Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 46.   Volumen XXXIV - 1997 - editado en 1998

Mutis o la trampa de la Mutisia Clematis

ÁNGELA MARÍA PÉREZ MEJÍA
Universidad de Brandais
Investigación fotográfica: Patricia Londoño Vega

TABLA DE CONTENIDO

INTRODUCCIÓN     
EL VIAJERO ILUSTRADO 
LA SUBJETIVIDAD FRENTE A LA "MUTISIA"
LAS AMBIGÜEDADES DEL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO


LAS AMBIGÜEDADES DEL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO

Para nuestra historia del desarrollo de la subjetividad del viajero que se proponía regresar, el retiro a la mina del Sapo y el descubrimiento de la quina chichona marca el momento culminante en el cambio del narrador del Diario de observaciones. Mutis había encontrado en América la gloria como botánico y un lugar para realizar su gran proyecto de historia natural. En su retiro de la mina del Sapo lo encontrará en 1782 el arzobispo Antonio Caballero y Góngora, entonces virrey de la Nueva Granada. Aquel encuentro sacará a Mutis de su aislamiento científico dando comienzo oficial a la Real Expedición Botánica, apoyada ahora por la corona y amparada especialmente por el virrey (18).

En 1783, Mutis retoma su diario, abandonado en algún día cualquiera de 1782, donde había dejado interrumpida la observación de algunas plantas. La primera entrada de este año se especifica con detalles:

Día 29 de Abril de 1783, martes. Después de las muchas fatigas que cuesta en estos países la preparación de un viaje destinado a los progresos de la Historia Natural, con la crecida familia de compañeros y criados, a que corresponde un abultado equipaje, salimos finalmente con destino a la mesa de Juan Díaz, sitio que elegí por todas sus proporciones para la pronta colección de productos naturales. (II, 3)

El sujeto del texto ha retomado su hilo narrativo que había sido abandonado por años. Las posibilidades concretas de llevar a cabo la expedición y la decisión absoluta de permanecer se reflejan, además, en que Mutis se siente ahora colega de los neogranadinos. Aquí empieza otro viaje, si se quiere otro texto, en el que los compañeros de Mutis son incluidos como interlocutores respetados y amados. El narrador se permite emociones profundas en la descripción de su grupo de trabajo: "es Roque tan eficaz y tan fiel" (319), Pedro y Esteban son ahora "mis observadores rústicos", y aunque nunca sabemos de ellos ni siquiera sus apellidos, siempre los vemos entrar al salón de estudio con una mariposa o una planta intacta entre sus manos que luego empezará a dibujar Rizo, García o Matiz. Nunca se cansa de anotar la presencia de un personaje que él llama mi compañero: "Me trajo Pedro el bejuco llamado por mi compañero terciopelito" (II, 328). Mutis deja amplia constancia de que el trabajo de la Expedición Botánica fue el esfuerzo de un conjunto de botánicos, dibujantes y herbolarios, y en ningún momento su figura aparece como la portadora de un conocimiento previo e infalible. Mutis es ahora un observador que se conmueve con sus pequeños hallazgos, dejando escapar unos relatos en un tono tan íntimo que, si no supiéramos el contexto en el que fueron escritos, podrían crearnos la ilusión del verso:

Poco después de mi salida entró Pedrito en mi gabinete, y por fortuna fue curioso y logró ver la Mariposa prendida por de fuera del capullo, con las alas blandas, sin poder volar. Llamó a mi compañero (y en ello tuvo la bella advertencia de traer un testigo tan abonado) y observó con puntualidad por las razones dichas, que poco antes había salido la mariposa de su capullo. Al llegar a casa me dieron la buena noticia y tuve el gusto de verla, dejándola dentro del vidrio para que allí muera, por no matarla. (II, 193)

Perú a fines del siglo XVIII

Los naturalistas europeos coleccionaron muestras de la flora y la fauna de América del Sur, como en esta escena captada en Perú a fines del siglo XVIII. (Le grand livre des explorateurs et des explorations, París, 1991).

