| Promesa no cumplida
La Autobiografía en Colombia
Vicente Pérez Silva
Biblioteca Familiar Colombiana, Presidencia de la República, Santafé de Bogotá, 1996,
760 págs.
La autobiografía en Colombia es uno de los
títulos que componen la Biblioteca Familiar Colombiana, un esfuerzo de la Presidencia de
la República con la intención de poner a disposición de los hogares del país un
repertorio de textos claves sobre Colombia. Vicente Pérez Silva agrupa dentro de este
libro 67 textos autobiográficos: entrevistas, monografías y ocasionalmente poesías
(como el Autorretrato de León de Greiff), con mucha frecuencia extractadas de
una obra mayor.
Sin embargo, a pesar del gran trabajo de recopilación, es posible que a otros
lectores les suceda lo mismo que a quien escribe esta reseña y, después de leer este
libro, sientan cierto sabor a insatisfacción, cierta molestia... parecida a la que deja
una promesa no cumplida.
Quizá sea tan sólo el título: LA AUTOBIOGRAFÍA EN COLOMBIA.
No sé, tal vez no sea ni siquiera el título sino el artículo definido singular
que lo encabeza: "La". ¡Hay que ver la cantidad de problemas en los que lo
puede meter a uno un artículo determinado singular! Suena siempre demasiado contundente,
demasiado único... "El" Presidente, "El" Estado, "La"
Patria, "La" Religión, "La" Verdad. Da siempre una impresión
granítica... y no es fácil construir en granito.
O quizá soy tan sólo yo, el joven de 23 años que escribe estas líneas.
"Autobiografía: Vida de una persona descrita por sí misma".
(Diccionario Larousse)... Quizá (reiterativo "quizá") soy demasiado ambicioso
y encierro en el término vida no sólo aquellos datos que se pueden obtener en un
documento legal (del tipo: "Nací en la privilegiada ciudad de X, estudie en el
distinguido colegio Ñ, me casé con la señorita Y, y trabajé con don Z"), sino
también, muy especialmente, aquellos que se refieren a las creencias, deseos y miedos de
un ser humano en particular. Autobiografía para mí significa ante todo un deseo de
revelación de aquello que nos resulta más preciado, más individual, frente al cual el
lector puede o no identificarse (después de todo, no suelen coincidir aquellos a los que
les agradan los planteamientos de Mein Kampf de Hitler, con los que son seducidos
por los de My life de Chaplin), pero siempre saldrá con una visión más profunda
del ser humano descrito allí que la de los datos que pueda obtener en un registro civil.
Pero vamos por partes. Primero el primer "quizá", el del título.
Prometedor, demasiado prometedor; general, demasiado general... en mi opinión, la
opinión de un lector decepcionado por un título. Es demasiado ambicioso pretender
encerrar la obra autobiográfica completa de un país en un solo volumen, aunque tenga las
760 páginas de este libro. Dado lo cual, o se hace una selección con un criterio
unificador (época, profesión, género literario, etc.); o se procede al
"muestrario", esto es: se toma un pequeño pedazo de cada obra autobiográfica,
como si fueran telas en una tienda, se reúne el número suficiente de trozos, se les
pega, y se le reza a la Musa esperando que aquel mosaico de piedras inconexas conserve
cierta apariencia de unidad.
Mi posición (y valga repetir que es una posición personal y, por lo tanto,
subjetiva) es de rechazo a la técnica del muestrario, pues se pretende darle al lector
una impresión general, cuando en realidad se le están presentando (por razones de
espacio) fragmentos... con el agravante de que en la literatura, a diferencia de las
telas, la obra no presenta en todas partes el mismo color ni la misma textura.
El gran mérito de este libro es también, para mí, su gran fracaso: la
ambición de su empresa. Por primera vez se intenta dar una visión general sobre la
autobiografía en Colombia, pero se olvida que la autobiografía misma lo sobrepasa, por
lo cual, en vez de aceptar sus limitaciones y pretender dar una visión lo más completa
posible de uno solo de los aspectos de la materia, promete un todo que no llega siquiera a
ser la suma de sus partes, pues no hay manera de sumarlas, ya que los escritos no han sido
seleccionados por criterio distinto del que sus autores hayan vivido en Colombia... Un
criterio excesivamente amplio para un solo libro.
Así llegamos al segundo "quizá", que es una observación aún más
subjetiva (¡ay!) que la primera, pues parte de cierta sensación de lástima, ya que el
autor de este libro ha encontrado, a mi parecer, auténticas joyas, tanto literarias como
históricas, y ha permitido que la fuerza de aquellos escritos se pierda entre abundante
material intrascendente. Éste es uno de aquellos libros ante los cuales me provoca decir:
¡Que libro tan interesante sería si, en vez de 760 páginas, tuviera 250!
