Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 42. Volumen XXXIII - 1996- editado en 1997
 

Florescencia, cosecha, semillas y siembra


Las cuatro estaciones
Mitología y estructura social entre los u’wa
Ann Osborn
(traducción de Fabricio Cabrera Micolta)
Banco de la República, Museo del Oro, Santafé de Bogotá, 1995, 269 pág., ilus.


El libro Las cuatro estaciones es el producto de una paciente investigación etnográfica iniciada en 1964 por la antropóloga inglesa Ann Osborn (1933-1988) en la comunidad u’wa, grupo indígena comúnmente conocido como los tunebos, perteneciente a la macrofamilia lingüística chibcha, que habitan las zonas aledañas a la Sierra Nevada del Cocuy, entre los 450 y los 2.000 m sobre el nivel del mar, en climas que van de húmedo tropical a subtropical lluvioso, en el departamento de Boyacá.

El trabajo comprende unos iniciales y ligeros contactos, en 1970-1971, de Osborn con uno de los seis clanes, el de los kaibakay, que conforman la estructura social de los u’wa, así como una vivencia mucho más profunda, entre 1971 y 1974, con el clan kubaruwa, que le permitió, tras un largo proceso de reflexión y análisis, comprender, hasta donde le fue posible, su mitología y estructura social. El resultado inicial fue la tesis doctoral de Osborn en 1982 para la Universidad de Oxford, estructura que se mantuvo al ser convertida en libro y traducida al castellano.

Las cuatro estaciones es un libro ilustrativo de las muchas veces difíciles relaciones investigativas y cotidianas que el antropólogo entabla no sólo con su objeto de estudio sino con los necesarios informantes y con el medio ambiente circundante, los cuales, en un proceso de investigación como el emprendido por Osborn, son de gran importancia. Todo ello presentado con gran sencillez, pues desde que la antropóloga comenzó su acercamiento a los u’wa les manifestó reiteradamente su interés por aprender cómo vivían y pensaban, actitud difícil, pues eran conscientes, los u’wa y Osborn, que ella no tenía el marco de referencia apropiado de una infancia u’wa.

Varias circunstancias confluyeron para que la pesquisa y posterior reflexión de Ann Osborn fueran exitosas: unos adecuados fondos financieros, una permanente disposición para el trabajo, una innata habilidad para aprender lo para ella desconocido, posición esta última que desde un principio desconcertó a los estudiosos miembros del clan de los kubaruwa y muy especialmente a sus chamanes o bita wedhaiya, que son unos destacados maestros pero a los que hay que mostrarles aptitudes para entender. Además, los u’wa pasaban por un período de renovación y permanentemente estaba en discusión los perniciosos y abusivos efectos, mayores o menores, de la cultura de los blancos sobre sus instituciones, parentesco, propiedad de la tierra, etc., pues de ser una sociedad matrilocal ha pasado a ser, muchas veces artificialmente, patrilocal. Así mismo, la investigadora respetó las condiciones que le fueron impuestas y poco a poco se granjeó la confianza y respeto del grupo; sin embargo, continuamente se la trató de manipular, pero la pericia, la continua consulta del diario de campo, así como el conocimiento de la lengua u’wa, hicieron que esa actitud fuera minimizada al máximo.

El libro es, entonces, un importante ejemplo del compromiso ético y moral que un investigador puede llegar a tener con un grupo de estudio y muestra cómo, a base de tesón, el antropólogo puede lograr un acercamiento aproximado, nunca total, de sus estudiados, pues sólo así logra romper las naturales prevenciones, temores y autocensuras que el investigado levanta ante el investigador.

Como muchos de los libros de su género, Las cuatro estaciones narra la permanente lucha de los u’wa para mantenerse como grupo indígena ante las continuas arremetidas, claramente identificadas y determinadas con momentos importantes dentro de la historia nacional, de los colonos blancos, los curas católicos, los misioneros protestantes del Instituto Ling¸ístico de Verano por aculturarlos, arrebatarles sus territorios, etc. Proceso en el cual algunas de las instituciones de los indígenas han sido modificadas.

Es, por tanto, el libro de Ann Osborn un gran aporte a la convivencia y al entendimiento de los colombianos, pues le enseña a la "sociedad mayor", llámese corona, iglesia, Estado colombiano o compañía petrolera, que para los u’wa la posesión de la tierra es muy importante, puesto que a partir de la relación con ella es que el grupo se ha organizado socialmente y la que les da la suficiente "fuerza" para, si es el caso, negociar con los blancos con el fin de conseguir los títulos legales que el Estado colombiano entrega. Subrayando que los u’wa no sólo son hostiles hacía el blanco, con otros grupos indígenas, como los guahíbos, también muestran tal comportamiento, resentimiento que es compartido.

En realidad, la relación con la tierra es determinante, pues en el curso del año los u’wa cambian de lugar de residencia varias veces, de las tierras bajas al pie de monte y a la zona de montaña, sucesión en la que practican una agricultura similar (cultivo de yuca y maíz), cazan, pescan, recolectan miel y cera y mantienen como mínimo una casa de habitación. Manejo del medio que ha permitido una relativa estabilidad entre el hombre y su entorno natural. Para demostrarlo, Osborn hizo una detallada presentación de cada una de estas zonas, en la que mostró la relación existente entre el medio geográfico y el grupo, las pautas de asentamiento, etc. Es así como el pie de monte está asociado con la "vida del bosque", mientras que la zona de montaña lo está con la "vida del pueblo", con la ceremonia del Aya y con la sucesión de maíz vinculadas a esta celebración.

La base documental del libro son cuatro mitos cantados, íntimamente relacionados con las actividades agrícolas: florescencia, cosecha, semillas y siembra, como con las celebraciones estacionales, húmedas y secas, a ellas vinculadas. Con lo que logró mostrar una parte importante de la cosmología y de los rituales del grupo de los u’wa, el cual está condenado a desaparecer por suicidio colectivo, pues la "sociedad mayor" no lo comprende y acepta. Es ahí donde radica el mayor aporte del libro, ya que en él quedó plasmada y explicada la oposición arriba-abajo asociada a la geografía y a la topografía por una parte, y a la cosmología por otra, característica de los u’wa, que de no ser comprendida y asimilada por los blancos puede llevar a la desaparición física de esta etnia sobreviviente a la irracionalidad occidental y capitalista.

JOSÉ EDUARDO RUEDA ENCISO