De fotógrafos a fotógrafos
Crónica de la fotografÃa en Colombia
1841-1948
Taller la Huella
Carlos Valencia Editores. Bogotá, 1983
Marcos Roda y Roberto y
Juan Carlos Rubiano integrantes del Taller la Huella han venido realizando,
desde hace más de un lustro, fructÃfera labor en el campo de la historia de la
fotografÃa colombiana. Ya habÃan publicado un trabajo pionero, FotografÃa colombiana
contemporánea, que ahora complementan con esta Crónica, que es el primer intento en
el paÃs de enunciar un capÃtulo inédito en nuestra historia plástica, como es el de la
fotografÃa.
Pocos meses después de aparecida esta
Crónica, el Museo de Arte Moderno de Bogotá publicó un trabajo más aparatoso, mejor
respaldado institucionalmente, con más fotografÃas, pero este libro de la Huella puede
reivindicar el derecho de haber sido el primero y de ser el más coherente y serio de
cuantos se han realizado en el paÃs.
Una vez más, cómo en su libro anterior,
la introducción al volumen representa una lectura bastante aguda de la historia en
Colombia del arte de Nadar. La fotografÃa llegó a nuestro territorio en la primera mitad
del siglo XIX, cuando "las ideas y las artes se hallaban supeditadas a los giros que
éstas daban en los centros de desarrollo, de tal forma que no se terminaba de asimilar
una moda cuando ya otra novedad la tornaba obsoleta. Colombia era una nación que vivÃa
del disfraz, de la herencia española de sobrellevar la pobreza con hidalguÃa, de acuerdo
con lo cual importaba más la apariencia que la realidad [...]. En este
ambiente poco propicio para el desarrollo de casi nada, una nueva forma de expresión se
afincó en estas tierras".
Aun antes de entrar en su detallado
recuento histórico, los compiladores advierten: "la historia de la fotografÃa en
Colombia es fiel a su esquema general del mundo y, aunque técnicamente la fotografÃa en
Colombia no aporta nada a la fotografÃa como patrimonio universal, su interés para
nuestro ser cultural es básico".
Historias de parroquia
La noticia del descubrimiento de la
fotografÃa fue recogida por un periódico de Bogotá, El Observador, el 22 de septiembre
de 1839. Las primeras fotografÃas fueron realizadas por el pintor Luis GarcÃa Hevia y el
original más antiguo que se conserva perteneció al barón Luis de Gros y representa la
calle del Observatorio.
Los primeros fotógrafos fueron
artesanos, pero entre ellos "se dieron básicamente dos tipos de fotógrafos. Los
itinerantes: extranjeros que buscaban lugares donde trabajar por tiempo limitado, saturar
el mercado y continuar su comercio nómada con la imagen [...]. Y por otra parte, los
fotógrafos nativos o extranjeros que viajaban periódicamente a perfeccionar sus
conocimientos. En aquella época, la tendencia universal marcaba que el 95% de las
fotografÃas eran retratos, y este modelo también se repetÃa en Colombia: "La gente
se fotografiaba por gusto, no existÃa razón utilitaria para hacerlo. Eran las familias
de los comerciantes, las señoras y los niños bien. Eran en algunos casos los parientes
recién fallecidos que posaban para la posteridad con el gesto sorprendido que les dejó
la muerte, y eran también los militares que buscaban un método rápido para perpetuar su
imagen de próceres de nueva hora".
En esta época del retratismo, la Huella
destaca al fotógrafo Demetrio Paredes, de quien Hernando Téllez escribió: "AllÃ
están, enfáticos, afirmativos, pertinaces, romanticos, decididos, virilmente galantes e
impertinentes. Sopla sobre esas cabezas que coleccionó Paredes, un viento de revolución,
un aire de grandes frases, de altos tropos inflamados".
Aparte del retratismo, quedan testimonios
gráficos de otros hechos del siglo pasado, principalmente de las guerras civiles, pero no
fue hasta la fundación del Papel Periódico Ilustrado, cuando comenzaron los primeros
balbuceos de la reporterÃa.
A fines del siglo pasado surge un
fotógrafo sin el cual "los primeros cien años de fotografÃa en Colombia serÃan
simplemente un inventario de fechas y nombres", ya que él realizó "la labor
más destacada de los primeros cien años de fotografÃa colombiana". Se refieren los
autores a Melitón RodrÃguez: "El mejor documento de MedellÃn y de Antioquia, a
fines del siglo XIX, lo constituyen las fotografÃas que RodrÃguez tomó sin desperdiciar
oportunidad. La cámara de Melitón se pasea confiadamente por la geografÃa social de su
región. En cada una de ellas se refleja el deseo de mostrar su terruño con un permanente
margen de sorpresa, como creando el mundo a medida que lo iba retratando. La trilla de
café, los estudiantes de medicina, los músicos, los circos, las minas de oro, entre
tantos temas, son recogidos por él de manera novedosa en nuestro medio. El mismo hecho de
acoger temas vulgares y ajenos a la fotografÃa colombiana de entonces constituye toda una
ruptura, una toma de posición que divide en dos el quehacer fotográfico nacional".
No sin mencionar a los fotógrafos
aficionados, entre los que se destacan Fernando Carrizosa y Roberto Herrera, los
investigadores pasan a la fotografÃa republicana, dentro de la cual se destacan los
nombres de Juan N. Gómez, en Bogotá, que dejó un archivo con 50.000 negativos, y
BenjamÃn de la Calle, en MedellÃn, uno de los artistas más finos de la cámara en
Colombia.
Detrás de la noticia
Culmina la investigación del taller
la Huella con un recuento de una de las vetas más ricas de la fotografÃa colombiana, la
reporterÃa: "Los nombres que caracterizaron la fotorreporterÃa colombiana de esos
años [los 40] fueron los de Ignacio Gaitán, Sady González, Carlos Caicedo, que apenas
se iniciaba en la profesión, y Leo Matiz, que resultó herido mientras cubrÃa, para
Life, los sucesos del 9 de abril de 1948. Sin embargo, el reportero que se caracterizó,
en este acontecimiento, fue Luis B. Gaitán".
Y con un recuento de la espeluznante
experiencia que vivió Colombia en aquella fecha, termina la antologÃa gráfica que
acompaña a este libro, texto imprescindible para construir la historia de la fotografÃa
colombiana.
D.J.A. |