Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 35. Volumen XXXI - 1994- editado en 1995

 

Más tonificantes, sin duda, resultan los cuadros presentados por Manuel Ancízar en su Peregrinación de Alpha por las provincias del norte de la Nueva Granada, en 1850-1851, que constituye la versión publicística del viaje que emprendió en compañía del mismo Codazzi y del botánico G. Triana, como miembro de la Comisión Coro gráfica, organizada por el general Mosquera. Fundador y redactor de El Neogranadino, Ancízar se ocupa en su extenso volumen en ofrecer no sólo una descripción geográfica de las poblaciones que recorre: Zipaquirá, Ubaté, Chiquinquirá, Saboya, Vélez, Socorro, Barichara, etc., sino un enjuiciamiento de su estado social y moral. Agrega a ello unas recomendaciones para reformas necesarias en vivienda, salud (observa a su paso la extendida presencia del "reverendo coto", nuestro "apéndice nacional") 23, educación y fuentes de producción de estos recónditos poblados. Intento estadístico, líneas preparatorias para un diccionario geográfico, introducción a la historia precolombina, esbozo etnográfico, el libro reúne este conjunto de materias, pero sobre todo parece estar destinado a la divulgación de su credo político: la lucha contra la superstición e idolatría y el estímulo de las actividades benéficas y los oficios productivos que eleven el estado de estos pueblos, y ve en el cura ilustrado (¡los hay tan pocos!, se lamenta este liberal) el agente civilizador de la provincia.

Eliseo Reclus, por su parte, en su libro Colombia, que formaba parte de la Nueva geografía universal, la tierra y los hombres (1875), compuso un cuadro equilibrado de la historia, los climas, las montañas y los ríos, la flora y la fauna, la población y las ciudades actuales del país. La obra, que gozó de mucho prestigio y fue traducida' al español en 1893, inspirada sin duda por los métodos descriptivos de Humboldt aprovechando los materiales de Boussingault y Codazzi, combina los datos científicos con ciertos arranques de inspiración poética: "Vistas de Bogotá escribe el geógrafo francés acerca del macizo de Sumapaz-, estas bellas montañas que el sol poniente dora, parecen un olimpo, una morada de los dioses bienaventurados que gozan de eterna paz"24. Resalta en ella, sin embargo, una actitud de protesta por la temprana e irreparable depredación de la naturaleza colombiana. El capitalismo aventurero y los nativos sin conciencia y sin escrúpulos contribuyen a un desbosque creciente y a la desaparición de especies animales y vegetales, muchas veces sólo para vender una suntuosa orquídea en Europa: "Uno de esos cazadores de orquídeas, que tiene la audacia de recriminar la sistemática destrucción ejecutada por sus rivales, cuenta con orgullo cómo en una campaña de dos meses hizo derribar cuatro mil árboles para recoger cerca de diez mil odontoglossum, cambiando su campamento en la selva a medida que se adueñaba de su adorno floral para guardarlo en sus cajas"25. Temprana e inútil destrucción de la naturaleza -por ejemplo, de las plantas de quina o de espectáculos como el salto de Tequendama, que ya hacia 1882 se veía adornado por el ferrocarril a Girardot-, que también mencionará Hettner. El libro ofrece en sus últimos capítulos un tímido ensayo de caracterización nacional y regional que, por ingenuo -y, por tanto, susceptible de crítica- que hoy parezca, sin embargo, no desemboca en el delirio del conde Hermann Keyserling en sus elogiadas Meditaciones sudamericanas.

