Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 45.   Volumen XXXIV - 1997 - editado en 1998
 

continuación

El Central Colombia
Noticias del ingenio
El Central Colombia y Manuelita, industrias pioneras
Capacidad fabril
El transporte
Producción
Cultivos y rendimientos de la caña
Los precios del azúcar
Principio del fin
 
Epílogo con reflexiones
Opiniones acerca del Central Colombia
Indice Cronológico

 

EL CENTRAL COLOMBIA

Noticias del ingenio

72.jpg (10321 bytes)
Tanques de tres mil galones de capacidad cada uno donde se depositaba el guarapo.  Empezaron con cinco y aumentaron a ocho.

Como suele suceder en las ciudades pequeñas, el rumor sobre la construcción de un ingenio circuló en Cartagena un año antes que Carlos Vélez hiciera público su propósito. Varios editoriales de El Porvenir 65 se ocuparon del asunto, agitando la curiosidad de sus lectores, e irradiando optimismo al considerar que los beneficios redentores de esta industria se derramarían sobre la economía regional, "...y el gobierno y los propietarios que lo lleven a cabo merecerán el recuerdo de un pueblo entero, hoy empobrecido y arruinado". El general José Torralbo, desde la prensa, instaba a los agricultores a abandonar la idea general de que de la caña no debía extraerse más que miel para la producción de aguardientes, y opinaba que, si el gobierno de Reyes protegía la implantación de la industria azucarera, se evitaría la salida del país de no menos de ocho a diez millones de pesos anuales, que era su cálculo del costo de la importación de azúcar al país. En realidad, los hacendados con trapiches en la Costa se habían dedicado desde el pasado siglo a la producción de panelas y mieles, éstas últimas con la intención de fabricar bebidas alcohólicas que proliferaron y que al ser gravadas por el gobierno se convirtieron en importantes entradas del fisco.

Las tierras en donde se levantaría el ingenio, la hacienda San Agustín, colindantes con la población de Sincerín, y a una distancia de cincuenta kilómetros (aproximados) de Cartagena, estaban situadas en un valle formado entre la serranía de San Jacinto (entonces los Montes de María) y los playones del margen izquierdo del Canal del Dique, zona de antiguos palenques, tierras bajas que se extendían a lo largo del Canal; sus linderos eran fronterizos con los pueblos de Mahates y Malagana, San Basilio de Palenque y San Pablo, pasando por Sincerín. En 1913, Vélez Daníes & Cía. complementaría esta propiedad adquiriendo en remate público las tierras situadas al margen derecho del Canal del Dique, la llamada hacienda de Aguas Vivas, en jurisdicción de los municipios de Arjona y Turbaco, por el norte, y por el sur los playones a orillas del Canal del Dique hasta la población de Rocha.

En el siglo XVIII, el terrateniente más rico de Cartagena, Manuel Escobar, era poseedor de varias haciendas trapicheras y ganaderas en esta región 66, de excelentes cualidades para la agricultura: San Agustín de Torohermoso, en el distrito de Marialabaja, era una hacienda trapichera y ganadera de su propiedad; al igual que San Joseph del Pital, en jurisdicción de Palenque, y San Pablo del Retiro, en lo que es hoy la población de Mahates, eran haciendas trapicheras. Fue la existencia de estas haciendas trapicheras y ganaderas lo que justificaría la concentración de esclavos en estas zonas rurales cercanas a Cartagena, durante los siglos XVII y XVIII 67.

Durante la segunda mitad del siglo XIX hubo un fallido intento de producción de azúcar en la región de Marialabaja. En 1873, Tomás y Juan C. Stevenson 68, en compañía de Nicolás de Zubiría y bajo la asesoría del cubano Francisco Javier Balmaseda, formaron una compañía agrícola llamada Compañía del Ingenio Balmaseda, con un capital inicial de 100.000 pesos oro, y con el objeto de producir azúcar 69. Este ingenio, situado en las llamadas "tierras de Lobo", en el Distrito de Marialabaja, pasó a llamarse un año más tarde Ingenio de María 70, y muy pronto tuvo dificultades financieras; en junio de 1892 fue disuelta la compañía por iliquidez 71. El trapiche, adquirido por la Casa Burgos de Cereté, fue instalado en la hacienda El Cedro, en donde los Burgos tenían un alambique Egrott dedicado a la producción del llamado Ron Burguero 72.

El 31 de julio de 1906, el ministro de Obras Públicas, Francisco de P. Manotas, y el general Lácides Segovia, en representación de Vélez Daníes & Cía., firmaron en Bogotá el contrato para el establecimiento en San Agustín de Sincerín de un ingenio y refinería para la producción de azúcar con calidad de exportación 73. El gobierno se comprometió a subsidiar la naciente industria con ciento cincuenta mil pesos oro, pagaderos con el producto bruto de los derechos de exportación de ganado que se embarcara por Barranquilla y Cartagena, y a gravar los actuales derechos de importación del azúcar treinta días antes de comenzar la producción. El empresario se comprometía a producir no menos de 650.000 @ por zafra (aproximadamente 7.500 toneladas), a más tardar en enero de 1910. Un año más tarde, Fernando Vélez D. fue el encargado de constituir en Nueva York The Colombian Sugar Company, como una compañía norteamericana, con un capital de un millón de dólares representado en cien mil acciones de diez dólares cada una. En enero de 1908, Vélez Daníes & Cía. traspasó en venta a The Colombian Sugar Co. los terrenos de la hacienda San Agustín, con excepción de las trescientas hectáreas de playones, por un valor de un millón de dólares y la totalidad de sus acciones 74. En el año 1910, The Colombian Sugar Co., de Nueva York, fue disuelta y se liquidó transfiriendo el capital a una sociedad colombiana, también anónima, constituida en Cartagena como la Colombia Sugar Company 75.

El Central Colombia y La Manuelita, industrias pioneras

En 1919, el viajero alemán W. Burckhardt, de visita en Colombia, dejó escrita la impresión que le causó la producción azucarera:

El azúcar es, sin duda alguna, la producción más importante, después del ganado, del fértil suelo colombiano. Solo en Sincerín, en la Costa Atlántica, cerca de Cartagena, y en La Manuelita, en la región del Valle del Cauca, encontramos instalaciones completamente modernas. Por lo demás, siempre se encuentran en todo el país los acostumbrados molinos de mano, movidos por agua, o las instalaciones de molinos verticales movidos por caballos 76 .

En la Costa Atlántica el cultivo de la caña de azúcar estaba muy extendido a comienzos del presente siglo. Era común ver en el campo pequeñas estancias con trapiches de madera tirados por bueyes y las pailas primitivas bajo fuegos abiertos de los llamados "trenes jamaiquinos", en los cuales se fabricaba panela y, sobre todo, se sacaban melazas para vender a los propietarios de alambiques que proliferaban en los pueblos vecinos a Cartagena, como Turbaco y Arjona. Aún en el recinto amurallado había quien tuviera alambiques de fabricación artesanal, y en El Porvenir se anunciaban para la venta gran variedad de rones de la región, algunos de los cuales con nombres alusivos a la política, como el Ron Regeneración; otros, como el Ron Piñeres y el Ron Burguero, eran añejados en toneles de maderas especiales, y alcanzaron por ello gran calidad y prestigio local.