El viajero del paraíso que regresaría a Europa con más tesoros que el mismo Creso, había perdido para siempre su camino de regreso y estaba prendado de unas alas de mariposa en una meseta remota de los Andes. El 22 de agosto de 1784 escribe: "Mis diarios suministran la historia de mis errores y desengaños" (II, 441). En junio de 1785 escribe:

No es fácil hacer los descubrimientos de una vez, ni verificar lo que se sospecha. La poligamia de las plantas no se debe establecer por conjeturas, sino por reiteradas observaciones. Esto no lo puede hacer el viajero a menos de no permanecer por mucho tiempo en el mismo lugar. [II, 634]

El viaje ya no se podía justificar como una empresa de conocimiento; lo que tenía validez científica ahora era la permanencia.

De ese mismo año es su texto "El sueño y la vigilia de las plantas", que su biógrafo considera parte de su diario y que presenta diciendo:

El estudio que presentamos, [...], si pudo tener novedad a finales del siglo XVIII, pues imitaba en parte al reloj de la Flora ideado por Linneo en Upsala, hoy carece por completo de importancia científica. [Biografía, 362]

El texto son entradas diarias y constantes en las que no existe un sujeto observador, sino tan sólo las plantas que duermen y despiertan. Su anatomía es descrita de manera infinitesimal y sus reacciones son sentidas por el escritor, con un tono lírico que más se acerca a la poesía que a la ciencia.

Hacia las diez del día (estando el cielo descubierto y el viento fresco) comenzaron á despertar algunas flores de las exandras, explicando poco á poco sus corolas [209] [...] Medio día: De las exandras unas todavía en perfecta vigilia y otras recogiéndose [300] [...] Hacia el amanecer comenzaron a esperezarse las Exandras abriéndose poco á poco, pero sin acabar de abrir los calicitos [301] [...] A las cinco (sol cubierto calma) Los cálices de todas, cerrados del todo. Observo que se han perfeccionado en estos días las semillas de las Triandras. Por consiguiente, fue mera ilusion el haber creído que sólo diseminaban en el tiempo de las vigilias. [303]

El investigador y sus compañeros han desaparecido como productores de conocimiento y han sido desplazados por las plantas y sus leves transformaciones, que se convierten en personajes cuyas acciones son seguidas por la narrativa del texto. En ese lenguaje, que pareciera sensual y en el que cuesta reconocer la ciencia, termina escribiendo José Celestino Mutis. En realidad, ésta es una observación científica directa sin los juicios valorativos que acompañaban las observaciones de las primeras páginas del texto. El narrador está solo frente a su somnoliento objeto de deseo científico: la naturaleza americana que él había hecho discurso y que lo había enredado, dándole en retorno fama y fortuna.

En 1791 la expedición se traslada finalmente a Santafé de Bogotá porque Mutis cae enfermo. Allí trabajará durante 10 años más, pero no volverá a escribir en los legajos que llamaba diarios. El país vivía la conmoción de los levantamientos de los comuneros, y en 1793 la corona comienza a dudar de los resultados de la expedición que se prolongaba indefinidamente y envió a don Francisco Martínez como supervisor. Este alabó la obra de la expedición pero advirtió que Mutis estaba viejo y enfermo. En 1801 lo visitan Humboldt y Bonpland. En carta a su hermano Wilhelm, Humboldt describe la visita al venerable anciano por quien había cambiado su ruta en América y le dice de Mutis:

[...] es un eclesiástico anciano, venerable, de casi setenta y dos años, y también un hombre rico. El rey dispone para la expedición Botánica aquí mismo 10.000 piastras por año. 30 pintores trabajan para Mutis desde hace quince años; él posee de 2.000 a 3.000 dibujos tamaño in-folio que son miniaturas. Después de los Banks en Londres, jamás había visto una biblioteca botánica tan grande como la de Mutis. [Cartas Americanas, 85]