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Campesina de Honda

Campesina de Bogotà

También otro notable geógrafo visita el país por esos años: el alemán Alfred Hettner, quien inicia su larga carrera científica explorando la cordillera Oriental, lo que dio lugar a su estudio monográfico La cordillera de Bogotá. Resultado de viajes y estudios (1892), adelantando, como él mismo lo expresa, esfuerzos, aunque menos espectaculares, igualmente importantes para las ciencias; vale decir, esta obra es una contribución a los estudios regionales. Años antes, en 1888, Hettner había publicado
Viaje a los Andes colombianos, en el que ofrece el cuadro de una Colombia que se mueve difícilmente en la ruta del primer desarrollo capitalista. Da cuenta de su paso, de Barranquilla a Bogotá, descrito con ciertos pormenores. Allí llama la atención, particularmente sobre los intentos de construcción de los primeros trayectos de ferrocarriles aún inacabados e, indudablemente, hechos sobre terrenos "insuficientemente investigados"
26, producto tanto de la improvisación y la inexperiencia como del afán especulativo de los políticos de turno. Bogotá, aparte de la legendaria miseria y suciedad, ofrece al viajero una transformación que se apuró a registrar. Se trata del cambio del nombre por la numeración de las calles, siguiendo la moda norteamericana, aunque es este rasgo, comenta, lo único que hacía parecerse estas calles estrechas y mezquinas -en realidad, cloacas mal empedradas- a las avenidas del imperio del norte. Por lo demás, la ciudad brindaba al extranjero sus atractivos: el hospicio, el cementerio, el manicomio, la cárcel y el parque de Santander. Era de agregar la nota de apatía respecto a la ciencia en la oligarquía capitalina -las excepciones no sólo corroboran la regla (Cuervo, Caro, Ancízar, Camacho Roldán, Uricoechea, Triana,Acosta), sino que definen el perfil aficionado y los malabares para financiarse sus actividades los hombres de ciencia-, la falta de gusto estético, el desinterés por la lectura, la inclinación excesiva por el juego y la participación inescrupulosa en la vida pública y los cargos del Estado. Las mujeres de la alta sociedad, todas con apariencia beata, lo que no implicaba el ser necesariamente fieles a sus maridos, no resultan suficientemente atractivas al joven alemán, que, por otra parte, constata que para el caballero bogotano la etiqueta (es decir, esos modales hispánicos de falsa cortesía a la que aluden con insistencia Stübel y Reiss) era la parte más esencial de la civilización. Por el contrario, encuentra el viajero un mayor deleite en contemplar las mujeres del pueblo y elogia sin hipocresía las virtudes, modestas y sencillas, del hombre simple colombiano, no dejando de advertir las huellas negativas de su máxima pobreza y su rudimentaria cultura.

VI

Lo primero que despierta la atención de las cartas de Alphons Stübel, aún más que las de Wilhelm Reiss, es su irreprimible intolerancia. Palabras como "canalla", "lumpen", "estafadores", "vagos", "ignorantes" (o sus sinónimos, "caballeros" o "doctores") recurren reiterativamente a su correspondencia para caracterizar a los habitantes del país, muy en particular a sus pretensiosas elites. Pocos días fueron suficientes para persuadir a estos viajeros de que se encontraban en un país notable:"La situación estatal de la República de Colombia -escribe Stübel en carta dirigida. a su "querido tío Alfred" el 20 de marzo de 1868, sólo un mes después de su arribo -llama la atención en una alta medida y no puede ser considerada de ninguna manera como un modelo institucional. Seguridad de la propiedad no se conoce. Quien no quiera pagar no paga; el confiado no tiene a la mano ningún medio para recobrar su dinero. Las revoluciones en cada uno de estos Estados nunca llegan a su fin, porque los partidos liberal y conservador no buscan acceder al poder a través de las listas electorales, sino que conducen al lumpen armado, a los voluntarios (es decir, a la gente que es agarrada con un lazo y obligada a prestar servicio militar en uno de los partidos) a la guerra, en la cual la mayoría de las veces no se derrama mucha sangre". Las mismas observaciones sobre la organización social, el atraso económico del país, el increíble descuido de las personas, su falta de seriedad y honradez ocupan los renglones centrales de su correspondencia. Pero lo que más le irrita, hasta el punto de poner en cuestión el nombre de "sociedad" dado a este aglomerado de gente sin escrúpulos, es ver la arbitrariedad sin medida con que los hacendados disponen no sólo del trabajo sino de la vida misma de los indígenas. El episodio, que narra con detalles en la carta del 27 de mayo de 1869, del asesinato de uno de estos infelices desamparados a manos de "un tal Cárdenas Mosquera" cerca de Puracé, forma parte de los mismos casos que llenan el extenso memorial de agravios de Jorge Juan y Antonio de Ulloa.