La producción de azúcar es un proceso que básicamente consiste en extraer el jugo de la caña o guarapo por medio del molino o trapiche, y someterlo a un proceso de evaporación, decantación de los caldos y cristalización de los gránulos 77. Los azucareros cubanos, entonces líderes en la producción mundial, durante la segunda mitad del siglo XIX se preocuparon por hacer cada vez más eficiente la extracción del guarapo, y por perfeccionar el proceso de combustión de los caldos y la cristalización de los gránulos, a fin de obtener un mayor rendimiento de sacarosa. Las centrales cubanas que aparecieron con el cambio de siglo, a diferencia de los ingenios y trapiches, innovaron el sector fabril de la producción al utilizar un sistema de evaporación al vacío, superando los fuegos abiertos llamados "trenes" que la habían caracterizado. Esto duplicó la producción de azúcar y mejoró su calidad. Por último, el uso de centrífugas en la cristalización del azúcar terminó por producir una estandarización en su calidad, que no sólo se iba a clasificar, a partir de entonces, según el color sino según el grado de polarización (pol) alcanzado. El azúcar obtenida con las centrífugas alcanzaba un pol 96, mientras el azúcar mascabada o morena contenía un pol de 80 grados.

Este tipo de instalación fabril llamado central, caracterizada por una mayor producción y estandarización en la calidad del azúcar, fue la instalada en el Central Colombia de Sincerín, e implicó una inversión de capital mucho mayor de la que hasta entonces habían exigido los ingenios y los trapiches que existían en nuestro país, así como la importación de una maquinaria sofisticada que exigiría personal extranjero en su montaje y puesta en marcha, edificios mucho más grandes que los conocidos, en donde instalar la maquinaria, un mayor suministro de cañas a la fábrica y, por lo tanto, siembras de mayor extensión, así como la disponibilidad de abundante mano de obra, barata, y un eficiente transporte de las cañas a la fábrica y del azúcar al puerto.

El Central Colombia se instaló en 1908 y 1909, con la ayuda de ingenieros cubanos, con toda la maquinaria moderna, adquirida en Glasgow en su mayor parte, a la firma A. and W. Smith, a través del ingeniero cubano Luis Bacallado, quien era su representante en La Habana. Fue embarcada directamente desde Liverpool hasta Cartagena. Como estaba compuesta por piezas sumamente pesadas y de difícil movilización (2.500 toneladas), los Vélez solicitaron al gobierno el permiso para desembarcarla en la bahía de Barbacoas, situada en las inmediaciones de la desembocadura del Canal del Dique y próxima a Sincerín; esta solución fue pronto descartada, porque resultó más conveniente descargar en Cartagena y, por medio de grúas, bongos y planchones, remolcarla con barcos de vapor al puerto de Sincerín, donde nuevamente sería descargada y trasladada al edificio del Central por medio del ferrocarril instalado 78. En 1909 produjo su primera zafra; la capacidad fabril instalada era de diez mil toneladas de azúcar por zafra, y su capacidad de molienda era de mil trescientas toneladas de caña en 24 horas.

El ingenio La Manuelita, en el Valle del Cauca, a diferencia del Central Colombia, evolucionó modernizándose de acuerdo con la experiencia acumulada de su propietario. Cuando Santiago Eder adquirió de Jorge Isaacs, en 1864, la hacienda La Manuelita, ésta tenía mil quinientos acres de tierra y un trapiche colonial formado con mazas de madera forradas en hierro, de escasa producción. En 1897, Santiago Eder decidió dar un paso adelante en su modernización, reemplazando el trapiche hidráulico que tenía por otro movido con vapor, por lo que adquirió la nueva maquinaria en Glasgow, a la firma McConie and Harvey & Co. Esta maquinaria demoró dos años y medio para ser transportada desde Buenaventura a Palmira, ante las dificultades que representaba la ausencia de vías de comunicación en Colombia, fuera de las fluviales. La Manuelita, para 1909, época de la primera zafra del Central Colombia, había ampliado su capacidad de molienda a doscientas toneladas de caña en 24 horas, pasando su producción de cinco a veinte toneladas de azúcar diarias por zafra 79.

Capacidad fabril

75.jpg (14805 bytes)
General Rafael Reyes junto con los hermanos Vélez Daníes, octubre de 1908, en el ingenio.  Detrás está la torre que al parecer guardaba la rueda de la bomba hidráulica.

La maquinaria principal del Central Colombia estaba compuesta por un tándem de tres molinos, cada uno de los cuales pesaba catorce toneladas, estaba provisto de un juego de tres desmenuzadoras y era movido por un triple engranaje y un solo motor de vapor de 250 HP. La defecación y filtración de los jugos era llevada a cabo por doce defecadoras de diferentes capacidades, ocho filtros-prensas modernos, filtros secos, bombas para cachaza y un servicio completo de bombas necesarias para jugos calificados, azufrados, defecados y filtrados. Los tanques en los que se depositaba el guarapo, cinco en total, tenían una capacidad de tres mil galones cada uno. En el proceso de evaporación se utilizaba un moderno sistema de tres tachos al vacío, dos de los cuales tenían capacidad de veinte toneladas diarias de masa cocida, y uno más pequeño, de ocho toneladas. Contaba con un condensador central, seis cristalizadores de veinticinco toneladas cada uno, doce centrífugas hidráulicas, seis de correa, dos secadores, dos cernedores...El sector en donde se llevaba a cabo el refino estaba constituido por cinco filtros, un horno de carbón y nueve calderas de trescientos HP. Una báscula automática era utilizada en el empaque de sacos de a 10 @, y una máquina para coser sacos facilitaba el empaque. El depósito para guardar azúcar tenía capacidad para sesenta mil sacos 80.

En el momento de su instalación, trabajaba en el Central Colombia un grupo pequeño de especialistas cubanos, entre los cuales se contaba el ingeniero agrónomo Luis Bacallado, quien permaneció en Sincerín durante todo el montaje de la maquinaria hasta su puesta en marcha durante la primera zafra de 1909; Bacallado fallecería en La Habana en 1912. Había sido reemplazado por el agrónomo cubano Joaquín Ruiseco. José Antonio García, otro cubano, fue por esos años responsable de las siembras y cultivo de cañas. En un principio se utilizó semilla de la llamada "caña blanca" o "guartinaja" en la región, muy parecida a la variedad cubana "Singapur" y que más adelante sería sustituida por la POJ2878, procedente de Java 81.

