Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 69
Autores: Banco de la República
Edición original:
Edición en la biblioteca virtual:
Notas:
Consulte y lea en línea libros completos, textos, revistas, imágenes y páginas interactivas sobre temas relacionados con Colombia.

|
| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 69

Hay otro argumento que refuerza la idea de que esta compilación de artículos periodísticos realmente cumple con la labor de rescate de un patrimonio cultural, y es el periodo a los cuales corresponde: 1940 a 1970. Por tanto, el contenido de este libro está enmarcado en lo que fue la gran transformación cultural de mediados del siglo XX en Colombia, cuando por fin los problemas y técnicas de la modernidad comenzaron a manifestarse en las artes colombianas, especialmente en la literatura. A ello habría que añadir que el autor es de la costa atlántica, y ello no es algo que se pueda obviar, pues fue ese el principal punto de entrada de las obras de vanguardia en Colombia. De hecho, García Usta, compilador de este volumen, no duda en calificar lo sucedido entonces como una auténtica "rebelión costeña" (pág. 84). Al respecto, un fragmento de la entrevista concedida por Rojas Herazo a Juan Gossaín resulta esclarecedor:

|El bogotano, por ejemplo, siempre pensó que el señor Caro y similares eran un buen antecedente literario. Pero esas bases no existían en la realidad. ¿Qué fue lo que hicimos los escritores costeños? Comprender, con ese gran sentido del realismo que es propia de nuestra naturaleza tropical, que esas historias eran falsas. Y entonces nos dedicamos a buscar las raíces de la literatura verdadera en otra parte: en los grandes novelistas gringos, en Borges, en los escritores del sur. Por eso José Félix Fuenmayor, Gabito, Cepeda, todos pudimos abrir el camino por otro lado. Porque no creíamos en la calidad literaria de los latinistas de Bogotá. [pág. 37]

El anterior fragmento de la entrevista está recogido en el ensayo que, en  |Vigilia de las lámparas, antecede a los artículos periodísticos. Un ensayo de 80 páginas que cumple las funciones de prólogo, escrito por el compilador mismo, Jorge García Usta, y que ilumina para el lector la personalidad de ese gran autodidacto que fue Rojas Herazo, quien fuera un "espíritu antiacadémico desde su adolescencia pueblerina, por entender la academia como el refugio de los humanistas apócrifos y sobre todo como la promoción de la idea antivitalista del arte y la vida" (pág. 10). Entre otros temas mayores del ensayo destacan las influencias periodísticas de Rojas Herazo, que lo muestran como una persona muy al tanto de dónde estaba la vanguardia en la escritura periodística, novelística y ensayística en su época:

|[...] en el contexto colombiano los antecedentes particulares más sugerentes eran Baldomero Sanín Cano, Luis Tejada, José Mar y José Gers, y sus referencias periodísticas internacionales, al menos hasta la mitad de los años cincuenta, eran los españoles Azorín, Gómez de la Serna y Ortega y Gasset, de un lado, y los norteamericanos Hemingway y Dos Passos, de otro […] [pág. 17]

Un lugar especial en el ensayo lo ocupa, precisamente, el modo como el periodismo marcó la literatura de la costa, nutriendo sus técnicas, y como García Márquez fue uno de los beneficiarios de esto, pero no el único. Frente a "El Nobel", de hecho -especialmente en lo concerniente a la mitologización del papel del mismo dentro del Grupo de Barranquilla-, la posición de García Usta es en extremo crítica:

[Rojas Herazo] |es el escritor colombiano que tal vez más, y más profunda y fraternalmente, escribió sobre Gabriel García Márquez antes de enfrentarse, indignado, a la organización de la mayor dictadura divulgativa del siglo XX colombiano. [pág. 85]