Una vez más, como se puede observar, hablo de una necesidad de selección con
base en criterios claros... aunque esta vez hablo de una selección por contenido. Un tema
espinoso, pero que no se puede rehuir ante una obra de esta naturaleza.
La misma variedad del libro podría ser también su fuerza. En sus páginas hay
documentos autobiográficos con diversos estilos y géneros, individuos con distintas
creencias, profesiones y épocas. ¡Que oportunidad para dar una imagen diferente de la
Colombia conocida!: una Colombia vista desde la individualidad, desde el "hombre no
socializado" (pág. IX). Una visión de nuestra identidad, nuestra historia, desde la
esencia humana misma en vez de los datos medibles.
En este libro podemos enterarnos de vidas que la mayoría desconocemos. Hay allí
tantos personajes a quienes la historia ha llamado "grandes", como otros a los
que se ha olvidado, víctimas de la amnesia colectiva. Sesenta y siete autores, 67
escritos autobiográficos, pasando por temas tan variados como el arte, la psicología, la
educación, el periodismo, sin olvidar, por supuesto, a la omnipresente política... y sin
embargo, uno se queda con la impresión de que el libro resultaría mucho más ameno y con
mayor densidad, si se extrajera la gran cantidad de material poco relevante que ocupa
buena parte de sus setecientas sesenta páginas: páginas de autores que han tenido buen
cuidado de no poner en ellas ni sus dolores, ni sus luchas, y mucho menos una posición
ante la vida o ante el país... nada que pueda considerarse más íntimo que el nombre de
su esposa o su lugar de nacimiento, por lo cual incluso su estilo se unifica y el lector
siente que está leyendo las mismas páginas con apellidos distintos.
La necesidad de este libro como herramienta en el conocimiento de Colombia puede
verse desde dos puntos de vista: como registro de relaciones sociales de algunos
colombianos ilustres; o como obra amena sobre la historia y espíritu de algunos
colombianos, que nos permitirá una nueva imagen de la historia de Colombia escrita desde
la vida del individuo... Hay que recordar que no se puede complacer a todo el mundo.
En estas páginas hay anécdotas sobre tiempos de "leopardos y
alcanfores", poetas como León de Greiff y Barba Jacob, recuerdos curiosos y
trágicos (muy propios del "mágico-realismo" de la historia colombiana, como el
de la "manifestación fantasma" en el Chocó, narrada por García Márquez
[pág. 719]), visiones distintas sobre la tierra y los hombres que enriquecerán nuestra
visión sobre Colombia y sus personajes. Pero también están esas largas, largas
páginas, que no distan mucho en su forma de nuestros actuales currículum vitae... y si
lo que se quería era dar una visión de ese estilo, ¿no bastaba con dar uno en vez de
treinta?
Afortunadamente allí están Silvio Villegas, Juan Gustavo Cobo Borda, Jorge
Eliécer Gaitán, García Márquez, y tantos otros, para abrirnos las puertas a fracciones
de su vida e invitarnos a conocerlos, para de este modo acercarnos a la Colombia que les
tocó vivir, de una forma amena y rica en pensamientos y actitudes vitales frente a la
realidad de su tiempo.
He escuchado que uno de los secretos mejor guardados por un hombre es la opinión
que tiene de sí mismo. La exposición de ésta es, al fin, la meta más elevada de la
autobiografía... y la más difícil, pues se necesita mucho coraje y seguridad para
desnudar el interior ante un desconocido, como casi siempre es el caso del lector. Quizás
por eso, aquellos que, entre todos los que pueblan estas páginas, alcanzaron eso que la
historia llama "gloria", son también los que eran capaces de exponer su vida y
sus convicciones sin refugios ni excusas.
Gaitán decía: "En la evocación del recuerdo siempre hay algo mutilado, y
por eso puede ser sincero, pero jamás verídico" (pág. 120). A la hora de escribir
una obra que se nutre de la historia o de los individuos del pasado, sucede algo parecido.
Dada la imposibilidad de describir cada suceso ocurrido a cada habitante durante cada uno
de los días de la historia, no queda más que mutilar. La diferencia entre el recuerdo
personal y el recuerdo que evoca una obra histórica, es que este último es hasta cierto
punto voluntario, pues parte de una decisión entre la forma (pretendiendo crear algo que
parezca contener todos los aspectos de determinado tema), o el contenido (seleccionando
ante la imposibilidad de cubrirlo todo, esperando que la obra sea lo más densa y
"nutritiva" posible).
Es mi opinión que una obra que, como este libro, pretenda ser parte de una
biblioteca familiar, debe dar preferencia al contenido antes que a la cantidad de
información, para convertirse en una obra amena, atractiva, rica, y con un número de
páginas que no superen a su profundidad.
Después de todo, en literatura, es tan grave el exceso como la falta.
ANDRÉS GARCÍA LONDOÑO |