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continuación
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El
Central Colombia
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Noticias
del ingenio
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El Central Colombia y Manuelita, industrias pioneras
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Capacidad
fabril
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El transporte
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Producción
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Cultivos y rendimientos de la caña
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Los
precios del azúcar
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Principio del
fin
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Epílogo
con reflexiones
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Opiniones acerca del Central Colombia
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Indice
Cronológico
EL
CENTRAL COLOMBIA
Noticias del ingenio
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Tanques de tres mil galones
de capacidad cada uno donde se depositaba el guarapo. Empezaron con cinco y
aumentaron a ocho.
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Como suele suceder en las ciudades
pequeñas, el rumor sobre la construcción de un ingenio circuló en Cartagena un año
antes que Carlos Vélez hiciera público su propósito. Varios editoriales de El Porvenir 65 se ocuparon del asunto, agitando la curiosidad de sus
lectores, e irradiando optimismo al considerar que los beneficios redentores de esta
industria se derramarían sobre la economía regional, "...y el gobierno y los
propietarios que lo lleven a cabo merecerán el recuerdo de un pueblo entero, hoy
empobrecido y arruinado". El general José Torralbo, desde la prensa, instaba a los
agricultores a abandonar la idea general de que de la caña no debía extraerse más que
miel para la producción de aguardientes, y opinaba que, si el gobierno de Reyes protegía
la implantación de la industria azucarera, se evitaría la salida del país de no menos
de ocho a diez millones de pesos anuales, que era su cálculo del costo de la importación
de azúcar al país. En realidad, los hacendados con trapiches en la Costa se habían
dedicado desde el pasado siglo a la producción de panelas y mieles, éstas últimas con
la intención de fabricar bebidas alcohólicas que proliferaron y que al ser gravadas por
el gobierno se convirtieron en importantes entradas del fisco.
Las tierras en donde se levantaría el
ingenio, la hacienda San Agustín, colindantes con la población de Sincerín, y a una
distancia de cincuenta kilómetros (aproximados) de Cartagena, estaban situadas en un
valle formado entre la serranía de San Jacinto (entonces los Montes de María) y los
playones del margen izquierdo del Canal del Dique, zona de antiguos palenques, tierras
bajas que se extendían a lo largo del Canal; sus linderos eran fronterizos con los
pueblos de Mahates y Malagana, San Basilio de Palenque y San Pablo, pasando por Sincerín.
En 1913, Vélez Daníes & Cía. complementaría esta propiedad adquiriendo en remate
público las tierras situadas al margen derecho del Canal del Dique, la llamada hacienda
de Aguas Vivas, en jurisdicción de los municipios de Arjona y Turbaco, por el norte, y
por el sur los playones a orillas del Canal del Dique hasta la población de Rocha.
En el siglo XVIII, el terrateniente más
rico de Cartagena, Manuel Escobar, era poseedor de varias haciendas trapicheras y
ganaderas en esta región 66, de excelentes cualidades para la
agricultura: San Agustín de Torohermoso, en el distrito de Marialabaja, era una hacienda
trapichera y ganadera de su propiedad; al igual que San Joseph del Pital, en jurisdicción
de Palenque, y San Pablo del Retiro, en lo que es hoy la población de Mahates, eran
haciendas trapicheras. Fue la existencia de estas haciendas trapicheras y ganaderas lo que
justificaría la concentración de esclavos en estas zonas rurales cercanas a Cartagena,
durante los siglos XVII y XVIII 67.
Durante la segunda mitad del siglo XIX
hubo un fallido intento de producción de azúcar en la región de Marialabaja. En 1873,
Tomás y Juan C. Stevenson 68, en compañía de Nicolás de
Zubiría y bajo la asesoría del cubano Francisco Javier Balmaseda, formaron una
compañía agrícola llamada Compañía del Ingenio Balmaseda, con un capital inicial de
100.000 pesos oro, y con el objeto de producir azúcar 69.
Este ingenio, situado en las llamadas "tierras de Lobo", en el Distrito de
Marialabaja, pasó a llamarse un año más tarde Ingenio de María 70,
y muy pronto tuvo dificultades financieras; en junio de 1892 fue disuelta la compañía
por iliquidez 71.
El trapiche, adquirido por la Casa
Burgos de Cereté, fue instalado en la hacienda El Cedro, en donde los Burgos tenían un
alambique Egrott dedicado a la producción del llamado Ron Burguero 72.
El 31 de julio de 1906, el ministro de
Obras Públicas, Francisco de P. Manotas, y el general Lácides Segovia, en
representación de Vélez Daníes & Cía., firmaron en Bogotá el contrato para el
establecimiento en San Agustín de Sincerín de un ingenio y refinería para la
producción de azúcar con calidad de exportación 73. El
gobierno se comprometió a subsidiar la naciente industria con ciento cincuenta mil pesos
oro, pagaderos con el producto bruto de los derechos de exportación de ganado que se
embarcara por Barranquilla y Cartagena, y a gravar los actuales derechos de importación
del azúcar treinta días antes de comenzar la producción. El empresario se comprometía
a producir no menos de 650.000 @ por zafra (aproximadamente 7.500 toneladas), a más
tardar en enero de 1910. Un año más tarde, Fernando Vélez D. fue el encargado de
constituir en Nueva York The Colombian Sugar Company, como una compañía norteamericana,
con un capital de un millón de dólares representado en cien mil acciones de diez
dólares cada una. En enero de 1908, Vélez Daníes & Cía. traspasó en venta a The
Colombian Sugar Co. los terrenos de la hacienda San Agustín, con excepción de las
trescientas hectáreas de playones, por un valor de un millón de dólares y la totalidad
de sus acciones 74. En el año 1910, The Colombian Sugar Co.,
de Nueva York, fue disuelta y se liquidó transfiriendo el capital a una sociedad
colombiana, también anónima, constituida en Cartagena como la Colombia Sugar Company 75.
El Central Colombia y
La Manuelita, industrias pioneras
En 1919, el viajero alemán W.
Burckhardt, de visita en Colombia, dejó escrita la impresión que le causó la
producción azucarera:
El azúcar es, sin duda alguna, la
producción más importante, después del ganado, del fértil suelo colombiano. Solo en
Sincerín, en la Costa Atlántica, cerca de Cartagena, y en La Manuelita, en la región
del Valle del Cauca, encontramos instalaciones completamente modernas. Por lo demás,
siempre se encuentran en todo el país los acostumbrados molinos de mano, movidos por
agua, o las instalaciones de molinos verticales movidos por caballos
76
.
En la Costa Atlántica el cultivo de la
caña de azúcar estaba muy extendido a comienzos del presente siglo. Era común ver en el
campo pequeñas estancias con trapiches de madera tirados por bueyes y las pailas
primitivas bajo fuegos abiertos de los llamados "trenes jamaiquinos", en los
cuales se fabricaba panela y, sobre todo, se sacaban melazas para vender a los
propietarios de alambiques que proliferaban en los pueblos vecinos a Cartagena, como
Turbaco y Arjona. Aún en el recinto amurallado había quien tuviera alambiques de
fabricación artesanal, y en El Porvenir se anunciaban para la venta gran variedad de
rones de la región, algunos de los cuales con nombres alusivos a la política, como el
Ron Regeneración; otros, como el Ron Piñeres y el Ron Burguero, eran añejados en
toneles de maderas especiales, y alcanzaron por ello gran calidad y prestigio local.
