Boletí­n Cultural y Bibliográfico . Número 36.  Volumen XXXI - 1994 - editado en 1995

 

La diferencia entre Verstand y Vernunft


Teorí­a de la crisis en la Escuela de Frankfurt
Hernando de Plaza Arteaga
Editorial Temis, Santafé de Bogotá, 1994


El presente libro —a cuya elaboración hemos asistido a lo largo de años de paciente trabajo, desde que redactara su autor bajo nuestra orientación su monografí­a para el programa de posgrado del Departamento de Filosofí­a de la Universidad Nacional— intenta complementar la discusión tan caracterí­stica de la así­ llamada "Escuela de Frankfurt" sobre el endurecimiento de la razón instrumental, con la reflexión del último Husserl, particularmente en su conferencia de Viena: La crisis de las ciencias europeas y la fenomenologí­a trascendental (1936), en la cual alertaba el viejo maestro poco antes de su fallecimiento, profundamente preocupado ante el avance del totalitarismo en su patria, sobre el imperio hegemónico del paradigma cartesiano-galileano y su criterio fundamental: la medición, en el proceso de la filosofí­a, de las ciencias humanas y de la cultura occidental, un asunto que de suyo ya habí­a ocupado varios lustros atrás, a partir de los aportes de Marx y Weber, precisamente, al joven Georg Lukács, en su ensayo clásico sobre el fenómeno de la "reificación" (quizá el más importante de los que componí­an su justamente célebre libro Historia y conciencia de clase, por lo menos en lo que a la elaboración teórica y la reflexión filosófica se refiere) el cual, a partir del "fetichismo" de la mercancí­a y su doble carácter, se revela como uno de los orí­genes de la ideologí­a.

Es a partir de esa deformación o angostamiento instrumental de la razón que se ha llegado a lo que el autor denomina la "opresión cientificista de la sociedad moderna". Por ello, la crí­tica del racionalismo burgués, cuyo ciego proceso titularí­an Adorno y Horkheimer como Dialéctica de la Ilustración —o del Iluminismo, tal y como se ha traducido en la edición castellana su libro del año 47, tan olvidado hasta el resurgimiento de la "teorí­a crí­tica" a mediados de los años sesenta—, asume como tarea prioritaria el hacer consciente sus consecuencias irracionales.

El autoritarismo, latente en la sociedad burguesa tardí­a, la sociedad de masas. No es una casualidad que el discí­pulo argentino de Husserl, Carlos Astrada, considerara en su obra póstuma la conferencia de su maestro a que hemos hecho alusión como una advertencia a la Europa de su momento ante los peligros del fascismo, a tres años del estallido de la segunda guerra mundial. Como afirma el autor: "desde sus comienzos, la crí­tica de Horkheimer va a servir de hilo conductor de la Teorí­a Crí­tica en lo concerniente a la protesta contra toda forma de rigidez racionalista abstracta e instrumental que pretenda uniformizar, controlar y cuantificar la vida y pensamiento del hombre". Muy oportunamente remite él mismo en este contexto a un pasaje del libro clásico de Martin Jay: "El Führer o el Duce expresaban en forma extrema la tí­pica combinación burguesa de sentimentalidad romántica y crueldad total. La ideologí­a del deber y el servicio a la totalidad, al precio de la felicidad individual alcanzó su expresión final en la retórica fascista".

Con acierto reseña en su introducción el autor la reflexión de Husserl, para quien la crisis de los fundamentos de las ciencias implicaban en realidad una crisis de la cultura y de la humanidad europea, que se hizo patente en los años treinta: "Husserl no tiene reparos en denunciar el imperio de las ciencias positivas desde el siglo XX, cuyo método de investigación de los hechos observables, verificables y cuantificables en medidas lógico-matemáticas, comenzaron a anular y excluir de su campo de análisis todo lo concerniente a la subjetividad humana, a lo axiológico, y a la reflexión sobre los grandes interrogantes históricos, religiosos y metafí­sicos del hombre", al establecer como criterio único y exclusivo de la verdad lo "observable-verificable" dentro de los parámetros de la medida, de lo cuantificable.

