Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 42. Volumen XXXIII - 1996- editado en 1997
 

Historia extensísima de la Anapo


Resistencia y oposición al Establecimiento del Frente Nacional.
Los orígenes de la Alianza Nacional Popular (Anapo), Colombia 1953-1964
César Augusto Ayala Diago
Colciencias, Comité de Investigaciones para el Desarrollo Científico, Cindec, Línea de Investigación en Historia Política, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 1996, 371 págs.


En los últimos años ha revivido en Colombia la historia política, elaborada en forma diferente en comparación con la tradicional historia política que dominó los estudios históricos en Colombia por lo menos hasta fines de los años sesenta. A diferencia de la historia política tradicional, que reduce el análisis a los aspectos puramente institucionales de la acción política, tanto del Estado como de los partidos o de sus principales dirigentes, la nueva historia política parece reivindicar a lo político como una esfera autónoma, ligada a proyectos ideológicos, culturas políticas, programas, simbologías, imaginarios, actores individuales -dirigentes de los partidos o de sus fracciones, presidentes, caudillos, etc.- o actores políticos colectivos -partidos, fracciones, tendencias, representaciones parlamentarias, etc.-. Es decir, que la nueva reivindicación de la historia política implícitamente pretende diferenciarse de la historia social y de la historia económica, las ramas que han dominado los estudios históricos en Colombia en los últimos dos decenios. Esta diferenciación y clarificación del objeto de estudio de la historia política, por ahora nos parece ambigua: si, por una parte, efectivamente es positivo que se empiece a estudiar lo político como un factor histórico específico -y crucial para entender a cualquier sociedad-, por otra parte es problemático pretender una separación casi absoluta con la historia como totalidad o por lo menos con la historia social y económica.

Esta aclaración introductoria es hecha para contextualizar el libro de César Ayala, sobre los orígenes de la Anapo, que se inscribe dentro de un proyecto más amplio tanto del autor como de una línea específica en historia política que empieza a publicar sus primeros resultados. Este libro está dividido en cuatro extensos capítulos. El primero se titula "Alternativas políticas al sistema bipartidista nacional 1953-1957" (pág. 21-71), en el cual el autor hace un recuento general del gobierno militar de Gustavo Rojas Pinilla, concentrándose en sus intentos por dotarse de una base política propia, opuesta o por lo menos diferente al tradicional bipartidismo colombiano. En ese sentido, analiza los fallidos intentos del Movimiento de Acción Nacional (Man), la Tercera Fuerza, el Nuevo Orden. En este capítulo se explica también la evolución del gobierno de Rojas, así como la conformación del Frente Civil oligárquico y las acciones de mayo de 1957 que pusieron fin a ese gobierno. En este capítulo no hay verdaderamente nada novedoso respecto a lo que ya se conocía sobre ese tema, en obras tales como las de John D. Marz (Colombia, un estudio de política contemporánea), de Carlos Urán (Rojas o la manipulación del poder) o de Silvia Galvis y Alberto Donadío (El jefe supremo). Una idea que sí es diferente con respecto a lo dicho por estos autores, es la relacionada con la supuesta tolerancia política que Rojas desarrolló durante su gobierno. En este punto el autor discrepa con las concepciones tradicionales más abiertamente antirrojistas y proliberales que consideraron que en ese gobierno no hubo tolerancia, precisamente porque se atacó a los partidos tradicionales y se censuró a la "Gran Prensa". En su análisis, Ayala no pudo sustraerse a la vieja actitud de los historiadores cuando de referirse al gobierno de Rojas se trata -iniciada por allá en 1956 con Vernon Fluharty en su libro La danza de los millones- de asumir dos posiciones extremas: aplaudir al régimen militar o detestarlo totalmente -como es el caso, por ejemplo, de las obras, ya mencionadas anteriormente, de J. Marz y Silvia Galvis y Alberto Donadío-. Ayala tiende a reivindicar la tolerancia del régimen desconociendo -lo que ni menciona en esta parte del libro- la actitud anticomunista de Rojas y la violencia desatada contra sectores agrarios influidos por el partido comunista en diferentes regiones del país. El término tolerancia, que Ayala utiliza, tiene, entonces, en el caso de Rojas un significado bien curioso: reducirlo a los intentos de organizar fuerzas o acciones bipartidistas, pues Rojas en este terreno recurrió tanto a liberales, conservadores, gaitanistas e incluso a socialistas no marxistas, a pesar de haber sido intolerante con otras fuerzas de izquierda. Es decir, que la tolerancia del régimen militar fue algo así como una tolerancia restringida.

