Los Locos Años Veinte y los
Cambios en la Vida Femenina
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CATALINA REYES CÁRDENAS
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Historiadora
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Profesora Universidad
Nacional (Medellín)
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Trabajo Fotográfico:
Patricia Londoño Vega
Hacia los años 20, como
reflejo de los cambios que originó la primera guerra mundial en la situación de la mujer
europea, algunos sectores femeninos minoritarios de la elite local y de sectores medios
que tenían oportunidad de viajar, de leer, y de estar en contacto con publicaciones
europeas, adoptaron actitudes y comportamientos que reñían con el ideal virginal y
ascético de mujer. La sofisticación en el vestir, el afán de lujo, el flirt,
la
coquetería, los deportes, las inquietudes intelectuales y artísticas de este segmento
social, frecuentemente encontraron resistencias, censuras y burlas tanto de la prensa
católica como de sectores tradicionales, más que todo masculinos, de la sociedad.
La Iglesia, heredera de
la tradición patriarcal, si bien "elevaba" y reubicaba a la mujer en la
sociedad al concederle la condición de reina del hogar y educadora por excelencia, era
muy explícita en cuanto a su inferioridad y sometimiento ante el hombre. La supuesta
inferioridad se reforzaba con una legislación nacional que hacía de la mujer casada y
soltera una dependiente del hombre, tanto en el manejo de sus bienes económicos como en
su condición jurídica y política 34. La Iglesia declaraba,
en forma sofística, que la mujer era semejante al hombre en naturaleza y dignidad pero, a
renglón seguido, afirmaba: "es inferior al varón y le debe sujeción y
obediencia" 35. El padre Ulpiano Ramírez, en 1917, en un
folleto que alcanzó gran popularidad, Los mandamientos explicados, cuando define
las obligaciones de la esposa, es enfático en explicitar que su principal deber es
"respetar a su marido porque es superior. Obedecerle, porque la obediencia se le debe
al superior". El esposo, por su parte, debe "cuidar que su esposa cumpla sus
obligaciones cristianas [...] y corregirla cuando falte" 36.
Si bien tanto algunos
hombres como mujeres se rebelaron ante el estereotipo femenino mariano, muy pocos
impugnaron la relación de sometimiento e inferioridad; ésta se aceptaba como un estado
natural que tenía, supuestamente, origen en razones biológicas e intelectuales. Un
patriarca antioqueño le hace explícita esta situación a su única hija, en una carta de
consejos dirigida a ella antes de su matrimonio:
No pierdas de vista
le dice que el marido, dígase lo que se quiera, es el amo y señor de su
mujer; que ésta le debe amor, sumisión, respeto y obediencia [...] La mujer no triunfa
noblemente sino obedeciendo, humillándose y hablando con dulzura y mansedumbre. La mujer
es irresistible cuando se refugia en su propia debilidad [...] La dicha del hogar [...] Es
una recompensa piadosa que el cielo le concede a la mujer cuando ella se resigna a no
tener jamás la razón contra el esposo
37.
Pocos contradictores tuvo
la generalizada idea de la inferioridad femenina. En Antioquia, individualidades
políticas e intelectuales, tanto liberales como conservadoras, refutaron la idea de la
inferioridad femenina, poniéndola en entredicho. En 1905, durante el Festival Lírico
celebrado en el Teatro Bolívar de Medellín, el político republicano Carlos E. Restrepo,
después de una conferencia de la gran educadora María Rojas Tejada, exaltó su valor por
ser la primera mujer de la ciudad que ocupó un sillón de conferenciante, y calificó la
conferencia como "primer capítulo de feminismo militante".
Carlos E. Restrepo
aprovechó este evento para hacer resaltar la importancia de la educación para las
mujeres. "Las jóvenes no serán las muñecas bien vestidas que se den o se vendan al
primer vicioso que se les ofrezca por marido, ni solteras tendrán que someterse al medio
humillante de vivir del dinero de otros" 38.