En abril de 1910, durante la segunda zafra del Central Colombia, los Vélez Daníes invitaron al periodista bogotano Rufino Cuervo Márquez a visitar el ingenio, con el fin de informar sobre esta industria a los intrigados azucareros de Cundinamarca y del Valle del Cauca. Es interesante observar que quienes visitaban entonces el Central terminaban por no hallar palabras con qué expresar su grandiosidad, pues no existía ningún ingenio en el país con esa capacidad de producción (véase Cuadro de Opiniones, Anexos). Rufino Cuervo Márquez, como resultado de su experiencia en Sincerín, publicó dos extensas crónicas tituladas "Salve Colombia" 82, en las que, además de referirse al ingenio como "un titánico esfuerzo industrial [...] la redención económica del país [...] soplo benéfico de civilización [...] empresa redentora, alabada por unos, atacada por otros", hace una vívida descripción del viaje y de la impresión que le causan los edificios del Central:

Después de dos horas de marcha en el ferrocarril (Cartagena-Calamar) llegamos a Soplaviento, caserío situado sobre el Canal del Dique en cuyo puerto nos esperaba el vapor Velda, perteneciente al Central Colombia, y en cual hicimos durante una hora y media la bella travesía del Dique, en su descenso, hasta un lugar en donde, cruzando a la izquierda, el viajero es sorprendido por la magnitud de un canal de 900 metros de largo, 25 de ancho, y 3 de profundidad, el cual abierto sin auxilio de dragas y sólo con barras y palas, llega a un punto en donde se ha construido el puerto artificial, y en el cual, cuando nosotros llegamos se encontraban amarrados un vapor, cuatro goletas de dos palos, tres o cuatro grandes bongos y media docena de canoas. Allí ya se escuchaba el pito de las locomotoras y se veía una extensa carrilera con sus cambiavías etc., todo en medio de una aglomeración de trabajadores sanos y robustos.

En el puerto tomamos un carro de ferrocarril, y después de recorrer un kilómetro de vía y tres kilómetros de campos cultivados de cañas llegamos al Batey, o sea, algo asi como la plaza central del ingenio, pues a sus costados, midiendo 400 metros (lineales) cada uno, y cruzadas por vías férreas en todas direcciones, se levantan no pocos edificios de variadas formas y dimensiones. En su costado sur se yergue majestuoso el edificio y la chimenea del ingenio: edificio de acero que mide 120 M. de largo x 50 de ancho y 32 de elevación, y el cual abriga grandiosa maquinaria [...] puesta en movimiento, y con aquel ruido profundo y sordo que deja escuchar, sobre todo en altas horas de la noche, que invita al ánimo a soñar y meditar.

En los otros costados del Batey se hallan levantados las oficinas del telégrafo y teléfono, el mercado, el matadero público, la oficina de la policía, el almacén de telas y víveres, casas para empleados (veinte habitaciones con sus baños), casas para trabajadores, la farmacia, el hotel (sesenta habitaciones con baños individuales), la casa de los empresarios, y otras destinadas a diversas aplicaciones, gozando todas ellas de luz eléctrica (1000 focos incandescentes y 200 focos de arco) y de acueducto de dos y medio kilómetros, y teniendo sus habitantes un hospital en el que ofrecen los cuidados y atenciones de un médico competente y de drogas, todo lo cual se suministra gratis.

Antonio Samper Uribe, productor azucarero bogotano, invitado por los Vélez Daníes a visitar el ingenio en el mes de marzo del verano de 1913, llegó a Sincerín (que se encontraba en plena zafra) a las tres de la madrugada, y quedó sumamente impresionado, según el testimonio que nos dejó de su visita 83:

Llegar a las tres de la mañana, como me ocurrió a mí por percances en el viaje, y encontrar al ingenio en plena actividad, con su masa colosal e imponente, profusamente iluminado por centenares o miles de focos eléctricos, y con un ruido atronador de catarata, es, para el que va de aquí de Bogotá, acostumbrado al andar de las mulitas y nuestras moliendas liliputienses, como si de pronto y por arte de encantamiento, como dijera Don Quijote, se le tornara en realidad algún cuento de Las Mil y una Noches.

77.jpg (13281 bytes)
Armadura de acero del edificio principal importada de Inglaterra y armada en Sincerín.

El transporte

El Central Colombia se abastecía con el suministro de cañas producidas en la hacienda San Agustín. De sus casi ocho mil hectáreas, estaban sembradas mil quinientas en el momento en que se instaló la maquinaria en 1908. Para 1913, cuando la visitó Antonio Samper, tenía unas dos mil hectáreas en producción de cañas. El sistema para el transporte de la caña del campo a la fábrica consistía en apilar la caña cortada para embarcarla en carretas tiradas por bueyes del campo a la línea férrea más cercana. Los bueyes siguieron cumpliendo un desempeño importante dentro del ingenio mecanizado; la hacienda San Agustín contaba con trescientas yuntas de bueyes, que eran mantenidas en las tierras de playones colindantes con el Canal del Dique con este propósito. Para el acarreo de los carros cargados de cañas, se habían instalado en los campos doce kilómetros de vías férreas portátiles, del sistema llamado decauville, por medio del cual se sacaban los carros llenos de caña hasta la línea férrea principal. Ésta cubría 65 km, movía 500 vagones, seis carros especiales, 30 carretas para cañas, ocho planchas y cuatro carritos accionados con maniguetas, utilizados en todo el proceso de movilización de las cañas, desde el potrero al batey, así como de los sacos empacados de azúcar hasta el puerto de Sincerín sobre el Canal del Dique.

Lo que más atrajo la atención de Samper Uribe fue la forma como se acarreaba la caña cortada de los vagones del ferrocarril a las fauces del monstruo, lo que motivó dramáticos símiles en su descripción 84:

Aunque parezca exageración andaluza, o caña antioqueña, diré que la alimentación de los trapiches atrae al curioso, lo detiene, lo inmoviliza, lo embelesa, como pasa con la corriente de los ríos o con el incansable golpear de las olas. Los trenes cargados de caña parecen sierpes gigantescas. Tuve la curiosidad de contarle a uno 33 vagones, y vi que ocupaba un espacio de 159 metros (dos cuadras) [...] Al llegar, disminuyen el paso, mientras los pesan carro por carro, sin detenerlos completamente; luego avanzan hasta colocarse frente al transportador. Cada vagón, al presentarse al lado del receptáculo, se descarga por un mecanismo muy ingenioso y sencillo, accionado por una bomba hidráulica que maneja un muchacho, a 30 o más metros de distancia, con solo abrir y cerrar una llave. La caña de ese vagón, y la del que sigue, y la de los otros trenes, va cayendo sobre el conductor (una ancha faja sin fin), y sigue su marcha lenta a que la despedacen o trituren, toneladas tras toneladas, en serie continua, sin interrupciones, como procesión de indiada devota y apretujada, o como mitin patriotero a lo largo de calles angostas e interminables.

78.jpg (16336 bytes)
General Reyes, montado en la mula, en el Central Colombia acompañado por colonos y la comitiva presidencial, 1908.

El azúcar que se enviaba hacia el interior del país se transportaba por agua y por ferrocarril. En 1921, la ruta del azúcar era Sincerín-Calamar-La Dorada; de allí era transbordada al ferrocarril de La Dorada hasta Beltrán, en donde nuevamente remontaba el Alto Magdalena en vapor hasta Girardot. Si no se presentaban inconvenientes imprevistos, la demora de un vapor expreso era entre diez y doce días 85.

Para 1924 el transporte marítimo y fluvial del Central Colombia contaba con tres buques y seis barcos de vapor, nueve bongos o planchones con una capacidad transportadora de 2.334 toneladas, que constituían la Empresa de Navegación del Dique 86. Estos buques, descritos como "del tipo alemán", muchos de los cuales fueron fabricados por hábiles artesanos de la región, contaban con instalaciones para combustible de fuel-oil, y algunas con ciertas comodidades para los pasajeros. Para carga y descarga, el Central poseía una grúa para doce toneladas, y una romana para veinte mil kilos. Para el momento de su liquidación, en 1952, el Central contaba con un equipo de siete tractores, más de ochenta carretas Electric Wheel y varias docenas de camiones, "la niña bonita del ingenio" en ese entonces 87.

