Una Educación para el Trabajo
-
CATALINA REYES CÁRDENAS
-
Historiadora
-
Profesora Universidad
Nacional (Medellín)
-
Trabajo Fotográfico:
Patricia Londoño Vega
El avance de la
industrialización y la consolidación de Medellín como centro comercial permitieron que
las mujeres de las clases medias tuvieran oportunidad de vincularse a nuevas actividades.
Hubo necesidad de secretarias, cajeras, contabilistas, telefonistas y, por supuesto,
dependientas de almacenes. Para muchas mujeres, estos oficios fueron la oportunidad de
mejorar los recursos económicos de sus familias. Mediante la ordenanza 17 de la asamblea
departamental se creó el Colegio Central de Señoritas, que inició funciones en 1913 con
250 alumnas. El currículo constaba de estudios profesionales en comercio, modistería,
sombrerería, enfermería, cocina, pintura y música. El objetivo era formar mujeres
capaces de ganarse la vida en el banco, el comercio, los talleres y la oficina. En esa
misma dirección, en 1915, Gustavo Vásquez y su hermana Luisa fundaron la Escuela
Remington. Su especialización fue la formación de secretarias y empleadas para la
industria y el comercio. Se les enseñaba dactilografía, taquigrafía, contabilidad,
ortografía e inglés. Para el año 1925 habían pasado más de dos mil alumnas por este
plantel. La demanda de este tipo de capacitación fue en aumento y, además de estas
instituciones, surgieron muchas otras similares 45. Esta rápida vinculación de
las mujeres de la clase media al trabajo permitió que en 1922 la destacada maestra del
Ateneo Antioqueño Lola González, en una conferencia en el paraninfo de la Universidad de
Antioquia, dijera que:
La mujer antioqueña
en los últimos doce años ha llevado a cabo un verdadero despertar más consciente y más
lleno de deberes que cumplir. Era imposible para la mujer resignarse a llevar solamente
una vida de costurero y visitas, de ser una muñeca preciosa en espera de marido, y cuando
éste llegara, someterse incondicionalmente a su voluntad...
46.
Visitantes, aun de
ciudades como Bogotá, se quedaban impresionados ante el gran número de mujeres que en
Medellín trabajaban en almacenes, fábricas y otros negocios.
Otro de los oficios más
practicados por las mujeres de los sectores medios de la sociedad fue el de costurera y
modista. Para el año 1906, en Antioquia se habían vendido ocho mil máquinas de coser,
la mayoría en Medellín. Algunas costureras prestaban sus servicios en las casas, otras
permanecían en su hogar dedicadas a largas jornadas de costura. Desde 1903 se promovieron
insistentemente en la prensa academias de corte y costura. En los hogares de clase media
la costura permitió aliviar el presupuesto familiar al encargarse la mujer de la
elaboración de la ropa. Algunas costureras después de trabajar duramente, lograban crear
su pequeño taller de modistería en el que empleaban a otras tres o cuatro costureras, y
se dedicaban a la confección, especialmente de ajuares de novias. Esta tradición de
costura y confección femenina no debe desestimarse, pues es el antecedente que
contribuyó a convertir a Medellín en un centro de confección.
Muchas mujeres que no
podían salir de sus hogares abrieron sus actividades domésticas al público. Éste fue
el caso de la panadería, que gozó de gran auge en las primeras décadas del siglo. Los
tradicionales "algos", consistentes en un chocolate espumoso acompañado de la
tradicional "parva", promovieron este oficio. La panadería de la "ñata
Baena" merece ser recordada, pues en ella se inventó el clásico "pastel de
gloria". La señora María Luisa Toro, dueña de una panadería en Ayacucho con
Córdoba, se hizo célebre por la famosa torta "marialuisa". Con la venta de
pasteles, bizcochos, pandequesos y mojicones, muchas mujeres no sólo se ganaron la vida y
educaron a sus hijos, sino que además merecen un lugar destacado en la tradición
culinaria de esta región.
Estas imágenes sobre el
mundo femenino en Medellín a principios de siglo son apenas una invitación a la
reconstrucción de la historia de un grupo social generalmente marginado u obligado a
reducirse únicamente al espacio doméstico. Es una invitación a reconstruir las
complejidades y diferencias de las vidas femeninas de los distintos grupos sociales para
poder así aproximarnos a una imagen más real del pasado femenino.