La producción de azúcar es un proceso
que básicamente consiste en extraer el jugo de la caña o guarapo por medio del molino o
trapiche, y someterlo a un proceso de evaporación, decantación de los caldos y
cristalización de los gránulos 77. Los azucareros cubanos,
entonces líderes en la producción mundial, durante la segunda mitad del siglo XIX se
preocuparon por hacer cada vez más eficiente la extracción del guarapo, y por
perfeccionar el proceso de combustión de los caldos y la cristalización de los
gránulos, a fin de obtener un mayor rendimiento de sacarosa. Las centrales cubanas que
aparecieron con el cambio de siglo, a diferencia de los ingenios y trapiches, innovaron el
sector fabril de la producción al utilizar un sistema de evaporación al vacío,
superando los fuegos abiertos llamados "trenes" que la habían caracterizado.
Esto duplicó la producción de azúcar y mejoró su calidad. Por último, el uso de
centrífugas en la cristalización del azúcar terminó por producir una estandarización
en su calidad, que no sólo se iba a clasificar, a partir de entonces, según el color
sino según el grado de polarización (pol) alcanzado. El azúcar obtenida con las
centrífugas alcanzaba un pol 96, mientras el azúcar mascabada o morena contenía un pol
de 80 grados.
Este tipo de instalación fabril llamado
central, caracterizada por una mayor producción y estandarización en la calidad del
azúcar, fue la instalada en el Central Colombia de Sincerín, e implicó una inversión
de capital mucho mayor de la que hasta entonces habían exigido los ingenios y los
trapiches que existían en nuestro país, así como la importación de una maquinaria
sofisticada que exigiría personal extranjero en su montaje y puesta en marcha, edificios
mucho más grandes que los conocidos, en donde instalar la maquinaria, un mayor suministro
de cañas a la fábrica y, por lo tanto, siembras de mayor extensión, así como la
disponibilidad de abundante mano de obra, barata, y un eficiente transporte de las cañas
a la fábrica y del azúcar al puerto.
El Central Colombia se instaló en 1908 y
1909, con la ayuda de ingenieros cubanos, con toda la maquinaria moderna, adquirida en
Glasgow en su mayor parte, a la firma A. and W. Smith, a través del ingeniero cubano Luis
Bacallado, quien era su representante en La Habana. Fue embarcada directamente desde
Liverpool hasta Cartagena. Como estaba compuesta por piezas sumamente pesadas y de
difícil movilización (2.500 toneladas), los Vélez solicitaron al gobierno el permiso
para desembarcarla en la bahía de Barbacoas, situada en las inmediaciones de la
desembocadura del Canal del Dique y próxima a Sincerín; esta solución fue pronto
descartada, porque resultó más conveniente descargar en Cartagena y, por medio de
grúas, bongos y planchones, remolcarla con barcos de vapor al puerto de Sincerín, donde
nuevamente sería descargada y trasladada al edificio del Central por medio del
ferrocarril instalado 78. En 1909 produjo su primera zafra; la
capacidad fabril instalada era de diez mil toneladas de azúcar por zafra, y su capacidad
de molienda era de mil trescientas toneladas de caña en 24 horas.
El ingenio La Manuelita, en el Valle del
Cauca, a diferencia del Central Colombia, evolucionó modernizándose de acuerdo con la
experiencia acumulada de su propietario. Cuando Santiago Eder adquirió de Jorge Isaacs,
en 1864, la hacienda La Manuelita, ésta tenía mil quinientos acres de tierra y un
trapiche colonial formado con mazas de madera forradas en hierro, de escasa producción.
En 1897, Santiago Eder decidió dar un paso adelante en su modernización, reemplazando el
trapiche hidráulico que tenía por otro movido con vapor, por lo que adquirió la nueva
maquinaria en Glasgow, a la firma McConie and Harvey & Co. Esta maquinaria demoró dos
años y medio para ser transportada desde Buenaventura a Palmira, ante las dificultades
que representaba la ausencia de vías de comunicación en Colombia, fuera de las
fluviales. La Manuelita, para 1909, época de la primera zafra del Central Colombia,
había ampliado su capacidad de molienda a doscientas toneladas de caña en 24 horas,
pasando su producción de cinco a veinte toneladas de azúcar diarias por zafra 79.
Capacidad
fabril
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General Rafael Reyes junto
con los hermanos Vélez Daníes, octubre de 1908, en el ingenio. Detrás está la
torre que al parecer guardaba la rueda de la bomba hidráulica.
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La maquinaria principal del Central
Colombia estaba compuesta por un tándem de tres molinos, cada uno de los cuales pesaba
catorce toneladas, estaba provisto de un juego de tres desmenuzadoras y era movido por un
triple engranaje y un solo motor de vapor de 250 HP. La defecación y filtración de los
jugos era llevada a cabo por doce defecadoras de diferentes capacidades, ocho
filtros-prensas modernos, filtros secos, bombas para cachaza y un servicio completo de
bombas necesarias para jugos calificados, azufrados, defecados y filtrados. Los tanques en
los que se depositaba el guarapo, cinco en total, tenían una capacidad de tres mil
galones cada uno. En el proceso de evaporación se utilizaba un moderno sistema de tres
tachos al vacío, dos de los cuales tenían capacidad de veinte toneladas diarias de masa
cocida, y uno más pequeño, de ocho toneladas. Contaba con un condensador central, seis
cristalizadores de veinticinco toneladas cada uno, doce centrífugas hidráulicas, seis de
correa, dos secadores, dos cernedores...El sector en donde se llevaba a cabo el refino
estaba constituido por cinco filtros, un horno de carbón y nueve calderas de trescientos
HP. Una báscula automática era utilizada en el empaque de sacos de a 10 @, y una
máquina para coser sacos facilitaba el empaque. El depósito para guardar azúcar tenía
capacidad para sesenta mil sacos 80.
En el momento de su instalación,
trabajaba en el Central Colombia un grupo pequeño de especialistas cubanos, entre los
cuales se contaba el ingeniero agrónomo Luis Bacallado, quien permaneció en Sincerín
durante todo el montaje de la maquinaria hasta su puesta en marcha durante la primera
zafra de 1909; Bacallado fallecería en La Habana en 1912. Había sido reemplazado por el
agrónomo cubano Joaquín Ruiseco. José Antonio García, otro cubano, fue por esos años
responsable de las siembras y cultivo de cañas. En un principio se utilizó semilla de la
llamada "caña blanca" o "guartinaja" en la región, muy parecida a la
variedad cubana "Singapur" y que más adelante sería sustituida por la POJ2878,
procedente de Java 81.
