Fitogeografía, paisaje
y territorialidad al comienzo del siglo XIX
ALBERTO CASTRILLÓN
Departamento de historia, Universidad Nacional de Colombia (Medellín)
Investigación fotográfica: Patricia Londoño Vega
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Alexander von Humboldt,
óleo, 1859. (Alexander von Humboldt, inspirador de una nueva ilustración en
América, Instituto Ibero-Americano, Berlín, 1988).
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TABLA DE CONTENIDO
GEOGRAFÍA Y
VEGETACIÓN
CONDICIONES
DE POSIBILIDAD DE LA FITOGEOGRAFÍA
EL PAISAJE
Y LAS ESTÉTICAS DE LA VEGETACIÓN AL COMIENZO DEL SIGLO XIX
FITOGEOGRAFÍA,
TERRITORIO Y TERRITORIALIDAD TROPICAL
GEOGRAFÍA Y
VEGETACIÓN
Comprender los contrastes existentes
entre paisajes fue el objetivo más importante de Alejandro de Humboldt en América 1. El estudio de la diferencia entre paisajes supone una
fragmentación del territorio,
...el intento de elaborar un cuadro
general de la naturaleza es tan difícil que en lugar de limitarnos a describir en detalle
las riquezas de sus formas tan variadas, nos proponemos pintar los grandes conjuntos...
2
.
Así, en los albores del siglo XIX, la
concepción de la naturaleza vegetal cambia de sentido. En lugar de descubrir en ella la
manifestación de la voluntad divina que soporta un orden eterno y universal 3, se trata ahora de comprender las dimensiones específicas que
la fragmentan en paisajes. De la búsqueda de la armonía universal en concordancia con la
voluntad de Dios, pasamos a la visualización de una naturaleza vegetal material dividida.
Las variedades de plantas que coexisten en los paisajes pueden ser consideradas como
manifestaciones de la actividad de una naturaleza autónoma con relación a Dios; es
decir, regulada según sus propios ritmos y sus propias leyes. La distribución
geográfica de las plantas es la expresión de la relación específica regional de las
plantas con la Tierra 4. En una región, muchos factores
concurren para formar medios diferentes: la latitud, puesto que las precipitaciones, así
como la temperatura, decrecen en general del ecuador hacia los polos 5; la altitud, porque a mayor altura, más precipitaciones de
agua y las temperaturas disminuyen; el relieve, puesto que la sucesión altitudinal en una
montaña conlleva una sucesión de tipos de vegetación bajo formas de especies de bandas
que la rodean y que Humboldt delimita por medio de líneas isotérmicas; la diferencia
topográfica influencia diversamente el clima local: las colinas obligan al viento a
elevarse y favorecen las lluvias, los valles canalizan el viento y crean corrientes de
aire; ciertas depresiones retienen el aire frío. Aún más: el relieve produce barreras
de orden geográfico o climático que frenan la expansión de las especies. La
orientación del suelo, ya que ciertas vertientes reciben mucha agua mientras que otras
están al abrigo de las lluvias. Los vientos, puesto que existen numerosos vientos
locales; algunos son secos, otros cargados de humedad; ellos determinan una pluviosidad
variable según el caso 6. La luz y la presión atmosférica,
dado que las plantas reaccionan de manera diferente según los grados de luminosidad y
según la presión del aire:
La respiración cutánea es en los
vegetales una de las funciones vitales más activas y esta respiración, en tanto que con
ella tiene efecto la evaporación, la absorción y la reabsorción de los humores acuosos,
depende de la presión atmosférica. [...] Las plantas alpinas tienen dificultad para
vivir en los llanos porque la respiración de su cubierta exterior está condicionada por
el aumento de la presión atmosférica
7
.
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Humboldt y Bonpland al pie
del Chimborazo, 1810. Óleo de Friedrich Georg Weitsch. (Alexander von
Humboldt. Inspirador de una nueva ilustración en América, Instituto
Ibero-Americano, Berlín, 1988).
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El medio es la cubierta externa en
la que las plantas crecen, y la región es el espacio geográfico que contiene las
diversidades de la naturaleza vegetal; es decir, el lugar en donde se producen las
acciones naturales que hacen posible dicha diversidadc8.
Entre los medios naturales, numerosos y variados que interesaron a Humboldt, los paisajes
de montaña fueron los más ponderados 9. En efecto, la
montaña es un ejemplo que reproduce la diferencia entre las regiones según el
paralelismo climático entre la latitud y la altitud. El modelo del corte geográfico del
Chimborazo representa, en un espacio limitado, todos los cambios climáticos y de
vegetales que se suceden del Ecuador al polo.
Ahora bien: otro factor en el estudio
fitogeográfico de una región es la clasificación de sus especies 10. La geografía de las plantas y la clasificación van a la
par en el estudio del paisaje. La clasificación es el punto de partida que permite
constituir un inventario (nivel denotativo), sin el cual la geografía de las plantas
(nivel connotativo) no sería posible. Aun si las consideraciones biogeográficas
sobrepasan la clasificación, el modelo taxonómico de la historia natural, basado en la
observación de las características externas de las plantas, permanece como herramienta
para el trabajo descriptivo de los vegetales y para el análisis fitogeográfico.
El análisis fitogeográfico combina,
entonces, informaciones climáticas, topográficas, geológicas, astronómicas y
taxonómicas con una consideración estética, con el fin de comprender las interacciones
entre los seres vivos y, más específicamente, las relaciones de los grupos vegetales con
su medio:
Si es verdad que el carácter de cada
región depende a la vez de todos los detalles exteriores, si los contornos de las
montañas, la fisionomía de las plantas y de los animales, el azul del cielo, las figuras
de las nubes, la transparencia de la atmósfera, concurren a producir lo que se puede
llamar la impresión total, hay que reconocer también que el ornamento vegetal con el
cual se cubre el suelo es el determinante principal de esta impresión
11.
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`Campamento en el
Chimborazo´, óleo de Rafael Troya, 1876. (Tras las huellas. Dos viejeros
alemanes en tierras latinoamericanas. Biblioteca Luis Ángel Arango, Bogotá,
1996).
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Aunque el tríptico
planta-suelo-clima esté en la base de toda consideración sobre la especificidad local de
una población de plantas, está claro, para el naturalista prusiano, que la implantación
de un grupo de plantas en un medio determinado depende también de intervenciones humanas.
La variable humana en la constitución de un medio emerge debido al trabajo del suelo,
bien sea de fertilización, de drenaje, de monocultivo, y del desequilibrio que engendra
una sobrepoblación animal.
Ahora bien: esta multiplicidad de
elementos interviene en la definición de una región. La fisionomía propia de cada
familia de plantas desaparece y es sustituida por la fisionomía general de un modelo
establecido como dominante en una región determinada. La botánica guía la geografía
porque permite examinar todas las especies distribuidas sobre la tierra. A partir de la
comparación entre la fisionomía de las especies, se determina la proporción relativa de
una especie de plantas en un espacio, para así definir un modelo fisionómico dominante.
Sobre un número de especies escogidas según su dominante fisionómica y según el lugar
donde se encuentran con relación a la distribución de las líneas isotérmicas, se puede
tener una idea del resto de la vegetación. De acuerdo con este planteamiento, Humboldt
estima en quince los grupos fisionómicos que pueden determinar a la vez el carácter de
una región y los diversos modos de organización según los cuales las plantas están
distribuidas. La descripción de cada grupo de vegetales con su dominante fisionómica es,
en cierta manera, una síntesis de todo el trabajo de Humboldt sobre los vegetales. El
primer grupo fisionómico es el de las palmeras:
En la mayoría de las especies, las
espatas, bien sean lisas o ásperas y erizadas de espinas, son colgantes; algunas producen
flores masculinas de una blancura resplandeciente. La espádice de estas Palmeras se ve
brillar desde una gran distancia, cuando ha alcanzado su desarrollo completo. En la mayor
parte de las palmeras las flores son amarillas, apretadas las unas contra las otras, y
casi marchitas cuando se desprenden de la espata
12.
