Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 44.  Volumen XXXIV - 1997 - editado en 1998
 

De la BLAA


Cuarenta Años de la Biblioteca Luis Ángel Arango


La Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República cumplió, el 20 de febrero, 40 años de servicios desde su apertura como biblioteca pública.

En estos cuarenta años la Biblioteca se ha convertido en uno de los centros culturales más modernos y activos de América Latina. Con casi 3’000.000 de usuarios al año, es probablemente la segunda biblioteca del mundo en asistencia, después del Centro Pompidou. Cada día se entregan a los usuarios 10.000 libros de los depósitos, con un tiempo de espera promedio de 16 minutos: esto, que no tiene paralelo en ninguna biblioteca del mundo, es posible por un sistema de computadores (más de 150 terminales de catálogo), de ascensores y correas transportadoras que automatizan el desplazamiento de los libros.

Sus páginas en Internet recibieron en 1997 un millón y medio de usuarios, que consultan su catálogo y sus textos sobre cultura colombiana. Cada mes se registran más de 40.000 consultas desde el exterior a este servicio.

En sus salas de exposiciones se presentan las exposiciones permanentes de historia del arte colombiano, la historia de la moneda y la economía del país y más de 20 exposiciones anuales de artistas nacionales y extranjeros. Y en su Sala de Conciertos, se presentan cada año 75 grupos y solistas del país y del exterior, con una programación al nivel de las mejores salas de Europa o Estados Unidos.

Con el apoyo del Banco de la República, se ha podido consolidar un sistema de servicios culturales que debe enorgullecer a los colombianos: nada tiene que envidiar a los mejores centros similares del exterior.

La Biblioteca constituye un rico universo, analizable desde múltiples perspectivas. Jóvenes universitarios que escriben sus libros e investigaciones, escolares que viajan desde barrios remotos a hacer una tarea elemental, estudiantes universitarios (cerca de 5.000 por día, el grupo más grande) que preparan sus materias y sus tesis, amas de casa que retiran en préstamo novelas y discos de música clásica. Unos procesos administrativos que permiten adquirir y catalogar 50.000 títulos nuevos cada año, en forma casi inmediata. Centenares de artistas y músicos presentan allí sus trabajos. Un ambiente continuo de educación ciudadana: cada día llegan unos 300 usuarios nuevos, muchos de ellos niños, que nunca han usado un computador, y que aprenden a manipular la tecnología moderna, pero también a cuidar los bienes culturales, a hacer silencio en una sala de lectura, a respetar los turnos, a mantener impecablemente limpias las salas de lectura, a tropezar casualmente con una exposición de pintura o a escuchar una grabación o un concierto de música clásica. Es difícil calcular el impacto para Santafé de Bogotá de los 14.600 días en que esto ha podido ocurrir en la ciudad.

La Biblioteca ofrece a los medios de comunicación la ayuda que requieran para dar a conocer sus servicios o divulgar sus actividades, o para preparar artículos o informes especiales con ocasión de la celebración de sus cuarenta años.

* * *

 

Palabras de la señora ministra de Relaciones Exteriores de Colombia, María Emma Mejía Vélez, en la ceremonia de imposición de la Cruz de Plata de la Orden de Boyacá a la Biblioteca Luis Ángel Arango

La Orden de Boyacá fue creada por el Libertador Simón Bolívar para premiar los esfuerzos y sacrificios de los próceres en la Campaña Libertadora de 1819.

Y fue el mismo Libertador, y los generales Anzoátegui y Santander, quienes la recibieron por primera vez en un templete de la Plaza Mayor de Bogotá, el 18 de septiembre de 1819, para celebrar el triunfo definitivo sobre la colonia española.

Hoy, más de siglo y medio después, nos hemos reunido aquí para ratificar el significado de esta medalla. No me cabe la menor duda —y por ello he querido ofrecer esta condecoración—, que durante estos 40 años la Biblioteca Luis Ángel Arango ha sido baluarte en Colombia de otro muy importante ejercicio de libertad. La libertad en su sentido más exquisito: de acceder al conocimiento y al universo a través de los libros, el arte y la música.

Así como nos hemos preciado siempre de nuestras riquezas naturales —de ser una de las siete potencias medioambientales del planeta por ejemplo—, con ese mismo orgullo encuentro igualmente digna de destacar esta Biblioteca, nuestra Biblioteca, que con sus más de un millón de volúmenes, doce salas de lectura, y cerca de 20.000 usuarios diarios, se constituye en pieza vital de nuestro patrimonio, de nuestro presente y de nuestro futuro espiritual e intelectual.