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Indìgena de Silvia   (Cauca)

Indìgena de Zambalò (Cauca)

E n una observación marginal sobre la ciudad de Pasto (que no se puede calificar de excesivamente exagerada) se deja ver claramente el tono de estos nuevos informes de viajeros de la época de Bismarck: "Pasto tiene -escribe el mismo Stübel en carta fechada el 17 de septiembre de 1869- alrededor de 8.000 habitantes y está, como todas las ciudades colombianas, muerta. Ningún salón de té, ningún paseo público, ninguna muestra de relaciones amistosas de uno frente a otro, excepto las desagradables fórmulas de cortesía verbal. Lo único que da vida a las calles son los beodos perdidos, los blancos algo menos humorísticos que los indígen as" . La última carta de Stübel fechada en Túquerres el 17 de enero de 1870, no es más que un resumen de lo que repitió a lo largo de los casi dos años que él y su compañero de viaje gastaron en realizar sus investigaciones vu1canológicas en territorio colombiano, sin que quede la mínima vacilación de la viva impresión -muy lejos del agrado- que despertó en él el país: "No me quedaré aquí innecesariamente ni una hora, pues tanto el tiempo como el estado de abyección de la población y el desharrapamiento sin límites de todo el país me impulsan a la impaciencia. Mucho mejor viajaría por un país donde ,de cuando en cuando, fuera asaltado en la calle por ladrones, pero también, de cuando en cuando, me encontrara con un hombre decente, que por un país donde todos poseen un carácter de asaltantes de caminos, y no se está ni un instante seguro de cuándo éste se presentará. Desde hace diez años que los bribones colombianos han contribuido a atrasar el país en tal forma, que hoy es apenas reconocible. El juicio más fuerte que puede tener esta república está en el hecho de que casi ningún extranjero intenta establecerse en el interior del país, pese a que la región es maravillosa y el suelo y los víveres son extraordinariamente baratos, o que alguien se atreva a instalar un negocio".

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Indìgena de Pitayò(cauca)

Indìgena de Silvia  (Cauca)

N o menos críticas son las caracterizaciones de Reiss, aunque ellas se ven moderadas por un tono de cierta simpatía frente a una realidad que, en todo caso, juzga increíble. La diatriba se convierte en él en comentario irónico : "Debería entonces -escribe aludiendo, en su carta del 13 de mayo de 1869, a las tremendas erupciones del volcán aledaño a la ciudad de Pasto (al fin, Colombia) y que habían dado lugar a un recibimiento mesiánico del geógrafo alemán- investigar el volcán o al menos reducir a obediencia al furioso demonio que está allí dentro. Desafortunadamente, correspondí muy mal a las expectativas, pues en lugar de subir inmediatamente a la montaña, permanecí en cama ocupado, no en agarrar al demonio, sino en curarme de una fiebre muy alta. Pero como el volcán se ha mantenido sin actividad desde el día de mi llegada (sólo dos o tres veces se han podido oír los truenos de las explosiones y ver sólo una vez columnas de humo), ha dado pretexto a la credulidad, para que se diga que tan sólo mi presencia ha mitigado la furia del volcán.

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Indìgena de Gatofrìo (Cauca)

Indìgena de Silvia (Cauca)

De "la dictadura perpetua" (Juan Montalvo) de García Moreno, aun pese a la cierta estimación que despertaba en ellos ese gobernante ecuatoriano, también quedan sus correspondientes observaciones. Los cinco años que padecieron los pocos complacientes científicos en la atrasada Quito terminaron por amargar su carácter. Tal vez sean las cartas, ese género propicio para la confesión y el desahogo, el único vehículo que encontraron para espantar el sentimiento de soledad y abandono en que se sentían vivir: todos mienten, todos roban, todos engañan, todos se encuentran en el estado más deplorable social, cultural y científico, reiteran con impaciencia. "Un país como Ecuador -parece repitiendo la plana Stübel, en carta desde Quito el 16 de noviembre de 1870- no es imaginable concebirlo con ayuda de una fantasía sana. No sólo entre los nativos, sino también entre los extranjeros se buscaría en vano una personalidad medianamente respetable y tratable. No pasa un día sin que se repita la experiencia". Sin embargo, algún estímulo o consuelo, "pese a sus faldas negras", encontraron entre sus compatriotas, los cinco jesuitas alemanes contratados por el teólogo-dictador García Moreno, quienes, ante la imposibilidad de elevar el estado científico del Ecuador en la Escuela Politécnica creada con este objeto, decidieron tomar la iniciativa: "Es completamente sorprendente -informa Stübel en carta del 18 de junio de 1873- ver cómo esta orden se las ingenia para adueñarse en el mínimo tiempo de todo el poder. Los jesuitas alemanes, a pesar de que están aquí apenas hace tres años, hacen 10 que les da la gana con el presidente y aun con el arzobispo".

