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El
pensamiento mitológico o el arte de sobrevivir
a lo inesperado
Mitología del encuentro y del desencuentro
Sol Montoya Bonilla
Editorial Universidad Nacional, Santafé de Bogotá,
1994
De qué manera un grupo indígena logra
sobrevivir al encuentro o mejor al desencuentro
con el blanco y su cultura de violencia y destrucción,
es una pregunta para la que difícilmente se puede
acertar una respuesta concreta. El indígena amazónico,
que sufrió en todas sus dimensiones una invasión
blanca en extremo violenta, por parte de
los explotadores del caucho, tuvo que reformar
puntos neurálgicos de su tradición oral y de su
pensamiento mitológico para dar cabida al blanco
y a lo que su cultura representa.
La colonización de los pueblos indígenas
de la Amazonia trajo, además de dolor y muerte,
además de la violencia física y la explotación,
un acto simultáneo de desposesión de la tierra
y de la identidad cultural. Para salir airoso,
cada grupo ha intentado, con más o menos fortuna,
la explicación del fenómeno a través de su pensamiento
mitológico; de la palabra que todo lo puede y
lo conforma. Porque para el indígena la
palabra no es sólo la portadora de los contenidos
que reflejan y mantienen su historia. La palabra
es creadora por sí misma; es acción y poder de
realización. En otros términos, no es sólo comunicación,
puesto que al ser comunicación de una tradición
es, por ende, IDENTIDAD y posibilidad de preservación
de esa identidad. "La palabra mítica protege
al indígena de la disolución, es su escudo y su
emblema en la lucha" (pág. 81).
Ahora bien: en este trabajo, Sol Montoya
hace un esfuerzo por indagar el "cómo"
dos pueblos específicos: el huitoto y el aguaruna,
intentan a través de su palabra mítica la explicación
de la existencia del blanco y de las relaciones
que entre las dos culturas se han de presentar.
Del éxito de esta empresa dependerá la capacidad
del grupo étnico para sobrevivir como tal.
Los huitotos
En el grupo huitoto, el panorama es, a
pesar de todas las dificultades, alentador. Es
un grupo fuerte, con una tradición muy bien cimentada,
con un fuerte sentido de la colectividad y una
gran estima por sí mismo y por lo que lo rodea.
Para el huitoto la palabra es acto por sí misma;
es el legado; representa un vínculo definitivo
entre jóvenes y ancianos; es identidad, ejemplo
de vida y comportamiento, es clave de unión del
grupo, preservación, y garantía de invencibilidad
e inmortalidad. El huitoto se rescata desde la
palabra, vuelve al origen y ubica el espacio vital
del blanco, no como requisito para aceptar su
sometimiento, sino como principio diferenciador
de mundos. El blanco existe y su presencia es
inapelable; lo importante, entonces, es diferenciar
sus mundos Así, cada uno existirá en su propio
espacio vital con sus normas, sus leyes, sus héroes
y sus dioses. La actitud del huitoto frente a
Husiniamuy, entendido en términos generales como
lo extraño, es básicamente de tolerancia; en sus
relatos se presenta como protector de lo suyo
y nunca como destructor de lo ajeno. Para este
grupo, establecer diferencias es el primer paso
para reafirmar la existencia de la etnia como
tal; así el huitoto descubre estas diferencias
y hace de ellas un baluarte de su identidad.
Los aguarunas
Con el grupo aguaruna la situación es bien
distinta. A diferencia de los huitotos, los aguarunas
no parecen tomar plena conciencia de la existencia
del otro como grupo cultural diferente e independiente
del suyo. Ante la angustia por su presencia y
por su "superioridad" buscan en su mitología
razones que expliquen su sufrimiento y su incapacidad
para enfrentarlo. Culpará entonces a sus héroes
y a sus antepasados por errores cometidos que
han labrado el camino de desesperanza que vive
el aguaruna actual. Se percibe en el aguaruna,
más que cualquier otra cosa, el descalabro y el
desconcierto frente a su realidad.
El trabajo
A pesar de representar una minuciosa tarea
de lectura e interpretación de los textos mitológicos
de los huitotos y los aguarunas, son muchas las
preguntas sin respuesta que acuden al lector de
este trabajo.
En primer lugar no se explica, ni siquiera
se menciona, cuál fue la razón que motivó a la
autora a investigar el quehacer mitológico en
estos dos pueblos específicos. De la misma manera,
no se logra identificar una tesis concreta que
intente confirmar o rebatir algo. En lo que podría
tomarse como una conclusión, Montoya dice que
el hecho en sí de alterar la mitología para dar
cabida a lo inesperado o lo desconocido, implica
un triunfo de la palabra mítica, Pues por esta
vía el indígena puede reexplicar su existencia
y, sobre todo, ganar la partida al descalabro.
La tesis, sin embargo, queda sin comprobación,
pues la autora se limita a analizar los textos
paso a paso, sin pretender enfrentarlos a ningún
concepto diferente del suyo propio; ni siquiera
hay un análisis comparativo entre los dos grupos
trabajados, lo cual podría haber sido en sí mismo
un intento válido. Aparte de la alusión a Jacopin,
no se encuentra en el trabajo otro planteamiento
que permita descartar o corroborar la tesis inicial.
Ahora bien: si lo que se pretendía era una lectura
seria y detallada de los textos al estilo de una
revisión bibliográfica, gran favor nos habría
hecho la autora de presentarnos los textos originales
con más generosidad, pues de alguna manera el
lector podría entrar en interacción con ellos
y sacar sus propias conclusiones. De la manera
como se planteó el trabajo, quedamos a merced
de la visión muy personal de la autora, sin casi
ninguna posibilidad de elegir otro camino interpretativo.
Esta ausencia de textos originales se hace crítica
en la primera parte del trabajo al concluir el
análisis de los huitotos, narración 27, en donde
Pedro, narrador principal de Preuss compilador
original hace sus observaciones personales
de los textos. Desgraciadamente, este relato no
nos es entregado completo y las citas a las que
ha acudido Montoya aparecen en un orden diferente
del original, para hacer resaltar consideraciones
del narrador que, según parecer de la autora,
son más importantes.
En conclusión, Mitología del encuentro
y del desencuentro es, a pesar de sus inconsistencias
metodológicas, un libro que invita a la reflexión
sobre muchos aspectos que afectan a las comunidades
indígenas desde lo más profundo de su pensamiento,
recordándonos que, más que la pobreza, a un pueblo
lo destruye la falta de unidad, de identidad y
de autoestima. La tradición oral, carta de presentación
y pasaporte a la supervivencia de los grupos étnicos,
debe ser rescatada, respetada y protegida como
el único gran eslabón que ha de permitir la perpetuación
de los pueblos en el camino de la civilización.
BEATRIZ ACEVEDO TRUJILLO |