Esta última observación se ve sustentada más adelante en varios artículos de Rojas Herazo sobre su colega de Aracataca. En "Un artista y un grupo", publicado el 30 de diciembre de 1948, se describe la esencia del Grupo de Barranquilla, sin mencionar aún a García Márquez, de lo cual se extrae que el que éste fuera miembro fundador del grupo es sólo un mito -aunque, sin duda, se integrara a él luego de su llegada a Barranquilla-. Otros artículos posteriores nos muestran esa escritura profunda y fraternal de la que habla en el prólogo García Usta. En el artículo titulado, precisamente, "Gabriel García Márquez", publicado el 30 de marzo de 1949, no duda en calificarlo como "primer cuentista nacional" (pág. 106). Y siete años más tarde, en el artículo "'Nuestra' novela", a raíz de la publicación de  |La hojarasca, Rojas Herazo no duda en afirmar que García Márquez va en camino de convertirse en el primer novelista auténtico que haya producido Colombia después de la muerte de Tomás Carrasquilla. Pero quizá el artículo que demuestra mejor el aprecio íntimo entre ambos escritores sea aquel titulado "Tres novelas de Gabriel García Márquez", publicado el s de mayo de 1951, donde Rojas Herazo habla de su impresión de la lectura de algunos capítulos de tres novelas inéditas en las que García Márquez estaba trabajando en ese momento, tituladas  |La rebelión de los espejos, Los cerezos de Yosanoff y El árbol que crecía sobre un cadáver (pág. 129)... Luego de leer esa sorprendente declaración, el misterio de si García Márquez nunca terminó esas novelas, decidió no darlas a la imprenta, cambió sus títulos o las integró en alguna otra obra, queda en el aire, mas la amistad que lo unía a Rojas Herazo resulta más patente que nunca.

Pero no sólo de García Márquez ni del Grupo de Barranquilla habla esta compilación. De hecho, ambos temas no forman más que una minúscula parte del total. El espectro de temas de este primer tomo de la compilación de artículos periodísticos de Rojas Herazo es tan amplio como el arte mismo, pues la palabra  |cultura es en esencia el único elemento unificador de los 252 artículos del volumen. La división misma del libro corresponde a las distintas ramas de las artes. La primera parte, que ostenta el mismo título del volumen, "Vigilia de las lámparas", reúne la mayoría de los artículos escritos por Rojas Herazo sobre narrativa y poesía; la segunda parte, "La parábola de nuestro idioma", se centra en la reflexión ensayística, en particular en los terrenos de la lingüística; la tercera parte, "Náufragos de la luz", se destina a sus artículos sobre artes plásticas; la cuarta parte, "Llaga y frenesí de nuestro barrio", corresponde hasta cierta medida a lo que hoy llamamos estudios culturales, abarcando temas tan variados como el folclor, la idiosincrasia nacional, la danza y la arquitectura; la quinta y última parte, "El alma de nuestro siglo", se centra en el cine. Los títulos de las distintas partes están extraídos de frases del mismo Rojas Herazo y cada una de ellas está ordenada en forma cronológica.

Respecto de este orden, valga decir que, a mi juicio, es precisamente una de las pocas fallas de esta compilación. Rojas Herazo, como todo periodista, fue adquiriendo maestría en el oficio a través de la práctica y, dado que comenzó a escribir a los veinte años, no resulta extraño que los artículos más logrados estén en la segunda mitad de su vida profesional. Pero como cada una de las cinco partes comienza con artículos publicados en la década de los cuarenta y finaliza con los escritos a finales de los años sesenta, el lector se ve forzado a presenciar cinco veces ese aprendizaje. De más está decir que resulta frustrante terminar un artículo escrito por un maestro del oficio y encontrar que el que da inicio a la siguiente parte es el de un periodista novato -especialmente si se tiene en cuenta que se trata de la misma persona, separada por un par de decenios de experiencia-. Además, la división dificulta realizar un análisis del recorrido vital y de la evolución de los intereses temáticos de Rojas Herazo.