Durante los años de Bogotá se unieron al proyecto Jorge Tadeo Lozano y Francisco José de Caldas, y la expedición se amplió a los campos de la astronomía y la zoología. Había muerto parte de su "familia" de Mariquita: Roque, tratando de coger una planta exótica en Quebradaseca; Pedro Fernán, por picaduras de serpiente. De su "compañero" no se vuelve a tener noticia. En 1808 muere Mutis en Santafé. Sus discípulos continuaron su labor hasta 1817, cuando el gobierno español decidió desmantelar la Expedición Botánica y todo el trabajo de Mutis se envió a España, buena parte del cual se perdió para siempre, según su biógrafo, por la negligencia de las autoridades españolas.

Durante esos últimos años difíciles de confusiones políticas e incertidumbres, Mutis no escribió nada. Con su silencio respondió a lo que se gestaba en su taller, donde sus discípulos, todos criollos, no sólo se encargaban de continuar y ampliar su obra sino de incluir el proyecto de la Expedición Botánica dentro de la retórica independentista. En torno a la Ilustración criolla, promovida en gran parte por las instituciones y enseñanzas emprendidas por Mutis, se creó una elite ilustrada que se encargaría del liderazgo criollo en las guerras de independencia. Justamente durante esos años en que se gestaban entre sus alumnos las ideas emancipadoras, lo pintó Rizo. Pocos años después se inscribió bajó un monumento en su honor erigido en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario: "José Celestino Mutis, maestro de hombres libres". La conexión establecida entre la naturaleza que Mutis enseñó y la independencia había sido acuñada ya por el propio Caldas, quien escribió la nota necrológica de su maestro en su Semanario del Nuevo Reyno, y que puede considerarse la primera información biográfica sobre Mutis. Allí explica el deseo de Mutis por América, porque allí estaba la naturaleza: "El silencio, la paz, los bosques de la América, más atractivos sobre su corazón que la grandeza y la pompa de las cortes de España" (Biografía, 182). Según Caldas, Mutis había optado por la naturaleza, y ahí radicaba su gran enseñanza política, eso era lo que constituía una distancia con Europa y la corona.

[...] Por una parte se le presentaba una carrera brillante y gloriosa, por la otra una serie de trabajo, un país oscuro y colonial. Muchos dias balanceó en medio de la incertidumbre, y muchas semanas pasaron antes de resolverse. ¡Con qué complacencia hemos oido de su boca las razones que le obligaron á tomar el último partido! El silencio, la paz, los bosques de la América que tuvieron más atractivos sobre su corazón que la grandeza y la pompa de las cortes de Europa.

La naturaleza, la mutisia, había enredado a Mutis atrapándolo para siempre. A su vez él, a través de su diario, la había convertido en discurso, dejándola como legado a sus aprendices americanos que la incorporarían a la retórica libertaria. La naturaleza americana que había venido a buscar con un objetivo ilustrado, salía ahora de las páginas de un libro y no del trópico salvaje. Ya no eran los despreciables mosquitos y ciempiés que mezclaban con amargura la victoriosa tarea del mártir ilustrado; ahora era un texto disecado que no necesitaba de un sujeto para emprender su vuelo libre de alas anchas, una mariposa de alas intactas que él dejó entre los libros, para que muriera sola, por no matarla.

Naturalistas a bordo del Beagle, navío en el que Charles Darwin le dio la vuelta al mundo, examinan especies de animales coleccionados durante el viaje. (Le grand livre des explorateurs et des explorations, París, 1991)

Naturalistas a bordo del Beagle

Notas:

