El carnaval rural en el
rÃo Magdalena
NINA S. DE FRIEDEMANN
Antropóloga. Codirectora del
Programa de Etnodesarrollo de Grupos Negros en Colombia.
FOTOGRAFIAS. RICHARD CROSS. NINA S. DE FRIEDEMANN
EL MAGDALENA, EJE
CARNESTOLÃNDICO DEL CARIBE COLOMBIANO
EL CARNAVAL
EN AMÃRICA LATINA, ¿DIFUSIÃN O SINCRETISMO CULTURAL?
CREACIÃN Y
DIFUSIÃN REGIONAL DE LAS MANIFESTACIONES DEL CARNAVAL
PAJAROS Y DIABLOS EN EL ACOPLE
INTERETNICO COLONIAL
EL CARNAVAL, tradición de origen
occidental que evoca antiguos ritos de propiciación a dioses griegos y romanos anteriores
al cristianismo, llegó al nuevo mundo con los europeos. Su asentamiento, su significado
social y simbólico y las transformaciones que ha experimentado en las diversas
comunidades rurales y urbanas de América Latina se han convertido en temas de estudios
sociopolÃticos, antropológicos y estéticos.
En Colombia, el carnaval
urbano de Barranquilla es el que hasta el momento ha suscitado mayor atención (Abello,
Buelvas y Caballero: 1979, 1982; Friedemann: 1976, 1979, 1983; Escalante: 1980). No
obstante, documentos históricos indican que en el siglo XVIII ya existÃan festividades
llamadas carnaval y dÃas de carne no solamente en la ciudad de Cartagena y
en la villa de Mompox, sino en poblaciones como Magangué y otros lugares a lo largo del
rÃo Magdalena en el tramo de llanura caribe (ANC T 130: 277-282; T-127: 886-890). Tales
documentos permiten señalar la existencia temprana de un área carnestoléndica y
también las lÃneas de su evolución en Colombia, que en Barranquilla muestran la
confluencia de tradiciones de origen europeo, africano e indÃgena.
Aunque el carnaval urbano
en Barranquilla comenzó oficialmente en 1876 (Arosemenal: 1976, 3B), habÃa celebraciones
desde años antes y desde ese entonces debieron de reflejar los patrones de emigración de
áreas rurales, jalonados por las oportunidades de la urbe en formación (Nichols: 1973).
Puede hablarse entonces de rutas del carnaval rural que arrancaron de diversos lugares
en el área hacia poblados más grandes o urbes. Es el caso de las danzas de negros, de
las de indios y de algunas danzas de fauna componentes del actual carnaval barranquillero
que siguen teniendo vigencia en sitios rurales. Pero de la misma manera hay
acontecimientos, danzas y disfraces caracterÃsticos de un lugar o de una región que no
han quedado plasmados en el carnaval de Barranquilla, pese a que en uno u otro momento
hubieran recorrido la ruta geográfica que lleva la tradición a la ciudad.
EL
MAGDALENA, EJE CARNESTOLÃNDICO DEL CARIBE COLOMBIANO
Los pueblos y ciudades que en direcciones occidental y oriental se
levantan en el tramo de la llanura caribe bañada por el rÃo Magdalena pueden
considerarse como el área carnestoléndica del Caribe colombiano. En la isla frente a la
villa de Mompox y en Magangué las festividades en la época colonial llegaron a ser
objeto de denuncias enviadas al virrey Ezpeleta en 1791; nada menos que por el mismo
cabildo, asÃ:
"se ofende a Dios con las diversiones que se tienen [...] por el tiempo de
carnaval, y [...] perjudica a este vecindario en sus costumbres los juegos del combite,
Liente, azar y Vijas que en ella se juegan, con este pretexto por cebarse en ellos no
sólo Hijos de familia y Esclavos sino hasta las mujeres que pierden sus prendeciras,
abandonan sus trabajos y obligaciones..." (ANC T 127: 886).
Pero antes, en 1774, en la ciudad de Cartagena ya las fiestas causaban
tanta preocupación que en un momento originaron solicitudes de prohibir "la
diversión de máscaras introducidas por el tiempo de carnaval". En éstas, sin
embargo, participaban gentes de alcurnia y militares y sus esposas que, vestidos de
máscara, por la noche "bailaban minué y contradanza evocando el carnaval
europeo" (ANC T38: 629-630).