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`Geografía de plantas
equinocciales. Tabla física de los Andes y regiones vecinas´, basado en
observaciones hechas por Humboldt entre 1799 y 1803. (Essai sur le géographie
des plantes, reed., en Nanterre, s.f.).
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La distribución de los vegetales
sobre la tierra puede comprenderse por medio de la observación de las formas dominantes.
Éstas nos permiten también caracterizar el medio en el que se encuentran los vegetales y
apreciar las condiciones físicas en las que crece una planta. La fisionomía determina el
área geográfica con la ayuda de los agentes climáticos que hemos evocado anteriormente.
La vegetación es entonces agrupada en masas de grandes vegetales que siguen leyes de
dispersión, permitiendo explicar la presencia de las mismas especies de plantas en
continentes diferentes.
Si existe una identidad fisionómica
entre las plantas que no pertenecen a la misma especie y que están situadas en regiones
alejadas, es porque hay analogías posibles entre los climas, los suelos, etc.. Una
posición geográfica, por sí misma, no determina la forma de las plantas que contiene.
Por el contrario, la semejanza fisionómica entre las especies implica una similitud en
sus condiciones de existencia. Es en la medida en que existe paralelismo climático entre
latitud y altitud que existe también paralelismo botánico entre altitud y latitud. El
escalonamiento de la vegetación del Chimborazo hace evidente la existencia de especies
que pueden ser encontradas en otros lugares si las condiciones climáticas y pedológicas
se reproducen. A cada línea isotérmica y a cada nivel de altitud del Chimborazo
corresponden plantas que no le son exclusivas. Desde el nivel del mar hasta mil metros se
encuentra la región de las palmeras; de mil a dos mil quinientos, la de la cinchona; de
dos mil seiscientos a dos mil ochocientos metros, la de Weinmanniaet de la Bardanesia; de
dos mil ochocientos a tres mil trescientos, la de las Magnoliáceas, Wintera granadensis;
de tres mil trescientos metros a cuatro mil cien metros, las de las plantas alpinas y
spéletia; de cuatro mil cien a cuatro mil seiscientos, la de los pajonales; y finalmente,
de cuatro mil seiscientos a los límites de las nieves perpetuas, la de los líquenes.
Del inventario morfológico y
estadístico de las especies al estudio de los problemas de su distribución geográfica,
entramos en una concepción dinámica de la vegetación. La repartición de floras por
región está determinada por las condiciones específicas del suelo, del clima, de la
luminosidad, etc.; es decir, por las características propias de cada medio. Esta
repartición de floras condiciona, a la vez, la distribución de faunas en el planeta. La
repartición de los vegetales es, entonces, el principio de la dinámica de la vida; es
ella la que produce la lógica de las migraciones animales, condiciona nuestros estados de
ánimo e igualmente, al dar forma a lo que Humboldt llama cuadro, produce la diversidad
del viviente.
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Humbolt expresó su
fascinación por las pinturas de William Hodges, como ésta de las estatuas gigantes de la
isla de Pascua. (Jaques Brosse, Les tours du monde des explorateurs,
París, 1983).
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Por otra parte, la
intervención humana condiciona de manera importante la repartición de los vegetales.
Ella es parte integrante de la dinámica de la vida comenzada por las plantas. De la misma
manera que un pintor esboza su cuadro, la acción del hombre sobre un medio natural
condiciona el aspecto del paisaje y determina la disposición de un cuadro natural.
CONDICIONES DE
POSIBILIDAD DE LA FITOGEOGRAFÍA
Si las compañías de sabios se honran
con perseverancia siguiendo la huella de todos los cambios capaces de influenciar la
economía del mundo, que se han podido operar en la temperatura, en la presión de la
atmósfera, en la dirección y en la intensidad de las fuerzas magnéticas, es, además,
el deber del geólogo viajero, que busca reconocer las irregularidades de la superficie
terrestre, tener en cuenta sobre todo las variaciones acaecidas en las alturas de los
volcanes
13.
La exploración viajera exigía un
conocimiento de la geografía del mundo 14 y de las
diferentes características de los climas y de los suelos. Abraham Gottlob Werner
(1749-1817), director de la Escuela de Minas de Friburgo (Sajonia), fue una figura
decisiva en el desarrollo de las ideas de Humboldt en lo que concierne al estudio de las
relaciones posibles entre el suelo y las plantas. Werner 15
propuso el primer sistema de clasificación ampliamente admitido, de interpretación de
rocas y de paisajes. Este sistema es una de las claves para comprender la originalidad de
la obra de Humboldt. Werner clasifica las rocas según un orden cronológico, siendo el
elemento de base de la clasificación la formación de estratos superpuestos unidos entre
ellos con el fin de constituir un sistema. Así, Werner distingue cuatro clases de rocas
(o de montañas): primitivas (Uranfänglichen Gebirgsarten), en capas (Flötz
Gebirsarten), volcánicas y producidas de aluviones. Hacia 1796, añade, entre las dos
primeras clases, sus rocas de transición (Ubergängsgeborge) que reagrupan las
capas hercinianas inclinadas, fosilíferas puestas sobre las rocas cristalinas y
cristalofilianas de los terrenos primitivos.
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Uno de los grabados
incluidos en la edición de la éxitoso novela romántica Pablo y Virginia, de
Bernardino de Saint-Pierre, publicada originalmente en 1788. El autor pensó
titularla Cuadros de la naturaleza.
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El punto de partida para la
organización de las ciencias geológicas es el año 1775, año durante el cual Werner es
nombrado profesor de mineralogía en la Escuela de Minas de Friburgo. Werner proponía un
método de conocimiento de los suelos fundado en el estudio mineralógico de sedimentos,
teniendo en cuenta las relaciones constantes y visibles de la superposición de algunas
rocas minerales. El método de Werner ponía énfasis en el estudio sistemático de la
geología, sirviéndose, además, de todas las observaciones tomadas de la práctica
cotidiana de la explotación minera.
Así, la teoría fundamental de Werner
sostiene que todas las formaciones rocosas (su teoría es entonces de carácter universal)
se constituyeron en el seno de las aguas por sedimentación. El trabajo del geólogo era
reconocer en todos los lugares esas "formaciones universales" o precipitados
simultáneos de un disolvente o de un océano común primitivo: el fluido acuoso. Este
sistema, llamado neptunista, tuvo una gran aceptación en su época. Para Werner, las
rocas de naturaleza cristalina, como el granito, resultan ser las primeras en haberse
precipitado en el océano primigenio, dando lugar a la formación de las rocas
sedimentarias.
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Detalle de la `Erupción del
Vesubio en 1774´, por Jaques Voltare, 1774. (madeleine Pinault, Le peintre et
l´histoire naturelle, París, 1990).
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`Volcán de Jorullo´,
ca.1810, grabado sobre bosquejo de Humboldt. (Litografía y grabado en el México del
XIX, t.I, México, 1993).
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Ahora bien: habiendo renunciado Werner tempranamente a escribir, el estado definitivo de
sus ideas es conocido gracias a sus discípulos Aubuisson, en Francia, y Jameson, en
Inglaterra. Las ideas de Werner tuvieron una gran importancia en toda la Europa de finales
del siglo XVIII y comienzos del XIX. Para las ciencias de la tierra, el final del siglo
XVIII y el comienzo del siglo XIX marcan una era de transición. Así, en Gran Bretaña,
el escocés Robert Jameson (1774-1819), quien estuvo en Friburgo en 1800, y que luego fue
encargado de enseñar la historia natural en la Universidad de Edimburgo a partir de 1804,
fue el principal difusor de las ideas de Werner en el Reino Unido. Publicó un Sistema de
Mineralogía (1804-1808), según los principios wernerianos, y fundó la primera
Asociación Werneriana en 1808. En Francia es François dAubuisson des Voisins
(1769-1819), alumno en Friburgo entre 1779 y 1802, quien se encargó de dar a conocer las
ideas de Werner. Werner y su escuela llegaron a establecer un orden de formación
litológica que consideraban universal.
