Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 69
Autores: Banco de la República
Edición original:
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Notas:
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| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 69

En la revista Estudios Críticos, del departamento de historia de la Universidad de los Andes (enero-junio de 1996), aparece un ensayo de Lola G. Luna, "Para una historia política con actores reales", que nos da luz para comprender la posición de la autora. Acá, ella se apoya en el texto de la feminista norteamericana radical de los años sesenta, Kate Millett,  |Política sexual, para quien la relación social que hay entre los sexos es política, y el poder se comprende como dominación. Lola declara en su ensayo: "Resumiendo, creo que se está ante dos enfoques: el que analiza la subordinación femenina desde las relaciones sociales que giran en torno a la producción y la reproducción, y el que mira la historia desde la diferencia sexual significada en el género". Lola toma partido por este último punto de vista.

El texto apela en algún momento a la "reconstrucción" de la subjetividad "desde la acción del sujeto autónomo, activo y 'resistente' que hay en la teoría de Foucault, desmintiendo ese sujeto pasivo que se ha atribuido al filósofo" (pág. 31). Sin embargo, según este mismo filósofo, el poder no es por fuerza  |malo, como creía Sartre, y no es necesariamente de dominación, siendo que relaciones de poder hay en todas partes, de forma variable, así que se puede concebir una relación, de padre e hijo, por ejemplo, o de pareja, donde él y ella relevan el rol de  |dominador, en el sentido de querer y hacer lo propio para influir, para afectar al otro, a la- otra, según los principios de uno o de una, no necesariamente para dominar al otro sino para incorporar nuevas fuerzas entrambos. Léase al respecto la entrevista a Foucault, "La ética del cuidado de sí como práctica de la libertad" (1983).- Es decir, que ocurren relaciones de poder donde no se constituyen poderes estables; es el caso de un jefe o cacique en ciertas tribus primitivas (véase el libro de Pierre Clastres sobre los indios guayaquis del Paraguay), lo cual diferencia precisamente al cacique de un hombre de Estado, donde los poderes tienden a ser estables. El punto importante es que en el ensayo aparecido en la revista de Uniandes, "Para una historia política con actores reales", y también en este texto,  |El sujeto sufragista..., Lola ha hecho su elección; poniendo al género en el origen, considera "la desigualdad entre los sexos como la desigualdad original", fuente de la historia misma, privilegia el caso de las mujeres más bien que considerarlas como una  |minoría (no en el sentido cuantitativo), a la par con los niños, los negros, los indios, los desplazados, el tercer, el cuarto y el quinto sexo (gays, lesbianas, etc.), todos aquellos grupos sociales que se apartan del patrón mayoritario: hombre-blancoadulto-habitante-de-las-urbes-del-Norte. El niño sólo se puede ver como ya grande: "Los niños son el  |futuro de la patria", siendo el adulto incapaz de ver al niño desde el punto de vista del niño, a diferencia del niño que es capaz de ver al adulto desde el punto de vista del niño y también desde el punto de vista del adulto. Así, se dice: "Cuando sea grande", o "¡Como está de grande el niño! ", tratando de arrancarle una sonrisa de satisfacción, no al niño sino a la madre. Son tratados como adultos: los colegios y escuelas son prisiones, con sus candados y rejas y guardias (hombres y mujeres) emplazados en sus instalaciones, mientras se gestiona su liquidación, en trance, a favor de nuevas formas de gobierno, ya no disciplinarias, sino de  |control de las masas de niños, jóvenes y adolescentes, sin escuelas propiamente dichas, "educación continuada". ¿A poco no están ahora los gérmenes atendiendo encuestas de opinión y presentando exámenes de admisión al jardín de párvulos con ayuda del estetoscopio, en alfabeto Morse -raya, punto, raya, raya- respondiendo a la pregunta:  |Diga sí o no a la siguiente cuestión... ?