Producción

El Central Colombia produjo en 1909, durante su primera zafra, 5.082 toneladas de azúcar refinado, pol. 96 grados; aspiraba a producir el doble y no fue considerada una buena zafra porque aún no se había terminado de instalar la totalidad de la maquinaria, y porque la estación de lluvias se adelantó, y fue muy fuerte, perjudicando la molienda. Exportó en esa ocasión 1.903 toneladas a Inglaterra y 1.304 a Estados Unidos 88. Al año siguiente, 1910, su producción durante los tres meses de duración de la zafra fue de 5.175 toneladas. Su capacidad de molienda era entonces de mil trescientas toneladas de caña en veinticuatro horas 89.

Los costos de la producción fabril variaban de acuerdo con la tecnología empleada. Para 1921, el presidente de la Sociedad de Agricultores de Bogotá calculaba que para la producción de azúcar en trapiches que utilizaban el anticuado sistema de trenes jamaiquinos el costo de producción de una tonelada era de 135 pesos oro 90. Si se disponía de tachos al vacío para la evaporación de los caldos y de centrífugas para la cristalización del azúcar, los costos descendían a 120 pesos oro la tonelada 91. Cuando la zafra resultaba insuficiente, el costo de producción del azúcar se recargaba considerablemente.

79.jpg (10037 bytes)
CUADRO 3.

Fuente: Hermes Andreas, nestor Obando y luis Thorín C., "Informe de visita a los ingenios azucareros del país en 1938",citado por Óscar G. Ramos en La caña de azúcar en la cultura colombiana (inédito), Cenicaña, Cali, 1997. Los datos originales están dados en quintales.

Aunque la capacidad instalada del Central Colombia era de alrededor de diez mil toneladas de azúcar por zafra, esta cifra sólo se alcanzó en contadas ocasiones durante los cuarenta años que duró su producción 92. Para la década de 1930, las cifras de producción que registró el Central Colombia fueron las siguientes:

Cultivos y rendimientos de la caña

Al parecer, la vertiente agrícola del negocio del ingenio de Sincerín, —es decir, la organización del cultivo y el rendimiento de las cañas—, no fue tan eficiente como el manejo de las máquinas: el sistema de colonato no resultó ser lo más conveniente, como tampoco lo fue en Cuba, y no siempre las cosechas de caña fueron buenas o suficientes; la inexistencia de riego, las variedades de caña sembradas, o los impredecibles cambios climáticos tropicales fueron factores importantes de cuyo manejo dependía el formidable abastecimiento de cañas que demandaban sus instalaciones. Al respecto, Antonio Samper Uribe observaba, a raíz de la zafra de 1913, que

el verano y la langosta han hecho estragos. La empresa logró destruir la langosta con un gasto de más de $ 700.000, pesos papel, pero los malos efectos del verano no ha podido contrarrestarlos, por falta de trabajos de irrigación. El rendimiento por hectárea me parece que no va a alcanzar este año a cuarenta toneladas, a juzgar por el mal estado de la plantación [...] A mi modo de ver, la calidad de los terrenos es buena, y lo que hace falta para que la caña sea exuberante y jugosa es riego y una labor más intensa y esmerada 93 .

80.jpg (18970 bytes) Mazas del molino del Central Colombia recién desembarcadas.

El sistema que se organizó para el cultivo y la recolección de la caña consistió en dividir los potreros, a la manera de un tablero de ajedrez, en colonias de una extensión aproximada de cuarenta a cincuenta hectáreas, de cuyo cultivo se hacía responsable un "colono" nombrado por la empresa, generalmente escogido entre antiguos trapicheros de la región o entre parientes y amigos. Estos colonos eran los encargados de vigilar la siembra y el cultivo, contratar a los cortadores de caña en tiempos de zafra, que en los primeros años fueron entre ochocientos y novecientos campesinos de la región. La empresa suministraba a los colonos los fondos necesarios para el cultivo y la recolección, así como los implementos agrícolas, y en el momento de la zafra les compraba la caña producida, generalmente según y cómo estuvieran los precios en el mercado 94. Según el citado informe de A. Samper Uribe, en 1913 por tonelada de caña el Central pagaba al colono dos pesos oro, puesta en el trapiche, de los cuales el colono debía sustraer el costo del corte de la caña, por el cual pagaba cincuenta centavos oro por tonelada al machetero, y el costo del acarreo de la caña de la colonia al batey, por el cual pagaba al Central veinticinco centavos la tonelada, por lo cual la utilidad del colono en una tonelada de caña, pagados corte y acarreo, venía a ser de 1,25 pesos oro, y la de los macheteros, calculando que cortaran dos toneladas diarias, venía a ser de 1 peso oro por día, suma que, según el concepto de Samper Uribe, "me parece deficiente, y ha ocasionado que los colonos se cuelguen, como dicen los comerciantes de sus clientes morosos" 95. Samper Uribe informó que los jornales en 1913 eran pagados con papel moneda, y habla de jornales de cincuenta pesos papel para esa fecha. Para 1924, el salario de un cortador de caña en el Central oscilaba entre 1,20 y 1,60 pesos oro diarios, pues el corte de una tonelada se pagaba a ochenta centavos, y el cálculo de este rendimiento seguía siendo de dos toneladas diarias por día para cada trabajador. La población total del Central para la zafra de 1924 había pasado a ser de tres mil hombres, y las hectáreas cultivadas de caña a seis mil 96. El Central proveía a sus empleados de atención médica y medicinas en un "hospital" dotado, así como de vivienda, agua y energía a una parte de sus empleados.

Los precios del azúcar

Es indudable que la creación del Central Colombia marcó un hito en la industria azucarera del país, por el volumen de producción y la calidad del azúcar que puso en el mercado nacional. Ello, sumado a la oposición que durante el Quinquenio había suscitado el desempeño económico del gobierno, motivó continuas críticas en la prensa bogotana acerca de la "competencia desleal" que había generado la "producción azucarera subsidiada" de Sincerín 97. Del ofrecido subsidio de Reyes por 150.000 pesos, los empresarios sólo habían recibido 50.000, en 1909; la empresa no sólo renunció al subsidio concedido por el gobierno, sino que devolvió lo recibido por medio de un memorial dirigido al Ministerio de Hacienda y a través de Dionisio Jiménez, quien viajó expresamente a Bogotá con ese propósito 98.