En forma paralela a la formación de la colección permanente, las salas de la Luis Ángel han sido el lugar en el que centenares de artistas y museos extranjeros han puesto su obra ante la mirada de los colombianos. En una suerte de diálogo con la expresión artística de otros pueblos que no sólo nos ha permitido compartir desafíos estéticos sino que ha contribuido a consolidar una solidaridad entre naciones.

Similares procesos han tenido lugar en esta sala de conciertos. Basta mirar con algún detenimiento la inmensa colección de fotografías que registra la presencia —aquí—, de los mejores intérpretes de los últimos cuarenta años, para entender el sentido universal que ha inspirado el programa de este recinto.

Son más de 2.000 conciertos, que por demás, así como en los otros intercambios en el campo artístico, han sido posibles por el apoyo entusiasta de funcionarios diplomáticos acreditados ante nuestro país y de los institutos culturales binacionales.

Ellos han encontrado en la Biblioteca Luis Ángel Arango, y en general en el Banco de la República, un socio eficiente y confiable, listo a trabajar para abrir desde Colombia una ventana al mundo cultural internacional.

En ese ámbito sobresale, por supuesto, la exposición de piezas precolombinas del Museo del Oro, que ha visitado las principales capitales del mundo, y que por su belleza y calidad permiten mostrar, casi de modo arrogante, una Colombia hermosa y culturalmente rica.

Hoy, y gracias al milagro del Internet, la Biblioteca viene desempeñando también un papel destacado en el ciberespacio. En noviembre del año pasado, por ejemplo, los textos e imágenes que representan la cultura colombiana, fueron visitados cerca de 90.000 veces por usuarios más allá de las fronteras nacionales

Estudiosos y universitarios, analistas políticos, y público en general, atraídos por la comunidad de intereses, navegan con atención por las páginas en las que se ofrece a todo el mundo una muestra, selectiva pero valiosa, limitada pero en continuo y rápido crecimiento, de la cultura colombiana.

Y en ese proceso, al resolver las inquietudes de cualquier lugar del universo, al transmitir lo solicitado, la Biblioteca está creando cada día nuevos lazos entre Colombia y el mundo.

Me resulta por ello —por todo ello—, especialmente grato conferir a la Biblioteca Luis Ángel Arango, en sus 40 años de existencia, la Cruz de Plata de la Orden de Boyacá.

Por supuesto, un agradecimiento muy especial al Banco de la República, responsable de su existencia y promotor infatigable de la causa cultural.

Y como un motivo adicional de satisfacción para mí, el hecho de que reciba esta distinción, a nombre de la Biblioteca, Jorge Orlando Melo, historiador consagrado, quien en sus casi dos años en la Dirección, en una época particularmente renovada, ha sabido mantener a la Luis Ángel a la altura que se merece.

Con el doctor Melo tuve la oportunidad de compartir la puesta en práctica del programa de bibliotecas públicas en Medellín.

Yo creo que los dos allí entendimos como las bibliotecas, además de su sentido tradicional alrededor del libro, tienen también profundos significados de equidad, democracia e igualdad de oportunidades.

Virtudes ciertamente valiosas en un país que como el nuestro anhela construir una mejor nación todos los días.

Como una más de los millones de colombianos y colombianas que han tenido la fortuna de disfrutar a la Luis Ángel, quiero brindar por su existencia y porque goce de buena salud en los años por venir.

Muchas gracias.

MARÍA EMMA MEJÍA VÉLEZ
Santafé de Bogotá, 18 de febrero de 1998

* * *

 

Palabras del director de la Biblioteca Luis Ángel Arango al descubrir una placa con los nombres de los benefactores de la Biblioteca

Estimados amigos:

Las grandes bibliotecas son asunto de años, muchos años, décadas y siglos y de paciencia: no pueden hacerse de un momento a otro, no pueden improvisarse, no pueden apresurarse. Sus colecciones se construyen lentamente, con el ritmo casi natural y biológico de la respiración de un organismo. La adquisición atenta de lo que cada día publican los mejores editores es por supuesto, una de las formas en las que va reuniéndose en salas y depósitos lo mejor de lo que produce el espíritu humano. Para las bibliotecas jóvenes, y una biblioteca de 40 años se encuentra en la infancia más temprana, la conformación de un acervo que responda a las inquietudes y necesidades de sus lectores presenta dificultades casi insuperables. ¿Cómo conseguir las obras publicadas antes de su apertura y todas las que no alcanzaron a entrar a sus estantes años atrás y ahora resultan de importancia? Y ¿cómo ofrecer a los investigadores, en el caso de una biblioteca que hace de la conservación y estudio del patrimonio cultural e histórico del país el centro de su acción, un punto de ingreso a la riqueza del pasado a través de manuscritos y documentos?

