Educar y Enseñar
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CATALINA REYES CÁRDENAS
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Historiadora
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Profesora Universidad
Nacional (Medellín)
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Trabajo Fotográfico:
Patricia Londoño Vega
Para las mujeres de clase
media, ser maestras era casi la única opción. El magisterio, aceptado como una
prolongación del destino femenino maternal, fue una de las pocas profesiones permitidas a
la mujer. Desde 1875 se había fundado en la ciudad la Escuela Normal para Institutoras
que preparaba maestras de escuela infantil, elemental y superior. La vida de las docentes
no era fácil. Después de terminar sus estudios, generalmente debían aceptar plazas en
pueblos pequeños y lejanos. Sus salarios eran exiguos y su condición de mujeres
independientes, con mejor nivel cultural y algunas de ellas con inquietudes intelectuales,
las convertía en blanco de murmuraciones y de la vigilancia del cura. El siguiente caso
ilustra bastante los prejuicios existentes en relación con la educación femenina. En
1903 es recluida en el manicomio una mujer de raza blanca, joven, de oficio maestra, que
padece una melancolía aguda. El director de la institución, doctor Lázaro Uribe Calad,
le diagnosticó "exceso de trabajo y preocupaciones por la pobreza de su familia y
excesos de lecturas inadecuadas para su sexo y posición social"44.
En Medellín, a
principios del siglo XX se destacaron numerosas mujeres como educadoras y rectoras de
colegios. Lisandro Ochoa, en su libro Cosas viejas de la Villa de la Candelaria,
menciona las siguientes instituciones, con sus respectivas directoras: Escuela de las
Suárez, dirigida por doña Leoncia Suárez; Colegio de doña Bráulia Vega, dirigido por
la propia doña Bráulia; Colegio de Pastora Restrepo; Colegio de Doña Ana María Mejía;
Colegio del Espíritu Santo, dirigido por Doña Rosalía Restrepo; Colegio de doña Amalia
Bravo; Colegio de las Duques, dirigido por Ester y Rebeca Duque.