Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 69
Autores: Banco de la República
Edición original:
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Notas:
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| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 69

Soy de pequeño formato

 

Titulo del libro reseñado: Hernando Tejada

Autor del libro reseñado: |Antonio Montaña Marino
Editorial del libro reseñado: Alejandro Valencia Tejada Editor, Cali, 2003, 316 págs.

 

Hablar de Hernando Tejada es hablar de uno de los artistas más singulares del arte moderno colombiano. Y es singular por varios aspectos: por el material en el que trabaja, por su cercanía con la artesanía, por lo naif de su arte, por su independencia temática y por su originalidad conceptual.

Y nada mejor para apreciar las anteriores características que este singular libro, tan acertadamente concebido como primorosamente editado. Si existiera un premio al libro mejor editado en Colombia, con seguridad  |Hernando Tejada, de la editorial caleña Alejandro Valencia Tejada, lo ganaría. Pero expliquemos los motivos del asombro.

Antonio Montaña, amigo y cómplice de "Tejadita", ha sido la persona escogida para escribir un texto donde el rigor temporal y artístico no riñe con la calidez de su palabra amiga. Dividido en capítulos donde analiza el aprendizaje y el desarrollo plástico del artista sin olvidar las circunstancias históricas en las que se encuentra, Montaña logra una reconstrucción de sucesos y lugares de gran validez, como el que el autor hace en "Bogotá en tiempos de Tejada", donde realiza una revisión a figuras emblemáticas del café El Automático, como Jorge Zalamea y León de Greiff, o el capítulo denominado "Cali en la década del 50", un fresco que nos hace revivir el ambiente en el que se movía nuestro artista, y así consecutivamente, pasando por todos los periodos de su vida hasta su fallecimiento, en 1998, dejando atrás 74 años gozosamente vividos.

Resulta curioso que Tejada, quien tenía una gran habilidad para el dibujo, abandonara la pintura, de donde devengaba su sustento para sobrevivir, a fin de dedicarse de lleno a la escultura. El autor lo ve de esta manera:

Son muchos los retratos que pinta en esa época y es posible pensar que como todo gran artista habrá sentido en ese momento tocar los límites y saber que continuar como retratista, si bien soluciona problemas económicos no le abre caminos (…) Era evidente que hacerlos no le divertía. Deja de lado el pincel y el lienzo. Toma pedazos de madera y los ensambla, juega con objetos, bodegones [ ...] Es la etapa de invención que todavía elude las formas definitivas, ni siquiera las formas preliminares. "No estoy haciendo nada" respondía a quienes lo interrogaban sobre su trabajo

Pero no se va a dedicar a cualquier escultura clásica o vanguardista, sino que escogerá un bestiario particular hecho de un material que no es bronce ni hierro, ni que tampoco es mármol ni piedra. Es el balso. Y será este blando y poroso material el que lo acompañe desde la década de los sesenta hasta el final de sus días, logrando con este soporte las obras que a la postre lo harían ocupar el lugar que desempeña en el arte nacional.

Y es el material y su temática lo que le hace dar uno de los pasos más curiosos del arte colombiano: alguien que quiere pasar del artista al artesano. Si una de las grandes conquistas del Renacimiento frente a la Edad Media fue pasar del artesano al artista, al parecer Tejada invierte los factores, pues de manera consciente pasa, como ya se ha dicho, del artista al artesano. Se podría llegar a suponer que Tejada escogió voluntariamente esta aparente "inversión" porque habrá encontrado, tanto en el material como en la imaginación, un vastísimo campo por explorar.

Sus artefactos, sus objetos, donde abundan los gatos, las mariposas, las ranas, sufren una transformación producto de su tallado artesanal y de su imaginación naif. Todos ellos se dulcifican, como si tocara la parte más etérea de los animales. No busca en ellos volverlos tótems o ídolos o símbolos. Más bien lo que Tejada hace es "copiarlos" con cierta maliciosa -y deliciosa- ingenuidad, traerlos al mundo, como un feliz Noé que desembarca en la tierra a sus animales salvados de las aguas del diluvio. O como un creador que gozara inmensamente con sus criaturas, concebidas para la felicidad general de la humanidad.

Esa ingenuidad a la que se ha hecho referencia me parece que hunde sus raíces no sólo en Henri Rousseau y en Noé León, con quien se emparienta en ciertos puntos, sino que proviene de esa asimilación indígena de la imaginería barroca. Tejada trabaja sus obras como si fueran partes de un retablo. Así como en el barroco los artesanos americanos adaptaron a su medio las enseñanzas europeas, Tejada le da otra vuelta de tuerca y utiliza los elementos de los imagineros indígenas o criollos de la colonia para aplicarlo a su trabajo.

Por eso uno de los puntos más originales de su obra es esa especie de "felicidad" que transmite, esa bien entendida "inocencia" que encanta a todo quien lo ve. Retomando la mencionada "involución" que plantea Tejada -del artista al artesano- le permite tomar de la artesanía la libertad, la producción casi "en serie" de su obra, las mínimas variaciones de una obra a otra, y del artista, la conciencia de hacedor, la concepción de una obra acabada, auténtica, para elaborar esas obras tan reconocibles, tan admiradas y tan admirables.

Dentro de su iconografía particular destacan sobre todo dos grandes temas: los gatos y las mujeres. Y al final de su vida, los manglares. Cabe decir que todos ellos han sido transformados por la imaginación de Tejada, teñidos por una visión onírica, de cuño ciertamente surrealista.

Este libro cierra con su serie "Los manglares", serie que a la postre se convertiría en lo mejor de su obra.

En ella apreciamos con claridad su proceso creativo: de una pieza sale la siguiente y la siguiente, tan parecidas entre sí pero siempre con un elemento distinto. Son piezas donde el artesano aparece más sutilmente y donde su imaginación se dispara. Son lo que aspiraban a ser sus otras obras: pequeñas obras de teatro o, mejor, decorados para una obra. Por otra parte, esta serie de Manglares -así como el resto de toda su obra- mantiene una estrecha relación con la infancia, ya que, gracias al material así como a su concepción, parecen como si fueran juguetes.

Definitivamente  |Hernando Tejada es un libro que se deja leer y se deja ver, con la seguridad de que estamos ante el volumen que recoge toda su obra y el cual es desde su aparición un referente indispensable a la hora de realizar un estudio serio sobre su trabajo.

 

RAMÓN COTE BARAIBAR