El capítulo segundo, "Establecimiento del Frente Nacional (1957-1960)", (págs. 75-146), se centra en analizar el discurso político de diferentes fracciones bipartidistas que de una u otra forma combatieron la imposición del Frente Nacional. Entre esas corrientes, ligadas cada una a sus respectivos líderes e ideólogos, el autor analiza al alzatismo y al Movimiento Revolucionario Liberal (MRL). Ayala no esconde sus simpatías por la personalidad política de los dos principales políticos del momento: Gilberto Alzate Avendaño y Alfonso López Michelsen. Hace una exposición detallada de sus principales ideas políticas, de sus antecedentes doctrinarios y de la manera como ese conjunto de ideas se enmarcaban en el debate político y doctrinario en los comienzos del Frente Nacional. Si bien es cierto que el autor presenta un análisis sistemático del pensamiento de Alzate Avendaño, parece que exagera su importancia histórica cuando afirma que su repentina muerte, en 1960, "dejaba en el ambiente político una formidable herencia: su espíritu, su vida, su legado, sus seguidores de arriba y de abajo. Un sentimiento de frustración se apoderó de las bases conservadoras, como se había apoderado también de las liberales con la muerte de Gaitán" (pág. 149, subrayado nuestro). Esto ya suena a apología. Sería bueno preguntarse, hoy por hoy, cuál es ese legado, cuál es ese ejemplo para el "ambiente político". Una cosa es hacer una reconstrucción de las ideas conservadoras, lo que, desde luego, es absolutamente legítimo, para demostrar que, en contra de lo que profesa la historiografía del partido liberal, las ideas conservadoras son tan sistemáticas, coherentes y orgánicas como las del liberalismo colombiano, si es que no lo son más. Y en esto el trabajo de Ayala clarifica la situación. Pero otra cosa es que desde una historiografía política que se pretende muy moderna se termine haciendo una apología de un jefe conservador de no muy recomendables antecedentes políticos, desde su juventud, cuando defendía las tesis de la extrema derecha fascista, y, aún más, que se sostenga que dejó un legado similar al de Gaitán. Eso ya es exagerar la nota. En cuanto al MRL, tema desarrollado ya en otro libro por Ayala, hace un recuento de lo que denomina la recuperación del discurso liberal por parte de su principal ideólogo, Alfonso López Michelsen. Éste desarrolló un "discurso diáfano, sin contradicciones, y además sin las pretensiones de volcar las estructuras del país a la manera de una revolución social que se identificara con las famosas de entonces" (pág. 130). El resultado fue perfectamente positivo, puesto que el discurso de López Michelsen recobró para el partido liberal el aliento popular que había muerto con Gaitán, pero ahora esa recuperación se hizo desde arriba. En este capítulo se hace también un relato más o menos convencional y conocido de los primeros años del Frente Nacional, desde el establecimiento de la junta militar que sustituyó a Rojas el 10 de mayo de 1957, pasando por la primera campaña frentenacionalista en 1958 y las primeras manifestaciones de la división conservadora después de la caída de Rojas. Hay igualmente una descripción del regreso de aquél al país y del juicio que se le siguió desde el Senado de la República.

El tercer capítulo, "Fundación de la Alianza Nacional Popular (Anapo)" (págs. 149-207), se centra en el análisis del discurso rojaspinillista que fundamentó la organización de esa fuerza de oposición. Se analiza el mito fundador de la Anapo -es decir, la dictadura-, que era presentada por Rojas como el mejor ejemplo de lo que era un buen gobierno. Se estudia también la primera plataforma de la Anapo, las relaciones y diferencias entre ésta y el MRL. Por último se detalla la primera participación electoral de la Anapo, incluyendo la primera candidatura presidencial de Rojas en las elecciones de 1962.