No obstante, pese a que ambas celebraciones provocaron denuncias, sólo las de
Cartagena fueron censuradas. Un hecho que podrÃa considerarse insólito frente a la
aprobación que el virrey Ezpeleta diera a las fiestas en Magangué. Su respuesta al
cabildo de Mompox en 1791, albergaba, sin embargo, intereses polÃticos en un momento en
que el gobierno colonial intentaba resarcirse del estremecimiento de los Comuneros
(GarcÃa 1981:100-118). AsÃ, el carnaval de Magangué aseguró su permanencia con el
raciocinio del virrey, cuyo texto pudo parecer más benévolo que cándido:
"el pueblo también es acreedor a que se le concedan de tiempo en tiempo algunas
diversiones lÃcitas que dulcifiquen el trabajo jornalero de todo el año" (ANC T
127: 886-890).
EL CARNAVAL EN
AMÃRICA LATINA, ¿DIFUSIÃN O SINCRETISMO CULTURAL?
Algunos tratadistas dcl carnaval en América Latina señalan que él es
resultado de un proceso de difusión cultural ligado a la colonizacion española y portuguesa. Según Pereira de Queiroz
(1983), los dos tipos de fiesta ya evolucionados en un modelo rural con ritos asociados a
sÃmbolos sagrados vernáculos, y otro urbano con un ritual impregnado de lujo mundano y
de sÃmbolos profanos "venecianos" habrÃan llegado a América en el equipaje
europeo.
Pereira de Queiroz apoya su propuesta de difusión en la tesis de Caro Baroja (1965) de
que en el siglo XVII el carnaval en las
ciudades españolas habÃa empezado a transformarse en relación con las posibilidades
económicas de las clases sociales. Los ricos se habrÃan distanciado de los pobres
expresando su prosperidad mediante imitaciones del carnaval italiano: bailes de fantasÃa,
desfiles suntuosos y cabalgatas lujosas que hacÃan eco al carnaval de Venecia. Los
pobres, en las sociedades rurales españolas, se habrÃan quedado entonces con las
costumbres que mantenÃan elementos con un significado religioso vernáculo: los
enmascarados, las aspersiones de agua y el lanzamiento de harina que al desembocar en el
entierro de un muñeco con un nombre distinto para cada región constituÃan el ritual
sagrado.
Que a las colonias españolas llegaron los dos tipos de celebración y que en Brasil
sólo se asentó el carnaval-entrudo o urbano de Portugal con las caracterÃsticas del
modelo italiano y profano de Venecia es una propuesta que la citada autora sustenta con
explicaciones ligadas a la forma de ocupación colonial en cada lugar. En la América
colonizada por España. la fundación de pueblos y ciudades habrÃa propiciado el ingreso
de ambos tipos de carnaval. En los territorios manejados por Portugal, cuya corona estaba
interesada en ocupar rápidamente vastas extensiones, el poblamiento disperso en haciendas, con el establecimiento de
algunas ciudades como centros administrativos de las regiones, habrÃa propiciado
solamente la introducción del carnaval urbano.
Pero el hecho de que en la
zona correspondiente hoy en dÃa al Caribe colombiano rural y urbano existieran en el
siglo XVIII las festividades de carne y el carnaval no permite. sin embargo, asegurar que
tanto éste como aquellas sean trasplantes del vernáculo y del "veneciano" de
España.
Los datos sobre las fiestas tempranas en
el Caribe colombiano muestran más bien el asentamiento en las ciudades de un carnaval con
elementos vernáculos como los enmascarados y la harina entre las clases con poder
economico y militar. Y simultáneamente en la zona rural, el goce de unas fiestas que
atañÃan más a las costumbres de la localidad. Los rituales de las etnias indÃgenas y
las de los negros esclavos y libres, al enmarcarse en invocaciones de personajes
cristianos, lograron entonces sincretizar o reinterpretar sus propios dioses en ferias
como la de la Purificación de Nuestra Señora en Magangué, o la fiesta del Cristo) de
los Milagros en la antigua villa de Ayapel (Fals Borda 1984:84A).
El marco cristiano de estas celebraciones sin duda evoca regocijos de la Edad Media
alrededor de los autos sacramentales (Eltz-Pollack 1983:177) y las obras de misterios
populares con las que se enseñaba la doctrina cristiana a gentes iletradas *. Festividades que en
la América se han proyectado precisamente en las áreas rurales y que siguen plasmándose
en celebraciones de Corpus Christi, en las diversas fiestas de diablitos, algunas de las
cuales han recorrido las rutas del carnaval.
