| Ranas, sapos, cecilias,
serpientes, lagartos, cocodrilos, caimanes, tortugas
Anfibios y reptiles del Llano
Fernando Castro Herrera
Cristina Uribe Editores, Santafé de Bogotá, 1994, 95 págs.
Este lujoso libro representa el tercero financiado por la compañía petrolera
Occidental de Colombia en la serie Naturaleza de Caño Limón. El bello aporte es amplia y
artísticamente ilustrado con fotografías de alta calidad, principalmente por Cristina
Uribe y Diego Miguel Garcés, pero con aportes menos numerosos de Juan Manuel Renjifo,
Thomas McNish, Jesús H. Vélez y Fernando Castro. La edición técnica es excelente: este
lector detectó tan sólo tres palabras mal deletreadas, tres con uso equivocado de la
tilde y dos contradicciones obvias entre los datos técnicos presentados. Las fotos son
reproducidas con colores vivos naturales, el papel es de buen peso para resistir el uso
frecuente y la elegante cubierta haría una buena adición a cualquier biblioteca
personal.
La obra consta de una corta presentación por Stephen Newton, presidente de
Occidental de Colombia, Inc.; un prólogo de Julio Carrizosa Umaña, director del
Instituto de Estudios Ambientales de la Universidad Nacional; una introducción; un
capítulo sobre anfibios, otro sobre reptiles (con dos y cuatro secciones sobre subgrupos,
respectivamente); un lindo mapa de la zona de cobertura y una página al final que
comprende la bibliografía, las notas biográficas (del autor y los dos fotógrafos
principales) y el índice de fotos.
Igual que en los otros libros de la serie, se nota el deseo compartido entre los
colaboradores de poner una información faunística especializada a disposición de un
público amplio en una forma que todos puedan disfrutar. Según las palabras de su
presidente, esto parece ser parte de la misión de la Occidental.
En su primera frase de presentación (pág. 9) deja claro que la divulgación
"es parte fundamental de [sus] programas ecológicos". Aunque uno creería que
esto fuera suficiente para una gran compañía internacional, el señor Newton afirma a
continuación que "los grandes complejos industriales pueden no sólo convivir en
armonía con la naturaleza, sino contribuir a su preservación". Aunque esto es
loable y políticamente correcto, algunos ecólogos y ecologistas no dejarán de
preocuparse por los grandes desarrollos económicos del estilo de Caño Limón; ojalá el
sentimiento presentado sea sincero y no solamente palabras bonitas.
El prólogo, aunque sería interesante y placentero de leer en otro contexto, es
tan general y superficial como para ser prácticamente superfluo aquí. Se hace un intento
de generar un interés o, más vale, una justificación para el estudio de los animales
tratados en el libro que queda corto al lado de la belleza de las fotos. Siendo un firme
discípulo del dicho "lo que no ayuda, estorba", este lector sería de la
opinión que suprimir el aporte del doctor Carrizosa no le quitaría nada de valor a la
obra. Entiéndase que esta crítica no se limita únicamente al presente libro, sino a la
mayoría de este mismo género que han aparecido últimamente. No se sabe exactamente en
qué momento se volvió de moda que algún personaje de renombre haga una participación
en todos los libros que tratan sobre temas ecológicos, pero la costumbre se debería
cambiar antes de convertirse en obligación. Con los costos altos de editar esta clase de
libro, no se justifica dedicar el 13% del espacio disponible (3 de 23 páginas de texto,
sin contar las leyendas de pie de foto) a estos adornos políticos, sacrificando la
información científica.
En el texto informativo del libro, se presenta una introducción a cada subgrupo;
es decir, ranas y sapos, cecilias, serpientes, lagartos, cocodrilos y caimanes, y
tortugas. Tanto aquí como en la introducción general y en la temática sobre anfibios y
en la de reptiles, parece que ha habido una falta de claridad sobre qué clase de
información es útil para el lector no especialista.
