Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 69
Autores: Banco de la República
Edición original:
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Notas:
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| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO 69

De hecho, el texto que cierra esta parte es, a mi juicio, uno de los mejores de toda la compilación. "El ajedrez como rito" fue publicado originalmente en el Boletín Cultural y Bibliográfico en 1968, y allí Rojas Herazo establece paralelos sorprendentes entre los periodos históricos -o el alma de cada época- y el estilo de los grandes ajedrecistas. Un homenaje magnífico al juego-ciencia, apasionado y convincente, hasta el punto de que al final el lector no puede menos que asentir cuando el autor afirma: "Aunque no lo parezca, aunque todo se confabule para nominarlo como tal, el ajedrez no es un juego. Puede ser, según los ángulos de enfoque, un rito, una pasión cabalística o una lucha simbólica del hombre con el fatalismo y con el tiempo en que se cumple su destino. Pero no es un juego" (pág. 315).

Si la segunda parte, a pesar de tener algunos textos brillantes, no tiene una cohesión obvia como conjunto, la tercera parte está entre las más sólidas de toda la compilación. Los problemas sociales unifican a esta tercera parte, titulada "Lo que vive palpitando", por lo cual no resulta extraño que se ponga especial énfasis en la política, más no vista desde la propaganda partidista, sino como búsqueda de un ideal de convivencia y justicia. Esto es de recalcar, especialmente porque el periodismo de opinión en nuestro país ha estado plagado por los intereses partidistas, y en gran parte a eso se debe que el artículo de opinión de tema político en Colombia, con poquísimas excepciones, no haya avanzado mucho más allá del panfleto. Pero ni siquiera en estos artículos, Rojas Herazo convierte a la letra en sólo un medio para alcanzar un fin. También allí, incluso en los artículos donde más obvias se hacen sus simpatías políticas, la letra palpita con voz propia y nunca se rebaja a ser sólo una herramienta mezquina. Buen ejemplo de esto es la "Oración para invocar al capitán", publicada en El Universal exactamente un año después del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, de la cual se extrae el siguiente fragmento:

 Adelanta tus pasos, capitán. Ahora eres grande y hermoso y tus manos son bellas y colosales. Puedes, con un solo ademán de ternura, tocar la arcilla de tus muchedumbres. Y también eres mínimo y tierno y puedes filtrarte en todos aquellos sitios en que tu pueblo ríe y canta y sufre, en torno de las cosas perenne y cotidianamente amadas.

|Ahora puedes estar, porque tu muerte es tu presencia, en la alcoba donde nacen los niños; en el dintel adonde regresa el hijo; en la lámpara que guía a los viandantes extraviados en la sombra. Tú ocupas, siempre, ese sillón vacío que humedece las pupilas del padre a la hora en que bendice el pan y ordena el rito de los alimentos. [págs. 345-346].

Esta capacidad de conservar la dignidad de la palabra incluso en un ambiente tan utilitarista como es la arena política, se comprende mejor si entendemos que para Rojas Herazo el político no es aquel que ocupa simplemente un cargo público. Para él "el político, el verdadero, está preñado de agonía y aguante. Y tiene necesidad de insospechadas reservas para soportar, hasta el final, el patético sacrificio exigido por su destino. De allí que en el político desemboquen, por igual, estas tres causales: la del vidente, la del asceta y la del redentor" (pág. 491). Bajo tal mirada, no resulta raro, entonces, que el nombre de Simón Bolívar se repita en estas páginas, acompañando a otras figuras como José Martí o Abraham Lincoln. Pero no sólo de historia se nutre esta parte de la compilación. Tiene componentes que oscilan entre la denuncia social --como es el caso de la descripción de la zona negra de Barranquilla o del leprosario de Agua de Dios-, el análisis de fenómenos contemporáneos -como el flagelo de la publicidad, la necesidad de la educación o la búsqueda del americanismo-, e incluso se interna en terrenos donde lo político roza lo metafísico -como es el caso del cambio de paradigma que supone, para la especie como un todo, la exploración espacial-. El que sea precisamente esta parte la que cierra el libro no deja de ser un acierto. La sensación de actualidad de la obra se realza gracias a que la discusión de los problemas descritos por Rojas Herazo resulta, en la gran mayoría de los casos, tan importante hoy como el día en que estos textos fueron escritos, más allá de que los nombres de los protagonistas hayan cambiado y de que hoy, obviamente, Colombia y el mundo mismo tengan más de un problema adicional.

La compilación se cierra con un índice cronológico de todos los artículos publicados en ambos tomos, el cual sin duda resulta una herramienta valiosa para el investigador interesado en conocer la evolución de los intereses temáticos del autor, pero su eficacia se ve mermada al no aparecer el tomo y página donde se encuentra cada artículo en esta compilación. Y si tenemos en cuenta que se trata, en total, de casi quinientos artículos, seguir el orden de este índice resulta un juego bastante más difícil de ejecutar que la rayuela cortaziana.

Más allá de esto, sin embargo, este segundo tomo de la compilación de la obra periodística de Rojas Herazo mantiene el mismo nivel de calidad que el primero, por lo cual la compilación como un todo resulta un magnífico ejemplo de rescate de un patrimonio cultural, que muy bien pudo perderse del todo de no ser por los esfuerzos conjuntos de Jorge García Usta y de la Universidad Eafit.

De hecho, es tal el nivel de muchos de los artículos escritos, que no sobra aprovechar el espacio de esta reseña para hacer una propuesta: realizar una segunda versión de este trabajo que, antes que compilación, sea antología. Un libro así, donde se seleccionara lo mejor del trabajo periodístico de Rojas Herazo, separando lo excelente de lo simplemente bueno -con el fin de hacer una obra de un tamaño más manejable y un precio más asequible, con una calidad contundente-, sería sin duda muy útil en las escuelas de comunicación social para combatir una unificación del estilo que hoy, con muy contadas excepciones, satura los medios nacionales con un lenguaje empobrecido y un estilo falto de originalidad, a consecuencia, precisamente, de los vicios adquiridos durante la formación académica. Y es que, sin duda, a juzgar por los textos de esta compilación, ese gran autodidacto que fue Rojas Herazo puede darnos más de una lección a muchos de nosotros, los "comunicadores con cartón".

 

ANDRÉS GARCÍA LONDOÑO