El último capítulo esta consagrado al tema "La etapa conspirativa del anapismo 1961-1964" (págs. 211-281). Al principio se hace un extenso recorrido por los ideólogos de la Anapo, entre los que se considera principalmente a José María Nieto Rojas, Hernando Olano Cruz y Daniel Valois Arce. Se describe también la participación anapista en la legislatura de 1962-1964 y la campaña electoral de 1964. En este capítulo, Ayala considera los efectos de la encíclica Pacem in terris tanto en el discurso rojista como en el discurso político conservador. En esta parte, según Ayala, el efecto de la prédica de Juan XXIII, en el sentido de convocar a la tolerancia y al respeto por los demás, tuvo un efecto casi inmediato en los discursos y prácticas políticas desarrolladas en Colombia. Aquí no queda claro si las consideraciones se refieren a la retórica, pues en ese caso, desde luego, los discursos políticos colombianos reproducen más o menos lo que esté al orden del día. Pero, ¿es eso garantía de que efectivamente, como piensa Ayala, las nuevas concepciones del Vaticano tuvieron un efecto tan inmediato y directo sobre las prácticas políticas colombianas en general y en particular las del conservatismo? Parece muy dudoso suponer una consideración tan mecánica, máxime teniendo en cuenta el carácter tradicional y retardatario de la Iglesia católica colombiana, como se mostrará en ese mismo momento con el caso de Camilo Torres Restrepo. Finalmente, en ese capítulo se describen varios intentos de conspiración, organizados desde la Anapo o desde sectores de las fuerzas armadas próximos a Rojas, en los que se postulaba el regreso al poder del antiguo Jefe Supremo. Para el autor la primera fase de la Anapo es denominada la etapa conspirativa, tanto por esta práctica conspirativa como por el tipo de discurso que esbozaban los principales dirigentes de la Anapo, en el que se consideraba la posibilidad de acceder al poder mediante el uso de la fuerza. En los capítulos 3 y 4, el autor muestra el carácter antidemocrático y excluyente del Frente Nacional por la forma como reprimió y persiguió a la Anapo y en particular a Rojas Pinilla. El capítulo y el libro terminan en punta, pues se cierra con las elecciones de 1964, sin que quede claro por qué motivo. Al parecer, la razón es más de naturaleza comercial que académica, pues el autor parece querer especializarse en la publicación de gruesos volúmenes monográficos sobre períodos bien cortos -de menos de diez años-, como ya lo mostró no sólo con este libro sino con el anterior, consagrado al discurso político de la oposición en el período 1960-1966. Por eso, en vez de publicar la historia completa de la Anapo, cosa que se hubiera más que justificado, haciendo una síntesis más digerible de una historia más amplia e integral, se detuvo súbitamente en las elecciones de 1964. Ahora de seguro vendrá la publicación del resto de la historia de la Anapo, esperamos que esta sí completa y no formada de otro grueso e indigerible volumen de períodos de cuatro o cinco años. Porque de ser así, tendríamos que esperar la publicación de unos tres o cuatro volúmenes para conocer toda la historia de la Anapo. Porque, precisamente, una de las principales limitaciones del libro es la completa ausencia de un esfuerzo de síntesis, que de haberse hecho hubiera obligado a resumir y a redondear una cantidad de aspectos que son o muy reiterativos o que se podrían tratar de una manera más rápida; por ejemplo, todos los relacionados con las elecciones y los programas electorales.

Volviendo a nuestro planteamiento inicial, digamos que no nos convence esa forma de escribir historia política a partir exclusivamente de los discursos, los programas o la acción parlamentaria, sin tener en cuenta las fuerzas sociales que se mueven tras bambalinas o los procesos económicos que gravitan de una manera importante en el plano político. Al respecto, en las Conclusiones (págs. 285-290), Ayala formula ciertas consideraciones que para nada desarrolló a lo largo de su prolija exposición de más de trescientas páginas. Por ejemplo, dice que el surgimiento de la Anapo tenía alguna vinculación con "la presencia novísima del intempestivo encarecimiento de la vida" (pág. 286). También indica que la Anapo era una expresión de la acelerada urbanización del país y representaba sobre todo a los sectores agrarios desplazados, que conformaban una masa socialmente amorfa e indefinida (pág. 287). Ésta que es una idea clave para entender no sólo la historia de la Anapo sino la historia de la oposición y resistencia social al Frente Nacional y para entender toda la historia política contemporánea de Colombia, en el libro no se tiene en cuenta en absoluto. Es como si los agentes sociales estuvieran por completo ausentes de la escena política, lo que en el caso de la Anapo es todavía más discutible, por su marcado acento populista.

Desde el punto de vista empírico, el libro tiene un buen respaldo documental, pues se trabajaron un número apreciable de fuentes, entre las que sobresalen la prensa de las diferentes corrientes políticas. Hay un anexo y un colofón para explicar el uso del Análisis de contenido, que de seguro muy pocos lectores afrontaran tanto por su pesadez estilística como por su ineficacia. Eso mismo, que se pretende explicar con una "técnica" de medición, tranquilamente se puede explicar cualitativamente sin tanto artificio, máxime si se usa para un aspecto tan limitado y restringido como los debates parlamentarios en un reducido lapso de dos años, 1964-1966, en un caso, o los resultados electorales en un período de seis años, en el otro. Ese despilfarro de páginas, más exactamente 70 (de la 291 a la 361), bien había podido ser evitado, por lo menos de esa manera se talarían menos árboles y se publicarían menos lucubraciones académicas, las que, por lo demás, encarecen todavía más los libros.

RENÁN VEGA CANTOR