Por otra parte, la teoría de los
levantamientos de las montañas del ingeniero de minas Léonce Elie de Beaumont
(1798-1874) sucesor de Cuvier en la enseñanza de la historia natural en el Collège
de France, profesor en la Escuela de Minas y gran amigo de Humboldt, expuesta en su
artículo Recherches sur quelques unes des révolutions de la superficie du globe
(1829-1830), refuerzan un estudio de Humboldt. En efecto, siendo uno de los alumnos de
Werner, Humboldt producía trabajos de geología y de botánica basados en un principio de
explicación regional: Mineralogishe Beobachtungen über einige basalte am Rhein
(1790), y Florae
subterranea Fribergensis (1793) 16.
En resumen, los trabajos de geología de
Humboldt desempeñan un papel importante en la explicación de la formación de la
fitogeografía, puesto que hacen visible una preocupación por abandonar los sistemas
universales de explicación de la formación y producción de fenómenos naturales, en
favor de estudios regionales. Los estudios geológicos hacen posible la fragmentación de
la superficie del globo en regiones naturales.
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Albert Berg, Volcán del
Tolima, óleo, 1855. Instituto Iberoamericano de Berlín. (La ruta de Humboldt.
Colombia y Venezuela, t.II, Santafé de Bogotá, 1944).
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En sus trabajos sobre los
volcanes y la cadena montañosa de los Andes, Humboldt descubre que ésta última tiene
una disposición más o menos lineal y deduce que los volcanes fueron emergiendo a lo
largo de las aberturas de la corteza terrestre; idea favorecida por la localización de
los volcanes insertos en la cadena de montañas de los Andes:
Además de estas montañas de
carácter permanente, existe otra especie de fenómenos volcánicos, más raramente
observados, pero más particularmente instructivos para la geología, y que nos llevan
hasta el mundo primitivo, es decir hasta las primeras revoluciones que han sacudido
nuestro planeta. Montañas de traquita se abren sorpresivamente, vierten lava y cenizas,
cerrándose nuevamente, quizás para siempre. Así sucedió en el poderoso volcán de
Antisana, en la cadena de los Andes, y en el monte Epomea en la isla Ischia, en 1302.
Algunas veces dichas explosiones se producen en la llanura, como sucedió en Islandia, a
una distancia considerable del volcán Hecla, en el llano de Quito, y en la isla Eubea, en
medio de los campos de Lelantis. Un gran número de islas levantadas desde el seno de las
olas pertenecen a estos fenómenos pasajeros. [...] En la juventud de nuestro planeta, las
materias interiores que habían conservado su fluidez salieron a la luz a través de las
grietas que se encontraban por toda la corteza terrestre, ya solidificándose en forma de
filones granosos, o bien extendiéndose y superponiéndose por capas
17.
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Volcancitos de Turbo, dibujo
de Marchais, grabado de Bouquet a partir de bocetos de Humboldt, incluido en Voyage de
Humboldt et Bonpland. Atlas pittoresque. París, 1813. (La ruta de
Humboldt. Colombia y Venezuela, t.II, Santafé de Bogotá, 1994).
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La formación de las
montañas no necesita del elevamiento de los estratos sedimentarios. Las materias
volcánicas salen de la tierra por medio de fisuras, forman nuevos estratos, y guardan
relación con la estratificación original. Así, la inclinación de las capas primitivas
orienta las efusiones de lava. Existe, entonces, una relación entre la acomodación de
las capas de ciertos sistemas de montañas y los cortes entre los pisos consecutivos de
terrenos sedimentarios.
Después de sus trabajos sobre la
cordillera de los Andes, Humboldt adopta un nuevo sistema de datación de las capas mucho
más eficaz que el estudio de la naturaleza litológica del terreno. La observación de
los fósiles característicos de cada estrato permite la constitución de un archivo
natural y la escritura de una historia de la formación de las montañas y de una historia
de la fitogénesis. Así, la revolución geológica estalla, en todo el sentido de la
palabra, puesto que se parcela en revoluciones regionales y, de esta manera, los restos
orgánicos se convierten en restos específicos de cada región. Este mundo fragmentado
que nace con la geología, posibilita la emergencia de interrogantes sobre las
especificidades regionales y sobre la distribución de los seres vivientes, y abre la vía
de la fitogeografía.
Las capas sedimentarias más antiguas
y los terrenos de transición presentan, en los restos orgánicos que encierran, una
mezcla de formas colocadas diversamente en la serie progresiva de los seres. Estas capas
sólo contienen raros fucus, licopodiáceas quizá arborescentes, equisetáceas y helechos
tropicales; pero entre las organizaciones animales, encontramos en estas capas una
asociación singular de crustáceos (los trilobites de ojos reticulares), de braquiópodos
(spirifères, orthis), elegantes esferonitas que se asemejan a los crinoideos,
ortoceratitas de la familia de los cefalópodos, políperos rocosos; luego, en medio de
estas organizaciones inferiores, peces de una forma extraña se encuentran ya en las capas
superiores del sistema siluriano. La familia de los cefaláspidas de pesados escudos, de
los que algunos fragmentos del género pterichtys fueron tomados durante mucho tiempo por
trilobites, caracterizan exclusivamente la formación devoniana (Old red)...18.
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Las rocas basálticas de la
cascada de Regla en México atrajeron la atención de pintores a lo largo del siglo XIX. (Viajeros
europeos del siglo XIX en México, México, 1996): Juan Mauricio Rugendas, óleo
sobre cartón, 1832.
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Para establecer una
cronología de la vida en la tierra, los fósiles son de una importancia fundamental. Son
todo lo que nos ha llegado como prueba de la existencia de una vida pasada sobre la
tierra. Son los restos más o menos bien conservados de animales y plantas. Son, además,
las huellas dejadas por los seres vivientes como testimonio de su paso por determinados
lugares,
Existe cerca de Bogotá, a 2.660
metros sobre el nivel del mar, un campo lleno de huesos de mastodonte (campo de gigantes),
en donde hice realizar excavaciones con el mayor cuidado; los huesos del llano mexicano
pertenecen a ciertas razas desaparecidas de verdaderos elefantes
19.
En general, después de su muerte, un
vegetal es sometido a un proceso de descomposición que lo transforma en polvo o en
elementos minerales. Existen, sin embargo, situaciones particulares de clima que se oponen
a la descomposición total de los vegetales muertos y facilitan la fosilización.
El terreno carbonífero
comprende no solamente plantas criptógamas análogas a los helechos y a las
monocotiledóneas fanerógamas (hierbas, liliáceas análogas a la yuca, y palmeras), sino
también dicotiledóneas gimnospermas (coníferas y cicádeas). Se conocen ya cerca de 400
especies de la flora de terreno carbonífero. Nos limitaremos a citar las calamitas y las
licopodiáceas arborescentes, los lepidodendros escamosos, las sigillaria de 20 metros de
largo, algunas veces de pie y enraizadas; estas últimas se distinguen por un doble
sistema de fascículos vasculares; los stigmaria semejantes a los cactus; un inmenso
número de frondas de helechos muchas veces acompañadas de sus troncos cuya abundancia
prueba que la tierra firme de épocas primitivas era puramente insular; las cicádeas y
sobre todo las palmeras en menor número que los helechos; las asterofilitas de hojas
verticilares, aliadas a las náyades; las coníferas semejantes a ciertos pinos del
género araucaria con ligeros vestigios de anillos anuales
20.