En un estudio llevado a cabo en 1921 sobre la creación de la Central de Peñalisa en Girardot, el autor, ingeniero agrónomo Deneumostier, estimaba que el consumo de azúcar en el territorio de los actuales departamentos de Tolima, Cundinamarca, Boyacá, Meta y parte del Huila oscilaba entre 16.000 y 22.000 toneladas, de las cuales la región producía alrededor de cuatro mil. Las restantes cantidades eran importadas tanto del extranjero como de los departamentos de Bolívar y el Valle del Cauca exclusivamente 99. Los precios del azúcar alcanzados en el interior del país eran más convenientes que los pagados en Estados Unidos, razón por la cual la producción del Central Colombia se dirigió mayormente a abastecer el mercado del interior del país. El azúcar colombiano pagaba en Estados Unidos un veinte por ciento más de derechos de importación que el proveniente de Cuba, para el cual se habían estipulado ventajas arancelarias. Además de este inconveniente, y del recargo del flete hacia Estados Unidos, el precio que se obtenía allá era muy inferior al que se pagaba en el interior del país. En 1913 el precio pagado en Estados Unidos, por ejemplo, era de cuatro centavos la libra, muy inferior al que se obtenía en ese momento en el interior del país, el cual fluctuaba entre seis y diez centavos la libra, e incluso llegaba a veces hasta doce centavos la libra de azúcar 100.

Antes de la creación del Central Colombia, el azúcar importado que se consumía en el país se expendía en el interior del país a 20 pesos oro el quintal; el Central comenzó a suministrar azúcar refinado, de excelente calidad, por un valor de 1 peso oro la @ en Cartagena, 4 pesos oro el quintal, y 8 pesos oro el quintal puesto en Bogotá 101. Antes de la Primera Guerra Mundial, es decir, entre 1910-1914, el saco de azúcar blanco de 62,5 kilogramos se vendía en el interior del país a ocho, nueve y diez pesos oro; es decir, entre trece y dieciséis centavos oro el kilogramo, lo que correspondía a 128, 144 y 160 pesos por tonelada. En 1921, los precios más bajos del azúcar en el interior del país alcanzaron a ser de 14, 15 y 16 pesos oro el saco; es decir, 224, 240 y 256 pesos la tonelada 102.

Los costos ocasionados por los fletes en el transporte de Sincerín a Girardot eran, en 1921, de 43,39 pesos oro la tonelada, ofreciendo a los empresarios cartageneros una ventaja comparativa con los costos del transporte desde el Valle del Cauca al mismo lugar, que ascendían a 100 pesos oro la tonelada 103. Las condiciones favorables de costos en el transporte de la Costa hacia el interior del país dejaron de ser ventajosas hacia finales de los años veinte y sobre todo en la década del treinta, en la medida en que se desarrolló la red vial y férrea del país en la zona cafetera andina, como señalaré más adelante.

Principio del fin

En julio de 1923 murió Carlos Vélez Daníes. Su hijo Dionisio tenía entonces 36 años y había estado trabajando en el Central desde temprana edad. Residía en la hacienda San Agustín con su esposa, Magdalena González, y allí había visto nacer a sus hijos. A la muerte de su padre, estaba mucho más al tanto del manejo cotidiano del ingenio que su tío Fernando o sus primos hermanos Carlos y Fernando Vélez Pombo. Tal vez por ello, al faltar Carlos, la junta de la asamblea general de accionistas de la Colombia Sugar Co. lo nombró en 1924 administrador por unanimidad, y no a Fernando, quien en el orden de las jerarquías familiares debía suceder a su hermano 104. Los hijos de Fernando, además, se habían ausentado del país siendo niños, en 1898, y cuando regresaron a Cartagena, alrededor de 1915, tal vez no conocían en el terreno el funcionamiento del Central, o por lo menos Dionisio les aventajaba en ello. Dionisio Vélez Torres, una vez que asumió la gerencia del ingenio, proyectó la instalación de un moderno sistema de irrigación, que no se ejecutó en su totalidad, y llevó a cabo la instalación de una nueva planta para la utilización de los desechos del ingenio en la producción de alcohol industrial, vinagre y levadura 105.

82.jpg (11606 bytes)
Ferrocarril para transportar la caña al molino.

Las primeras dificultades fueron visibles a raíz de la trágica desaparición de Fernando Vélez Daníes, ocurrida el tres de agosto de 1938, seguida por la muerte de su hijo Fernando, dos meses más tarde. Para entonces, y debido a los dos juicios de sucesión que la empresa debió afrontar, se llevó a cabo un cómputo de los activos líquidos, pérdidas y ganancias de la Colombia Sugar Co. durante los años 1934-1937, con el objeto de deducir promedios que sirvieran en el avalúo de las acciones de la empresa 106. El promedio del capital obtenido en esos cuatro años fue de $ 2.654.367,57. Los resultados promediales arrojaron los siguientes resultados: en 1934, pérdidas por $ 192.381,92; en 1935, ganancias por $ 180.263,96; en 1936, ganancias por $ 189.093,00; y en 1937, por $ 166.941,87.

Las cifras anteriores, asumiendo las pérdidas de 1934, muestran un balance de $ 342.917,65 de utilidad en los cuatro años. El capital autorizado era de dos millones quinientos mil pesos; el capital suscrito era de veinticinco mil acciones, por un valor nominal de cien pesos la acción. El promedio de utilidad no repartida fue de 3,44%. Sin embargo, en esa ocasión y con el objeto de obtener una evaluación realista del valor de las acciones de la compañía, se pidió la opinión a varios comerciantes de la ciudad. De los seis conceptos solicitados entre personas destacadas del comercio, incluido el de la Cámara de Comercio, cinco coincidieron en que, aunque era difícil evaluarlas comercialmente, por no encontrarse esas acciones en el mercado bursátil, su valor aproximado oscilaba entre $ 35 y $ 38 la acción. La sexta opinión, expresada por Dionisio Vélez Torres, fue que "su valor comercial era casi nulo, pues la Colombia Sugar Co. para esa fecha (1939) llevaba unos siete años sin repartir dividendos, por lo que para él su valor figuraba en los libros en $ 25 pesos acción" 107.

La falta de unidad en el manejo de la empresa contribuyó a dificultar su desempeño en un momento en que debió enfrentar retos como el que se presentó durante la crisis mundial de los años treinta, que produjo la caída en los precios del azúcar, y el surgimiento de una fuerte competencia en el Valle del Cauca.

83.jpg (11453 bytes)
Vapor Flora, propiedad de Vélez Daníes & Cía., en el canal del Dique.

Dionisio Vélez Torres, a raíz de la muerte de su padre, heredó parte de la tierra de la hacienda San Agustín, lo que lo convirtió en colono poderoso, dueño de una parte de la caña necesaria para el buen funcionamiento del ingenio, y en los años siguientes (tal vez por compra que hiciera a sus tres hermanas), en propietario de las tierras alrededor de la fábrica, embotellando su acceso al puerto y dificultando su funcionamiento. Por último, en la década de los cuarenta, montó un trapiche, el Ingenio Santa Cruz, distante unos diez kilómetros del Central Colombia y en las mismas tierras de San Agustín, convirtiéndose en su competidor108. La producción del Central Colombia bajó ostensiblemente de 10.586 toneladas, en una zafra muy buena de 1940, a 4.138 toneladas en 1946, cuando entró en funcionamiento el Ingenio Santa Cruz, que produjo en esa ocasión un mil cincuenta toneladas 109.

Después de sufrir varios años de dificultades administrativas, en octubre de 1951 la asamblea general de accionistas de la Colombia Sugar Co. decidió disolver la compañía y decretar su liquidación. En 1953 entrarían en liquidación sus últimos bienes; Hernando Caicedo, uno de los propietarios del Ingenio Riopaila, del Valle del Cauca, adquiriría una parte de la maquinaria 110.