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Paisaje Las Aguas en Bogotà

Perú, Argentina, Brasil y Chile aparecen retratados con similares colores, aun contando con que en estos países se percibe una bonanza económica que desconocen Colombia y Ecuador. Aquí tampoco hay espacio para la grata semblanza, porque el dinero apenas sirve para decorar una actitud básica: en cada una de las repúblicas sudamericanas -que han adoptado una inmensa ave de carroña como símbolo nacional, como anota con agudeza Reiss- queda intacta la mentalidad semiestamental de sus elites, que están dispuestas a venderse por la primera oferta del capital extranjero (derrochando increíblemente sus fortunas aluviales) y que dirigen sin ningún decoro ni derecho a un pueblo compuesto de mestizos e indígenas condenados a la más baja escala de atraso y miseria. Y para quien piense que la imagen que dejan estos viajeros es sólo fruto de la amargura y la arrogancia germánica, basta pensar que la realidad fue (y sigue siendo) peor, cuando no es el deseo justificativo y complaciente el que pervierte el juicio comprometido con el alto sentido de la dignidad humana. Y tal vez sea en esa justa indignación donde reside la mayor virtud de esta correspondencia .

VII

E l propósito central y el objetivo exclusivo del viaje de Stübel y Reiss por Suramérica fue la investigación de los volcanes. El grado de especialización de la geografía, que ya distaba bastante de las incitaciones del Cosmos humboldtiano, lo relaciona Hettner, en su Historia de la geografía con la muerte misma de Humboldt y Ritter y la publicación del Origen de las especies de Charles Darwin en el año 1859. Pero es la obra de Oscar Peschel, según el mismo autor, la que formula los "nuevos problemas" para la geografía de la segunda parte del siglo XIX. No solamente durante la primera parte de ese siglo se había ganado una masa inmensa de nuevas informaciones sobre las diferentes ramas de la geografía, la vulcanología, la geografía de las plantas y los animales, la meteorología, la geografía humana y la etnología, sino que ella se sometía a una crítica radical que la ubicaba en un nuevo horizonte metodológico y conceptual. "Estos esfuerzos de una nueva conformación de la geografía -sostiene el destacado geógrafo alemán- sobrepasaron sus objetivos". Ella empezó a renunciar seriamente a las vaguedades, y los geógrafos mismos comenzaron a reconocer la amplitud excesiva de su materia y las superficialidades a ella inherentes de la época humboldtiana. Consecuentemente, "en lugar del impulso de los descubrimientos entró el deseo de poner barreras y rechazar todo lo extraño, de construir un campo definido, con métodos determinados de investigación y exposición" 27. Con mayor precisión, la geografía, para dejar de ser paisajismo inspirado más o menos por una filosofía del hombre y una pretensión poética tal como iba poco a poco degenerando en los descendientes de Humboldt, renuncia a la contemplación del mundo como un todo y cede el lugar correspondiente a las ciencias que se consagran a la astronomía, la geodesia, la geología y la meteorología; su tarea se concentra, pues, en el conocimiento de la superficie terrestre en todas sus variedades, continentes, países y localidades, a la vez que observa comparativamente sus diferentes formaciones y deduce de ellas los componentes esenciales del globo terrestre.