En su texto Lola se abstiene de distinguir cuál es la  |posición de deseo de las mujeres en cada caso, previa la consideración de sus intereses y del género mismo. Es un hecho que una posición de deseo puede llegar a contrariar los intereses mismos de un individuo o de un grupo. Véase al respecto el libro  |Dulcinea in the Factory de Ann Farnsworth-Alvear (2000), donde se refiere al experimento industrial en Medellín (1905-1960) desde el punto de vista del género. La autora trae varios testimonios de mujeres ex trabajadoras de las fábricas de tejidos Rosellón y Fabricato, ésta con su divisa "Trabajar es rezar", donde se evidencia una posición de deseo contraria a los intereses de clase de estas mujeres: "Todo era por el bien de mi fabriquita", daban a entender algunas de ellas ya viejas, aun habiendo sido despedidas de las fábricas y sufrido el trato habitual dado por los patrones combinando la zanahoria y el garrote, tal como muestra el texto de Ann Farnsworth con su irónico título,  |Dulcinea en la fábrica. Las minorías todas, incluidos los animales, tienden a ser subordinadas a los Poderes centrales, ellas son blanco de su aspiración de dominación soberana y, eventualmente, son presa de estos poderes, según la posición de deseo de los individuos o grupos que conforman estas minorías, según su aquiescencia o resistencia a la fagocitosis de los poderes centrales. El contraste entre el tipo de lucha emprendida por María Cano en los años veinte y la beligerancia de las mujeres pro sufragio en los 30, expresa una distinta posición de deseo en una y en otras, aun si a veces se traslapan: la postura revolucionaria de María Cano, en la plaza pública y en ruptura con los órganos de poder del Estado, dirigida a hombres y mujeres por igual, y la lucha por los derechos de las mujeres (administración de los bienes, ciudadanía, sufragio, derecho a ser elegidas, etc.) emprendida sobre todo en el seno de la Cámara y el Senado, y a través de las revistas y emisoras fundadas por estas mujeres líderes, dirigida particularmente a las mujeres urbanas cultas. Apréciese, en contraste con la Cano, la postura de Ofelia Uribe en 1955, cuando ya se les había dado el voto a las mujeres en el gobierno de Rojas Pinilla, en el periódico Verdad, que ella dirige: "  |Verdad es la fuerza constructiva que, guiada por los principios eternos de la moral cristiana, habrá de orientar la inteligencia femenina hacia una nueva corriente ideológica dentro de un clima de equilibrio, de cordura y paz" (pág. 156). Lola enfatiza la necesaria lucha por la  |visibilización de las mujeres, que las mujeres  |hagan historia, el mismo postulado de Ofelia Uribe; ambas comparten también el énfasis que ponen en la lucha por la igualdad. Hoy sabemos bien que los que hacen la historia son los mismos vencedores de siempre que han impuesto precisamente el patrón del hombre-urbano-adultoblanco aludido atrás. He aquí la conclusión del ensayo citado de Lola en la revista Uniandina, y nótese cómo el argumento afecta al estilo: "Está claro que el reto se encuentra en ver que hay aspectos de la historia en donde las mujeres no se pueden hacer presentes si no tenemos los conceptos apropiados para explicar de qué manera lo están en su ausencia, porque ¿cómo explicar la experiencia política de las mujeres si seguimos manteniendo un concepto tradicional sobre el poder y la política, que en su epistemología las excluye?". Lola entrevista a Ofelia Uribe, de 84 años, en 1984; la encuentra de "una lucidez envidiable, aunque bastante decepcionada de lo que significó el logro del voto" (pág. 82). En su libro de 1963, ella se duele de que las leyes conseguidas "han corrido la suerte de todas las que han sido dictadas en la defensa de la mujer: se han quedado escritas porque sus beneficiarias ni siquiera tienen noticia de su vigencia" (pág. 128). Pero es que, precisamente, los problemas acuciosos de las mujeres, así como los de las demás minorías, afrontan la | imposibilidad |de hierro que sintetiza el Estado, el gobierno de la impotencia, de manera que las conquistas logradas a este nivel resultan más bien irrisorias, separadas del grueso de la población femenina en el país. Lola concluye su libro mostrando que "la ciudadanía adquirida era puramente formal y que estuvo fundada en el oportunismo de la coyuntura populista conservadora" (pág. 162).

Nos parece que el texto de Lola sobrevuela, más bien que aborda, la problemática real de las mujeres, y ello se pone en evidencia desde el primer capítulo, alrededor de la cuestión del género y de la constitución del sujeto, donde despliega un anda miaje teórico seco y enredado para tratar de dirimir en qué condiciones aparecen las sufragistas como sujetos activos en Colombia, girando alrededor de las ideas de la feminista norteamericana Joan Scott y su  |Ciudadana paradojal, paradoja dada en el hecho de que la mujer busca la igualdad desde una diferencia irreductible (?), su condición de mujer, cuestión en la que nos parece que Lola, y las feministas en las que se apoya, no salen bien libradas, en la medida del énfasis que ponen en la lucha por la igualdad, como si a los niños, por ejemplo, les fuera propicio luchar por la igualdad y ser tratados como adultos (hay que verlos ahora trabajando de cuatro, cinco o seis años  |en la oficina, con su bolsa de confites dentro del bus). En el primer párrafo del primer capítulo, como quien dice el mero abrebocas del texto, leemos: "En la investigación feminista se están adoptando posturas eclécticas para no renunciar a los beneficios que la modernidad ha traído a las mujeres (visibilización como sujeto y cierta igualdad legal) y las posibilidades que ofrece la posmodernidad, o más concretamente las teorías posestructuralistas, para la interpretación del género, su deconstrucción, reconstrucción o resignificación" (pág. 21). Tan cerca, este tono y estilo, de una racionalidad y una sequedad típicamente masculina. Sin embargo, el libro vale la pena y da qué pensar.

 

RODRIGO PÉREZ GIL