En abril de 1910, durante la segunda
zafra del Central Colombia, los Vélez Daníes invitaron al periodista bogotano Rufino
Cuervo Márquez a visitar el ingenio, con el fin de informar sobre esta industria a los
intrigados azucareros de Cundinamarca y del Valle del Cauca. Es interesante observar que
quienes visitaban entonces el Central terminaban por no hallar palabras con qué expresar
su grandiosidad, pues no existía ningún ingenio en el país con esa capacidad de
producción (véase Cuadro de Opiniones, Anexos). Rufino Cuervo Márquez, como resultado
de su experiencia en Sincerín, publicó dos extensas crónicas tituladas "Salve
Colombia" 82, en las que, además de referirse al ingenio
como "un titánico esfuerzo industrial [...] la redención económica del país [...]
soplo benéfico de civilización [...] empresa redentora, alabada por unos, atacada por
otros", hace una vívida descripción del viaje y de la impresión que le causan los
edificios del Central:
Después de dos horas de marcha en el
ferrocarril (Cartagena-Calamar) llegamos a Soplaviento, caserío situado sobre el Canal
del Dique en cuyo puerto nos esperaba el vapor Velda, perteneciente al Central Colombia, y
en cual hicimos durante una hora y media la bella travesía del Dique, en su descenso,
hasta un lugar en donde, cruzando a la izquierda, el viajero es sorprendido por la
magnitud de un canal de 900 metros de largo, 25 de ancho, y 3 de profundidad, el cual
abierto sin auxilio de dragas y sólo con barras y palas, llega a un punto en donde se ha
construido el puerto artificial, y en el cual, cuando nosotros llegamos se encontraban
amarrados un vapor, cuatro goletas de dos palos, tres o cuatro grandes bongos y media
docena de canoas. Allí ya se escuchaba el pito de las locomotoras y se veía una extensa
carrilera con sus cambiavías etc., todo en medio de una aglomeración de trabajadores
sanos y robustos.
En el puerto tomamos un carro de
ferrocarril, y después de recorrer un kilómetro de vía y tres kilómetros de campos
cultivados de cañas llegamos al Batey, o sea, algo asi como la plaza central del ingenio,
pues a sus costados, midiendo 400 metros (lineales) cada uno, y cruzadas por vías
férreas en todas direcciones, se levantan no pocos edificios de variadas formas y
dimensiones. En su costado sur se yergue majestuoso el edificio y la chimenea del ingenio:
edificio de acero que mide 120 M. de largo x 50 de ancho y 32 de elevación, y el cual
abriga grandiosa maquinaria [...] puesta en movimiento, y con aquel ruido profundo y sordo
que deja escuchar, sobre todo en altas horas de la noche, que invita al ánimo a soñar y
meditar.
En los otros costados del Batey se
hallan levantados las oficinas del telégrafo y teléfono, el mercado, el matadero
público, la oficina de la policía, el almacén de telas y víveres, casas para empleados
(veinte habitaciones con sus baños), casas para trabajadores, la farmacia, el
hotel (sesenta habitaciones con baños individuales), la casa de los empresarios, y
otras destinadas a diversas aplicaciones, gozando todas ellas de luz eléctrica (1000
focos incandescentes y 200 focos de arco) y de acueducto de dos y medio kilómetros, y
teniendo sus habitantes un hospital en el que ofrecen los cuidados y atenciones de un
médico competente y de drogas, todo lo cual se suministra gratis.
Antonio Samper Uribe, productor azucarero
bogotano, invitado por los Vélez Daníes a visitar el ingenio en el mes de marzo del
verano de 1913, llegó a Sincerín (que se encontraba en plena zafra) a las tres de la
madrugada, y quedó sumamente impresionado, según el testimonio que nos dejó de su
visita 83:
Llegar a las tres de la mañana, como
me ocurrió a mí por percances en el viaje, y encontrar al ingenio en plena actividad,
con su masa colosal e imponente, profusamente iluminado por centenares o miles de focos
eléctricos, y con un ruido atronador de catarata, es, para el que va de aquí de Bogotá,
acostumbrado al andar de las mulitas y nuestras moliendas liliputienses, como si de pronto
y por arte de encantamiento, como dijera Don Quijote, se le tornara en realidad algún
cuento de Las Mil y una Noches.
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Armadura de acero del edificio principal
importada de Inglaterra y armada en Sincerín.
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El
transporte
El Central Colombia se abastecía con el
suministro de cañas producidas en la hacienda San Agustín. De sus casi ocho mil
hectáreas, estaban sembradas mil quinientas en el momento en que se instaló la
maquinaria en 1908. Para 1913, cuando la visitó Antonio Samper, tenía unas dos mil
hectáreas en producción de cañas. El sistema para el transporte de la caña del campo a
la fábrica consistía en apilar la caña cortada para embarcarla en carretas tiradas por
bueyes del campo a la línea férrea más cercana. Los bueyes siguieron cumpliendo un
desempeño importante dentro del ingenio mecanizado; la hacienda San Agustín contaba con
trescientas yuntas de bueyes, que eran mantenidas en las tierras de playones colindantes
con el Canal del Dique con este propósito. Para el acarreo de los carros cargados de
cañas, se habían instalado en los campos doce kilómetros de vías férreas portátiles,
del sistema llamado decauville, por medio del cual se sacaban los carros llenos de
caña hasta la línea férrea principal. Ésta cubría 65 km, movía 500 vagones, seis
carros especiales, 30 carretas para cañas, ocho planchas y cuatro carritos accionados con
maniguetas, utilizados en todo el proceso de movilización de las cañas, desde el potrero
al batey, así como de los sacos empacados de azúcar hasta el puerto de Sincerín sobre
el Canal del Dique.
Lo que más atrajo la atención de Samper
Uribe fue la forma como se acarreaba la caña cortada de los vagones del ferrocarril a las
fauces del monstruo, lo que motivó dramáticos símiles en su descripción 84:
Aunque parezca exageración andaluza,
o caña antioqueña, diré que la alimentación de los trapiches atrae al curioso, lo
detiene, lo inmoviliza, lo embelesa, como pasa con la corriente de los ríos o con el
incansable golpear de las olas. Los trenes cargados de caña parecen sierpes gigantescas.
Tuve la curiosidad de contarle a uno 33 vagones, y vi que ocupaba un espacio de 159 metros
(dos cuadras) [...] Al llegar, disminuyen el paso, mientras los pesan carro por carro, sin
detenerlos completamente; luego avanzan hasta colocarse frente al transportador. Cada
vagón, al presentarse al lado del receptáculo, se descarga por un mecanismo muy
ingenioso y sencillo, accionado por una bomba hidráulica que maneja un muchacho, a 30 o
más metros de distancia, con solo abrir y cerrar una llave. La caña de ese vagón, y la
del que sigue, y la de los otros trenes, va cayendo sobre el conductor (una ancha faja sin
fin), y sigue su marcha lenta a que la despedacen o trituren, toneladas tras toneladas, en
serie continua, sin interrupciones, como procesión de indiada devota y apretujada, o como
mitin patriotero a lo largo de calles angostas e interminables.
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General Reyes, montado en la mula, en el
Central Colombia acompañado por colonos y la comitiva presidencial, 1908.
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El azúcar que se enviaba hacia el
interior del país se transportaba por agua y por ferrocarril. En 1921, la ruta del
azúcar era Sincerín-Calamar-La Dorada; de allí era transbordada al ferrocarril de La
Dorada hasta Beltrán, en donde nuevamente remontaba el Alto Magdalena en vapor hasta
Girardot. Si no se presentaban inconvenientes imprevistos, la demora de un vapor expreso
era entre diez y doce días 85.
Para 1924 el transporte marítimo y
fluvial del Central Colombia contaba con tres buques y seis barcos de vapor, nueve bongos
o planchones con una capacidad transportadora de 2.334 toneladas, que constituían la
Empresa de Navegación del Dique 86. Estos buques, descritos
como "del tipo alemán", muchos de los cuales fueron fabricados por hábiles
artesanos de la región, contaban con instalaciones para combustible de fuel-oil, y
algunas con ciertas comodidades para los pasajeros. Para carga y descarga, el Central
poseía una grúa para doce toneladas, y una romana para veinte mil kilos. Para el momento
de su liquidación, en 1952, el Central contaba con un equipo de siete tractores, más de
ochenta carretas Electric Wheel y varias docenas de camiones, "la niña bonita del
ingenio" en ese entonces 87.