El trabajo más polémico
sobre la situación femenina fue el presentado en 1914 por Ricardo Uribe Escobar, joven
liberal, para optar a su título en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la
Universidad de Antioquia. Esta tesis, titulada Notas feministas, causó gran
revuelo en la ciudad, y el arzobispo de Medellín, Manuel José Cayzedo, prohibió su
lectura. Uribe Escobar impugna la tesis, tan aceptada en ese tiempo, de la inferioridad
femenina. Y demuestra que la inferioridad fisiológica, psicológica y religiosa femenina
es sólo producto de las condiciones culturales, psicológicas y económicas a las que se
ha visto secularmente sometida la mujer. Para Uribe Escobar, el estado de postración
intelectual y social de la mujer sólo se podrá remediar cuando la mujer se transforme en
un ser productivo que no dependa económicamente del hombre.
Estudiar y
progresar
Desde principios del
siglo XX algunas mujeres de la sociedad local se rebelaron tímidamente contra el papel de
madres y esposas que se les había asignado. En un principio sus quejas apuntaron a
mejorar su nivel educativo e intelectual. Querían que se les dejara de considerar como
seres mentalmente inferiores, e incluso, para justificar sus reclamaciones, esgrimían el
argumento de que "una mujer culta es mejor compañera del hombre que una
ignorante".
Algunos piensan que la
mujer sólo debe saber gobernar la casa y someterse a un marido [...] la mujer también
debe aprender lo que le ayude a embellecer la vida del hombre como hija, hermana y esposa.
La mujer no debe hablar cosas baladíes, sino cosas inteligentes que atraigan a los
hombres para que éstos no se aburran de ellas
39
.
Es interesante anotar que
para las mujeres de la elite y de los sectores medios instruidos, la actividad literaria y
periodística representó, desde muy temprano del siglo XX, una forma de desplegar sus
capacidades intelectuales y desarrollar su talento y sensibilidad, sin tener que reñir
con su papel de ama de hogar. Desde la primera década de este siglo son ya famosas las
tertulias literarias de María Jesús Álvarez de Villegas y de Susana Olózaga del Cabo.
A la última de ellas, que se realizaba en el taller de costura de doña Susana, asistía
Tomás Carrasquilla.
Hubo hombres, sobre todo
intelectuales, escritores y periodistas, que apoyaron a las mujeres en su intento de
instruirse y tener acceso a la cultura. Muchos de ellos abrieron las puertas de sus
periódicos y revistas literarias a las colaboraciones femeninas. Pero también hubo
actitudes recelosas de diferentes sectores de la sociedad y de la Iglesia. Ésta era
insistente en recomendar a las mujeres cuidarse y no permitir en el hogar el acceso a las
malas lecturas, en una época en que la "incredulidad y el escepticismo avanzan
triunfantes". La revista Familia Cristiana y otras publicaciones femeninas
recomendaban frecuentemente listas de libros aptos para las damas y con aprobación de la
Santa Iglesia.
La revista Cyrano
promovió y publicó colaboraciones femeninas. Algunas mujeres participaron activamente en
ella. Fundada en 1920 por iniciativa de Luis Tejada, propició la participación, desde
sus comienzos, de María Cano, Fita Uribe y María Eastman. María Cano imitaba a
Alfonsina Storni y Juana de Ibarbourou y publicaba poemas románticos y sensuales que
fueron muy criticados.
La revista Sábado, de
gran circulación aunque de efímera existencia (1921-1923), en un principio dirigida por
Ciro Mendía y luego por Gabriel Cano y Quico Villa, promovió concursos de literatura
femenina que tuvieron excelente participación.