Ese giro de la especialización y, sobre todo, de la formulación de un estatuto científico que distinga una disciplina de otra con plena conciencia y claridad, también es adelantado, por la misma época, en la historia, en especial en las lecciones magistrales de 1857, reunidas bajo el título Histórica de Johann Gustav Droysen. El carácter del material histórico, la esfera específica en que se mueve la disciplina, los fundamentos de los métodos históricos y sus límites y el ámbito de esta ciencia, sus fuentes y sus formas, así como la heurística y la crítica de fuentes, conformaban la parte central de una tarea d e fundamentación teórica de esa disciplina científica. Sus Lecciones constituían una tend encia -acaso, en sus rasgos específicos, la más acabada- de fundamentar consistente y sistemáticamente los elementos inmanentes de su materia. Esa tarea de su Histórica la resume Droysen con las siguientes palabras: “…. ella quiere sólo llegar a ser consciente de lo que hace y tiene que hacer nuestra ciencia; ella quiere despertar la convicción de que se puede pensar y aprender a pensar históricamente; ella quiere demostrar en cuáles formas, en cuál ámbito esta forma de pensar llega a ser aplicada; ella quiere ser consciente de que nuestra ciencia tiene una visión del mundo por fundamento y objetivo, que es y tiene que ser para un área -que es el mundo de las costumbres- normativa científicamente; una cosmovisión que tiene que aprender a entenderse finalmente por sí misma, para asumir con absoluta seguridad su posición y su parte en el gran trabajo del género humano"28.

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Balsa de oro de Guatavita encontrada en 1856

E n ese clima de precisión positivista y, sobre todo, de fundamentación metodológica de las ciencias, no resulta extraño que Stübel y Reiss rebatan permanentemente tanto los datos aportados por Humboldt y sus discípulos como la manera de allegarlos. En carta del 31 de agosto de 1870 desde Quito, informa Stübel que desde hace tres días regresaron de una excursión en la que investigaron el volcán del Corazón, "que Humboldt caracterizó deficientemente en sus Vues de los Andes[...] Las descripciònes de Humboldt de esta región y su conformación son tan absurdas, falsas y miserables, que deben releerse para uno convencerse de que el famoso personaje realmente las escribió". Más tarde, en carta fechada el 17 de mayo de 1872 desde Riobamba, asegura que Humboldt dio una "muy inexacta descripción" de Cerro Altar. O poco después, el 2 de agosto de 1872: "Humboldt afirma [hablando del Chimborazo, JGGG] que llegó a una altura de 6.000 metros y Boussingault repite el haber alcanzado un punto más alto que el de Humboldt. Estas informaciones son
sobre los volcanes del Ecuador, digno de leerse a causa de sus absurdos y su estupidez. El autor se llama Moritz Wagner y pertenece a los tantos que, como Seebach, buscan embaucar a un público sin criterio por medio de la imitación del estilo humboldtiano". Este estilo -concluye el vulcanólogo Stübel- hace más daño que beneficio a la ciencia". No sería difícil pensar que dentro de esa moda humboldtiana (en la que sobresalen los tediosos e inacabables volúmenes de Johann Jakob von Tschudi) Stübel y Reiss incluirían la obra de Boussingault y algunas páginas de la Colombia de Reclus

VIII

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De izquierda a derecha y de arriba hacia abajo :Piezas precolombinas en oro:
1. cundinamarca ,  2.Boyacà,
3.Cundinamarca,    4.Bogotà,  5.Bogotà,6.Bogotà 7.Bogotà

L os trabajos y libros de Stübel y Reiss, tanto los geográficos, en especial los dedicados a la vulcanología, como los arqueológicos y etnográficos, muestran la intensa actividad que desplegaron en el conocimiento del continente americano. Ellos revelan no sólo el ámbito de sus intereses científicos, sino un ethos de investigación que, en todo caso, estaba por encima del de los países que investigaban. Mucha de esa investigación fue fruto de las circunstancias (por ejemplo, la excavación y la reconstrucción gráfica de las ruinas de Ancón, cerca de Lima, que se consideran uno de los más importantes aportes a la arqueología del siglo XIX, se realizaron ante la imposibilidad de viajar a las zonas volcánicas que se encontraban en guerra civil) y, sin duda, ella reiteraba el abandono increíble en que los hispanoamericanos tenían su pasado prehispánico y el desprecio de sus restos salvados, sólo por milagro, de las varias calamidades históricas desde la llegada de los conquistadores 29. En un artículo de Reiss, "Ascenso al Cotopaxi", se ponía al descubierto en qué medida la sociedad dominada por los sucesores del conquistador español perpetuaba su imbecilidad e ignorancia: "Son muy dignas de ver las ruinas de las construcciones incaicas; pero es penoso percibir en qué forma son destruidos los últimos restos de una civilización perdida. Los hacendados y arrendatarios de la hacienda San Agustín de Callo disponen de estas ruinas como de una cosa que no sólo carece totalmente de valor, sino que precisamente así lo hacen". Y añadía terminantemente: "Esas ruinas no son de hecho del propietario de la hacienda; ellas pertenecen no exclusivamente al país, desde cuya vieja historia ellas actualizan las épocas famosas: ellas pertenecen también a todo el mundo civilizado" 30