Producción
El Central Colombia produjo en 1909,
durante su primera zafra, 5.082 toneladas de azúcar refinado, pol. 96 grados; aspiraba a
producir el doble y no fue considerada una buena zafra porque aún no se había terminado
de instalar la totalidad de la maquinaria, y porque la estación de lluvias se adelantó,
y fue muy fuerte, perjudicando la molienda. Exportó en esa ocasión 1.903 toneladas a
Inglaterra y 1.304 a Estados Unidos 88. Al año siguiente,
1910, su producción durante los tres meses de duración de la zafra fue de 5.175
toneladas. Su capacidad de molienda era entonces de mil trescientas toneladas de caña en
veinticuatro horas 89.
Los costos de la producción fabril
variaban de acuerdo con la tecnología empleada. Para 1921, el presidente de la Sociedad
de Agricultores de Bogotá calculaba que para la producción de azúcar en trapiches que
utilizaban el anticuado sistema de trenes jamaiquinos el costo de producción de una
tonelada era de 135 pesos oro 90. Si se disponía de tachos al
vacío para la evaporación de los caldos y de centrífugas para la cristalización del
azúcar, los costos descendían a 120 pesos oro la tonelada 91.
Cuando la zafra resultaba insuficiente, el costo de producción del azúcar se recargaba
considerablemente.
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CUADRO
3.
Fuente: Hermes Andreas,
nestor Obando y luis Thorín C., "Informe de visita a los ingenios azucareros del
país en 1938",citado por Óscar G. Ramos en La caña de azúcar en la cultura
colombiana (inédito), Cenicaña, Cali, 1997. Los datos originales están dados en
quintales.
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Aunque la capacidad instalada del
Central Colombia era de alrededor de diez mil toneladas de azúcar por zafra, esta cifra
sólo se alcanzó en contadas ocasiones durante los cuarenta años que duró su
producción 92. Para la década de 1930, las cifras de
producción que registró el Central Colombia fueron las siguientes:
Cultivos y rendimientos de la caña
Al parecer, la vertiente agrícola del
negocio del ingenio de Sincerín, es decir, la organización del cultivo y el
rendimiento de las cañas, no fue tan eficiente como el manejo de las máquinas: el
sistema de colonato no resultó ser lo más conveniente, como tampoco lo fue en Cuba, y no
siempre las cosechas de caña fueron buenas o suficientes; la inexistencia de riego, las
variedades de caña sembradas, o los impredecibles cambios climáticos tropicales fueron
factores importantes de cuyo manejo dependía el formidable abastecimiento de cañas que
demandaban sus instalaciones. Al respecto, Antonio Samper Uribe observaba, a raíz de la
zafra de 1913, que
el verano y la langosta han hecho
estragos. La empresa logró destruir la langosta con un gasto de más de $ 700.000, pesos
papel, pero los malos efectos del verano no ha podido contrarrestarlos, por falta de
trabajos de irrigación. El rendimiento por hectárea me parece que no va a alcanzar este
año a cuarenta toneladas, a juzgar por el mal estado de la plantación [...] A mi modo de
ver, la calidad de los terrenos es buena, y lo que hace falta para que la caña sea
exuberante y jugosa es riego y una labor más intensa y esmerada
93
.
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Mazas del molino del Central
Colombia recién desembarcadas.
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El sistema que se
organizó para el cultivo y la recolección de la caña consistió en dividir los
potreros, a la manera de un tablero de ajedrez, en colonias de una extensión aproximada
de cuarenta a cincuenta hectáreas, de cuyo cultivo se hacía responsable un
"colono" nombrado por la empresa, generalmente escogido entre antiguos
trapicheros de la región o entre parientes y amigos. Estos colonos eran los encargados de
vigilar la siembra y el cultivo, contratar a los cortadores de caña en tiempos de zafra,
que en los primeros años fueron entre ochocientos y novecientos campesinos de la región.
La empresa suministraba a los colonos los fondos necesarios para el cultivo y la
recolección, así como los implementos agrícolas, y en el momento de la zafra les
compraba la caña producida, generalmente según y cómo estuvieran los precios en el
mercado 94. Según el citado informe de A. Samper Uribe, en
1913 por tonelada de caña el Central pagaba al colono dos pesos oro, puesta en el
trapiche, de los cuales el colono debía sustraer el costo del corte de la caña, por el
cual pagaba cincuenta centavos oro por tonelada al machetero, y el costo del acarreo de la
caña de la colonia al batey, por el cual pagaba al Central veinticinco centavos la
tonelada, por lo cual la utilidad del colono en una tonelada de caña, pagados corte y
acarreo, venía a ser de 1,25 pesos oro, y la de los macheteros, calculando que cortaran
dos toneladas diarias, venía a ser de 1 peso oro por día, suma que, según el concepto
de Samper Uribe, "me parece deficiente, y ha ocasionado que los colonos se cuelguen,
como dicen los comerciantes de sus clientes morosos" 95.
Samper Uribe informó que los jornales en 1913 eran pagados con papel moneda, y habla de
jornales de cincuenta pesos papel para esa fecha. Para 1924, el salario de un cortador de
caña en el Central oscilaba entre 1,20 y 1,60 pesos oro diarios, pues el corte de una
tonelada se pagaba a ochenta centavos, y el cálculo de este rendimiento seguía siendo de
dos toneladas diarias por día para cada trabajador. La población total del Central para
la zafra de 1924 había pasado a ser de tres mil hombres, y las hectáreas cultivadas de
caña a seis mil 96. El Central proveía a sus empleados de
atención médica y medicinas en un "hospital" dotado, así como de vivienda,
agua y energía a una parte de sus empleados.
Los
precios del azúcar
Es indudable que la creación del Central
Colombia marcó un hito en la industria azucarera del país, por el volumen de producción
y la calidad del azúcar que puso en el mercado nacional. Ello, sumado a la oposición que
durante el Quinquenio había suscitado el desempeño económico del gobierno, motivó
continuas críticas en la prensa bogotana acerca de la "competencia desleal" que
había generado la "producción azucarera subsidiada" de Sincerín 97. Del ofrecido subsidio de Reyes por 150.000 pesos, los
empresarios sólo habían recibido 50.000, en 1909; la empresa no sólo renunció al
subsidio concedido por el gobierno, sino que devolvió lo recibido por medio de un
memorial dirigido al Ministerio de Hacienda y a través de Dionisio Jiménez, quien viajó
expresamente a Bogotá con ese propósito 98.
