Boletí­n Cultural y Bibliográfico. Número 37 . Volumen XXXI - 1994 - editado en 1996
 

Un privilegio del amor


Mensajes bajo un mismo cielo
Luis Eduardo Nieto Arteta
Ediciones Gobernación del Atlántico, Barranquilla, 1994, 107 págs.


Mensajes bajo un mismo cielo recoge las cartas de amor de Luis Eduardo Nieto Arteta a Marí­a del Carmen Tafur Morales, o a Nena, como él la llama. Penetrar en la intimidad de este amor es una sorpresa, como si escribir cartas de amor fuera sólo privilegio de unos cuantos. Escribir cartas de amor es privilegio de todos; también lo es de Nieto Arteta, de quien conocemos su pensamiento escrito sobre Colombia y otros textos filosóficos publicados hacia 1940: Economí­a y cultura en la historia de Colombia y Lógica, fenomenologí­a y formalismo jurí­dico. En sus cartas nos encontramos con un ser de carne y hueso o, cómo él mismo lo expresa, con un intelectual humanizado. Humanizado por ella, por Nena, o por el amor. Un hombre enamorado soñando con su querida, construyendo fantasí­as de un amor espiritual. Viven en la Bogotá de los años cuarenta, frí­a, neblinosa; se ven casi a diario o hablan por teléfono; apenas cuelgan, él siente el arrebato y le escribe. Al poco tiempo ella se muda a una casa sin teléfono, hecho que acrecienta la longitud y frecuencia de la correspondencia.

Entre el 30 de noviembre y el 24 de diciembre de 1941 escribe 17 cartas largas "con una caligrafí­a apretada pero clara, de nerviosos trazos y levemente inclinada hacia la derecha", comenta Diego Marí­n Contreras en el prólogo. Después vienen 32 cartas breves y de corte diferente, tal vez más poéticas, escritas entre el 3 de marzo y el 11 de julio de 1942. En las primeras le habla a una amiga de quien está enamorado, le habla de asuntos familiares a veces incomprensibles, le comenta las cartas que ella le escribe, le habla de sus proyectos y la invita a trabajar con él: "Colaborarás conmigole dice— en la forma que yo te indicarí­a". Su lectura nos adentra en el mundo confidencial de alguien: "Este mensaje es para ti sola. No se lo muestres a ninguna otra persona. í‰l ha sido escrito con todo el amor". También nos permite tocar lo fascinante que tiene leer cartas o diarios ajenos... Qué más intimidad que la que guarda la carta a un ser amado. Es entrar sin tapujos, para encontrarse con ese ser, con Lucho, o Luisito —así­ firma algunas— enamorado, y no alguien académico, frí­o y distante, a quien alguna vez consultamos en una biblioteca. Un intelectual nervioso y apasionado, dominante y tierno, cariñoso y respetuoso. A la "Nena insigne y sincera", con su lenguaje pausado y reverencial, con la ternura de sus 28 años y la confusión de un ser adulto que guarda sus mensajes en el bolsillo de su vestido de dormir, le pide que lo incluya en "las pulcras creaciones de sus fantasí­as".

El poeta es un ser solitario que la hace partí­cipe de asuntos tan í­ntimos y cotidianos como que se ha afeitado, para después disculparse si por ello la ha ofendido. Estas primeras 17, escritas casi en un mes y medio, hablan de ese momento de florecimiento y fascinación cuando se dan cuenta de que están enamorados, y que esa relación es mucho más que una amistad espiritual, y no ya la amistad de la que han venido hablando, porque ya se han ruborizado en algún almuerzo familiar o enfrente de alguna persona. Por primera vez escriben la palabra amor. Amor puro y romántico. Aumenta esta intensidad no sólo este descubrimiento sino también, como ya lo decí­a, la mudanza de Nena y el no tener teléfono, y además una leve enfermedad de ambos. Ella ha venido sufriendo una afección en un oí­do como si no quisiera oí­r una declaración de amor, y él una molestia en la garganta como para no poder hacer una declaración de amor. Los dos guardan cama, delicados, ella en su casa, él en la pensión que habita. Mientras en Bogotá llovizna. Entonces ella siente sus primeros miedos; "Adiós, Luis Eduardo, tengo miedo de penetrar más en el rinconcito donde he guardado mi afecto para ti" (pág. 20). ¡Ah! el juego del amor, el miedo del amor. Ella siente sus primeras dudas y él se las disipa.

Este hombre se deja ver como un pensador que quiere penetrar profundo con su pensamiento, y que tal vez no logra expresarlo del todo, y lo digo por el uso del lenguaje, al menos en estas cartas que sólo son eso: cartas, momento í­ntimo. No son textos públicos, son cartas sin pulir, así­ como salen, con el nerviosismo del momento o de su creatividad exaltada, o de la espera de Jorge, el mensajero. Estas cartas son el resultado de la apertura emocional de un ser noble y leal, celoso y posesivo, de un seductor con la palabra elegante, discreta, de un ser humilde y romántico, sediento de amor, un poco esquizoide. Dividido entre una parte intelectual que lo apasiona y preocupa en la relación con su amada Nena, porque así­ lo expresa en algunas cartas al decir que no sabe si ella será capaz de convivir con ese intelectual, y del otro lado el hombre intelectual que esta renaciendo con su conversión y el redescubrimiento de Dios, su acercamiento a la Iglesia católica y a las prácticas de ir a la misa y rezar el rosario, o hacer su "primera comunión". "Tú me has humanizado, me has hecho alegre, me has acercado a Dios".

Nos enteramos de que ella despierta en él su mí­stica, o su espiritualidad dormida por el hecho intelectual y por su vida inmersa en el mundo de lo cultural, y ese despertar emocional lo convierte en un ser creativo que expresa ese nuevo descubrimiento en Mensajes bajo un mismo cielo. "Tú me acercarás a Dios; yo te acercaré a mis filósofos, los cuales no son ni ateos ni anticatólicos. Tú me mostraras la senda que conduce a Dios; yo te indicaré la ví­a que lleva a la cultura. Yo seré tu máxima y más pura creación humana; y tú serás mi más noble y desinteresada colaboradora" (pág. 26).

En sus cartas quiere afirmar no sólo su amor sino el que ella siente por él. Quien escribe sobre todo al principio es un niño inseguro, que tiene miedo de asustarla al confesar que la ama: "Cuando me acercaba mucho a ti, abrigaba el temor de que te retiraras súbitamente eliminando así­ la intimidad espiritual que nos uní­a" (pág. 19). Con todo el amor y la intensidad que se adivinan, nos quedamos con deseos de saber más de ella. Nena es un ser que se nos desdibuja, aparece un poco en asuntos familiares y cotidianos. Al principio, durante la amistad, intercambian intereses por temas intelectuales; luego, con el amor todo, esto parece perderse, como si él se estuviera inventado una fantasí­a y amara a un ángel. Por eso no cree que su felicidad sea posible, no cree que alguien lo pueda amar así­.

En la segunda parte se hace más poeta, se deleita en filosofar acerca del amor. Los escritos son breves pero conservan en esencia la pureza de un amor adolescente que este intelectual siente por su novia Nena, quien más tarde será su esposa.

DORA CECILIA RAMíREZ