecha, ambos en Agi, Quito, leg. 75.
| 88
"Autos criminales [...] contra los indios chocoes...", Agi, Santafé, leg. 204, ramo 6, fols. 38-39, 49, 50.
| 89
Por ejemplo, véase ibíd., fols. 11, 14-15, 19,20, 36, 37, 42,43.
|90
Ibid., fol. 37.
| 91
Ibíd., fol. 53.
| 92
Marzal, "Informe sobre el Chocó", t. II, pág. 501.
| 93
"Autos criminales [...] contra los indios chocoes...", Agi, Santafé, leg. 204, ramo 6, fols. 11, 14.
| 94
Don Rodrigo Mañosca a la corona, Popayán, 2 de marzo de 1689, Agi, Quito, leg. 75. También véase "Cuaderno [...] sobre la entrada al río Murri y descubrimiento de nuevos minerales de oro...", Agi, Santafé, leg. 307, fols. 81-82.
| 95
Don Rodrigo Manosea a la corona, Popayán, 16 de mayo de 1690, Agi, Quito, leg. 75.