En un estudio llevado a cabo en 1921
sobre la creación de la Central de Peñalisa en Girardot, el autor, ingeniero agrónomo
Deneumostier, estimaba que el consumo de azúcar en el territorio de los actuales
departamentos de Tolima, Cundinamarca, Boyacá, Meta y parte del Huila oscilaba entre
16.000 y 22.000 toneladas, de las cuales la región producía alrededor de cuatro mil. Las
restantes cantidades eran importadas tanto del extranjero como de los departamentos de
Bolívar y el Valle del Cauca exclusivamente 99. Los precios
del azúcar alcanzados en el interior del país eran más convenientes que los pagados en
Estados Unidos, razón por la cual la producción del Central Colombia se dirigió
mayormente a abastecer el mercado del interior del país. El azúcar colombiano pagaba en
Estados Unidos un veinte por ciento más de derechos de importación que el proveniente de
Cuba, para el cual se habían estipulado ventajas arancelarias. Además de este
inconveniente, y del recargo del flete hacia Estados Unidos, el precio que se obtenía
allá era muy inferior al que se pagaba en el interior del país. En 1913 el precio pagado
en Estados Unidos, por ejemplo, era de cuatro centavos la libra, muy inferior al que se
obtenía en ese momento en el interior del país, el cual fluctuaba entre seis y diez
centavos la libra, e incluso llegaba a veces hasta doce centavos la libra de azúcar 100.
Antes de la creación del Central
Colombia, el azúcar importado que se consumía en el país se expendía en el interior
del país a 20 pesos oro el quintal; el Central comenzó a suministrar azúcar refinado,
de excelente calidad, por un valor de 1 peso oro la @ en Cartagena, 4 pesos oro el
quintal, y 8 pesos oro el quintal puesto en Bogotá 101.
Antes de la Primera Guerra Mundial, es decir, entre 1910-1914, el saco de azúcar blanco
de 62,5 kilogramos se vendía en el interior del país a ocho, nueve y diez pesos oro; es
decir, entre trece y dieciséis centavos oro el kilogramo, lo que correspondía a 128, 144
y 160 pesos por tonelada. En 1921, los precios más bajos del azúcar en el interior del
país alcanzaron a ser de 14, 15 y 16 pesos oro el saco; es decir, 224, 240 y 256 pesos la
tonelada 102.
Los costos ocasionados por los fletes en
el transporte de Sincerín a Girardot eran, en 1921, de 43,39 pesos oro la tonelada,
ofreciendo a los empresarios cartageneros una ventaja comparativa con los costos del
transporte desde el Valle del Cauca al mismo lugar, que ascendían a 100 pesos oro la
tonelada 103. Las condiciones favorables de costos en el
transporte de la Costa hacia el interior del país dejaron de ser ventajosas hacia finales
de los años veinte y sobre todo en la década del treinta, en la medida en que se
desarrolló la red vial y férrea del país en la zona cafetera andina, como señalaré
más adelante.
Principio
del fin
En julio de 1923 murió Carlos Vélez
Daníes. Su hijo Dionisio tenía entonces 36 años y había estado trabajando en el
Central desde temprana edad. Residía en la hacienda San Agustín con su esposa, Magdalena
González, y allí había visto nacer a sus hijos. A la muerte de su padre, estaba mucho
más al tanto del manejo cotidiano del ingenio que su tío Fernando o sus primos hermanos
Carlos y Fernando Vélez Pombo. Tal vez por ello, al faltar Carlos, la junta de la
asamblea general de accionistas de la Colombia Sugar Co. lo nombró en 1924 administrador
por unanimidad, y no a Fernando, quien en el orden de las jerarquías familiares debía
suceder a su hermano 104.
Los hijos de Fernando,
además, se habían ausentado del país siendo niños, en 1898, y cuando regresaron a
Cartagena, alrededor de 1915, tal vez no conocían en el terreno el funcionamiento del
Central, o por lo menos Dionisio les aventajaba en ello. Dionisio Vélez Torres, una vez
que asumió la gerencia del ingenio, proyectó la instalación de un moderno sistema de
irrigación, que no se ejecutó en su totalidad, y llevó a cabo la instalación de una
nueva planta para la utilización de los desechos del ingenio en la producción de alcohol
industrial, vinagre y levadura 105.
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Ferrocarril para
transportar la caña al molino.
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Las primeras dificultades fueron
visibles a raíz de la trágica desaparición de Fernando Vélez Daníes, ocurrida el tres
de agosto de 1938, seguida por la muerte de su hijo Fernando, dos meses más tarde. Para
entonces, y debido a los dos juicios de sucesión que la empresa debió afrontar, se
llevó a cabo un cómputo de los activos líquidos, pérdidas y ganancias de la Colombia
Sugar Co. durante los años 1934-1937, con el objeto de deducir promedios que sirvieran en
el avalúo de las acciones de la empresa 106. El promedio del
capital obtenido en esos cuatro años fue de $ 2.654.367,57. Los resultados promediales
arrojaron los siguientes resultados: en 1934, pérdidas por $ 192.381,92; en 1935,
ganancias por $ 180.263,96; en 1936, ganancias por $ 189.093,00; y en 1937, por $
166.941,87.
Las cifras anteriores, asumiendo las
pérdidas de 1934, muestran un balance de $ 342.917,65 de utilidad en los cuatro años. El
capital autorizado era de dos millones quinientos mil pesos; el capital suscrito era de
veinticinco mil acciones, por un valor nominal de cien pesos la acción. El promedio de
utilidad no repartida fue de 3,44%. Sin embargo, en esa ocasión y con el objeto de
obtener una evaluación realista del valor de las acciones de la compañía, se pidió la
opinión a varios comerciantes de la ciudad. De los seis conceptos solicitados entre
personas destacadas del comercio, incluido el de la Cámara de Comercio, cinco
coincidieron en que, aunque era difícil evaluarlas comercialmente, por no encontrarse
esas acciones en el mercado bursátil, su valor aproximado oscilaba entre $ 35 y $ 38 la
acción. La sexta opinión, expresada por Dionisio Vélez Torres, fue que "su valor
comercial era casi nulo, pues la Colombia Sugar Co. para esa fecha (1939) llevaba unos
siete años sin repartir dividendos, por lo que para él su valor figuraba en los libros
en $ 25 pesos acción" 107.
La falta de unidad en el manejo de la
empresa contribuyó a dificultar su desempeño en un momento en que debió enfrentar retos
como el que se presentó durante la crisis mundial de los años treinta, que produjo la
caída en los precios del azúcar, y el surgimiento de una fuerte competencia en el Valle
del Cauca.
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Vapor Flora, propiedad de
Vélez Daníes & Cía., en el canal del Dique.
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Dionisio Vélez Torres, a raíz de
la muerte de su padre, heredó parte de la tierra de la hacienda San Agustín, lo que lo
convirtió en colono poderoso, dueño de una parte de la caña necesaria para el buen
funcionamiento del ingenio, y en los años siguientes (tal vez por compra que hiciera a
sus tres hermanas), en propietario de las tierras alrededor de la fábrica, embotellando
su acceso al puerto y dificultando su funcionamiento. Por último, en la década de los
cuarenta, montó un trapiche, el Ingenio Santa Cruz, distante unos diez kilómetros del
Central Colombia y en las mismas tierras de San Agustín, convirtiéndose en su competidor108. La producción del Central Colombia bajó ostensiblemente
de 10.586 toneladas, en una zafra muy buena de 1940, a 4.138 toneladas en 1946, cuando
entró en funcionamiento el Ingenio Santa Cruz, que produjo en esa ocasión un mil
cincuenta toneladas 109.
Después de sufrir varios años de
dificultades administrativas, en octubre de 1951 la asamblea general de accionistas de la
Colombia Sugar Co. decidió disolver la compañía y decretar su liquidación. En 1953
entrarían en liquidación sus últimos bienes; Hernando Caicedo, uno de los propietarios
del Ingenio Riopaila, del Valle del Cauca, adquiriría una parte de la maquinaria 110.
