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El
valor de la tradición
Real Colegio Mayor y Seminario de San
Bartolomé: colegiales de 1605 a 1820.
Nobleza e hidalguía
Instituto Colombiano de Cultura Hispánica, Santafé de Bogotá, 1996, 1044 págs.
Esta obra es sin duda una exaltación del
centro educativo que preparó y hoy en día continúa preparando dentro del mejor rigor
académico, científico y moral, a toda una generación de hombres ilustres, procedentes,
en ese entonces, de todos los rincones del país, España, Venezuela y en menor grado de
México, Panamá, Cuba y Puerto Rico.
Es también un homenaje a las vidas de
sus alumnos y de sus parientes, la mayoría de los cuales se distinguieron como luchadores
por nuestra libertad y soberanía. Es quizá éste el mejor aporte que puede hacer esta
publicación al estudio de nuestra sociedad en la época de la Colonia y de la influencia
española en dicho período.
La genealogía de un total de 2.241
colegiales citados en estricta sucesión cronológica; la exaltación de don Bartolomé
Lobo Guerrero, como fundador del Colegio, y del general Francisco de Paula Santander, como
uno de los más ilustres bartolinos; la transcripción de los documentos textuales de la
fundación del claustro y los apartes correspondientes a las Leyes y Reales Cédulas que
incidieron en su vida institucional, son el apoyo a innumerables historiadores que ven
enriquecidas con este trabajo las diversas obras sobre la Compañía de Jesús y la del
Colegio mismo.
Desde el punto de vista editorial, la
obra es de muy buena calidad, con un trabajo iconográfico valioso y un cuidadoso empaste.
No obstante, la consulta y localización
de la información allí contenida no es siempre fácil, pues hay muchos datos que no son
recuperables a través de los dos únicos índices que presenta. Lamentablemente, la obra
carece de una introducción explicativa y de instrucciones para el uso de dichos índices.
Esto último es de vital importancia,
pues para localizar a una persona, es necesario ubicarla primero en el índice onomástico
y de allí tomar un número de orden que deberá ser buscado dentro del índice numérico
de fichas que remite finalmente a la página donde se encuentra referenciada la persona.
Este índice numérico parece, a primera
vista, inoficioso (se ve simplemente como una secuencia del 01 al 2241), pero finalmente
se descubre su utilidad, pues la obra repite, antecedidos de ceros, algunos números que
permiten localizar exclusivamente a los colegiales de Antioquia y que obviamente se
encuentran en partes diferentes del contenido. Este habría podido eliminarse si el
índice onomástico remitiera a la página en la que aparece citado el colegial. Figuran,
además, algunas abreviaturas, tales como: [ANT], [EXP], [BAR], que no tienen explicación
de lo que representan.
Los anexos 3 y 4 registran una
información completa sobre los rectores del Colegio antes y después de la expulsión de
los jesuitas, que no es recuperable a través de ninguno de los dos índices mencionados.
Como la presentación es cronológica, el lector desprevenido se ve obligado a revisar
página a página estos anexos para localizar a alguien.
Una valoración del buen trabajo
iconográfico que presenta el libro podría haberse dado con un índice alfabético que
permitiera localizar a los personajes que incluye y, de ser posible, a los artistas
realizadores de los retratos. Solamente los trabajos provenientes del Museo Nacional
tienen este dato lo presentan como pie de foto mas no los de la Galería del
Colegio ni de la Catedral, la Biblioteca Nacional, la Academia de Historia o el Museo del
20 de Julio.
Sorprende, además, que un libro que
debió ser objeto de una cuidadosa revisión bibliográfica no presente una bibliografía
exhaustiva al final. Se limita a relacionar como notas de pie de página los textos
consultados.
Por último, y como dato curioso, existe
otro libro, editado por el Instituto conjuntamente con el Colegio Mayor de Nuestra Señora
del Rosario en 1994, en dos volúmenes, que cuenta con un índice onomástico de fácil
consulta, listas y gráficos por lugares de procedencia de los personajes (herramienta
útil para la historia regional), lista cronológica de rectores, índice de láminas e
inclusive descripción de los escudos de armas, que bien habría podido ser tomado como
punto de referencia en la preparación del libro que nos ocupa y que podría haber
eliminado varios de los inconvenientes que mencionamos anteriormente y que enriquecerían
este material que con seguridad proporcionó beneplácito y elementos valiosos a la
comunidad historiadora del país y del extranjero.
MARGARITA MUÑOZ CARDONA
Bibliotecóloga
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