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Rocas basálticas de la cascada de Regla
en México, barón de Courcy, acuarela sobre papel, 1832.
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Las grandes formaciones vegetales
están estrechamente ligadas a las condiciones climáticas. Resultan de un acuerdo entre
las exigencias de las plantas y su medio. Pero estas asociaciones naturales no se
mantienen siempre; algunas veces desaparecen aun completamente. Se hace entonces difícil
reconstituir en cada punto del globo la vegetación original que allí se constituyó. El
estudio de los fósiles vegetales permite a la geografía de las plantas responder a la
exigencia de la reconstitución fitogeográfica de las comunidades vegetales. Las plantas
tienen así no solamente una repartición en la superficie del globo, sino también una
historia dentro de las capas superpuestas. De esta manera, las investigaciones geológicas
de Humboldt le permiten considerar la edad geológica de la Tierra entera bajo un ángulo
global completamente diferente. El análisis geológico, al permitir la fragmentación de
la superficie terrestre según la composición estratigráfica específica a cada tipo de
suelo, favorece el estudio de las condiciones de existencia de las plantas en regiones
naturales.
EL PAISAJE Y
LAS ESTÉTICAS DE LA VEGETACIÓN AL COMIENZO DEL SIGLO XIX
La emergencia de la diversidad de la
naturaleza vegetal es comprendida entonces gracias a las herramientas discursivas de
disciplinas de finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX 21;
gracias también a una economía de signos pictóricos que apuntan a crear cuadros
figurativos.
Los medios apropiados para difundir el
estudio de la naturaleza consisten [...] en tres formas particulares bajo las cuales se
manifiestan el pensamiento y la imaginación creativa del hombre: 1º la descripción
animada de las escenas y de las producciones de la naturaleza; 2º la pintura del paisaje,
desde el momento en que se comienza a percibir la fisionomía de los vegetales, su
abundancia salvaje y el carácter individual del suelo que los produce; 3º el cultivo
más difundido de plantas tropicales y las colecciones de especies exóticas en los
jardines y en los invernaderos
22.
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Rocas basálticas de la
cascada de Regla en México, Adela Breton, acuarela sobre papel, 1894.
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En este sentido, el naturalista que
analiza el espacio localizado y diferenciado de las plantas encuentra en los cuadros
figurativos también una herramienta epistémica para el conocimiento de las
especificidades de la naturaleza vegetal.
Transmitir la realidad de la naturaleza
vegetal a través del conocimiento de las leyes de distribución geográfica de las
especies, va a la par, en un cuadro, con la reproducción del sentimiento de proximidad
que experimentamos a su vista 23. La idea de un cuadro
figurativo de la naturaleza no corresponde solamente al hecho de pintar los aspectos de un
paisaje, aislados los unos de los otros, sino más bien a la condensación total y única
de la unidad de un mosaico paisajístico 24.
Los gestos del pintor deben reproducir la
relación paisaje-naturaleza como una verdad que no puede ser sustituida por las palabras.
El cuadro pintado funciona como una conexión entre la verdad de un mundo natural y la
emoción de los hombres. Él es la escritura misma de nuestra percepción visual y debe
hacer aparecer el espacio natural, estructurado de la misma manera como el viajero lo
recorrió 25.
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`Un palmar en manzanillo,
Colima´. (En: El México luminoso de Rugendas, México, 1985).
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La mirada del cuadro es, en cierta
manera, un recorrido cuyas dimensiones provocan en el hombre la misma emoción
experimentada por el viajero-naturalista durante sus observaciones in situ
26. La pintura de los cuadros de la naturaleza vegetal nos
proyecta formas a la vez muy reales y muy llenas de emoción, de manera que nos hacen
olvidar los problemas específicos de las artes plásticas. La regla que guía la buena
construcción de los cuadros de la naturaleza es la de una razón que compone la sintaxis
de sus elementos, doblada de una emoción que distingue los rasgos sobresalientes
específicos de cada paisaje.
Sin duda la pintura de paisaje puede
representarnos una imagen de la naturaleza más rica y completa que la colección mejor
escogida de plantas cultivadas. La pintura de paisaje dispone soberanamente de la
superficie y de la forma de los objetos. Para ella, el espacio no tiene, por decirlo así,
límite; ella sigue los linderos del bosque hasta en los vapores lejanos; ella precipita
de roca en roca el torrente que cae de la montaña, y hace planear el azul profundo del
cielo de los trópicos sobre la cima de las Palmeras, como sobre la pradera que ondula al
fondo del horizonte
27.
El cuadro se convierte, entonces, en un
instrumento epistémico para el conocimiento de la naturaleza vegetal. Es una máquina que
hace posible la construcción de las figuraciones específicas según el aspecto físico
de cada paisaje. El cuadro figurativo es, entonces, un dispositivo que restituye la
dimensión de la naturaleza vegetal gracias a una disposición de objetos en un espacio
encuadrado según una significación que resalta la diferencia. Es la condensación
cultural de una naturaleza lejana.
Para Humboldt existen dos maneras
fundamentales de conocer la naturaleza vegetal. Una es la reproducción discursiva de
leyes naturales que dan cuenta de sus disposiciones y de sus funcionamientos. Otra, es la
condensación, en un cuadro figurativo, elaborado in situ, de los aspectos físicos
de un paisaje 28.
Humboldt propone la combinación de dos
tipos de escritura sobre el paisaje. Por un lado, una escritura que descodifica los
secretos escondidos de la naturaleza vegetal; por otro lado, una escritura universal,
pictórica y pictográfica, a saber, la expresión de una sensibilidad humana.
Las posibilidades de identificar la
espacialidad de una naturaleza vegetal según el orden figurativo de un cuadro, pasan
principalmente por la aptitud para manifestar las emociones. El primer paso para
reconstituir la verdad de la naturaleza vegetal es reinventar y conceptualizar el sentido
de identidad entre la imagen expuesta en un cuadro y las referencias tomadas del paisaje,
teniendo en cuenta especialmente la sensibilidad que condiciona su relación 29.
Existe, sin embargo, una gran diferencia
entre el hecho de percibir los paisajes con la ayuda de una herramienta pictórica que
plasme una plantación, un jardín, un invernadero 30; o a
través de un discurso científico, y el hecho de observarla in situ
31. La percepción simbólica por medios figurativos y la
restitución artificial de la naturaleza vegetal en el discurso son extremamente
inestables, puesto que oscilan entre criterios de valor y de orden. La solución más
estable sería percibir in situ. Los cuadros figurativos o discursivos no
reemplazan la naturaleza vegetal: ellos son a la vez un medio de sensibilización y una
herramienta epistémica. Viajar y explorar son condiciones para construir un saber
naturalista en el siglo XIX.
El cuadro, en cuanto signo pictórico, es
un ejercicio de imaginación y de conocimiento. En la medida en que el cuadro reúne
elementos de la naturaleza vegetal, se convierte en la posibilidad de proyectarla y de
conocerla, produciendo en nosotros emociones. Pasar de la hoja a la planta, de la planta a
un grupo de vegetales, del árbol al bosque, del estanque al océano, de una roca a un
conjunto de piedras, por medio de la sutileza del color auténtico, reflejando las
condiciones de existencia de los medios diferentes para constituir, ya sea paisajes
tropicales, ya sea las montañas de regiones temperadas, es dar un sentido de lectura, un
orden a nuestra percepción del paisaje.
La dimensión humana, en este código de
lectura, es un elemento constitutivo del cuadro. Ella está presente en el corte
específico de una naturaleza vegetal que, producido por el cuadro, refleja el corte
obtenido por la sensación de exuberancia, de belleza, de plasticidad, ya sea en el caso
de los cuadros que se refieren a la naturaleza tropical, ya sea en aquellos que tratan la
naturaleza temperada 32. El cuadro es un modelo simbólico
para el conocimiento de la naturaleza en su totalidad.