El ejemplo del Central Colombia en la
Costa fue seguido por la creación de dos ingenios en los años siguientes, el Ingenio
Sautatá, en la frontera con Panamá y a orillas del Atrato, en 1921, y el Ingenio
Berástegui, en el Valle del Sinú, en 1928.
La región de Sautatá, entonces
perteneciente a la intendencia del Chocó, era tierra de condiciones óptimas para la
agricultura, en donde se producían "cañas de 28 pies de largo y 22 libras de
peso" 111. El promedio de producción de cañas en
Sautatá era de alrededor de setenta toneladas por hectárea (en el Valle del Cauca era de
ochenta toneladas de caña por hectárea, y en Sincerín el promedio era de unas 45
toneladas). La hacienda en donde se montó el ingenio tenía cinco mil hectáreas de
extensión, situadas en la margen izquierda del río Atrato, a una distancia de 38 millas
de su desembocadura, y a 28 kilómetros de la frontera panameña, por lo que tenía fácil
acceso tanto a la Costa Caribe como a la Pacífica. En el pasado había sido una finca
ganadera. Sus promotores en 1921, los empresarios Abuchar, se habían asociado con capital
puertorriqueño para la instalación fabril. La primera zafra la tuvo en 1923 y, en vista
de las pérdidas que afrontó, se vio en la necesidad de refinanciar el ingenio con el
aporte de un nuevo capital propiciado por la firma A & T Meluk asentada en Cartagena,
la cual obtuvo el 60% de las acciones. La empresa no tuvo éxito, y en 1941 sus dueños
decidieron formar una sociedad anónima, interesando al Instituto de Fomento Industrial.
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Vista del
edificio principal, el depósito cubierto donde se almacenaba el bagaz y la chimenea del
Central.
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El Ingenio de Berástegui había
sido un viejo sueño del general Francisco Burgos Rubio. En 1928, la Casa Burgos, de
Cereté, en asocio con Pombo Hermanos, de Cartagena, fundaron la Empresa Azucarera de
Berástegui, con un capital de un millón de dólares e igual número de acciones entre
las partes. La primera zafra del Ingenio de Berástegui ocurrió en el verano de 1931, en
medio de circunstancias adversas difíciles de modificar, como fueron la gran depresión
mundial en los precios del azúcar y la restricción de los créditos. En septiembre de
1946, el general Burgos vendió sus acciones en el Ingenio, a $ 70 la acción, a un grupo
de azucareros del Valle del Cauca; en los dieciocho años que llevaba de fundada, esta
empresa no había repartido dividendos. El Ingenio de Berástegui se extinguió en 1948,
un año después de la muerte del general Burgos 112.
EPÍLOGO
CON REFLEXIONES
El Central Colombia fue fundado en un
momento de expansión de la producción azucarera en el área del Caribe insular.
Bástenos con saber que ya para 1895 existían unos 250 centrales en Cuba, y que para
1920, Cuba, Puerto Rico y la República Dominicana, principales proveedores de Estados
Unidos, elaboraron un total de 4.533.119 toneladas de azúcar, equivalentes al 29,3% de la
producción mundial 113. Copado el mercado norteamericano por
la producción y las preferencias arancelarias concedidas a las "islas del
azúcar", autoabastecido el mercado europeo por su protegida producción de azúcar
de remolacha, la producción colombiana nació destinada a suplir los mercados nacionales,
en donde obtenía un mejor precio que en el exterior. Las cantidades de azúcar exportadas
por el Central Colombia y La Manuelita entre 1910-1922, coyuntura que se presentó por la
Primera Guerra Mundial, fueron mínimas: 17,2 toneladas por un valor de $ 396.169,80 114. El Central Colombia supo aprovechar, durante sus veinte
años iniciales de existencia, las ventajas comparativas que le proporcionaron su
capacidad y calidad productiva, logrando proveer los mercados nacionales con precios más
competitivos.
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Vista lateral
del edificio principal. Al lado los talleres, la locomotora del ferrocarril, una
grúa y el tanque elevado.
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Durante la década de los años
treinta el creciente consumo nacional de azúcar era superior a la producción existente,
por lo que el país se veía en la necesidad de importar azúcar: entre 1935 y 1936 el
consumo nacional de azúcar había crecido de 36.770,7 toneladas anuales a 50.736,5
toneladas, y había permanecido en 50.345 toneladas el siguiente año 115. Si existían los mercados y el consumo había aumentado,
¿por qué, entonces, la producción azucarera de la Costa Caribe decayó en la década
del cuarenta hasta desaparecer para 1950?
Una de las razones insinuadas para el
caso del Central Colombia es la de que, al no poder escapar del monopolio familiar de sus
accionistas, y de sus irreconciliables diferencias, la empresa no se modernizó en el
momento en que tocaba, para poder enfrentar la competencia que le representó la creación
de nuevos ingenios en el Valle del Cauca, así como la caída mundial de los precios
durante la crisis mundial de los años treinta. Quisiera, sin embargo, proponer otras
variables que tal vez fueron también determinantes en su desaparición, y que
ameritarían una investigación más profunda.
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Casa del gerente en el Central Colombia,
Sincerín.
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Una explicación del éxito inicial
y del posterior fracaso de los ingenios que se crearon en la Costa Caribe estaría
directamente relacionada con la evolución de las condiciones del transporte en el país
en el transcurso de los cuatro primeros decenios del presente siglo. En 1910, Colombia era
todavía un país de regiones aisladas, incomunicado, sin carreteras, sin puentes y con
poquísimos tramos de vías férreas que cumplían con unir las ciudades con el río
Magdalena. En la costa norte era mucho más fácil viajar en barco entre sus principales
puertos que hacerlo por los caminos de herradura que se volvían intransitables en épocas
de lluvias. Cuando Santiago Eder importó la maquinaria para su ingenio, en 1897, ésta
demoró menos en ser transportada desde Liverpool hasta Buenaventura, que los dos años y
medio que empleó en trasladarla desde el puerto colombiano hasta Palmira. Los Vélez
Daníes, por el contrario, en unos cuantos días habían transportado una pesada
maquinaria desde Cartagena hasta el corazón de Sincerín, y la utilería empleada
(grúas, planchones, barcos remolcadores, líneas férreas) había sido muy ventajosa a
las condiciones geográficas. Igualmente, cuando Francisco Burgos R. adquirió en Nueva
York la maquinaria para el Ingenio de Berástegui, ésta pudo fácilmente introducirse a
través de la bahía de Cispatá por el río Sinú hasta Cereté. La proximidad al puerto,
y la comunicación que ofrecían los ríos Magdalena, Atrato y Sinú, fueron de vital
importancia en la creación de estas empresas costeñas, tanto para el transporte de la
maquinaria como para el acceso a los mercados. Sin embargo, lo que fueron ventajas
comparativas entonces desaparecieron en el curso de los siguientes decenios, cuando tuvo
lugar un cambio en el desarrollo económico del país, debido al éxito alcanzado en las
exportaciones cafeteras. Ello, unido a la "danza de los millones", a finales de
los años veinte, favoreció una gran inversión en el país en vías de comunicación,
tanto en férreas como en caminos, especialmente notoria en la región cafetera andina.