Originalmente, los diablitos, vestidos de
negro y rojo, con caretas, cuernos y facciones demonÃacas viajaron con los españoles al
Nuevo Mundo y empezaron a participar en las procesiones cristianas, dando golpes y
vejigazos por doquier. En algunos lugares, como en Puerto Rico, aunque esos diablitos o
vejigantes parecen murciélagos (Duncan: 1979), casi siempre conservan el hálito
satánico medieval y la fantasÃa de los faunos capricornios de la mitologÃa
precristiana.
CREACIÃN Y
DIFUSIÃN REGIONAL DE LAS MANIFESTACIONES DEL CARNAVAL
La riqueza de la danza, la música y la
literatura en el área rural del Caribe colombiano ofrece manifestaciones excepcionales
durante el carnaval. Manifestaciones que siguen teniendo movilidad espacial. AsÃ, por
ejemplo, danzas originarias de caserÃos aún viajan a poblados grandes y se presentan al
lado de otras provenientes de distintos caserÃos. Se han conformado asà puntos de
confluencia que permiten dibujar un mapa de rutas de tradición festiva y una sÃntesis de
su aglutinamiento regional en el área carnestoléndica.
El Banco, por ejemplo, era
sitio de concentración de danzas de poblados vecinos como Guamal, Chimichagua, Los
Negritos, Tamalameque, Tamalamequito, Chiriguaná, Curumanà y Zapatosa. Santa Ana ha
recibido danzas de negros de Guataca y de Mechinguejo, a la vez que ha enviado grupos de
gallegos al corregimiento de Talaigua. Y Talaigua ha mostrado en Mompox su danza de
indios.
Por otro lado, un inventario de las manifestaciones que se hacen presentes en el ritual
carnavalero del área muestra tradiciones como la del caimán que se evoca en Plato,
Ciénaga, Mompox y también en Barranquilla, o la de los indios farotos que danzan en
Barranco de Loba, Chimichagua, Mompox y
también en Barranquilla. Lo cual evidencia a un mismo tiempo la existencia de regiones en
el área carnestoléndica, como la ribereña del Magdalena, en las cuales aparecen ciertos
temas con más frecuencia que en otras. En los poblados y ciudades del rÃo Magdalena, por
ejemplo, abunda la evocación del caimán, de los coyongos, de los indios "bravos, o
de los negros cazadores de tigres. En tanto que en los poblados costeros parecen más
frecuentes por un lado la danza de congos, la del paloteo mixto, la maestranza y una
profusión de disfraces individuales que se acentúan en las localidades urbanas.
PAJAROS Y DIABLOS EN EL ACOPLE
INTERETNICO COLONIAL
El protagonismo (de los animales propios del área de carnaval ha sido
notable durante toda su historia. Cuando éste empezó a enriquecerse con manifestaciones de las clases populares, al lado de las
fiestas religiosas cristianas, la fauna danzante concurrió con un aire festivo singular.
Los goleros, las culebras, los micos, los pájaros, las cucambas, los coyongos, el
caimán, hicieron grupos cuyo arraigo podÃa trazarse en tal o cual poblado.
Actualmente, con el proceso continuo de
cambio que siguen experimentando los grupos que aún forman parte de las fiestas
religiosas y los que han pasado a integrar el carnaval, no es fácil identificar las rutas
exactas de su movilidad espacial y temporal. No obstante, hay datos que permiten examinar
el trayecto seguido por algunas danzas en su paso del ámbito religioso rural al del
carnaval urbano.
Un ejemplo de este transporte cultural de
fauna danzante es el de las cucambas, que participaban en el carnaval barranquillero a
comienzos de este siglo (De la Espriella: 1977). Son aves de la familia de las garzas,
conocidas como pacopacos (EF 1982). Con su plumaje blanco, su cabeza negra, pico azul y
tres plumas delgadas a manera de penacho son consideradas excepcionalmente bellas.
Las cucambas, enormes
pájaros, danzaban en las procesiones rurales en clara oposición a los diablos rojos con
cachos y espuelas. Ambos grupos tenÃan como principales testigos a otros personajes de la
fiesta: los indios chimilas, los señores del pueblo trajeados con levitas europeas y
condecoraciones sociales y religiosas, y los mismos oficiantes católicos en la iglesia,
frente a su altar y debajo de su cruz.