1 Desde el "descubrimiento" del continente americano por los europeos, los viajeros de ese lado del Atlántico han padecido una atracción irresistible por esa inmensa promesa que en sus variadas formas ha sido América. Muchos de ellos no hallaron jamás su camino de regreso y cambiaron su viaje por una residencia. Esto ayudó a continuar una leyenda antigua: "Los cosmógrafos de la antigüedad, desde Aristóteles hasta Tolomeo, aseguraban que de los cinco círculos en que se divide la Tierra, el tercero, correspondiente a la zona tórrida, no era habitable. ¡Ay de los europeos que osaran acercarse a la línea equinoccial! [...] Pero ¿cómo resistir al llamado de la Zona Tórrida si en una de las montañas que la conformaban, situada hacia el fin de occidente, se hallaba el Paraíso Terrenal? Esa fabulosa y paradójica creencia fue reavivada por los grandes viajes del descubrimiento. Las indias occidentales se explayaban alrededor de la línea equinoccial, y sin embargo parecían habitables. Y bien, ¿quería decir eso que los europeos podían transitar indemnes por tales regiones? De ninguna manera. El Nuevo Mundo era sí habitable, más a condición de no querer volver jamás al Viejo. En efecto, aquellos que se aventuraban hasta la zona tórrida contraían un síndrome que les impedía alejarse de ella: el ‘mal de América (Morbus Americae)’ " (Antei, 9-10, 1993).

2 Todas las citas del diario están sacadas de la edición definitiva de Guillermo Hernández de Alba, Diario de Observaciones de José Celestino Mutis (1760-1790), segunda edición, 1983, hecha por el Instituto Colombiano de Cultura Hispánica. Se usa, además, "La vigilia y el sueño de las plantas", texto que fue anexado a la Biografía de Mutis escrita por Gredilla, en la edición de 1982. Gredilla explica cómo este texto fue escrito por Mutis como parte de su diario personal, pero nunca antes editado en ese contexto por ser considerado por los editores un texto de interés exclusivamente científico. Fuera de estos textos, existen publicaciones gráficas y numerosos documentos pertenecientes a la Expedición Botánica escritos por Mutis pero que no serán estudiados en el presente trabajo. El diario y La vigilia y el sueño, como se verá en el análisis, están poblados a su vez de documentación botánica, pero fueron escritos por Mutis como su diario personal de viaje, que mantuvo separado de sus documentos de trabajo.

3 Además de los conflictos de la política interna y externa que afrontaron los diferentes sucesores al trono en España y que marcaron el siglo por sus conflictos, durante el XVIII el país experimentó una transformación interna en las instituciones civiles, eclesiásticas y en particular en los centros de enseñanza, que influenciaron entre muchas otras cosas a los científicos. El padre Feijoo, aunque fiel a su tradicionalismo eclesiástico, se convirtió en la figura más receptiva del conocimiento experimental, y esto fue clave para los viajeros de la época. La bibliografía sobre la Ilustración en España es extensa pero el texto de Gaspar Gómez de la Serna sobre Los viajeros del siglo XVIII en España contiene información específica concerniente al tema.

4 Humboldt participó, además, en la defensa de Mutis frente a la discusión que se desataría años después entre Mutis y Sebastián López Ruiz acerca de quién había descubierto la quina en los alrededores de Santafé de Bogotá. En la carta escrita por Humboldt a López Ruiz y que se encuentra entre los papeles de Mutis, el científico alemán escribe: "Pero la franqueza que es natural a mi nación, y a mi carácter, me fuerza de añadir que aquel gusto ha sido interrumpido muchas veces en los pasajes, que conciernen al celebre naturalista de Santa Fé con el cual me veo enlasado, por los mas estrechos vínculos, de amistad y de agradecimiento" (Gredilla, 113).

5 El siglo XVIII español y su papel en la Ilustración europea es de suyo un tema y una polémica. Gaspar Gómez de la Serna afirma en su libro Viajeros de la Ilustración que una primera ojeada a la estructura histórica del siglo XVIII nos avisará, antes que nada, de su tardía entrada en las aguas de la historia como tal del siglo de las luces. En realidad, los conflictos de protección marítima y territorial del vastísimo imperio y los innumerables conflictos internos, hicieron que no fuera hasta Carlos III (1761) que el despotismo ilustrado se ocupara de proyectos científicos.