El ejemplo del Central Colombia en la Costa fue seguido por la creación de dos ingenios en los años siguientes, el Ingenio Sautatá, en la frontera con Panamá y a orillas del Atrato, en 1921, y el Ingenio Berástegui, en el Valle del Sinú, en 1928.

La región de Sautatá, entonces perteneciente a la intendencia del Chocó, era tierra de condiciones óptimas para la agricultura, en donde se producían "cañas de 28 pies de largo y 22 libras de peso" 111. El promedio de producción de cañas en Sautatá era de alrededor de setenta toneladas por hectárea (en el Valle del Cauca era de ochenta toneladas de caña por hectárea, y en Sincerín el promedio era de unas 45 toneladas). La hacienda en donde se montó el ingenio tenía cinco mil hectáreas de extensión, situadas en la margen izquierda del río Atrato, a una distancia de 38 millas de su desembocadura, y a 28 kilómetros de la frontera panameña, por lo que tenía fácil acceso tanto a la Costa Caribe como a la Pacífica. En el pasado había sido una finca ganadera. Sus promotores en 1921, los empresarios Abuchar, se habían asociado con capital puertorriqueño para la instalación fabril. La primera zafra la tuvo en 1923 y, en vista de las pérdidas que afrontó, se vio en la necesidad de refinanciar el ingenio con el aporte de un nuevo capital propiciado por la firma A & T Meluk asentada en Cartagena, la cual obtuvo el 60% de las acciones. La empresa no tuvo éxito, y en 1941 sus dueños decidieron formar una sociedad anónima, interesando al Instituto de Fomento Industrial.

84.jpg (11960 bytes)
Vista del edificio principal, el depósito cubierto donde se almacenaba el bagaz y la chimenea del Central.

El Ingenio de Berástegui había sido un viejo sueño del general Francisco Burgos Rubio. En 1928, la Casa Burgos, de Cereté, en asocio con Pombo Hermanos, de Cartagena, fundaron la Empresa Azucarera de Berástegui, con un capital de un millón de dólares e igual número de acciones entre las partes. La primera zafra del Ingenio de Berástegui ocurrió en el verano de 1931, en medio de circunstancias adversas difíciles de modificar, como fueron la gran depresión mundial en los precios del azúcar y la restricción de los créditos. En septiembre de 1946, el general Burgos vendió sus acciones en el Ingenio, a $ 70 la acción, a un grupo de azucareros del Valle del Cauca; en los dieciocho años que llevaba de fundada, esta empresa no había repartido dividendos. El Ingenio de Berástegui se extinguió en 1948, un año después de la muerte del general Burgos 112.

EPÍLOGO CON REFLEXIONES

El Central Colombia fue fundado en un momento de expansión de la producción azucarera en el área del Caribe insular. Bástenos con saber que ya para 1895 existían unos 250 centrales en Cuba, y que para 1920, Cuba, Puerto Rico y la República Dominicana, principales proveedores de Estados Unidos, elaboraron un total de 4.533.119 toneladas de azúcar, equivalentes al 29,3% de la producción mundial 113. Copado el mercado norteamericano por la producción y las preferencias arancelarias concedidas a las "islas del azúcar", autoabastecido el mercado europeo por su protegida producción de azúcar de remolacha, la producción colombiana nació destinada a suplir los mercados nacionales, en donde obtenía un mejor precio que en el exterior. Las cantidades de azúcar exportadas por el Central Colombia y La Manuelita entre 1910-1922, coyuntura que se presentó por la Primera Guerra Mundial, fueron mínimas: 17,2 toneladas por un valor de $ 396.169,80 114. El Central Colombia supo aprovechar, durante sus veinte años iniciales de existencia, las ventajas comparativas que le proporcionaron su capacidad y calidad productiva, logrando proveer los mercados nacionales con precios más competitivos.

85.jpg (12456 bytes)
Vista lateral del edificio principal.  Al lado los talleres, la locomotora del ferrocarril, una grúa y el tanque elevado.

Durante la década de los años treinta el creciente consumo nacional de azúcar era superior a la producción existente, por lo que el país se veía en la necesidad de importar azúcar: entre 1935 y 1936 el consumo nacional de azúcar había crecido de 36.770,7 toneladas anuales a 50.736,5 toneladas, y había permanecido en 50.345 toneladas el siguiente año 115. Si existían los mercados y el consumo había aumentado, ¿por qué, entonces, la producción azucarera de la Costa Caribe decayó en la década del cuarenta hasta desaparecer para 1950?

Una de las razones insinuadas para el caso del Central Colombia es la de que, al no poder escapar del monopolio familiar de sus accionistas, y de sus irreconciliables diferencias, la empresa no se modernizó en el momento en que tocaba, para poder enfrentar la competencia que le representó la creación de nuevos ingenios en el Valle del Cauca, así como la caída mundial de los precios durante la crisis mundial de los años treinta. Quisiera, sin embargo, proponer otras variables que tal vez fueron también determinantes en su desaparición, y que ameritarían una investigación más profunda.

86.jpg (10301 bytes)
Casa del gerente en el Central Colombia, Sincerín.

Una explicación del éxito inicial y del posterior fracaso de los ingenios que se crearon en la Costa Caribe estaría directamente relacionada con la evolución de las condiciones del transporte en el país en el transcurso de los cuatro primeros decenios del presente siglo. En 1910, Colombia era todavía un país de regiones aisladas, incomunicado, sin carreteras, sin puentes y con poquísimos tramos de vías férreas que cumplían con unir las ciudades con el río Magdalena. En la costa norte era mucho más fácil viajar en barco entre sus principales puertos que hacerlo por los caminos de herradura que se volvían intransitables en épocas de lluvias. Cuando Santiago Eder importó la maquinaria para su ingenio, en 1897, ésta demoró menos en ser transportada desde Liverpool hasta Buenaventura, que los dos años y medio que empleó en trasladarla desde el puerto colombiano hasta Palmira. Los Vélez Daníes, por el contrario, en unos cuantos días habían transportado una pesada maquinaria desde Cartagena hasta el corazón de Sincerín, y la utilería empleada (grúas, planchones, barcos remolcadores, líneas férreas) había sido muy ventajosa a las condiciones geográficas. Igualmente, cuando Francisco Burgos R. adquirió en Nueva York la maquinaria para el Ingenio de Berástegui, ésta pudo fácilmente introducirse a través de la bahía de Cispatá por el río Sinú hasta Cereté. La proximidad al puerto, y la comunicación que ofrecían los ríos Magdalena, Atrato y Sinú, fueron de vital importancia en la creación de estas empresas costeñas, tanto para el transporte de la maquinaria como para el acceso a los mercados. Sin embargo, lo que fueron ventajas comparativas entonces desaparecieron en el curso de los siguientes decenios, cuando tuvo lugar un cambio en el desarrollo económico del país, debido al éxito alcanzado en las exportaciones cafeteras. Ello, unido a la "danza de los millones", a finales de los años veinte, favoreció una gran inversión en el país en vías de comunicación, tanto en férreas como en caminos, especialmente notoria en la región cafetera andina. Eduardo Posada Carbó lo ha explicado en esta síntesis:

Después de la apertura del Canal de Panamá en 1914, la discusión sobre el transporte [en el país] se convirtió en una lucha por las rutas. Aunque hasta ese momento la construcción de vías férreas estaba orientada hacia la conexión con el río Magdalena como la principal arteria comercial, desde ese momento los ferrocarriles comenzaron a mirar hacia el Pacífico. Esta tendencia se consolidó después de 1930, cuando el programa de obras públicas se centró en la construcción de vías casi exclusivamente en el interior del país. Hasta 1950 ningún ferrocarril o carretera comunicaba el interior andino con la costa [...]