Esa "crisis de positivización" —como ya constituye un tópico llamarla— obedece en el fondo a un olvido en la autorreflexión de la humanidad. En el conocimiento de sí­ de la razón, cuya esfera peculiar ha sido descuidada en un proceso de objetivación u objetivización de vocación totalizante y totalitaria, un olvido de esa otra dimensión que tan concienzudamente diferenciara Kant cuando —en la Crí­tica de la razón práctica y en La fundamentación de la metafí­sica de las costumbres, por ejemplo— rescata la realidad humana especí­fica frente a los esquemas o paradigmas a que necesariamente somete el conocimiento al ente natural objeto de la experiencia, al considerar el Noumenon de la libertad y la apercepción moral trascendental, única ví­a para experimentarla y respetarla. No debemos dejar de recordar la forma tan lapidaria como lo formulará Jurgen Habermas en el prólogo a Conocimiento e interés (1967): que, el positivismo significa "renegar de la reflexión".

Como lo dice el autor, la razón instrumental o subjetiva "es el resultado de la transformación de la razón objetiva en la solución únicamente de los problemas técnicos, sin tener en cuenta la praxis humana de interrelación". Aquí­ cabe pensar retrospectivamente en la distinción kantiana y hegeliana entre "entendimiento" (Verstand) y "razón" propiamente dicha (Vernunft), en el sentido en que la emplea un Theodor Adorno cuando se refiere al positivismo con la expresión Verstandesphilosophien: "Filosofí­as del entendimiento".

De otra parte, nos resulta obvio en la segunda sección de la frase: —"...sin tener en cuenta la praxis humana de interrelación"— un eco de la noción husserliana de "intersubjetividad", término que en su momento intentó comprender la esencial socialidad de todo asunto del pensar y el cual, como el de Lebenswelt ("mundo de la vida"), ha pasado a formar parte del vocabulario corriente de la sociologí­a contemporánea.

Como lo dice el autor, "el fenómeno del positivismo cientí­fico se enmarca dentro de la razón instrumental de la sociedad industrializada, originando la crisis de las ciencias, que es crisis de positivización". Pero no se trata precisamente sólo de una crisis en la dimensión del saber. Recordando el ensayo de Lukács al que aludí­amos en el primer párrafo, debemos tener presente que aquí­ se trata, como lo sostiene el mismo autor, de "la instrumentalización de la razón en el proceso socioeconómico y polí­tico de la sociedad capitalista contemporánea" la cual, al perpetuarse sobre los asociados "rompe el equilibrio entre hombre y sociedad, iniciando así­ la crisis del sistema como positivización progresiva de todo lo establecido y del hombre mismo", un proceso en el cual el desarrollo incontrolable de la ciencia y la técnica legitiman a la razón instrumental devenida poder, dominio polí­tico en un mundo administrado, racionalizado, automatizado y regimentado" (Horkheimer).

De aquí­ que, pasando por la crí­tica de la "razón identificante" (Adorno) y su voluntad homogenizadora, así­ como por la reflexión habermasiana sobre la "crisis de legitimación" de la sociedad del capitalismo tardí­o, el ensayo conduzca a las consideraciones de Herbert Marcuse sobre el Hombre unidimensional —como se intitularí­a el libro cuya publicación y difusión a mediados de los sesentas conducirí­an al redescubrimiento y reconocimiento universal de su autor, quien por entonces llegó a desempeñar un papel ciertamente protagónico que jalonó el renacimiento de la teorí­a crí­tica, durante esa década en la cual se derrotó el olvido y según Toni Negri nació el siglo XXI.

RUBí‰N JARAMILLO Ví‰LEZ
Departamento de Filosofí­a
Universidad Nacional de Colombia

1 Fenomenologí­a y praxis, Buenos Aires, 1967.
2 La imaginación dialéctica - Una historia de la Escuela de Frankfurt, Boston, 1973.