Aunque es difícil anticipar los intereses e inquietudes de un público amplio,
nuestra preferencia sería la de limitar la información presentada a unos pocos temas
más cotidianos, como podrían ser la ecología y la reproducción, en vez de pretender
resumir una literatura extensa sobre la paleontología, la evolución y la biogeografia
referente a estos grupos. En particular, el intento de generalizar algunos conceptos
técnicos resulta contraproducente (e inaceptable para el biólogo profesional) cuando la
simplificación introduzca imprecisiones o errores. Por ejemplo, en la introducción
(pág. 20), se dice que el supercontinente de "Gondwana [...] reunía la masa
terráquea combinada de ífrica y América". En realidad, la reconstrucción más
aceptada del supercontinente en mención incluye a ífrica, América del Sur,
Australia, Antártida, India y Madagascar. Y, en dos ocasiones (págs. 50 y 83), se afirma
que los cocodrilos representan el grupo más exitoso descendiente de los arcosaurios (un
orden de reptiles que incluye los extintos dinosaurios). Puesto que el éxito evolutivo
generalmente se mide en el número de especies, la afirmación es equívoca por la
omisión de las aves (también descendientes de los arcosaurios). Por otra parte, se
incluye un anfisbenia (pág. 80) en el capítulo de lagartos, citando nombres comunes como
"tatacoa" y "culebra de dos cabezas". Si no se justifica hacer un
capítulo aparte para este grupo de animales raros (como podría ser el caso), que ni son
lagartos ni serpientes, sería de mucha ayuda incluir una frase aclaratoria de las
relaciones evolutivas con los demás reptiles escamados.
De las muchas especies residentes en los Llanos, se ha hecho una reseña breve de
42 especies (14 anfibios y 28 reptiles) para acompañar las fotos incluidas en el libro.
Parece que la selección de las especies sobre las cuales se iba a tratar dependía de la
suerte de los fotógrafos durante unos viajes de reconocimiento, porque no hay ninguna
lógica ni justificación didáctica por la cual se trata sobre estas 42 especies.
Para el biólogo profesional (inclusive, para otros curiosos) habría sido muy útil
incluir una lista de las especies de ocurrencia probable en esta zona tan interesante del
país.
A cada especie representada fotográficamente la acompaña un corto texto
explicativo donde se presentan algunos datos que pueden ser de interés para muchos
lectores. No hay ningún modelo ni patrón sobre qué clase de información se incluye en
estas reseñas, siendo más una colección de cuenticos diseñados para llamar la
atención. Sin embargo, se presentan algunos datos interesantes; personalmente, fue una
sorpresa saber que algunas tortugas pueden extraer oxígeno del agua para permanecer
sumergidas más tiempo. Aunque, en la mayoría de los casos, la información presentada no
es suficiente para identificar la especie en cuestión, probablemente estos escritos
servirán para interesar a más de una persona en conocer aspectos adicionales sobre estos
animales. Lastimosamente, la bibliografía presentada es demasiado limitada para ser de
mucha utilidad en satisfacer las inquietudes que nacen a través de la lectura de
los textos.
Hablando de inquietudes, como reseñador de esta obra, me queda un par de
observaciones que, a lo mejor, son manifestaciones ambas de un solo fenómeno. Primero,
aunque en el encabezamiento de esta reseña se haya puesto al doctor Fernando Castro como
el autor del libro, tenemos que reconocer que esto no fue posible deducirlo desde la
portada interior y refleja, más bien, la opinión personal de que el autor de los textos debe
ser autor de la obra. En este caso, es poco ortodoxo encontrar el autor de los
textos como el "jamón del sándwich" entre la dirección del proyecto y su
versión literaria. Segundo, aunque no se puede saber después del hecho, sospechamos que
muchas de las imprecisiones tan molestas en el texto pudieron haber resultado durante la
adaptación de éste a una versión literaria. Tal vez, para un literato, los arcosaurios
podrían representar una "familia natural de reptiles" (pág. 83). Sin
embargo, para un especialista en las ciencias de la vida, la familia representa un nivel
jerárquico muy preciso en la clasificación taxonómica. Aunque compartimos activamente
la idea de que la ciencia debe presentarse en una forma agradable para el no especialista,
no comulgamos con el concepto de que la literatura tiene prioridad sobre la veracidad
científica. Si, por el afán de volver un texto forzosamente poético, el lector se
confunde o se distrae y pierde el mensaje, hemos fracasado con respecto a nuestro objetivo
principal, que es el de comunicar eficazmente y de manera suficientemente precisa unos
conocimientos. Si se requiere más trabajo para hacer una "literatura científica
popular" agradable sin perder el detalle, entonces hay que trabajar más.
En resumen, este libro se puede recomendar por sus fotografías excelentes de
estos animales bellísimos, desconocidos por la mayoría de los colombianos. A pesar de su
costo elevado, el amante de la naturaleza no se sentirá estafado. Ojalá el mensaje
visual ayude a convertir a algunas personas perseguidoras de los anfibios y reptiles en
sus defensoras. Sólo falta felicitar al equipo que colaboró en la producción de este
libro, por su gran esfuerzo, y a la Occidental por apoyar trabajos divulgativos como
éste. También, se les puede animar a seguir mejorando su producto para que el mensaje
ecológico llegue a más gente con un efecto lo más favorable posible.
- MICHAEL ALBERICO
- Departamento de Biología
- Universidad del Valle
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