A juzgar por su aparicion histórica en diversos lugares, tanto en la
costa como en los bordes del rÃo Magdalena, estas danzas de pájaros y diablos debieron
de iniciar su acople en el escenario de encuentro) interétnico colonial. A medida que el
poblamiento de la costa atlántica fue dispersando sus núcleos de origen indÃgena y
negro), las gentes, con sus rituales, tornaron las rutas de la evolución socio-económica
y polÃtica en la región. De esta suerte las cucambas a finales del siglo XIX bailaban en
Ciénaga en las fiestas de Corpus Christi y también en lugares ribereños vecinos a
Mompox, Como Guamal y Chilloa, donde hasta hace pocos años, en el decenio de 1970,
seguÃan siendo parte de celebraciones religiosas (Revollo: 1965). No obstante, para este tiemposolo eran
protagonistas del Domingo de Ramos en Semana Santa. Y el perfil de su forma exterior
habÃa cambiado tanto para algunos, que en 1983 las cucambas fueron descritas en El Banco
como la representación de insectos saltarines de invierno. Su traje seguÃa siendo, como
antaño, de tiras de cogollo de la palma de vino, pero tanto la figura del ave como sus
plumas y pico, en la parte superior del disfraz, se habÃan desdibujado.
Revollo sugiere el origen
indÃgena de esta danza y los esfuerzos de la religión católica para inducir a la
población aborigen a participar en sus procesiones. El ritual era representado en esta
ocasión por la misa y el desfile con el palio y la cruz a cuyo rededor bailaban los
diablos católicos al toque de un son de campanas que aún se conservaba en Mompox a
finales del siglo pasado. Vale mencionar que para ese tiempo la presencia aborigen en esas
fiestas aún marcaba su impronta en las danzas de las chimilas, que de acuerdo con Revollo
iban en la procesión entonando un retornelo dulzón:
"Venid chimilitas,
venid a adorar
al Rey de los cielos
que está en el altar"
(1952: 12).
Después de la procesión y frente al templo y a la cruz, las cucambas y
los diablos se desparramaban por todo el poblado en un juego desenfrenado de competencia y
lucha. Los diablos azotaban a las cucambas y éstas se defendÃan con látigos perreros,
que llevaban en la mano derecha, en tanto,
que con la izquierda seguÃan tocando una especie de castañuela o maraca e intentaban
herir a los diablos con los picos. Revollo (1954) no adelantó ninguna interpretación
simbólica sobre esta escena, que más tarde fue señalada por Triana (1974) como "la
lucha del bien y del mal; el bien representado en el pájaro llamado cucamba y el mal por
el diablo, con cachos y cola, de la religión católica". Este análisis, aunque
simple, es interesante particularmente porque parece derivar de un par de leyendas
vigentes en Guamal. La primera está circunscrita aún al universo terrenal de una
naturaleza montañosa y con fauna primigenia, se ve intervenida por el diablo, que aparece
como un personaje con poderes sobrenaturales y cascabeles en su traje; al moverse en un
territorio desconocido y agreste, es vencido por los picos del enorme pájaro con plumaje
dorado que brilla al sol y que mantiene su nido en las palmas de vino.
La segunda leyenda,
transportada ya al paisaje social, se desenvuelve alrededor de una pareja de campesinos,
en la cual el hombre depende del diablo para salvar su cosecha y apela a venderle su alma.
El triángulo social se dinamiza cuando la campesina, usando su larga cabellera y su
cuerpo desnudo untado de miel y revestido de plumas, reta al mismo diablo para adivinar su
juego, que tiene el nombre de un pájaro. El diablo pierde, pero buscando la respuesta
alcanza a acariciar el cuerpo de la campesina y a quedarse con algunas de las plumas en
sus manos. El campesino salva asà su cosecha, su alma y presumiblemente a su mujer.
Los datos asequibles en relación con el
carnaval del Caribe colombiano destacan hasta el momento una elaboración creativa de las
tradiciones rurales expresadas por indios y por negros. Expresiones que bajo el cinturón
colonial y la imposición religiosa del cristianismo buscaron escenarios y formas diversas
de manifestación. Un proceso que continúa siendo dinámico frente a las nuevas
condiciones de la región y del paÃs. De todos modos las festividades rurales,
impregnadas de expresiones autóctonas, siguen constituyendo abundante fuente estética
que alimenta el carnaval urbano de Barranquilla. Un carnaval cuyas lÃneas vernáculas, al
evocar dioses y propiciar la vida y la fertilidad, da cabida a rituales sagrados de
procedencia cultural variada.
* La creación del mundo, el nacimiento y la pasión de
Cristo y otros momentos dramáticos del Antiguo y Nuevo Testamento eran representadas por
marionetas en ciudades como Marsella, ParÃs y Lyon en los años de 1600 (Sorell
1973:109). (regresar)
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