6 Jean Baptiste Boussingault fue un viajero francés invitado por el gobierno de Colombia para hacer un viaje y un diagnóstico geográfico de las nuevas repúblicas. Su libro Viaje científico a los Andes ecuatoriales, o colección de memorias sobre física, química, e historia natural de La Nueva Granada, Ecuador y Venezuela, París, Librería Castellana Lessere, 1849, es un tratado de geografía y una descripción de costumbres. Este texto prolonga la obra de los científicos del siglo XVIII y participa de una nueva modalidad de libros de viajes sobre Latinoamérica que se hará muy popular en el siglo XIX. En este tipo de textos se incluyen las descripciones de las costumbres locales además de la información científica y de informes sobre posibilidades de explotación comercial.

7 En el momento de la muerte de Mutis, la Nueva Granada se encontraba en plenas guerras de independencia. Los archivos de la Expedición Botánica se enviaron a Madrid y muchos se perdieron. Su publicación ha sido poco sistemática y extremadamente tardía. Mutis es un personaje bastante desconocido en España pero recordado como prócer y sabio en la presente Colombia. El historiador colombiano Guillermo Hernández de Alba se ha encargado del estudio minucioso de sus documentos, que se encuentran en su mayoría en el Real Jardín Botánico de Madrid, y fue uno de los directores de éste, Antonio Gredilla, quien escribió la más citada biografía del sabio. El Jardín Botánico de Bogotá lleva su nombre y en las celebraciones de los 500 años del descubrimiento de América esta institución creó un programa llamado Regreso a la Expedición Botánica, cuya función única es la divulgación de su producción. Para 1992 ambos países hicieron hermosas ediciones del material gráfico de la expedición e intentaron una recuperación artística de las láminas que se conservan.

8 La Expedición Botánica se ha leído como un proyecto de los Borbones ilustrados para continuar con la obra Historia natural de América, iniciada durante el reinado de Felipe II y continuada durante Fernando VI, que pretendía básicamente encontrar productos que le permitieran a España competir con Inglaterra y Francia en los nuevos mercados internacionales. (González Pérez, La Ilustración en la Nueva Granada, 24). Se crearon, además, expediciones botánicas en el Perú, en 1777, bajo la dirección de José Pavón e Hipólito Ruiz; en México, en 1787, orientada por Sessé y Cervantes.

9 "Una institución representativa de la Ilustración en el Nuevo Reino, muy ligada a la Revolución de Independencia, fue la Expedición Botánica [...] Esta institución se consagró a la investigación y la descripción científica de la naturaleza granadina, convirtiéndose en centro de la cultura nacional y en el núcleo de formación de los hombres más representativos de la generación criolla que forjó la independencia. (Nueva Historia de Colombia, vol. II, 11).

10 De hecho, la edición que más circula del Diario es la de Marcelo Frías, que va hasta 1764 y que, además, tiene la ventaja de incluir alguna correspondencia de Mutis. En el prólogo a la edición de Hernández de Alba hay una disculpa ante el lector porque a partir del 64 "se pierde la nota pintoresca del viaje" y en general a Mutis se le recuerda como botánico y no como viajero.

11 En su capítulo sobre Von Humboldt, Mary Louis Pratt explora la representación del sujeto ilustrado en contraposición con la de otros viajeros cuya meta era la de comprar o conquistar. (Pratt, capítulo 6). Según su estudio, el viajero ilustrado, al representarse a sí mismo como un débil científico y no como un fuerte guerrero, está privilegiando su ciencia sobre su fortaleza física. Pero comparando el personaje de Humboldt y el de Mutis, si bien aquel se nos presenta como el ilustrado científico y refinado, es también el que siempre está en control de todas las situaciones, siempre sabe lo que hay que hacer y puede explicar desde su conocimiento todos los fenómenos que observa. Es un sujeto superior que nunca pierde de vista su objetivo científico. El personaje de Mutis, sin embargo, experimenta una transformación en la que su fortaleza científica también se debilita hasta que deja de ser el centro de autoridad del texto.

