Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 69
Autores: Banco de la República
Edición original:
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Notas:
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Entender esto desde el punto de vista de lo adoptable, de lo que debe ser o lo que más conviene, no significa que hayan desaparecido vicios regionales de mal entender la cultura, de apreciar desde el mito lo que significa ser antioqueño. La anécdota traída para explicar los efectos de una mentalidad que puede rayar con la intolerancia y la xenofobia se encuentra en todos los niveles, es decir, hasta en el concurso de personas que en un momento dado han ocupado lugares donde exponer sus puntos de vista, pero que pueden resultar inconvenientes: "Hace sólo unos días -cuenta Gaviria Gutiérrez-, durante la conferencia de Mario Vargas Llosa en la reciente feria del libro una de las personas sentadas en la mesa principal decía en su discurso, que en Antioquia bien nos podíamos saltar el himno nacional, pero no el de la patria chica. así mismo la publicidad en el Metro (una de nuestras últimas gestas de grandeza) dice sin rubor: 'Antioquia el mejor país de Colombia', de otro lado las frases de Antioquia federal pululan en los taxis y en las gargantas de los comentaristas deportivos y los más niños ya se sienten tocados por el hálito de grandeza de la raza paisa" (pág- 10)

El simposio del 2002 precisa que, desde 1980, la investigación está marcada por la tendencia de lo regional. De este modo se supera el estancamiento que se había producido por el estudio sobre los temas de la violencia. La violencia contemplada desde un país general, con visión desde lo "universal", pasó su análisis a un enfoque más preciso en el marco de lo regional. Se analizan de este modo los fenómenos locales. Se pudo hacer comprensible el porqué en unas regiones, más que en otras, se vive con más vehemencia el conflicto. La precisión del estudio por regiones tuvo que ver, por ejemplo, en Colombia, con casos como los de Urabá, Magdalena Medio, Guaviare o Casanare.

Como ya se dijo, uno de los estudios expuestos y publicados en el libro, corresponde a Clara Inés García. La historiadora establece en qué cantidad o porcentaje se han desarrollado las investigaciones sobre estos episodios de intemperancia. Los resultados muestran en cifras los diferentes énfasis que sobre el asunto se dieron en los centros académicos: "El 65% de la producción teórica se genera en la Universidad de Antioquia y el 35% en universidades de Bogotá. En esta ciudad son el Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (Iepri), de la Universidad Nacional, de la Universidad de los Andes y de la Universidad Javeriana los que realizan estudios o tesis de pregrado en el tema" (pág. 103).

Entre los comentarios que forman parte de  |Estudios regionales en Antioquia se encuentra uno, escrito por el investigador Oscar Almario García, que se refiere a la ponencia de la historiadora Beatriz Patiño. Vistas de conjunto, las observaciones planteadas por el historiador tienen una orientación diferente frente al tema. Aparecen como el aguafiestas, con argumentos bien fundamentados. Arrancan con un reclamo que deja en evidencia el poco interés para la difusión de los informes que se realizan. Por lo general, "quedan sólo para utilidad de los anaqueles de las bibliotecas, porque son difíciles de consultar y porque la mayoría de las veces ni siquiera se conoce su existencia" (pág. 59). Este señalamiento muestra una vez más que hace falta una política de divulgación de los temas históricos. Y no se trata de un difundir por difundir, sino de un difundir para encontrar conocimiento que dé soluciones. Por lo general se trata de trabajos que requieren mucho tiempo, mucho empeño por parte de los especialistas que hacen recopilación de referencias y de enlace de ideas que se hallan sueltas, imbuidas en el ritmo veloz de las sociedades que producen hechos y situaciones históricos. Los anaqueles de las bibliotecas donde dichos informes van a parar, en vez de ser lugar de difusión, se convierten en lugar de reposo, de cripta documental.

El historiador Eric Van Young, citado por Oscar Almario García, hace una definición muy casera, pero a la vez muy diciente del complejo concepto de región: "[...] las regiones son como el amor, difíciles de escribir, pero las conocemos cuando las vemos" (pág. 61). A partir de ello, el historiador colombiano, como quien deshoja una margarita, busca los síes y los noes de una cuestión que parece evidente, dado que, como sigue argumentando el citado Young, "la mayoría de nosotros piensa que ya sabe lo que es una región: el área que estamos estudiando en ese momento" (pág. 61). De aquí se desprenden varios reclamos sobre lo que el investigador interesado en la región debe asumir. Es por ello que todo estudio de región debe ir más allá del amor a primera vista. La analogía amor-región debe ser superada y crear una solidez en un modelo conceptual que ayude a pensar y trabajar sobre un "destino más o menos claro".

El tema de territorio demarcado que se separa de ver la historia como "universal", tuvo su momento en los años que siguieron a 1970, cuando para entonces al hoy fallecido historiador Germán Colmenares le pareció que el concepto de región les facilitaba a los investigadores "salir de la cárcel de los modelos abstractos que no se sometían a una contrastación empírica, a la que parecía haberlos condenado el ambiente académico e ideológico de aquellos años" (pág. 63). Sin embargo, entre la serie de preguntas que surgen en torno al proyecto región, se halla la de saber qué tanto se pudo desarrollar; es decir, si después de que muchos lo entendieron, qué tanto se empleó o se aplicó para hacer las investigaciones. La conclusión a la que llega el historiador Almario García es la siguiente: "El tema desapareció de los congresos nacionales y regionales, los grupos que la practicaban se diluyeron, sus animadores se agotaron" (pág. 65). De este modo, para el historiador citado, el tigre anunciado se convirtió en un gatito inofensivo, y esto, en cierta medida, por la arrogancia intelectual que no ha desaparecido del todo de los intelectuales.

 

ÁLVARO MIRANDA