[...] Para 1930 el Ferrocarril del Pacífico fue integrado al Ferrocarril de Caldas y existían planes para atravesar la cordillera y conectarse al Ferrocarril del Tolima. Para entonces los Ferrocarriles de Caldas y el Pacífico, unidos con el Ferrocarril de Antioquia, formaron una red en el occidente del país que conectó a Buenaventura con las regiones cafeteras más importantes. Buenaventura adquirió nuevas ventajas con el complemento de una carretera al mar en 1945 116 .

Cartagena y Barranquilla habían permanecido apegadas a la idea de la canalización del Dique y a la apertura de Bocas de Ceniza como las obras vitales en su desarrollo, a diferencia de las necesidades sentidas en el interior del departamento. Las vías más necesitadas en el departamento de Bolívar, por las que se clamaba desde la provincia en El Porvenir para 1916, eran: una carretera que uniera a Tolú con las sabanas del interior del departamento; una vía que uniera al valle del Sinú con el río Magdalena y se prolongara hasta los Santanderes; una carretera que uniera a Cartagena con el valle de Marialabaja, y el mejoramiento del camino entre Cartagena y Barranquilla 117. Una de las razones que alegaba el general Burgos para explicar el fracaso del Ingenio de Berástegui había sido el incumplimiento en la construcción de la carretera Montería-Magangué, "que se tenían por seguras" cuando se hizo la inversión del ingenio. El desarrollo vial y férreo a partir de los años treinta en el occidente colombiano favoreció la competitividad de la producción azucarera del Valle del Cauca, vecina de esta poblada región del país.

87b.JPG (53259 bytes)

CUADRO 4. Ingenios colombianos existentes en 1938.

Fuente: Guillermo Ramos Nuñez, "Curso de caña de azúcar", citado por Ócar G. Ramos en su trbajo inédito La caña de azúcar en la cultura colombiana, Cenicaña, Cali, 1997. Los datos originales están dados en kilos.

 

87.jpg (9315 bytes)
Hotel del Central Colombia, Sincerín.

Un segundo factor desventajoso para los ingenios de la Costa Caribe está relacionado con las condiciones geográficas y climáticas del Valle del Cauca, que, sumado a un ineficiente manejo agrario en los ingenios de la Costa, permitió a los caucanos una producción azucarera más competitiva. En 1938 existían tres zonas azucareras en el país, claramente señaladas en el cuadro 4. Como nos indican las cifras allí anotadas, en 1938 la Costa Caribe colombiana produjo el 28,8% del total de la producción nacional, Cundinamarca un 7,4%, y el Valle del Cauca un 62,9%. La producción de La Manuelita había doblado para entonces la del Central Colombia, y un total de siete ingenios se habían montado en la región del Valle del Cauca, en donde sus cualidades geográficas y climáticas son excepcionales para la producción azucarera, entre otras cosas por la concentración de sacarosa alcanzada en la caña, debido a los cambios de temperatura entre el día y la noche. Esto fue confirmado en 1929 por la Misión Chardon (un grupo de agrónomos puertorriqueños que visitó para esa fecha las regiones cañeras de Colombia), al reconocer las condiciones agrarias del Valle del Cauca que tienen el privilegio de producir en "zafra permanente", es decir, dos o más cosechas anuales, condiciones que sólo existen, según estos especialistas, en los valles del norte del Perú, en Hawai y en el Valle del Cauca 118.

Estado actual de las que fueron casa de Fernando Vélez D. y Carlos Vélez D., respectivamente, en Manga, Cartagena (Tomadas de: Así es Colombia, Ediciones Gamma, Santafé de Bogotá, 1997, fotografías de Andrés Lejona.
88a.jpg (15642 bytes) 88b.jpg (12454 bytes)

Opiniones acerca del Central Colombia

1907. Del ingeniero cubano Luis Bacallado, quien eligió e instaló la maquinaria para el Central:

"Hasta el nombre del ingenio revela el fin de esos hermanos Vélez: ¡Central Colombia!...Cuánta gloria para ellos y el General Reyes y cuánto bien para sus paisanos: introducir una industria tan grande en su país y empezarla de un tamaño tan colosal, mejor dicho, empiezan ellos por donde concluimos nosotros, tan viejos en hacer azúcar...". El Porvenir, 14 de junio de 1907.

Del presidente, general Rafael Reyes, quien visitó el ingenio en dos ocasiones, en 1908 y en 1909:

"En cuanto al ingenio Central Colombia, todo lo que yo sabía sobre él y lo que ha publicado la prensa es mucho menos de lo que he palpado al visitarlo durante las ocho horas que pude dedicarle...". El Porvenir, 8 de mayo de 1908.

1910. Del periodista bogotano Rufino Cuervo Márquez explicando a sus lectores las dimensiones del Central:

"...Como la prensa bogotana, no siempre dirigida ni redactada por bogotanos, es la que más se ha ocupado en tono airado del Central Colombia, y como casi la totalidad de dichos escritores sí conoce a Bogotá y no conoce los campos de Sincerín, nos permitimos, para que se formen idea de la magnitud de dicha empresa, manifestarles lo siguiente:

La extensión de los campos de caña, en el Central Colombia, equivale a dos veces y media el área edificada de la capital de la república; las líneas férreas que allí funcionan son, por lo menos tres veces, más extensas y de indiscutible mejor calidad que las del tranvía de Bogotá, incluyendo a Chapinero; el salón del Central [la fábrica] es más amplio que la parte cubierta de la catedral de Bogotá, la cual es, aparte de aquel, el edificio más espacioso que conocemos en Colombia; y, por último, el Central Colombia, que actualmente se halla en capacidad de producir diez mil @ de azúcar diarias, y produce solo siete mil (o sea $7.000 dólares), resiste la comparación en capacidad productora a cualquier otra empresa industrial de nuestra patria". El Porvenir, 13 de abril de 1910.

Del general Francisco Burgos a su hermano Manuel, en carta fechada en agosto de 1927:

"...Fernando Vélez Daníes me dijo que sembráramos caña, porque ya ellos no pueden producir toda la que consume el país. Si el negocio de Sautatá se ensancha, me gusta que los Vélez Daníes miren bien que los Burgos también hagamos negocios que nos den mayores ganancias que el arrendamiento de pastos. Me ufano de que mi estudio del negocio del azúcar, que hice en Cuba y en Nueva York, hizo millonarios a los Vélez Daníes con su ingenio en Sincerín..."

Índice cronológico

1819. Nace en Cartagena Dionisio Vélez Méndez, el 19 de marzo, hijo de Agustín Vélez de la Barreda y Manuela Méndez de Bustos.