Los cuadros figurativos de la naturaleza
vegetal son objeto de una triple metáfora, puesto que se manifiestan como enunciación de
su realidad, como expresión sensible del hombre, y también como objeto de conocimiento.
Existe, por lo tanto, un lugar privilegiado para esbozar un cuadro. La montaña es, en
Humboldt, el lugar en donde pueden operarse todas las transformaciones fisionómicas
desempeñando el papel de modelo explicativo de su teoría de la distribución geográfica
de los vegetales. El naturalista prusiano encuentra en la montaña la reunión
fisionómica de todos los paisajes que constituyen la naturaleza. Las tres metáforas se
unen en el análisis de los grupos vegetales de la montaña: ella es, a la vez, el lugar
en donde se concentra la mayor belleza, la herramienta epistémica más apropiada y el
ejemplo más real de la diversidad de la naturaleza. La montaña es un cuadro único, en
la medida en que permite contener todos los cuadros posibles. Ella es el ejemplo ideal de
la armonía y del contraste fisionómico entre todos los paisajes. En resumen, la montaña
es la gran metáfora: sujeto-objeto de conocimiento, manifestación reunida de toda la
belleza de la naturaleza y vitrina en donde se exhibe, en bandas delimitadas por líneas
isotérmicas, la realidad-diversidad de la naturaleza. Ella representa el paso entre una
visión científica de la naturaleza y una emoción intensa que condiciona nuestros
estados de ánimo. La montaña yuxtapone nuestra voluntad de conocimiento a un sentimiento
ilimitado de emoción.
Ahora bien: la percepción de un lugar
como cuadro y de un paisaje como agrupamiento de asociaciones, proviene también de las
consideraciones sobre la naturaleza elaboradas después de la segunda mitad del siglo
XVIII. La lectura de Paul et Virginie produjo en Humboldt el advenimiento de una
mirada sobre la unidad-diversidad de los paisajes 33.
En el prefacio de Paul et Virginie,
Bernardin de Saint-Pierre muestra el poder de condensación de sentido que puede tener un
cuadro. Éste opera como reflejo, como expresión de la autenticidad de una cultura.
Me he propuesto grandes proyectos con
esta pequeña obra. He tratado de pintar suelo y vegetales diferentes a aquellos de
Europa. Nuestros poetas han suficientemente colocado sus amantes al borde de arroyuelos,
en las praderas y bajo el follaje de hayas. Yo los he querido sentar al borde del mar, al
pie de las rocas, a la sombra de los cocoteros, de los platanales y de los limonares en
flor. Sólo faltan los Teócritos y los Virgilios de la otra parte del mundo para que
tengamos cuadros al menos tan interesantes como los de nuestro país
34
.
Aquí, Bernardin de Saint-Pierre, en vez
de tratar la sensibilidad en general, se ocupa de la descripción de una naturaleza que
tiene características específicas y que sirve de marco a la descripción de una historia
de amor auténtica. La espontaneidad y la exuberancia de la naturaleza tropical tienen un
valor de verdad, puesto que legitiman el amor de Paul y de Virginie. La veracidad de sus
vidas y la intensidad de su amor están estrechamente relacionadas con el aspecto salvaje
de la naturaleza que los rodea. Se trata, entonces, de un amor-paisaje, ya que las dos
nociones aisladas se desvanecen.
La naturaleza es un artificio, puesto que
está ligada a muchas sensaciones, a muchos gestos. Ella es la condición de posibilidad
de las verdaderas emociones. Es necesario gozar de la naturaleza y construir un cuadro
pictórico y de lenguaje, para comunicar su realidad.
He deseado integrar a la belleza de la
naturaleza entre los trópicos la belleza moral de una pequeña sociedad. También me he
propuesto poner en evidencia algunas grandes verdades, entre otras que nuestra felicidad
consiste en vivir según la naturaleza y la virtud. Sin embargo, no he necesitado imaginar
una novela para pintar familias felices. Puedo asegurarles que éstas de las que les voy a
hablar existieron realmente y que su historia es verdadera en lo que concierne a los
acontecimientos principales
35.
El relato de Paul et Virginie
supone la existencia de una equivalencia entre verdad y naturaleza. La naturaleza es una
metáfora de la verdad, una manera de evocarla 36. El
enfoque naturalista y el artístico son los intermediarios que, al pasar por la
sensibilidad, manifiestan las leyes de funcionamiento y la fuerza de los contrastes
paisajísticos.
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`Recolección de las
Schomburgkia´. (América pintoresca, descripción de viajes al Nuevo
Continente, Bogotá, reed., Bogotá, 1884).
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Hacer visible la
naturaleza es moldear el lenguaje con el fin de poder introducirlo en la expresión del
conjunto de formas que ella presenta. Cuando la naturaleza es atravesada, ya sea por el
lenguaje de un viajero, ya sea por la observación que es posible en un cuadro, nos cuenta
su verdad a través de la diversidad bajo las formas de la montaña, de la llanura, de la
pradera, del valle, del riachuelo, del bosque, del árbol, etc.
Es así como Humboldt sitúa cada punto
en el espacio geográfico. Él define sus coordenadas con la ayuda de protocolos
teóricos, de representaciones cartográficas, de observaciones astronómicas, etc., y
establece el conjunto de relaciones entre estas informaciones según un juego de
combinaciones regulado por la sensibilidad.
La riqueza de las formas vegetales
ofrecidas en nuestros días como un objeto de estudio para el sabio y como un modelo para
el artista, debe excitarnos vivamente a buscar las causas que nos han preparado a mejor
conocer la naturaleza y a mejor gustar de sus placeres
37.
La relación viajero-naturaleza,
viajero-paisajes posibilita la producción de una verdad sometida a las mismas exigencias
que las de la producción del arte. Una teoría que trata de explicar los fenómenos
naturales es tan difícil de elaborar como la expresión imaginativa que el arte fabrica.
El viajero creativo despliega igualmente sus capacidades artísticas. Saber captar, por
medio de un relato minucioso o por medio de un cuadro figurativo, las sutilezas y los
diversos aspectos de un paisaje, es tan importante como poseer una competencia
científica. La actividad artística es el medio para llegar a expresar una verdad
imaginativa necesaria para comprender la diferenciación inherente a la naturaleza, dado
que jamás encontraremos cuadros estrictamente iguales.
El naturalista-viajero que recorre la
superficie de la Tierra para comprender su organización y hacer visible su composición,
conjuga la precisión de los discursos científicos, la topografía sensible de sus
palabras y los finos gestos de su pincel: elementos de su recorrido existencial necesarios
para construir los cuadros de la naturaleza.
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`Las colas de caballo
gigantescas del Corazón´. (América pintoresca, descripción de viajes al Nuevo
Continente, Bogotá, reed., Bogotá, 1884)
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`Agave´, Jacobo
Ligozi. (Tomado de: Madeleine Pinault, Le peintre et l´histoire naturelle,
París, 1990).
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FITOGEOGRAFÍA,
TERRITORIO Y TERRITORIALIDAD TROPICAL
La fitogeografía emerge a partir de la
visualización de una relación estrecha entre la forma y la actividad de los volcanes y
la estructura de la tierra. La clasificación por estratos geológicos propuesta
inicialmente por Abraham Gottlob Werner (1749-1817), permite comprender, a partir de la
ascensión al volcán Chimborazo realizada por Humboldt en 1802, que existe una relación
íntima entre la planta y el suelo en el que crece, y que la sucesión altitudinal
conlleva una sucesión de tipos fisionómicos de plantas. Así, Humboldt presenta
divisiones en "estratos" en bandas de la vegetación del volcán
Chimborazo en la Nueva Granada, escogiendo tipos fisionómicos dominantes para cada banda.
