Ni palante, ni patrás
Haciendas, campesinos y polÃticas
agrarias en Colombia, 1920-1980
DarÃo Fajardo
Editorial Oveja Negra. Bogotá, 1984
Dentro del notable desarrollo de la
historiografÃa económica y social durante el último decenio, destacan de modo
excepcional dos temas: el desarrollo de la agricultura durante los siglos XIX y XX y los
conflictos agrarios durante el siglo XX. Más de ciento cincuenta trabajos sobre el primer
tema, y cerca de ciento sobre el segundo, publicados después de 1970 1, dan testimonio de este particular interés de
los investigadores nacionales por temáticas que vertebran la comprensión de la sociedad
colombiana contemporánea. Es cierto que la mayorÃa de estos trabajos se refieren, por
una parte, a la economÃa cafetera en sus diversas dimensiones, y por otra, al perÃodo
conocido como "la Violencia", que no es, por lo demás, independiente de aquella
fase de protesta agraria de los años veintes y treintas. Hay, sin embargo, suficientes
elementos, aunque dispersos, que justifican y exigen una sÃntesis.
Lo que Fajardo ha hecho en este texto
es precisamente eso: un intento de sÃntesis, cabalmente logrado, sobre la base de la
amplia bibliografÃa existente. 2
Como sÃntesis que es, no hay en ella espacio para los detalles o aun para los temas
subsidiarios. Cualquier juicio, pues, debe remitirse a las hipótesis centrales que
explican las lÃneas maestras del acontecer agrario en cada perÃodo histórico.
De hecho, la historia de la sociedad
agraria colombiana, en lo que tiene de esencial, puede reducirse a los vÃnculos
cambiantes que, con mayor o menor fluidez, se producen entre la propiedad territorial y la
masa campesina. Haciendas, luchas agrarias, propiedad parcelaria, en fin: cualquiera sea
el tema, no son mas que formas de esta articulación. La polÃtica agraria, al menos hasta
hace veinte años, no tiene otro propósito que ocuparse en aquella relación para
transformarla, congelarla, orientarla según la fase. Haciendas, campesinos y polÃticas
agrarias, son, pues, los elementos sustantivos de una sÃntesis de la historia agraria del
paÃs que, sin embargo, pudiera interpretarse de distinto modo según el peso relativo que
se asigne a cada uno de los elementos.
Quizás el autor conceda, como bien
objeta Palacios, una importancia excesiva a la capacidad de la polÃtica agraria para
transformar los procesos reales, tal vez sobrevalora los determinantes polÃticos en el
desarrollo de los conflictos sociales al tiempo que minimiza aquellas transformaciones
estructurales que catalizan los cambios. Podemos estar en desacuerdo con estos matices y
con algunas hipótesis centrales como las que se refieren a las vertientes de formación
del campesinado, a los alcances reales de la ley 200, a la significación de la violencia
en el desarrollo del capitalismo en la agricultura o, incluso, con la interpretación de
Fajardo sobre las concepciones dominantes en cuanto al desarrollo de la agricultura. Estas
divergencias, por supuesto, remiten más a la teorÃa con la que se interpretan los
hechos, que a la percepción que se tenga de ellos. Es forzoso convenir, sin embargo, en
que este trabajo es un esfuerzo exitoso en el ordenamiento sintético de las diversas
fases de la historia agraria nacional. Lo que resulta de este esfuerzo es en definitiva
una nueva manera de examinar las modalidades de desarrollo de la agricultura, en las que,
más allá de los visibles cambios en los sistemas productivos, en los patrones de
modernización y tecnificación o en las formas de apropiación territorial, subyace un
conflicto, de larga historia y aún no resuelto, entre una masa campesina que no acaba de
resignarse a sus condiciones de vida, un desarrollo agrario que no es capaz de romper el
patrón histórico de concentración territorial y una polÃtica agraria que oscila
dudosamente entre uno y otro de los términos del conflicto.
JESÃS ANTONIO BEJARANO
1 Inventario realizado por el autor de esta nota con destino
a Colciencias. (regresar 1)
2 Véase
la advertencia de Marco Palacios en la presentación del libro, en la que se indica que,
excepto las páginas dedicadas al Desarrollo Rural Integrado (DRI), el trabajo tiene tales
propósitos. (regresar 2) |