1828. Se funda la Universidad de Magdalena y el Istmo, actual Universidad de Cartagena.

1849. La peste del cólera se cobra más de dos mil vidas en Cartagena y su provincia. Dionisio Vélez Méndez emigra a Riohacha.

1859. Nace en Riohacha Carlos Vélez Daníes, hijo de Dionisio Vélez Méndez y Margarita Daníes Kennedy. Le había precedido Margarita.

1862. Nace en Riohacha Fernando Vélez Daníes, último hijo del matrimonio Vélez Daníes.

1864. Santiago Eder adquiere la hacienda La Manuelita, de Jorge Isaacs, en Palmira (Valle del Cauca).

1873. Los hermanos Campbell Stevenson y Nicolás de Zubiría fundan el Ingenio de María, en la región de Marialabaja.

1876. Nicolás Daníes, abuelo materno de los Vélez Daníes, anuncia en venta su hacienda en Dibulla (Guajira), incluido el trapiche con trenes jamaiquinos en el que ha invertido más de 300.000 dólares.

Asonada política en Cartagena en la que muere asesinado Agustín Vélez Méndez, tío de los Vélez Daníes.

1876-1880. Carlos y Fernando Vélez Daníes estudian en Sandhurst (Inglaterra).

1878. Dionisio Vélez Méndez contrae segundas nupcias, con Dolores de Pasos, en Cartagena.

1879. Se inaugura una Junta Central de Agricultura, presidida por el cubano Francisco J. Balmaseda.

1883. Los hermanos Vélez D., establecidos en Cartagena, solteros, en compañía de Margarita, la hermana mayor, viuda, forman la compañía comercial Vélez Daníes & Cía.

1885. Margarita Vélez Daníes es separada de Vélez Daníes & Cía. Contrae segundas nupcias con Atilio de Andréis, su tío político, viudo.

1886. Para esta fecha ambos hermanos han contraído matrimonio, Carlos con Catalina Torres Hoyos, y Fernando con Helena Pombo Montes.

1887. Nace Dionisio Vélez Torres, primogénito de Carlos y Catalina. Además tendrían tres hijas: Carlina, Catalina y Florina.

1888. Nace Carlos Vélez Pombo, hijo mayor de Fernando Vélez Daníes. Le seguirían Fernando Vélez Pombo y Helena Vélez Pombo.

1876-1888. Primera bonanza exportadora ganadera hacia Cuba, motivada por la guerra de los Diez Años cubana (1868-1878).

1888. Vélez Daníes & Cía. adquiere los terrenos llamados El Bajo Miranda, en jurisdicción del distrito de Turbaco.

1890. Se abre el Instituto Musical de Cartagena.

1891. Fernando Vélez D. funda el Club Cartagena y ejerce de presidente hasta 1894.

1893. Inauguran tramo de ferrocarril Cartagena-Turbaco.

1898. Segunda bonanza exportadora ganadera hacia Cuba (1898-1906), motivada por la guerra de Independencia. Fernando Vélez Daníes traslada su residencia a La Habana.

1900. José Manuel Marroquín es elegido presidente de Colombia.

1901. Santiago Eder pone a funcionar la nueva maquinaria que ha traído desde Glasgow para su ingenio La Manuelita, cuya capacidad de molienda aumenta y produce 5 toneladas de azúcar diarias por cosecha.

1902. Concluye la guerra de los Mil Días. Habrá gobiernos conservadores hasta 1930. Separación de Panamá.

1904. En julio se inaugura el servicio de alumbrado eléctrico.

En agosto el general Rafael Reyes es elegido presidente de Colombia.

1905. El general Dionisio Jiménez comienza a planear la urbanización en la isla de Manga.

El gobernador Henrique L. Román firma contrato con el súbdito jamaiquino James T. Ford, para la construcción del primer acueducto de la ciudad, llamado popularmente "el acueducto de Matute", por el origen de sus fuentes de acopio.

1906. En enero viaja a La Habana Carlos Vélez D., y regresa dos meses después con Luis Bacallado. Se inaugura el puente Román, y muere Joaquín F. Vélez.

El gobierno firma un contrato con Vélez Daníes & Co. para la construcción y puesta en marcha de un ingenio en Sincerín.

Atentado contra el general Reyes y su hija.

1907. Se crean la Cartagena Oil Refining Co., en Turbaco, y el Central Colombia en Sincerín.

En la primera también son accionistas los Vélez. The Colombia Sugar Company se constituye como una sociedad norteamericana. Muere en Cuba Francisco J. Balmaseda.

1908. En el mes de mayo el general Rafael Reyes, presidente de la república, visita a Sincerín, en un recorrido político que hace por la Costa Atlántica. Le acompaña Carlos, puesto que Fernando se encuentra en La Habana. Reyes regresará en octubre y, junto con Carlos, Fernando y Dionisio Vélez Torres, se tomará una fotografía, incluida en este trabajo, en Sincerín.

1909. Primera zafra del Central Colombia: 5.082 toneladas de azúcar refinado.

Vélez Daníes & Cía. compra tierras en Mahates.

Los SS. Lewis and Brunch instalan un cinematógrafo en el Teatro Mainero, en el que proyectan vistas, con lleno total.

1910. El Central Colombia produce en su segunda zafra 5.175 toneladas de azúcar.

La Manuelita ha ampliado su capacidad de molienda a 20 toneladas diarias por zafra.

The Colombia Sugar Co. es disuelta y se nacionaliza como colombiana bajo la razón social de La Colombia Sugar Co.

Carlos E. Restrepo, nuevo presidente de Colombia, nombra a un cartagenero, Jerónimo Martínez Aycardi, ministro del Tesoro.

El concejo firma contrato con Wm. J. Meagher para la macadamización y adoquinación de las calles de la ciudad.

1911. Se funda la Compañía Colombiana de Extractos Tánicos. Carlos Vélez Daníes entre los fundadores.

Fernando Vélez D. llega de visita, procedente de La Habana.

1913. Vélez Daníes & Cía. adquieren la hacienda Aguas Vivas en jurisdicción de los distritos de Arjona y Turbaco.

Woodrow Wilson es elegido presidente de los Estados Unidos.

1914. Se abre el Canal de Panamá. Saludan la llegada de Fernando Vélez, procedente de Colón.

Es asesinado Rafael Uribe Uribe, líder liberal.

1916. Se funda la Cámara de Comercio. Pearson and Son presentan su informe sobre las obras recomendadas para el mejoramiento y saneamiento del Puerto. Se hacen mejoras en el camino entre Cartagena y Barranquilla.

Reelegido W. Wilson como presidente de los Estados Unidos.

1917. Quiebra el Banco Unión.

1918. Marco Fidel Suárez, nuevo presidente de Colombia.

1923. Muere Carlos Vélez Daníes. Su hijo Dionisio asume la gerencia del Central.

Sautatá produce en una primera zafra 11.000 sacos de azúcar.

1928. Creada la Empresa Azucarera de Berástegui.

1930. Termina la hegemonía conservadora. El nuevo presidente de Colombia es Enrique Olaya Herrera.

1931. Primera zafra del Berástegui.

Gran depresión económica mundial que trajo baja en los precios del azúcar.

1938. Mueren Fernando Vélez Daníes y Fernando Vélez Pombo.

1953. Entran en liquidación los últimos bienes del Central Colombia.