La respuesta se encuentra, en primer lugar, en un grupo de personas que a primera vista son competidores de las bibliotecas: las personas que han construido, por amor al libro, por afán intelectual, por el placer de atesorar obras bellas, colecciones valiosas de obras de distinto tipo. En segundo lugar, en las personas que por su actividad pública o intelectual, han acumulado archivos personales en los que viven momentos esenciales en la historia política, cultural, social, económica de un país. Son esos tesoros acumulados pacientemente los que, por la decisión generosa de sus propietarios o de sus descendientes o herederos, enriquecen fundamentalmente las colecciones bibliográficas y documentales de las buenas bibliotecas. Y en esto también, es la acumulación durante décadas o siglos de gestos y acciones de los donantes las que van configurando un acervo verdaderamente excepcional. Por ello, resulta sorprendente que ya hoy esta joven biblioteca pueda dar a sus usuarios el acceso a importantes colecciones documentales, artísticas y bibliográficas que han surgido de la buena voluntad de personas e instituciones. No voy a describir en detalle los aportes de estos conjuntos de obras a la Biblioteca, pero creo justo recordar los folletos literarios e históricos que trajo continuamente, a lo largo de su vida, Juan Lozano y Lozano, las colecciones documentales, con manuscritos de excepcional valor para interpretar nuestra historia, de las colecciones de Carlos Lleras Restrepo, Alberto Lleras Camargo y Eduardo Santos, la colección inmensa de Alfonso Palacio Rudas, que servirá para abrir una biblioteca en el norte de la ciudad, la biblioteca personal del antropólogo Hernando Grisales, la obra de Guillermo Wiedemann, que puede admirarse en una sala especial en la Casa de Exposiciones, la variada y rica colección de obras de arte del legado de Casimiro Eiger, varios de cuyos ejemplares se encuentran también exhibidos en la Casa de Exposiciones, la correspondencia de Guillermo Uribe Holguín con los músicos de su tiempo. Y recordar, por una razón muy especial, la donación que hizo la familia de monseñor José Ignacio Perdomo Escobar de su interesante colección de partituras, manuscritos e instrumentos. Hoy, en esta celebración, uno de los actos principales es el concierto que dará el maestro Sergio Posada, en el que reinauguraremos, después de una cuidadosa restauración, el fortepiano Clementi que hace parte de la colección de monseñor Perdomo.

Quienes han hecho estos aportes a la Biblioteca han tomado una decisión que no puede tener mejores justificaciones. Con ello han evitado que se disperse un patrimonio reunido con dedicación y muchas veces pasión, y han contribuido a que se perpetúe y exalte la memoria de sus familiares. Y contribuyen, día a día, a que los investigadores y estudiosos colombianos reconstruyan permanentemente un lazo con nuestro pasado, con nuestra historia, nuestro arte, nuestra literatura y nuestra música. Es un ejemplo que hay que exhibir ante los colombianos y que contrasta con tantos casos en los que decenas de años de trabajo y de esfuerzo se deshacen por vanidades pasajeras, razones egoístas y minúsculos conflictos familiares.

Hoy la biblioteca ha querido reconocer a las personas cuya generosidad está detrás de estas importantes colecciones. La placa que vamos a descubrir tiene los nombres de quienes hicieron las colecciones o las configuraron con su actuación, y expresa nuestro agradecimiento a las personas, casi siempre diferentes al coleccionista original, que la entregaron a la sociedad a través de nosotros. No hemos incluido en esta ocasión el reconocimiento a instituciones, públicas y privadas, que han adoptado actitudes igualmente generosas. Algún día deberemos hacerlo. Y hemos dejado de lado los nombres de aquellas personas vivas, que siguen enriqueciendo periódicamente, con sus donaciones, a la biblioteca: habría sido imposible hacer un reconocimiento justo a tan numeroso grupo. Pero estamos seguros de que las personas que hoy destacamos representan los más importantes aportes, aquellos cuyo valor se ha ido haciendo más claro con el paso del tiempo.

JORGE ORLANDO MELO
Santafé de Bogotá, 20 de febrero de 1998

* * *

Palabras del ministro de Cultura, Ramiro Osorio Fonseca, en el acto de conmemoración de los 40 años de la Biblioteca Luis Ángel Arango

Hay centros culturales que se convierten en símbolo de ciudades y reflejo de la vida cultural de un país. Así ocurre con el Palacio de Bellas Artes de México, la Biblioteca Nacional de Argentina, o para ir más lejos, con el George Pompidou o La Villette de París. Esos centros culturales son un punto de articulación entre las culturas nacionales y la cultura universal, un escenario de creación e investigación fundamentales para el avance del conocimiento y la producción de nuevas formas de expresión. Son también, salvaguardia del patrimonio cultural de una nación y provocadoras de un diálogo permanente con ese ancho mundo que es el pasado y un puente hacia el futuro.

