Boletí­n Cultural y Bibliográfico. Número 37 . Volumen XXXI - 1994 - editado en 1996
 

El pensamiento mitológico o el arte de sobrevivir a lo inesperado


Mitologí­a del encuentro y del desencuentro
Sol Montoya Bonilla
Editorial Universidad Nacional, Santafé de Bogotá, 1994


De qué manera un grupo indí­gena logra sobrevivir al encuentro o mejor al desencuentro con el blanco y su cultura de violencia y destrucción, es una pregunta para la que difí­cilmente se puede acertar una respuesta concreta. El indí­gena amazónico, que sufrió en todas sus dimensiones una invasión blanca —en extremo violenta, por parte de los explotadores del caucho, tuvo que reformar puntos neurálgicos de su tradición oral y de su pensamiento mitológico para dar cabida al blanco y a lo que su cultura representa.

La colonización de los pueblos indí­genas de la Amazonia trajo, además de dolor y muerte, además de la violencia fí­sica y la explotación, un acto simultáneo de desposesión de la tierra y de la identidad cultural. Para salir airoso, cada grupo ha intentado, con más o menos fortuna, la explicación del fenómeno a través de su pensamiento mitológico; de la palabra que todo lo puede y lo conforma. Porque para el indí­gena la palabra no es sólo la portadora de los contenidos que reflejan y mantienen su historia. La palabra es creadora por sí­ misma; es acción y poder de realización. En otros términos, no es sólo comunicación, puesto que al ser comunicación de una tradición es, por ende, IDENTIDAD y posibilidad de preservación de esa identidad. "La palabra mí­tica protege al indí­gena de la disolución, es su escudo y su emblema en la lucha" (pág. 81).

Ahora bien: en este trabajo, Sol Montoya hace un esfuerzo por indagar el "cómo" dos pueblos especí­ficos: el huitoto y el aguaruna, intentan a través de su palabra mí­tica la explicación de la existencia del blanco y de las relaciones que entre las dos culturas se han de presentar. Del éxito de esta empresa dependerá la capacidad del grupo étnico para sobrevivir como tal.

Los huitotos

En el grupo huitoto, el panorama es, a pesar de todas las dificultades, alentador. Es un grupo fuerte, con una tradición muy bien cimentada, con un fuerte sentido de la colectividad y una gran estima por sí­ mismo y por lo que lo rodea. Para el huitoto la palabra es acto por sí­ misma; es el legado; representa un ví­nculo definitivo entre jóvenes y ancianos; es identidad, ejemplo de vida y comportamiento, es clave de unión del grupo, preservación, y garantí­a de invencibilidad e inmortalidad. El huitoto se rescata desde la palabra, vuelve al origen y ubica el espacio vital del blanco, no como requisito para aceptar su sometimiento, sino como principio diferenciador de mundos. El blanco existe y su presencia es inapelable; lo importante, entonces, es diferenciar sus mundos Así­, cada uno existirá en su propio espacio vital con sus normas, sus leyes, sus héroes y sus dioses. La actitud del huitoto frente a Husiniamuy, entendido en términos generales como lo extraño, es básicamente de tolerancia; en sus relatos se presenta como protector de lo suyo y nunca como destructor de lo ajeno. Para este grupo, establecer diferencias es el primer paso para reafirmar la existencia de la etnia como tal; así­ el huitoto descubre estas diferencias y hace de ellas un baluarte de su identidad.

Los aguarunas

Con el grupo aguaruna la situación es bien distinta. A diferencia de los huitotos, los aguarunas no parecen tomar plena conciencia de la existencia del otro como grupo cultural diferente e independiente del suyo. Ante la angustia por su presencia y por su "superioridad" buscan en su mitologí­a razones que expliquen su sufrimiento y su incapacidad para enfrentarlo. Culpará entonces a sus héroes y a sus antepasados por errores cometidos que han labrado el camino de desesperanza que vive el aguaruna actual. Se percibe en el aguaruna, más que cualquier otra cosa, el descalabro y el desconcierto frente a su realidad.

El trabajo

A pesar de representar una minuciosa tarea de lectura e interpretación de los textos mitológicos de los huitotos y los aguarunas, son muchas las preguntas sin respuesta que acuden al lector de este trabajo.

En primer lugar no se explica, ni siquiera se menciona, cuál fue la razón que motivó a la autora a investigar el quehacer mitológico en estos dos pueblos especí­ficos. De la misma manera, no se logra identificar una tesis concreta que intente confirmar o rebatir algo. En lo que podrí­a tomarse como una conclusión, Montoya dice que el hecho en sí­ de alterar la mitologí­a para dar cabida a lo inesperado o lo desconocido, implica un triunfo de la palabra mí­tica, Pues por esta ví­a el indí­gena puede reexplicar su existencia y, sobre todo, ganar la partida al descalabro.

La tesis, sin embargo, queda sin comprobación, pues la autora se limita a analizar los textos paso a paso, sin pretender enfrentarlos a ningún concepto diferente del suyo propio; ni siquiera hay un análisis comparativo entre los dos grupos trabajados, lo cual podrí­a haber sido en sí­ mismo un intento válido. Aparte de la alusión a Jacopin, no se encuentra en el trabajo otro planteamiento que permita descartar o corroborar la tesis inicial. Ahora bien: si lo que se pretendí­a era una lectura seria y detallada de los textos al estilo de una revisión bibliográfica, gran favor nos habrí­a hecho la autora de presentarnos los textos originales con más generosidad, pues de alguna manera el lector podrí­a entrar en interacción con ellos y sacar sus propias conclusiones. De la manera como se planteó el trabajo, quedamos a merced de la visión muy personal de la autora, sin casi ninguna posibilidad de elegir otro camino interpretativo. Esta ausencia de textos originales se hace crí­tica en la primera parte del trabajo al concluir el análisis de los huitotos, narración 27, en donde Pedro, narrador principal de Preuss —compilador original— hace sus observaciones personales de los textos. Desgraciadamente, este relato no nos es entregado completo y las citas a las que ha acudido Montoya aparecen en un orden diferente del original, para hacer resaltar consideraciones del narrador que, según parecer de la autora, son más importantes.

En conclusión, Mitologí­a del encuentro y del desencuentro es, a pesar de sus inconsistencias metodológicas, un libro que invita a la reflexión sobre muchos aspectos que afectan a las comunidades indí­genas desde lo más profundo de su pensamiento, recordándonos que, más que la pobreza, a un pueblo lo destruye la falta de unidad, de identidad y de autoestima. La tradición oral, carta de presentación y pasaporte a la supervivencia de los grupos étnicos, debe ser rescatada, respetada y protegida como el único gran eslabón que ha de permitir la perpetuación de los pueblos en el camino de la civilización.

BEATRIZ ACEVEDO TRUJILLO