Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 39 . Volúmen XXXII. Editado en 1996

 

La generación del lodo y la avalancha de la vida

 


Diez años sin Armero (investigación etnográfica)
Ana Gómez, Luis Burgos, Martha Aristizábal, Nelsy Roa, Orlando Morales
Fondo Resurgir-Fes Tolima, Ibagué, 1993, 128 págs.

A pocos meses de cumplirse diez años de haber sido arrasada la población de Armero por la avalancha del Ruiz, aparece esta obra que reflexiona particularmente sobre esa “generación del lodo" de adolescentes y jóvenes que sobrevivió; su relación con la nueva escuela, con su memoria y sus fantasmas, sus expectativas y miedos.

El tema de Armero que generó toda una sobreproducción de "autores y obras", poemas, cantos y opiniones, que francamente obedecía a un carácter más emocional (muy respetable en su momento) que de investigación, ahora servía como punto de partida, y que había logrado sensibilizar a algunos estamentos sociales (no burocratizados) pero en especial a maestros e investigadores. El presupuesto era claro: la tragedia había acabado de empeorar la precaria infraestructura escolar de la región, agravando también la de las zonas aledañas, que ahora eran centro de la desbandada de escolares sobrevivientes.

Pero el problema era mucho más grave: se trataba de "adoptar" a una comunidad de niños, adolescentes y jóvenes, cuya estructura familiar había sido mutilada al igual que su entorno socioafectivo, que ya no existía, creando un desafío caótico para el que no se estaba preparado: "vale la pena resaltar que los sobrevivientes de la tragedia de Armero, al perder su tierra natal, su pasado, también perdieran su futuro, ése que estaban construyendo desde la infancia" (pág. 31). La obra, que ilustra todo el proceso de investigación desde su fase proyectiva en 1986, da cuenta de cómo los profesores, en un espíritu noble (tan escaso en ciertos sectores "intelectuales"), aceptaron someterse a todo un proceso de capacitación en investigación etnográfica, para poder enfrentar el reto: "En este sentido la tarea de investigación etnográfica es novedosa, en la medida que permite volver extraño lo que es familiar para retornar al contexto con la capacidad de transformarlo a través de una experiencia vivencial. De esta manera se logró generar en los profesores una actitud de cuestionamiento permanente sobre su labor docente" (pág. 10).

Inicialmente se perseguía el logro de dos objetivos fundamentales y que para muchos resultarían "extracientíficos": lograr habilidades para la sensibilización del docente, y aprender a investigar investigando, dos características básicas (aunque no se lo mencione) del controversial modelo de investigación IAP (investigación-acción-participación): el profesor investigador no es aquel que pertenece a la elite de los que saben mucho sobre investigación; sino a la otra elite de los que creen que hay cosas por mejorar y se proponen hacerlo" (pág. 67).

Ahora bien: aunque la metodología de campo no presenta grandes avances teóricos, cabe subrayar el papel de las "historias de vida": "el propósito de las historias de vida en los estudios sociales es mostrar los hallazgos en forma de relato" (pág. 27) y en ellas se apoya la base de toda la investigación.

Por lo demás, el grupo de profesores contó con la asesoría permanente del sociólogo-investigador Rodrigo Parra Sandoval y su equipo de asesoras. El proyecto, que inicialmente había delimitado su campo temático con respecto a la "cultura del adolescente en el departamento del Tolima" para tratar de establecer algunas relaciones entre talento y escuela, sufre una interesante transformación hasta convertirse en una propuesta relacionada específicamente con los jóvenes armeristas y sus conflictos después de la tragedia.

El resultado era sobrecogedor: un grupo de jóvenes en proceso de autodescubrimiento, quienes, a través del diálogo, escuchan sus pensamientos, y así reflexionan; un equipo de profesores, ahora investigadores, frente a un fenómeno muy curioso: en el proceso de reconstruir la problemática en la escuela de los jóvenes de Armero, con unas connotaciones muy particulares (la tragedia), descubren y diagnostican una crisis que tiene semblante nacional.

Para estos jóvenes estudiantes, quedó muy claro, además de frustrante, que, una vez atomizado su equilibrio vital (familia, tierra, actividades), la escuela se constituía en su último recurso al cual aferrarse; no obstante, ésta les falló, al incomprenderlos y discriminarlos.

Al quedar al descubierto una vasta gama de insuficiencias académicas y extraacadémicas, como la baja formación de maestros e instituciones, la carencia de creatividad para plantear soluciones en momentos de crisis, los mezquinos regionalismos nacionales, el despotismo autoritario, etc., que al mezclarse con la carga de conflictos psicosomáticos que trae la adolescencia redundó en un agravante generalizado, autodescubrirse fue comenzar a descubrir y, aunque en muchos casos es un proceso amargo y doloroso, era necesario; así los jóvenes armeristas no fueron pasivos en medio de la crisis, y la investigación les ayudo a “liberarse de culpa" y a plantear interesantes propuestas, no sólo para democratizar las aulas, sino para revalorar también sus vidas.

ÓSCAR HENAO CARDONA