La diferencia entre la vida que sucede dentro de un centro cultural de esta naturaleza y el mundo exterior, es notable. Estas instituciones propician la tolerancia, el respeto por los valores esenciales que definen al ser humano y su historia, el amor al conocimiento, la generosidad de prodigarlo y la pasión de construirlo. Al salir de ellos uno se siente fortalecido por el arte, por la ciencia, por un proceso de comunicación soportado en la labor de cientos de personas que trabajan en silencio para hacer que todo esto sea posible.

La Biblioteca Luis Ángel Arango se convirtió en sólo 40 años, en el gran centro cultural de Colombia. Por su gran capacidad de interactuar con las grandes bibliotecas del mundo y de incorporar nuevas tecnologías y ponerlas en manos de la gente, por su vocación de acoger y difundir las expresiones que resumen el movimiento cultural colombiano, por su voluntad de propiciar espacios para reflexionar sobre este país y sobre el mundo, de ponernos en contacto con los mejores grupos de música en el siglo XX, por su decisión de estimular y fomentar y contribuir a la formación de los nuevos creadores e investigadores, por su compromiso con la promoción del libro, la lectura y la literatura, por su inteligencia en el manejo de las comunicaciones que la vuelven una de las bibliotecas más ágiles de América Latina y El Caribe y plataforma de muchos sistemas de información cultural que apenas están conformándose en el país, por sus programas de exposiciones temporales y sobre todo, por su maravilloso equipo de trabajo, solidario y comprometido con el desarrollo de la educación, la ciencia y la cultura en Colombia.

Esta noche, el ministerio de Cultura rinde homenaje nacional a la Biblioteca Luis Ángel Arango con motivo de los 40 años de su fundación con la Gran Orden Ministerio de Cultura, que por primera vez entregamos a una institución cultural.

Este homenaje es por supuesto para el Banco de la República y para todas las personas que le han dedicado su vida a la Biblioteca, a los que ya se fueron: Luis Ángel Arango, el primero de todos, Ignacio Copete Lizarralde, Jaime Duarte French y a los que hoy tienen el gran compromiso y el gran privilegio de marcar su rumbo, el poeta Darío Jaramillo Agudelo y el historiador Jorge Orlando Melo González.

Queremos que este acto sea símbolo de nuestro compromiso de hacer más equitativo el mapa cultural colombiano. La mayor parte de los centros culturales existentes en el país, ubicados aproximadamente en 580 municipios, no presentan condiciones mínimas para su funcionamiento, y en el resto de los municipios prácticamente no existe ninguno.

La ley general de cultura nos ha permitido formular un programa nacional de infraestructura cultural que busca construir, adecuar, recuperar y dotar centros culturales que sean capaces de contribuir al mejoramiento de la calidad de vida de los colombianos.

Estos centros culturales vamos a construirlos, principalmente, en los nuevos departamentos, las zonas de ausencia estatal, las zonas de alta pobreza y de conflicto social, las zonas fronterizas y en aquellas habitadas por comunidades indígenas, negras y raizales.

Cada uno de esos centros va a tener un diseño particular que respetará las identidades paisajísticas y arquitectónicas de los municipios colombianos, así como los modos de vida y las vocaciones artísticas y culturales de sus habitantes.

Van a contar con un escenario múltiple, un centro de memoria local, una biblioteca, un museo, un centro de información cultural y con espacios para la formación artística y cultural, van a ser concebidos y construidos por arquitectos que han hecho suyos nuestros propósitos.

Sabemos que este programa es a largo plazo y que su desarrollo será un gran aporte para la construcción de ese país que queremos.

También, somos conscientes de que probará nuestra capacidad para negociar y concertar con entidades públicas y privadas, departamentales, nacionales e internacionales, mayores recursos para la cultura.

Para quienes tenemos la responsabilidad de dar vida al nuevo ministerio, la paz con la que éste ha sido identificado, sólo podemos hacerla posible si promovemos el desarrollo cultural y con él, la construcción de una nación donde el derecho social a la cultura sea garantizado de verdad.

A todos ustedes, un gran abrazo de felicitaciones y de gratitud por apostarle a la cultura y situarla en el primer plano de la vida de ustedes y de millones de colombianos.

Muchas gracias.

RAMIRO OSORIO FONSECA
Santafé de Bogotá, 20 de febrero de 1998