En 1926 surgió la
revista femenina Letras y Encajes, dirigida por mujeres de la elite, entre ellas Teresita
Santamaría de González, Sofía Ospina de Navarro, Ángela Villa, Alicia María
Echavarría, María Jaramillo y Tulia Restrepo Gaviria. Para muchos, esta revista fue una
respuesta de las "damas bien" a los desafueros de María Cano y compañeras en
la revista Cyrano. La idea de Letras y Encajes era preparar a la mujer para el mundo
moderno, sin olvidar, sino incluso reforzándolos, los valores católicos.
Sin embargo, durante
largos años perduró una actitud que consideraba la preparación intelectual de la mujer
como algo innecesario, que incluso podía ser nociva, si no era bien dosificada. Don Jorge
Echavarría, dueño y administrador de Fabricato, el 24 de marzo de 1920 escribió en su
diario: "Se suicidó una niña Restrepo [...] en Loreto, de 17 años, lo que ha
llenado de consternación a la sociedad. La pobrecita estaba indigestada de Anatole
France, DAnnunzio...!40.
La educación femenina de
las clases altas, aunque comprendía numerosas asignaturas, era superficial y apuntaba a
preparar excelentes amas de casa. La mayoría de los colegios femeninos para los sectores
ricos contaban con un internado. Éstos cumplían una función de control y vigilancia
sobre la vida de las jóvenes en edades en que la sexualidad y la rebeldía podían crear
problemas a los padres. Con frecuencia, el confesor recomendaba a la madre el internado de
las hijas. Los mismos directores de los colegios insistían en que, para cumplir
cabalmente su obra educadora, era preferible que las alumnas estuvieran internas. El
internado garantizaba un control sobre el tiempo de la joven y sobre su cuerpo. No debía
haber tiempo libre ocioso. Las niñas nunca permanecían solas, y siempre había una
mirada vigilante, sobre todo por la noche en los dormitorios. Aun la posesión de un
espejo se consideraba como un atentado contra la pureza y virtudes como la sencillez y la
modestia.
Las internas tenían,
usualmente, dos salidas al año: en diciembre y en junio. Tras la lectura de la
correspondencia de jóvenes de principios de siglo, se puede afirmar que pocas fueron
felices en los internados41.
Las hijas de María
Ospina, hija del político conservador y expresidente Mariano Ospina Rodríguez,
estudiaron en el colegio de La Enseñanza, y fueron víctimas de la vida de los
internados. Sus quejas eran tan permanentes que su madre, condolida, le escribe a su
hermana Concha: "Yo no sé que se hará verdaderamente para que esas niñas se
amañen en el Colegio pues estando tan aburridas no podrán aprender nada y da tanta
lástima pensar que viven tan tristes"42.
Muchos internados se
asemejaban a verdaderas cárceles. Ante cualquier falta, el castigo más usual era el
recorte de la salida. "Estoy escribiendo al escondido, porque seguro que querrán
hacerme quedar como el otro mes sin salida" le escribe Enriqueta Navarro, desde el
internado, a su madre, María Ospina. El internado era asimilado por muchas jóvenes a una
verdadera reclusión.
La incómoda
vigilancia de los profesores, el silencio nocturno, el despertar a golpes de campana, la
ausencia de rostros familiares, nos producían la triste sensación de haber sido
expulsadas del hogar para ir a purgar en la cárcel una grave falta cometida... Las
visitas de los padres eran de etiqueta a través de la reja del locutorio conventual y
bajo el control de una testigo
43.
El único mitigante a la
dura situación del internado era el florecimiento de relaciones afectivas con los
compañeras de infortunio. El intercambio de confidencias en medio de la soledad y el
desarraigo familiar creaba lazos de amistad que, la mayoría de las veces, se prolongaban
durante toda la vida. La correspondencia se encargaba de alimentar estas amistades cuando
había distancia de por medio. Es frecuente encontrar muestras de largas amistades en que
el intercambio de confidencias y fotografías familiares fue asiduo. El diario íntimo,
muchas veces mantenido a escondidas, servía también como paliativo a la soledad que
debía enfrentar la joven en la vida del internado.