Estas divisiones rodean las montañas y sufren variaciones en los límites de altitud en
función del cambio de presión atmosférica, de humedad, de temperatura y de la
fluctuación de la luminosidad. La altitud puede así afectar a las plantas por la
intensidad de la luz del sol o por la diferencia de densidad en la atmósfera y el cambio
de humedad.
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`Lyriodendron tulipifera´,
detalle de una lámina dibujada por Pancrace Bessa, uno de los pintores que trabajó sobre
bocetos enviados por Humboldt. (Tomado de: Madeleine Pinault, Le peintre et
l´histoire naturelle, París, 1990).
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Por otra parte, el estudio
sobre las líneas isotérmicas que recorren la superficie terrestre da lugar a un
análisis comparativo de los climas en las diferentes regiones. Humboldt estudia
sucesivamente, y a lo largo de sus viajes, la distribución del calor en la superficie de
la tierra, del lado de las montañas, en los océanos, al interior de los continentes.
Analiza igualmente la influencia de los mares reservas de una temperatura casi
invariable, la dirección de las cadenas montañosas con relación a los vientos, la
influencia de la masa continental y muchos otros factores que afectan la temperatura y la
distribución de calor.
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`Barringtonia speciosa´,
árbol descubierto en Tahití por J.R. Forster. (Jaques Brosse, Les tours du monde des
explorateurs, París, 1983).
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Sus consideraciones
estéticas asociadas a sus trabajos sobre el clima tropical y sobre la fisionomía de las
plantas en el trópico le permitieron construir una nueva concepción sobre los vegetales
que se resume en la formación de los conceptos de región natural, de paisaje tropical,
de paisaje temperado, de distribución geográfica y de cuadros de la naturaleza.
Ahora bien: en los manuscritos del
itinerario botánico las plantas están agrupadas, no según la clasificación linneana,
en clases y en órdenes (por ejemplo: Monandria, Diandria, etc.), sino según
"familias naturales". Éste es uno de los puntos comunes entre Humboldt y De
Candolle. En efecto, entre Augustin Pyramus de Candolle (1788-1841) y Alejandro de
Humboldt (1769-1859) existen preocupaciones comunes sobre las plantas. Se interesan
particularmente en las observaciones magnéticas y climáticas. Humboldt y De Candolle
presentan a la Sociedad de Arcueil sus Monografías sobre el heliotropismo, la
distribución del calor sobre el globo y su incidencia sobre la distribución geográfica
de las plantas.
En los dos naturalistas, la explicación
fitogeográfica es diferente en la manera de presentar el problema (florística en uno,
fisionómica en otro); sin embargo, llegan a conclusiones comunes. Estimulado por Humboldt
y por las conclusiones sacadas de su viaje a América, De Candolle publica un ensayo en la
colección de la Sociedad de Arcueil sobre la geografía de las plantas en Francia, ensayo
que coloca en relación la frecuencia y la aparición de ciertas plantas con la altitud.
Humboldt y De Candolle elaboran conceptos fundamentales para la geografía de las plantas
y enfoques sobre su distribución que se complementan. La polémica relativa a la
atribución de una prioridad en la formación de los conceptos de la geografía de las
plantas no es aquí lo más importante.
Sabemos hoy que otros naturalistas
hablaban igualmente, en la época, de geografía de las plantas por ejemplo,
Bernardin de Saint-Pierre, y que existían consideraciones geográficas en relación
con las plantas en algunos viajeros naturalistas. Se trataba, entonces, para los
naturalistas de designar las especies vegetales según sus localizaciones geográficas
diferentes y de comenzar a estudiar su medio exterior.
Por su parte, Humboldt construye un nuevo
enfoque hacia el territorio, cuando comprende que capa vegetal, corteza de la tierra,
superficies de las plantas, fisionomía, medio exterior, son todas nociones que exigen una
valoración de la naturaleza vegetal en su especificidad, en su exterioridad específica.
La distribución geográfica de las plantas coloca la tierra en una dimensión histórica
visible en sus exterioridades específicas, en las diferentes formas vegetales, en sus
procesos migratorios, en sus extinciones, en sus desapariciones en ciertos espacios, en
sus reapariciones en las montañas, en los valles y sobre las formaciones rocosas.
Con todo, las regiones tropicales en el
análisis fitogeográfico son el territorio de la diversidad de asociaciones vegetales y
el laboratorio de una territorialidad que combina el estudio de la formación de pisos
térmicos diferentes, de las condiciones pedológicas extremas, de las múltiples
disposiciones estratigráficas, de la intensa variedad climática, de los cambios
específicos en la pluviosidad, de la exposición a diferentes grados de luminosidad, de
las fisionomías vegetales heterogéneas, con la inscripción de estos procesos en
un registro de interacciones que posibilitan la composición de un paisaje tropical en el
cual son visibles los aspectos que unen el paisaje y los aspectos que lo fragmentan. Es
decir, la territorialidad tropical contiene distribuciones fitogeográficas específicas
que son la expresión al mismo tiempo de la historia de las plantas en la tierra y la
historia de la tierra.
Es así como la territorialidad, en
cuanto umbral de visibilidad de los aspectos que componen un paisaje, es la condición de
posibilidad del estudio de la historia de la tierra; es decir, de sus cambios
paisajísticos. En el estudio de esos cambios paisajísticos la espacialidad vegetal se
expresa en exterioridades específicas. La exterioridad tropical emerge, a comienzos del
siglo XIX, como un espacio heterogéneo de asociaciones vegetales múltiples.
La historia de la vegetación y la
historia de la fitogeografía son posibles en el registro de la discontinuidad de las
territorialidades que emergen como exterioridades específicas del espacio vegetal.
Notas:
1 Cf. Manuscrits de
litinéraire botanique de HUMBOLDT et BONPLAND: MS. 1332, Cahiers de
litinéraire botanique de HUMBOLDT et BONPLAND, 1er cahier (Provincia de la Nouvelle
Barcelona ou Cumana, 1799), 211 págs.; MS. 1333, Cahiers de litinéraire
botanique de HUMBOLDT et BONPLAND, 2ème cahier (Provincia de Venezuela ou Caracas,
Provincia de la Guyane espagnole [Orénoque], Cumana, 1800), 195 págs.; MS. 1334,
Cahiers de litinéraire botanique de HUMBOLDT et BONPLAND, 3ème cahier (Orénoque,
Cumana, Ile de Cuba, Royaume de la Nouvelle Grenada, Carthagène, 1801), 179 págs.; MS.
2534, Cahiers de litinéraire botanique de HUMBOLDT et BONPLAND, 4ème cahier
(Rivière de la Magdalena, Royaume de Santa Fe, Quito, 1801), 279 págs.; MS. 53,
Cahiers de litinéraire de HUMBOLDT et BONPLAND, 5ème cahier (Provincia de Quito,
Provincia de Jaen, Royaume de Pérou, 1801), 244 págs.; MS. 54, Cahiers de
litinéraire botanique de HUMBOLDT et BONPLAND, 6ème cahier (Royaume du Pérou,
Provincia de Quito, Mexique), 123 págs.
2 Alexandre de Humboldt, Cosmos,
1848, t. 1, pág. 79.
3 Cf. Janet Brown, The
Secular Ark, Studies in the History of Biogeography, Londres, Nueva Haven, Yale
University Press, 1983.
4 "Contando en la
familia de las Coníferas los géneros Dammara, Ephedra y Gnetum de
la Isla de Java y de la Nueva-Guinea, que se asemejan por caracteres esenciales, pero que
se diferencian por la configuración de sus hojas, esta familia adquiere una gran
importancia si se considera el número de individuos que componen cada especie y su
distribución geográfica, sus agrupamientos cubren grandes extensiones de terreno en la
zona temperada del hemisferio septentrional, es casi asombroso el pequeño número de
especies que la dividen". Humboldt, Tableaux de la nature, ed. 1866, t. 2, op.
cit., pág. 526.