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De  izquierda a derecha y de arriba hacia abajo :piezas :
precolombinas en oro: 1.Bogotà 2.Cundinamarca 3.Bogotà 4.Bogotà
De izquierda a derecha y de arriba hacia abajo : Piezas precolombinas en oro: 1. Sogamoso, 2.Boyacà
3.Cundinamarca
4.Sogamoso,5.Boyacà

y esa suposición o, mejor, la firme convicción de ser portavoces del mundo civilizado, en medio de una sociedad de bárbaros -en la oposición secularizada de civilización y barbarie que se percibe a lo largo del siglo XIX en obras como las de Guizot, en Francia, o en las de Prescott, en los Estados Unidos, y que en América Latina encontraron su representante más destacado en el argentino Sarmiento-, definió los perfiles más característicos de su tarea científica. Bárbara era, pues, una sociedad como la hispanoamericana, que se fundaba en la ilegítima presunción de los descendientes de los españoles de que tenían derecho a dirigir la masa de un pueblo que despreciaban. Bárbara era una sociedad en la que no sólo existía una espantosa desigualdad social, sino en la que se desconocían los rudimentos de una actividad económica racional y, sobre todo, en la que no había el mínimo interés en poner las bases para ese propósito, lo que no era otra cosa que la confirmación del aserto de Sarmiento en su Facundo (1848), cuando profetizaba que durante siglos nuestros países seguirían viviendo de la Europa industrial. Bárbara era una sociedad llena de prácticas supersticiosas que desembocaban fácilmente en un fanatismo amparado por un clero inculto (polémica que adelantará, años después, en una serie de artículos recogidos en libro bajo el título Propaganda y ataque, el peruano Manuel González (Prada). Bárbara era, en fin, una sociedad sin universidad, sin ciencia, sin actividad académica ni editorial, tan alejada del mundo "civilizado" como dependiente de él en la forma má s deplorable y ruinosa. Era, pues, el continente latinoamericano perdido para el mundo, cuya sucesión ininterrumpida de fracasos parecía sólo ser la señal favorable para persistir en el camino de su singular "destino manifiesto" .

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De izquierda a derecha y de arriba hacia abajo piezas: precolombinas en oro:1. Bogotà

Bajo estas condiciones parece evidente que la herencia (es decir, el acercamiento provechoso al material científico legado) de Stübel y Reiss tenga un carácter ambiguo o aun inexistente. No es sorprendente, por ejemplo, que las cartas de Reiss sólo hayan conocido una edición en alemán, en 1921, trece años después de su muerte, y que las de Stübel no hayan sido hasta ahora editadas (ni en alemán ni en español). Ni alemanes ni latinoamericanos se han ocupado de ese trabajo, confiados más bien en las reediciones menos "problemáticas" de las cartas de un Humboldt. En este caso no se trata tan sólo de la voluntad póstuma de los autores, sino de la influencia de otros factores no propiamente académicos. De hecho, estas cartas son incómodas. Sin duda, no se escribieron para ser publicadas, y de ahí no sólo la franqueza e incluso la aspereza en que están expresadas las experiencias de sus autores, sino la ausencia de artificios literarios. La moda del viaje por países exóticos no era el determinante del impulso de Stübel y Reiss: más bien comprendían que se encontraban en lugares nada encantadores, donde era imposible cultivar una amistad y sumamente difícil acometer una empresa científica. Un latinoamericano preferirá seguir contemplándose en el cuadro casi idílico que surge de algunas de las páginas de Humboldt, y un alemán tendría por lo menos que justificar las críticas despiadadas -con frecuentes expresiones de matices virtualmente racistas- que ellas contienen e incluso se atrevería a hacer discretas censuras. Pero en la edición de esta correspondencia parecen bastar las mismas palabras de Stübel en su carta del 23 de febrero de 1874 desde Santa Ana de Tuipullo: "La expresión es dura, pero completamente acertada