Eduardo Posada Carbó lo ha explicado en esta síntesis:
Después de la apertura del Canal de
Panamá en 1914, la discusión sobre el transporte [en el país] se convirtió en
una lucha por las rutas. Aunque hasta ese momento la construcción de vías férreas
estaba orientada hacia la conexión con el río Magdalena como la principal arteria
comercial, desde ese momento los ferrocarriles comenzaron a mirar hacia el Pacífico. Esta
tendencia se consolidó después de 1930, cuando el programa de obras públicas se centró
en la construcción de vías casi exclusivamente en el interior del país. Hasta 1950
ningún ferrocarril o carretera comunicaba el interior andino con la costa [...]
[...] Para 1930 el Ferrocarril del
Pacífico fue integrado al Ferrocarril de Caldas y existían planes para atravesar la
cordillera y conectarse al Ferrocarril del Tolima. Para entonces los Ferrocarriles de
Caldas y el Pacífico, unidos con el Ferrocarril de Antioquia, formaron una red en el
occidente del país que conectó a Buenaventura con las regiones cafeteras más
importantes. Buenaventura adquirió nuevas ventajas con el complemento de una carretera al
mar en 1945
116
.
Cartagena y Barranquilla habían
permanecido apegadas a la idea de la canalización del Dique y a la apertura de Bocas de
Ceniza como las obras vitales en su desarrollo, a diferencia de las necesidades sentidas
en el interior del departamento. Las vías más necesitadas en el departamento de
Bolívar, por las que se clamaba desde la provincia en El Porvenir para 1916, eran: una
carretera que uniera a Tolú con las sabanas del interior del departamento; una vía que
uniera al valle del Sinú con el río Magdalena y se prolongara hasta los Santanderes; una
carretera que uniera a Cartagena con el valle de Marialabaja, y el mejoramiento del camino
entre Cartagena y Barranquilla 117. Una de las razones que
alegaba el general Burgos para explicar el fracaso del Ingenio de Berástegui había sido
el incumplimiento en la construcción de la carretera Montería-Magangué, "que se
tenían por seguras" cuando se hizo la inversión del ingenio. El desarrollo vial y
férreo a partir de los años treinta en el occidente colombiano favoreció la
competitividad de la producción azucarera del Valle del Cauca, vecina de esta poblada
región del país.
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CUADRO 4. Ingenios
colombianos existentes en 1938.
Fuente: Guillermo Ramos Nuñez,
"Curso de caña de azúcar", citado por Ócar G. Ramos en su trbajo inédito La
caña de azúcar en la cultura colombiana, Cenicaña, Cali, 1997. Los datos
originales están dados en kilos.
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Hotel del
Central Colombia, Sincerín.
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Un segundo factor desventajoso para
los ingenios de la Costa Caribe está relacionado con las condiciones geográficas y
climáticas del Valle del Cauca, que, sumado a un ineficiente manejo agrario en los
ingenios de la Costa, permitió a los caucanos una producción azucarera más competitiva.
En 1938 existían tres zonas azucareras en el país, claramente señaladas en el cuadro 4.
Como nos indican las cifras allí anotadas, en 1938 la Costa Caribe colombiana produjo el
28,8% del total de la producción nacional, Cundinamarca un 7,4%, y el Valle del Cauca un
62,9%. La producción de La Manuelita había doblado para entonces la del Central
Colombia, y un total de siete ingenios se habían montado en la región del Valle del
Cauca, en donde sus cualidades geográficas y climáticas son excepcionales para la
producción azucarera, entre otras cosas por la concentración de sacarosa alcanzada en la
caña, debido a los cambios de temperatura entre el día y la noche. Esto fue confirmado
en 1929 por la Misión Chardon (un grupo de agrónomos puertorriqueños que visitó para
esa fecha las regiones cañeras de Colombia), al reconocer las condiciones agrarias del
Valle del Cauca que tienen el privilegio de producir en "zafra permanente", es
decir, dos o más cosechas anuales, condiciones que sólo existen, según estos
especialistas, en los valles del norte del Perú, en Hawai y en el Valle del Cauca 118.
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Estado
actual de las que fueron casa de Fernando Vélez D. y Carlos Vélez D., respectivamente,
en Manga, Cartagena (Tomadas de: Así es Colombia, Ediciones Gamma, Santafé de
Bogotá, 1997, fotografías de Andrés Lejona.
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Opiniones acerca del Central Colombia
1907. Del ingeniero
cubano Luis Bacallado, quien eligió e instaló la maquinaria para el Central:
"Hasta el nombre del ingenio
revela el fin de esos hermanos Vélez: ¡Central Colombia!...Cuánta gloria para ellos y
el General Reyes y cuánto bien para sus paisanos: introducir una industria tan grande en
su país y empezarla de un tamaño tan colosal, mejor dicho, empiezan ellos por donde
concluimos nosotros, tan viejos en hacer azúcar...". El Porvenir, 14 de junio de
1907.
Del presidente, general Rafael Reyes,
quien visitó el ingenio en dos ocasiones, en 1908 y en 1909:
"En cuanto al ingenio Central
Colombia, todo lo que yo sabía sobre él y lo que ha publicado la prensa es mucho menos
de lo que he palpado al visitarlo durante las ocho horas que pude dedicarle...". El
Porvenir, 8 de mayo de 1908.
1910. Del periodista
bogotano Rufino Cuervo Márquez explicando a sus lectores las dimensiones del Central:
"...Como la prensa bogotana, no
siempre dirigida ni redactada por bogotanos, es la que más se ha ocupado en tono airado
del Central Colombia, y como casi la totalidad de dichos escritores sí conoce a Bogotá y
no conoce los campos de Sincerín, nos permitimos, para que se formen idea de la magnitud
de dicha empresa, manifestarles lo siguiente:
La extensión de los campos de caña,
en el Central Colombia, equivale a dos veces y media el área edificada de la capital de
la república; las líneas férreas que allí funcionan son, por lo menos tres veces, más
extensas y de indiscutible mejor calidad que las del tranvía de Bogotá, incluyendo a
Chapinero; el salón del Central [la fábrica] es más amplio que la parte cubierta de la
catedral de Bogotá, la cual es, aparte de aquel, el edificio más espacioso que conocemos
en Colombia; y, por último, el Central Colombia, que actualmente se halla en capacidad de
producir diez mil @ de azúcar diarias, y produce solo siete mil (o sea $7.000 dólares),
resiste la comparación en capacidad productora a cualquier otra empresa industrial de
nuestra patria". El Porvenir, 13 de abril de 1910.
Del general Francisco Burgos a su hermano
Manuel, en carta fechada en agosto de 1927:
"...Fernando Vélez Daníes me
dijo que sembráramos caña, porque ya ellos no pueden producir toda la que consume el
país. Si el negocio de Sautatá se ensancha, me gusta que los Vélez Daníes miren bien
que los Burgos también hagamos negocios que nos den mayores ganancias que el
arrendamiento de pastos. Me ufano de que mi estudio del negocio del azúcar, que hice en
Cuba y en Nueva York, hizo millonarios a los Vélez Daníes con su ingenio en
Sincerín..."
Índice
cronológico
1819. Nace en Cartagena
Dionisio Vélez Méndez, el 19 de marzo, hijo de Agustín Vélez de la Barreda y Manuela
Méndez de Bustos.
1828. Se funda la
Universidad de Magdalena y el Istmo, actual Universidad de Cartagena.