5 "En los países
del norte, la tierra, desprovista de vegetales, se recubre de líquenes, tales como el Baeomyces
roseus, el Cenomyce rengiferina, el Lecidea muscorum y el Lecidea
icmadophila, así como de otras criptógamas de la misma naturaleza, que anuncian y
preparan la vegetación de las gramíneas y de las plantas herbáceas. En los trópicos,
donde los musgos y los líquenes crecen en abundancia solamente a la sombra, algunas
hierbas ocupan su lugar". Humboldt, Tableaux de la nature, ed. 1866, t. 1, op.
cit., pág. 33.
6 "[...]cerca a las
costas africanas, entre las islas Canarias y las de Cabo Verde; especialmente en el
espacio comprendido entre el Cabo Bojador y la embocadura del Senegal, un viento del oeste
reemplaza con frecuencia el viento del este o viento alisio que sopla generalmente en los
trópicos. La causa se encuentra en el desierto del Sahara. En esta llanura de arena
caliente, el aire se rarifica y sube verticalmente en las regiones más elevadas. El aire
del mar se precipita para llenar el espacio vacío, y de esta manera se forma algunas
veces sobre las costas occidentales de África un viento del oeste que contraría en su
marcha las embarcaciones en ruta hacia América. Se percibe entonces, sin ver el
continente, el efecto de las arenas y del calor. A esta misma causa se atribuye la
alternativa de los vientos de tierra y de mar que, en todas las costas, se suceden a horas
determinadas del día y de la noche". Humboldt, Tableaux de la nature, t. 1, op.
cit., págs. 94-95.
7 Alexandre de Humboldt, Tableaux
de la nature, ed. 1866, op. cit., pág. 353.
8 "Mientras que
muchas regiones sorprenden por el conjunto de políperos que allí se encuentran, en
otras, muchas veces situadas a poca distancia, sorprende su ausencia completa. Esto
depende de circunstancias particulares y todavía ignoradas, debido seguramente a las
corrientes, a la temperatura parcial del mar, a la abundancia o a la carencia de
alimento". Ibíd., pág. 423.
9 "Del nivel del mar
a la cima de las altas montañas, se ve cambiar gradualmente el aspecto del suelo y la
serie de fenómenos físicos que presenta la atmósfera. Vegetales de una especie bien
diferente suceden a aquellos de las llanuras: las plantas leñosas se pierden poco a poco,
apareciendo plantas herbáceas y alpinas; a mayor altura no se encuentran más que
gramíneas y criptógamas. Algunos líquenes cubren las rocas de la región de las nieves
perpetuas. Con el aspecto de la vegetación varían también las formas de los animales:
los mamíferos que viven en los bosques, los pájaros que animan los aires, los insectos
que ruñen las raíces de las plantas, todos diferentes según la altura del suelo".
Humboldt, Essai sur la géographie des plantes, op. cit., pág. 37.
10 "En la zona
glacial, la variedad de formas que distingue los géneros no disminuye tan rápidamente
como la variedad de formas que diferencia las especies; es decir que allí se encuentran
relativamente más géneros distintos y menos especies. La misma observación se aplica a
las cimas de las montañas, en donde se encuentran con frecuencia especies aisladas,
pertenecientes a una multitud de géneros que sería tentado analizar como exclusivamente
propios a la vegetación de las llanuras". Humboldt, Tableaux de la nature, t.
2, op. cit., ed. 1866, pág. 470.
11 A. de Humboldt, Cosmos,
op. cit., t. 1, pág. 413.
12 Humboldt, Tableaux
de la nature, ed. 1866, t. 2, op. cit., págs. 503-504.
13 Humboldt, Tableaux
de la nature, t. 2, op. cit., pág. 613.
14 "El primer mapa
grabado del Nuevo Mundo con el nombre de América no es el de Ptolomeo de 1522, sino un
mapamundi de Petrus Appianus de 1520, anexado una vez a la edición de Camers de Solin
Polyh. (Viennae austr, 1520), una segunda vez a la edición de Vadianus de Mela,
1522. Este mapa con el nombre de America, ofrece la plancha atravesada por un
estrecho, lo que es aún más sorprendente, puesto que el error reciente de los mapas
chinos, está ya consignado en un globo de Jean Schoner, que es como la carte
dAppien de 1520...". Reseña de Humboldt sobre la cronología de los mapas
más antiguos de América, en Lettres scientifiques et littéraires de Humboldt,
publiées par M. de La Roquette, París, E. Ducrocq, 1865, págs. 336-337.
15 Abraham Gottlob
Werner (1749-1817) estudia en la Escuela de Minas de Friburgo de 1769 a 1771, antes de
convertirse en profesor en 1775. Como todos los "neptunianos" de Friburgo,
defendía la teoría según la cual las rocas primitivas serían la resultante de
precipitaciones químicas acumuladas en la época en que la Tierra estaba recubierta por
el océano.
16 "Kegelformen und
architektonische Umrisse sind übrigens dem Syenit mit glasigem, fasrigen od.
Perlmutterartigen Feldspath in allen Weltgegenden eigen. Man erinnere sich an die
Wunderbare Form des Siebengebirges bei Bonn, der Euganeischen Gebirge bei Abano, des
Vesuvs und Aetnas...So viel von der Form...Sollte der Cerro del Toro im Chocó, der wegen
seiner Kegelform so weit berufen ist, zwischer Río Dagua nicht auch Granit oder Syenit
sein?".
"Die Bestandtheile der Andes sind
i.e., wo nicht Vulcane brennen, wie in Quito, Popayán, Pasto, kein Granit, alles Porphyr!
und Grünstein. Wie du alle hoher Granitkette, Granit, porphyrartiger Granit, Gneis und
Glimerschiefer. Dolomieu sagte mir in Genf, dass Werner unrecht habe, die Granit-Gneis und
Glimmerschiefer-Formation zu trenne, in Italien und der Schweiz kämen diese 3
Gebirgsarten stets gemengt vor, fast nie die eine ohne die andere, und man kann nicht
entscheiden, welche älter sei. Ich habe seitdem die Schweiz sweimal, einen grossen Theil
von Italien, das südliche Frankreich, die Pyrenäen und fast ganz Spanien bereist und bin
sehr aufmerksam in Europa so wohl als in Amerika auf das dictum eines so vortreflichen,
behutsamen Beobachters gewesen. Es ist gewiss, dass in den höchsten Bergketten der Welt,
in den Pyrenäen, Schweizer Alpen, in der Cordillera des Königreichs Neu Grenada, in der
de la Costa de Caracas, in den Andes man in wegen von wenigen Stunden mehrmals auf Granit,
Gneis, Glimmerschiefer p. schreitet und [?] Abwechselung von Gebirgsarten bemerkt, welche
man in Deutschland, habe ich bisher in der hohen Andes-Kette nicht gesehen".
Alexander von Humboldt in Kolumbien,
Auswahl aus seinen Tagebüchern, Unterstützung von der Flota Mercante Grancolombiana,
Bogotá, Verlag Publicismo y Ediciones, 1982, pág. 118.
17 Humboldt, Tableaux
de la nature, t. 2, op. cit., págs. 625-626.
18 Humboldt, Cosmos,
t. 1, op. cit., págs. 314-315.
19 Ibíd., pág.
321.
20 Ibíd., págs.
322-323.
21 "Acercándonos
al tiempo presente, nos damos cuenta de que después de la mitad del siglo XVIII la prosa
descriptiva ha adquirido una fuerza y una precisión nuevas. Si el estudio de la
naturaleza, cada día más vasto, ha puesto en circulación una masa enorme de
conocimientos, accesibles al pequeño grupo de hombres susceptibles de entusiasmo, la
contemplación inteligente de los fenómenos no ha sido sofocada por el peso material de
la ciencia. Esta intuición espiritual, obra de la espontaneidad poética, se ha
engrandecido a medida que el objeto de observación ha ido ganando en elevación y en
extensión, es decir después de que la mirada ha penetrado más profundamente la
estructura de las montañas, esas tumbas históricas de organizaciones desaparecidas, ha
abarcado la distribución geográfica de animales y de plantas y la relación de las razas
humanas". Humboldt, Cosmos, t. 2. op. cit., pág. 72.