12 Pratt, en su capítulo "Eros and abolition", explora cómo el deseo del lector desempeña un papel importante en los libros de viajes, entre los que se puede encontrar una línea de "exotic others". Tiffany y Adams, en su libro Wild Woman: An Inquiry into the Antropology of an Idea, exploran también la creación del "otro" como objeto de deseo del viajero masculino. Ella Shohat, en su paralelo entre la literatura de viajes y el cine de aventuras "Imagining Terra Incognita", analiza cómo la geografía ha servido para representar al otro como objeto de deseo disponible para la mirada europea, justificando con esto la negación de cualquier autoridad para el subalterno. La literatura de viajes parece ser un lugar privilegiado para la creación de un otro que el lector desea a través de la subjetividad masculina y heterosexual del viajero.

13 Varias cosas pueden unir este período. Durante esa época es médico del virrey y comenzará su participación en la vida intelectual de la Nueva Granada. Desde su llegada a Santafé, Mutis se vinculó con las instituciones de enseñanza de la capital del virreinato, donde emprendió innumerables labores. Entre otras, creó el primer programa universitario en medicina, fue profesor de matemáticas, creó la primera cátedra de astronomía y recolectó diccionarios de las lenguas indígenas. El Mutis de esa época representó una conmoción en la vida parroquial del virreinato. Se sabe que fue el primero en enseñar en su cátedra del Colegio del Rosario el sistema de Copérnico en contra del apoyo eclesiástico al sistema de Ptolomeo. Debido a esto, los dominicos presentaron en 1775 un expediente al tribunal de la Santa Inquisición de Cartagena de Indias, acusando a Mutis de "opiniones opuestas a la pureza de la fé católica" (Biografía, 59). Pero Mutis fue declarado inocente.

14 Durante esa época, Mutis abandona su vida de médico y de catedrático, se retira a Mariquita con su grupo, y en torno a sus compañeros y a sus plantas ordena su vida y su relato. Según la biografía de Gredilla, "trabajaban nueve horas al día guardando profundo silencio en la oficina, donde, en lugar respectivo, cada cual se ocupaba en dibujar sobre el papel, ya solamente con lápiz, ya con colores, la planta que tenían delante. El jornal se les pagaba cada semana, deduciendo lo que cada cual había perdido por sus faltas, no justificadas por el director". (Biografía, 1982, 153).

15 Anota Guillermo Hernández de Alba, en la transcripción del diario, que en 1765 se había constituido en Santafé de Bogotá una compañía para explotar la mina llamada San Antonio, situada en la Montuosa Baja, integrada por varios miembros del gabinete del virrey, incluido Mutis (I, 180). Éste es el comienzo de una próspera carrera como administrador de minas que desempeñará hasta el comienzo de la expedición.

16 Esta sustancia sacada de la corteza del árbol de la quina, original de América y de la que se extrae un febrífugo muy fuerte, se convirtió en una medicina muy importante durante el siglo XIX, generando un gran comercio y explotación.

17 No es extraño encontrar en los relatos de viaje de los médicos noticias de cómo tratan de sacarles a los indígenas los secretos de sus remedios y cómo éstos se resisten a entregárselas. Es a menudo citada la afirmación del médico Francisco Hernández: "Tienen los indígenas esta planta (el chuprei) gran aprecio y ocultan sus propiedades con mucho secreto; pero con diligencia y cuidado lograremos arrancárselas". (Quinas amargas, 10).

18 No hay que olvidar que Caballero y Góngora fue el estricto virrey que Carlos III decidió enviar a la Nueva Granada para combatir con mano dura a los comuneros levantados en todo el territorio y era además el "déspota ilustrado" cuya función era fomentar el desarrollo de las ciencias en la Nueva Granada. No obstante, es un lugar aceptado en la historiografía que bajo la Expedición Botánica se formaron los ideólogos criollos que dirigirían el movimiento intelectual independentista del virreinato.