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De izquierda a derecha y de arriba hacia abajo : Piezas precolombinas en oro:1. Antioquia 2.Antioquia 3. Antioquia 4. Zipaquirà 5. Cundinamarca

CRITERIO DE TRADUCCIÓN Y AGRADECIMIENTO

Para la traducción de las cartas de WIlhelm Reiss me basé en la edición hecha por Karl Heinrich Dietzel, Reisebriefe aus Siidmnerika. 1868-1876, Múnich-Leipzig, 1921. Las de Alphons Stübel pertenecen al material inédito que descansa en el Institut für Uinderkunde Leipzig, Archiv für Geographie, catalogado bajo la siguiente signatura: Inv. Nr. 6625-6721, K. 122. En éstas últimas eliminé, como lo había hecho Dietzel en las de Reiss, las líneas estrictamente familiares (saludos y recuerdos) y lo referente a los asuntos propiamente de negocios (recibo de dineros, canjes y envío de material). El haberme limitado sólo a la traducción de la parte colombiana obedece a dos circunstancias: el espacio editorial y el tiempo del traductor que, como se dice en el evasivo lenguaje ministerial, "se ve obligado a atender otros compromisos".

Agradezco al doctor Andreas Brockmann, del Lateinamerika-Zentrum, de la Universidad de Münster, el habenne facilitado el material inédito, y a la doctora Ingrid Honsch, del Institut für Uinderkunde, de Leipzig, quien autorizó la publicación en español de esta correspondencia.

Un oportuno apoyo financiero de Colciencias, por otra parte, para la realización de una investigación durante este año, me ha permitido seguir en Alemania, sin los contratiempos económicos que padecen tantos compatriotas en el exterior y que, por supuesto, dificultan tanto, hasta hacerlo prácticamente imposible, el desarrollo de cualquier actividad científica o académica

23
Manuel Ancízar, Peregrinación de Alpha, Bogotá. Empresa Nacional de Publicaciones. 1956. pág. 162.
24
Eliseo Reclus, Colombia, Bogotá, Biblioteca Schering Corp. USA, 1965, pág. 35.
25
lbíd., pág. 122.
26
Alfred Hettner, Reise in den columbianischen Anden, Stuttgart, Editorial Brock¬haus, 1969, pág. 42.
27
Alfred Hettner, Die Geographie. Ihre Geschichte, Ihr Wesen und Ihre Methoden, Breslau, Editorial Ferdinand Hirt, 1927, pág. 106
28
Johann Gustav Droysen, Historik, Stuttgart-Bad Cannstadt, Editorial Frommann-Holzboog, 1977, t. 1, pág. 64. (Existe versión española de Rafael Gutiérrez Girardot para Alfa, de Barcelona).
29
Aquí cabe hacer mención del destino del así conocido "Tesoro de los quimbayas". En el regalo que, con motivo de la celebración del IV Centenario del Descubrimiento de América, el gobierno colombiano, por orden de su presidente, Carlos Holguín, hizo de esta colección de 271 piezas de oro (descubiertas un año antes, en 1891, y que se considera el más importante hallazgo en conjunto hecho hasta ahora en territorio colombiano de objetos prehispánicos) a la reina regenta María Cristina de Habsburgo, se documentan todas las altas virtudes de la oligarquía colombiana que observaron con agudeza crítica Stübel y Reiss; vale decir, ese gesto documenta una mentalidad que es mezcla de la actitud del guaquero sin escrúpulos y los resabios de cortesano. La pormenorizada y triste historia del "Tesoro quimbaya" y sus dirigentes desalmados se puede leer en el artículo de Félix Jiménez VilIalba para el libro El Dorado: das Gold der Fürstengraber, Berlín, 1994.
30
Wilhelm Reiss, "Besteigung des Cotopaxi", en Zeitschrift

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