1849. La peste del
cólera se cobra más de dos mil vidas en Cartagena y su provincia. Dionisio Vélez
Méndez emigra a Riohacha.
1859. Nace en Riohacha
Carlos Vélez Daníes, hijo de Dionisio Vélez Méndez y Margarita Daníes Kennedy. Le
había precedido Margarita.
1862. Nace en Riohacha
Fernando Vélez Daníes, último hijo del matrimonio Vélez Daníes.
1864. Santiago Eder
adquiere la hacienda La Manuelita, de Jorge Isaacs, en Palmira (Valle del Cauca).
1873. Los hermanos
Campbell Stevenson y Nicolás de Zubiría fundan el Ingenio de María, en la región de
Marialabaja.
1876. Nicolás Daníes,
abuelo materno de los Vélez Daníes, anuncia en venta su hacienda en Dibulla (Guajira),
incluido el trapiche con trenes jamaiquinos en el que ha invertido más de 300.000
dólares.
Asonada política en Cartagena en la que
muere asesinado Agustín Vélez Méndez, tío de los Vélez Daníes.
1876-1880. Carlos y
Fernando Vélez Daníes estudian en Sandhurst (Inglaterra).
1878. Dionisio Vélez
Méndez contrae segundas nupcias, con Dolores de Pasos, en Cartagena.
1879. Se inaugura una
Junta Central de Agricultura, presidida por el cubano Francisco J. Balmaseda.
1883. Los hermanos
Vélez D., establecidos en Cartagena, solteros, en compañía de Margarita, la hermana
mayor, viuda, forman la compañía comercial Vélez Daníes & Cía.
1885. Margarita Vélez
Daníes es separada de Vélez Daníes & Cía. Contrae segundas nupcias con Atilio de
Andréis, su tío político, viudo.
1886. Para esta fecha
ambos hermanos han contraído matrimonio, Carlos con Catalina Torres Hoyos, y Fernando con
Helena Pombo Montes.
1887. Nace Dionisio
Vélez Torres, primogénito de Carlos y Catalina. Además tendrían tres hijas: Carlina,
Catalina y Florina.
1888. Nace Carlos Vélez
Pombo, hijo mayor de Fernando Vélez Daníes. Le seguirían Fernando Vélez Pombo y Helena
Vélez Pombo.
1876-1888.
Primera bonanza exportadora ganadera hacia Cuba, motivada por la guerra de los Diez Años
cubana (1868-1878).
1888. Vélez Daníes
& Cía. adquiere los terrenos llamados El Bajo Miranda, en jurisdicción del distrito
de Turbaco.
1890. Se abre el
Instituto Musical de Cartagena.
1891. Fernando Vélez D.
funda el Club Cartagena y ejerce de presidente hasta 1894.
1893. Inauguran tramo de
ferrocarril Cartagena-Turbaco.
1898. Segunda bonanza
exportadora ganadera hacia Cuba (1898-1906), motivada por la guerra de Independencia.
Fernando Vélez Daníes traslada su residencia a La Habana.
1900. José Manuel
Marroquín es elegido presidente de Colombia.
1901. Santiago Eder pone
a funcionar la nueva maquinaria que ha traído desde Glasgow para su ingenio La Manuelita,
cuya capacidad de molienda aumenta y produce 5 toneladas de azúcar diarias por cosecha.
1902. Concluye la guerra
de los Mil Días. Habrá gobiernos conservadores hasta 1930. Separación de Panamá.
1904. En julio se
inaugura el servicio de alumbrado eléctrico.
En agosto el general Rafael Reyes es
elegido presidente de Colombia.
1905. El general
Dionisio Jiménez comienza a planear la urbanización en la isla de Manga.
El gobernador Henrique L. Román firma
contrato con el súbdito jamaiquino James T. Ford, para la construcción del primer
acueducto de la ciudad, llamado popularmente "el acueducto de Matute", por el
origen de sus fuentes de acopio.
1906. En enero viaja a
La Habana Carlos Vélez D., y regresa dos meses después con Luis Bacallado. Se inaugura
el puente Román, y muere Joaquín F. Vélez.
El gobierno firma un contrato con Vélez
Daníes & Co. para la construcción y puesta en marcha de un ingenio en Sincerín.
Atentado contra el general Reyes y su
hija.
1907. Se crean la
Cartagena Oil Refining Co., en Turbaco, y el Central Colombia en Sincerín.
En la primera también son accionistas
los Vélez. The Colombia Sugar Company se constituye como una sociedad norteamericana.
Muere en Cuba Francisco J. Balmaseda.
1908. En el mes de mayo
el general Rafael Reyes, presidente de la república, visita a Sincerín, en un recorrido
político que hace por la Costa Atlántica. Le acompaña Carlos, puesto que Fernando se
encuentra en La Habana. Reyes regresará en octubre y, junto con Carlos, Fernando y
Dionisio Vélez Torres, se tomará una fotografía, incluida en este trabajo, en
Sincerín.
1909. Primera zafra del
Central Colombia: 5.082 toneladas de azúcar refinado.
Vélez Daníes & Cía. compra tierras
en Mahates.
Los SS. Lewis and Brunch instalan un
cinematógrafo en el Teatro Mainero, en el que proyectan vistas, con lleno total.
1910. El Central
Colombia produce en su segunda zafra 5.175 toneladas de azúcar.
La Manuelita ha ampliado su capacidad de
molienda a 20 toneladas diarias por zafra.
The Colombia Sugar Co. es disuelta y se
nacionaliza como colombiana bajo la razón social de La Colombia Sugar Co.
Carlos E. Restrepo, nuevo presidente de
Colombia, nombra a un cartagenero, Jerónimo Martínez Aycardi, ministro del Tesoro.
El concejo firma contrato con Wm. J.
Meagher para la macadamización y adoquinación de las calles de la ciudad.
1911. Se funda la
Compañía Colombiana de Extractos Tánicos. Carlos Vélez Daníes entre los fundadores.
Fernando Vélez D. llega de visita,
procedente de La Habana.
1913. Vélez Daníes
& Cía. adquieren la hacienda Aguas Vivas en jurisdicción de los distritos de Arjona
y Turbaco.
Woodrow Wilson es elegido presidente de
los Estados Unidos.
1914. Se abre el Canal
de Panamá. Saludan la llegada de Fernando Vélez, procedente de Colón.
Es asesinado Rafael Uribe Uribe, líder
liberal.
1916. Se funda la
Cámara de Comercio. Pearson and Son presentan su informe sobre las obras recomendadas
para el mejoramiento y saneamiento del Puerto. Se hacen mejoras en el camino entre
Cartagena y Barranquilla.
Reelegido W. Wilson como presidente de
los Estados Unidos.
1917. Quiebra el Banco
Unión.
1918. Marco Fidel
Suárez, nuevo presidente de Colombia.
1923. Muere Carlos
Vélez Daníes. Su hijo Dionisio asume la gerencia del Central.
Sautatá produce en una primera zafra
11.000 sacos de azúcar.
1928. Creada la Empresa
Azucarera de Berástegui.
1930. Termina la
hegemonía conservadora. El nuevo presidente de Colombia es Enrique Olaya Herrera.
1931. Primera zafra del
Berástegui.
Gran depresión económica mundial que
trajo baja en los precios del azúcar.
1938. Mueren Fernando
Vélez Daníes y Fernando Vélez Pombo.
1953. Entran en
liquidación los últimos bienes del Central Colombia.
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