22 Ibíd., pág.
2.
23 "Podemos dar a
las descripciones de la naturaleza contornos suspendidos y todo el rigor de la ciencia,
sin despojarla del soplo vivificante de la imaginación. Que el observador aparte el lazo
que une el mundo intelectual y el mundo sensible, que él abrace la vida universal de la
naturaleza y su vasta unidad más allá de los objetos que se limitan el uno al otro, tal
es la fuente de la poesía". Ibíd., pág. 82.
24 "La pintura de
paisaje es, no menos que una descripción fresca y animada, apropiada para difundir el
estudio de la naturaleza. Muestra también el mundo exterior en la rica variedad de sus
formas, y puede, según ella alcance con mayor o menor intensidad el objeto que reproduce,
integrar el mundo visible al mundo invisible. Esta unión es el último esfuerzo y el
objetivo más elevado de las artes de la imitación; pero debo, para conservar de este
libro su caracter científico, limitarme a otro punto de vista. Si podemos hablar de la
pintura de paisaje, es solamente en el sentido que esta pintura nos pone a contemplar la
fisionomía de las plantas en los diferentes espacios de la tierra, y así favorece el
gusto por los viajes lejanos y nos invita, de manera tan instructiva como agradable, a
entrar en comercio con la naturaleza libre". Ibíd., págs. 85-86.
25 "Para que la
representación de las formas individuales de la naturaleza, en lo que concierne al arte
que nos ocupa; haya podido adquirir más variedad y precisión, fue necesario que el
círculo de conocimientos geográficos se ampliara, que los viajes a regiones lejanas se
facilitaran, que la sensibilidad fuera ejercitada a percibir las diversas bellezas de los
vegetales y los caracteres comunes que los agrupan en familias naturales". Ibíd.,
pág. 95.
26 "[...] uno de
los frutos más bellos de la civilización europea de los que hoy el hombre puede
disfrutar, aún en las regiones menos favorecidas, gracias a las colecciones de plantas
exóticas, a la magia de la pintura del paisaje y a la fuerza de la expresión pictórica,
una parte del goce que va a buscar el viajero, con frecuencia expuesto a innumerables
peligros, en la contemplación inmediata de la naturaleza". Ibíd., pág. 118.
27 Ibíd., pág.
110.
28 "Hacer bocetos
frente a escenas de la naturaleza es el único medio de poder, al regreso de un viaje,
recordar el carácter de las regiones lejanas en los paisajes acabados. Los esfuerzos del
artista serán aún mejor recompensados si, en el lugar mismo, todo lleno de su emoción,
él ha hecho un buen número de estudios parciales, si ha dibujado o pintado al aire libre
cabezas de árboles, ramas espesas cargadas de frutas y de flores, troncos caídos
cubiertos de orquídeas, rocas, un barranco, alguna parte de un bosque. Llevando así
imágenes exactas de las cosas, el pintor, de regreso a su patria, podrá evitar recurrir
al triste recurso de las plantas conservadas en invernaderos y a las figuras reproducidas
en las obras de botánica". Ibíd., pág. 99.
29 "La claridad
y el color que el cielo puro o ligeramente oscurecido refleja sobre todos los objetos
situados en la superficie de la tierra, da al paisaje una especie de fuerza misteriosa que
solamente la pintura puede reproducir, cuando logra imitar los juegos dulces de la luz.
Después de haber profundizado sobre la esencia de la tragedia griega, se ha comparado
ingeniosamente el papel misterioso del coro en la parte de acción que le es dejada al
efecto del cielo sobre el paisaje". Ibíd., pág. 110.
30 "Los
invernaderos y todas las plantaciones artificiales están lejos de reunir la diversidad de
medios de los que dispone la pintura para excitar nuestra imaginación y concentrar en un
pequeño espacio los más vastos fenómenos de la tierra y del océano". Ibíd.,
pág. 110.
31 "Nada puede
reemplazar la verdad del azul profundo del cielo ni el esplendor de la más intensa luz, y
sin embargo, la imaginación es más vivamente puesta en juego, la ilusión es aún más
grande delante del cuadro más perfecto. Percibimos en cada planta las maravillas de un
lugar lejano, escuchamos el movimiento de las hojas dispuestas en forma de abanico, las
vemos cambiar siguiendo el reflejo de la luz, cuando agitadas por ligeras corrientes de
aire, las cabezas de las palmeras se inclinan y se entrechocan. Es tan fuerte el encanto
que conserva la realidad sobre nuestros sentidos, aunque el recuerdo del invernadero y del
cultivo artificial vengan a perturbar nuestra contemplación. [...] La cultura borra algo
del carácter natural y originario, destruye en sus complejas organizaciones el libre
desarrollo de las partes que la componen". Ibíd., págs. 111-112.
32 "Los países
afortunados de la zona equinoccial, en los cuales la intensidad de la luz y el calor
húmedo del aire desarrollan todos los gérmenes orgánicos con tanta rapidez y fuerza, no
son los únicos cuyas descripciones animadas hayan dejado, en nuestros días, sobre el
estudio de la naturaleza un atractivo irresistible. El encanto que penetra y anima la
mirada de aquellos que se interesan profundamente en la vida orgánica no se limita a las
regiones tropicales. Cada lugar de la tierra ofrece el espectáculo maravilloso de
organizaciones que se desarrollan según tipos uniformes o separados por sutiles
diferencias. Por todas partes se extiende el poderoso imperio de la naturaleza que ha
apaciguado la antigua discordia entre los elementos, forzándolos a unirse en regiones
tempestuosas del cielo, como se unen para formar el tejido delicado de la sustancia
animada. También en todo punto perdido en el círculo de la inmensa creación, desde el
ecuador hasta la zona glacial, en todas partes donde la primavera hace brotar un botón,
la naturaleza puede preciarse de ejercer sobre nuestras almas un poder embriagante". Ibíd.,
pág. 83.
33 "El libro Paul
et Virginie, de cuyo género sería difícil encontrar otro similar en otra
literatura, es simplemente un cuadro de una isla situada en los mares tropicales, donde ya
sea bajo un cielo clemente o bien amenazadas por la lucha de los elementos enfurecidos,
dos figuras graciosas surgen de en medio de las plantas que cubren el suelo del bosque,
como de un rico tapete de flores.
"En este libro, así como en Chaumière
Indienne, y aun en los Études de la nature, desafortunadamente afeados por
teorías aventurosas y por graves errores de física, el aspecto del mar, las nubes que se
acumulan, el viento que murmura a través de los arbustos y del bambú, las altas Palmeras
que curvan sus cabezas, son descritas con una verdad inimitable. La obra Paul et
Virginie me ha acompañado en los países en los que se inspiró Bernardin de
Saint-Pierre; lo he releído durante muchos años con mi compañero y amigo M.
Bonpland". Humboldt, Cosmos, t. 2, op. cit., págs. 74-75.
34 Bernardin de
Saint-Pierre, Paul et Virginie, París, Alphonse Lemerre, éditeur, 1877,
Avant-Propos, pág. 85 (el destacado es nuestro).
35 Ibíd., pág.
86.
36 "Pablo y
Virginia no tenían ni reloj ni almanaque ni libros ni cronología de historia o de
filosofía. Los períodos de su vida se regulaban según las reglas de la
naturaleza". Ibíd., pág. 142.
37 Humboldt, Cosmos,
t. 2, op. cit., págs. 117-118.
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