Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 37 . Volumen XXXI - 1994 - editado en 1996

 

Una Educación para el Trabajo

CATALINA REYES CÁRDENAS
Historiadora
Profesora Universidad Nacional (Medellín)
Trabajo Fotográfico: Patricia Londoño Vega

 

El avance de la industrialización y la consolidación de Medellín como centro comercial permitieron que las mujeres de las clases medias tuvieran oportunidad de vincularse a nuevas actividades. Hubo necesidad de secretarias, cajeras, contabilistas, telefonistas y, por supuesto, dependientas de almacenes. Para muchas mujeres, estos oficios fueron la oportunidad de mejorar los recursos económicos de sus familias. Mediante la ordenanza 17 de la asamblea departamental se creó el Colegio Central de Señoritas, que inició funciones en 1913 con 250 alumnas. El currículo constaba de estudios profesionales en comercio, modistería, sombrerería, enfermería, cocina, pintura y música. El objetivo era formar mujeres capaces de ganarse la vida en el banco, el comercio, los talleres y la oficina. En esa misma dirección, en 1915, Gustavo Vásquez y su hermana Luisa fundaron la Escuela Remington. Su especialización fue la formación de secretarias y empleadas para la industria y el comercio. Se les enseñaba dactilografía, taquigrafía, contabilidad, ortografía e inglés. Para el año 1925 habían pasado más de dos mil alumnas por este plantel. La demanda de este tipo de capacitación fue en aumento y, además de estas instituciones, surgieron muchas otras similares 45. Esta rápida vinculación de las mujeres de la clase media al trabajo permitió que en 1922 la destacada maestra del Ateneo Antioqueño Lola González, en una conferencia en el paraninfo de la Universidad de Antioquia, dijera que:

La mujer antioqueña en los últimos doce años ha llevado a cabo un verdadero despertar más consciente y más lleno de deberes que cumplir. Era imposible para la mujer resignarse a llevar solamente una vida de costurero y visitas, de ser una muñeca preciosa en espera de marido, y cuando éste llegara, someterse incondicionalmente a su voluntad... 46.

Visitantes, aun de ciudades como Bogotá, se quedaban impresionados ante el gran número de mujeres que en Medellín trabajaban en almacenes, fábricas y otros negocios.

Otro de los oficios más practicados por las mujeres de los sectores medios de la sociedad fue el de costurera y modista. Para el año 1906, en Antioquia se habían vendido ocho mil máquinas de coser, la mayoría en Medellín. Algunas costureras prestaban sus servicios en las casas, otras permanecían en su hogar dedicadas a largas jornadas de costura. Desde 1903 se promovieron insistentemente en la prensa academias de corte y costura. En los hogares de clase media la costura permitió aliviar el presupuesto familiar al encargarse la mujer de la elaboración de la ropa. Algunas costureras después de trabajar duramente, lograban crear su pequeño taller de modistería en el que empleaban a otras tres o cuatro costureras, y se dedicaban a la confección, especialmente de ajuares de novias. Esta tradición de costura y confección femenina no debe desestimarse, pues es el antecedente que contribuyó a convertir a Medellín en un centro de confección.

Muchas mujeres que no podían salir de sus hogares abrieron sus actividades domésticas al público. Éste fue el caso de la panadería, que gozó de gran auge en las primeras décadas del siglo. Los tradicionales "algos", consistentes en un chocolate espumoso acompañado de la tradicional "parva", promovieron este oficio. La panadería de la "ñata Baena" merece ser recordada, pues en ella se inventó el clásico "pastel de gloria". La señora María Luisa Toro, dueña de una panadería en Ayacucho con Córdoba, se hizo célebre por la famosa torta "marialuisa". Con la venta de pasteles, bizcochos, pandequesos y mojicones, muchas mujeres no sólo se ganaron la vida y educaron a sus hijos, sino que además merecen un lugar destacado en la tradición culinaria de esta región.

Estas imágenes sobre el mundo femenino en Medellín a principios de siglo son apenas una invitación a la reconstrucción de la historia de un grupo social generalmente marginado u obligado a reducirse únicamente al espacio doméstico. Es una invitación a reconstruir las complejidades y diferencias de las vidas femeninas de los distintos grupos sociales para poder así aproximarnos a una imagen más real del pasado femenino.