Pero, sin duda, la anterior es una falla menor en una compilación que destaca en su rescate de un patrimonio olvidado, que no sólo nos habla de una época particularmente interesante desde el punto de vista artístico, sino que también abundan en ella las reflexiones atemporales, válidas hoy tanto como el día en que fueron escritas: aquellas donde el artículo periodístico escapa a su condena a lo efímero por medio de su transformación en obra de arte. Una tendencia hacia lo universal y lo perenne que se ve reflejada en frases y reflexiones que son verdaderas joyas, máximas que quedan rondando por la cabeza del lector mucho después de haberlas leído: "El escritor es sencillamente un hombre que pone su soledad al servicio de los hombres" (pág. 250); "El poeta es el hombre que ha escogido el fracaso" (pág. 269); "La danza es el único intento milagroso de la criatura terrestre por alcanzar el ángel" (pág. 535); "El silencio es la expresión en su estado virginal" (pág. 236). Mas esa capacidad para condensar en sólo un par de frases todo un estado del ser, esa naturaleza poética, no se reduce en Rojas Herazo a la reflexión filosófica, sino que también le sirve para definir individuos, obras, disciplinas o lugares enteros: "Whitman es el optimismo convertido en religión de la conciencia" (pág. 207); "Goya es todo lo animal, todo lo sabio, todo lo misterioso de España metido, apisonado, dentro de un baturro en traje palaciego" (pág. 518); "Era un México ampollado, un México imponente y monstruoso, con sólidos tumores de oro, el que brotaba de las manos de Diego Rivera" (pág. 490); "Medellín, la clarísima, la ciudad que se abre sobre la montaña antioqueña como una orquídea de metal y de humo" (pág. 495); "La iglesia es la fábrica por excelencia. La madera y la piedra en función de plegaria" (pág. 474).

Es necesario tener presente que Rojas Herazo no fue un académico, sino un artista. Formas radicalmente distintas de contemplar el mundo y que sólo se rozan en las aristas -principalmente por emplear algunas de las mismas fuentes-. Y en torno de ese desencuentro, Rojas Herazo declaraba su posición en forma abierta: "El erudito es un animal intelectualmente blindado. Y es temible. Mantiene una especie de fanatismo del conocimiento. Entre un anaquel repleto de libros y un erudito no existe otra diferencia que ésta: el erudito es un anaquel semoviente" (pág. 374). También por eso, lo mundano no está exiliado de esta compilación y es allí donde el humor del escritor se manifiesta en forma más abierta. Buen ejemplo de esto es como termina su descripción del concurso de Miss Universo: "La tierra, por un instante siquiera, nos vuelve a recordar el paraíso. No importa que éste quede más cerca de Mahoma que de Cristo" (pág. 615). Y también por esto mismo no es extraño que el cine, aquel medio por el cual el arte consiguió acercarse al gran público del siglo XX, le llamara tanto la atención, en especial sus figuras femeninas:

|A las películas con un reparto encabezado por María Félix no vamos sino a eso: a ver a María Félix. A verla subir, un poco más de la cuenta, la ceja derecha y mirar a sus indefensos admiradores con el gesto de quien acaba de percibir un mal olor. También vamos a esas películas a oírle la voz a María Félix. Es algo ronca, de sangre contra hueso. Esa voz de sexo hondo, de sexo que se deja sentir. De sexo con cuevas y antecedentes de vigilia. Esa voz que -en su monótona forma de cargar los vocablos, de lastrarlos de profundidad y molicie- todo lo perturba y todo lo avasalla. Porque María Félix es un bello animal parlante. [pág. 618]

Este primer tomo de la compilación de los artículos periodísticos de Héctor Rojas Herazo,  |Vigilia de las lámparas, tiene, en fin, una virtud que para un reseñista no es común encontrar: las citas dignas de ser extraídas del libro sobrepasan muchas veces el espacio mismo de la reseña. Por ello, antes que continuar enumerando citas, resaltemos por última vez lo obvio. Con este libro, García Usta y la editorial Eafit han realizado una valiosa labor de arqueología editorial, que no sólo contribuye a ensalzar la obra de ese multifacético artista que fue Rojas Herazo, sino que también nos recuerda una verdad que demasiadas veces olvidamos en un mundo cada vez más mediatizado, pero donde las noticias se suelen servir crudas, carentes de verdadera reflexión y análisis. Una verdad que no consiste en otra cosa que en saber que el periodismo, si se tiene el talento y la disposición, puede convertirse en un verdadero arte: un arte de lo actual.

 

ANDRÉS GARCÍA LONDOÑO