Barba nuestro que estás en los cielos
Revista del Centenario de
Porfirio Barba Jacob.
Santa Rosa de Osos, Antioquia, Vols. 1-5, 1983
Si no fuera porque, en los directores
de suplementos literarios, la celebración de las efemérides llena el lugar que la
imaginación ocupa en los demás seres humanos, estos happy birthdays no tendrÃan
razón de ser. Tan vacuas, por lo general, son las efemérides, que a lo mejor necesiten
una segunda razón para existir: la sociedad no tolera muy bien a los poetas vivos a
quienes siente como un maÃz entre el zapato y solamente les celebra cumpleaños de
tres cifras.
Sin intentar la enumeración taxativa, en
Colombia durante 1983 redondearon cumpleaños el nadaÃsmo (25), Rafael Pombo (150) y
Porfirio Barba Jacob (100). Si la efeméride nadaÃsta confirmó su pervivencia al
coincidir con el otorgamiento de los dos premios nacionales de poesÃa el Cote Lamus
y el Universidad de Antioquia a un poeta nadaÃsta, Jaime Jaramillo Escobar, el
cumpleaños de Pombo fue más bien lánguido y puede representarse en la exigua antologÃa
18 poemas que publicó Colcultura y que más parece el desesperado intento de
hallar una aguja entre el pajar. La otra efeméride fue el centésimo cumpleaños de
Miguel Ãngel Osorio, Porfirio Barba Jacob.
Este centenario, el de Barba, por
excepción, contradice la vacuidad habitual de las efemérides. Fue ésta una celebración
vibrante, en la que emergió el culto al poeta, naturalmente en la prensa, pero de manera
especialÃsima en la multitudinaria celebración en sus dos patrias chicas, con presidente
a bordo y remodegeneración de plazas.
Hubo también ediciones, como las siempre
crueles "obras completas", preparadas por Eduardo Santa, y hasta una mediocre
biografÃa que no logra agregar nada nuevo sobre el poeta en 235 páginas atiborradas de
palabras. Y hubo también una Revista del Centenario.
Titular esta publicación asÃ,
"Revista del Centenario", es un acto de modestia. En verdad estos cinco
volúmenes rebasan la fungibilidad de las publicaciones periódicas y más bien
constituyen en su conjunto una especie de Enciclopedia Barba Jacob: un ejemplar ejercicio
de investigación que, al final, culmina en la proeza de haber reunido todo el material
relevante sobre el poeta.
El equipo que llevó a cabo esta obra,
encabezado por Jorge Garay, estuvo integrado por Jairo Tobón Baena, Elkin Lenis, Mariano
Eusse, Jairo Pineda, Jorge Cárdenas y Alfonso Restrepo.
A lo largo de estos cinco volúmenes se
destaca, primero que todo, la estupenda colección de retratos del poeta, un aspecto de
las investigaciones hasta ahora muy descuidado en Colombia. Y la muy escogida selección
documentaria, que incluye textos desconocidos de Barba Jacob. Está, para empezar, la
irrefutable prueba que esgrimen estos santarrosanos para demostrar que Barba Jacob nació
en Santa Rosa, cosa que ya aceptan hasta en Angostura, su otra patria chica, donde creció
y fue maestro y publicó un periódico y el señor cura le quemó una novela.
Por la jerarquÃa de sus autores, merecen
destacarse un texto publicado por Belisario Betancur en 1946, cuando tenÃa 23 años, con
el esdrújulo tÃtulo de "Sentido ontológico de la lÃrica porfiriana" y el de
otro presidente, Laureano Gómez, una especie de silogismo-diatriba, con premisas que
comprenden, inclusive, una definición de poesÃa y un código de lo que debe ser un
poeta, y con una conclusión tajante: "es indigno de figurar entre las lecturas de
personas normales y decentes". Entre los polÃticos, está también la contribución
de Raúl Roa, el fallecido canciller cubano, que conoció a Barba Jacob y hace una
vivÃsima memoria de él.
Por supuesto, a lo largo de esta vasta
obra, figuran textos de los más connotados eruditos en Barba, comenzando por Daniel
Arango, Saúl Sánchez, J. B. Jaramillo Meza, Elkin Lenis, Jairo Tobón y Eduardo Santa. Y
hay contribuciones de destacados escritores, como Carlos Pellicer, Rafael Maya, Jaime
Jaramillo Escobar y Pedro Gómez Valderrama. Y también se incluyen innumerables
evaluaciones crÃticas, la más notable de las cuales sigue siendo la de Hernando Valencia
Goelkel, sin contar valiosÃsimos testimonios, como el anecdotario de VÃctor Amaya
González y un espléndido reportaje de Pedro Nel Valencia con el único alumno
superviviente entre los que recibieron las clases del maestro Osorio en la escuela de
Santa Rosa.
D. J. A. |