Boletín Cultural y Bibliográfico.  Número 1Volumen XXI,   1984


 

Noches de Cartagena

Cartagena
Hernán Díaz
Fondo Educativo Interamericano. Bogotá, 1983

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Hernán Díaz es el más importante fotógrafo colombiano. Perteneciente a una generación que en literatura está representada por García Márquez, en pintura por Obregón, en arquitectura por Martínez Sanabria, en política por Belisario Betancur, Hernán Díaz ha sido corresponsal de Time, de Fortune, de Life, de Monitor; fue fotógrafo del Christian Science Monitor; fue el primer fotógrafo colombiano de quien el Museo de Arte Moderno de Bogotá organizó una muestra individual representó a Colombia en la Bienal de Venecia y ha ejercitado la más productiva labor profesional, pedagógica y creativa en la fotografía colombiana.

La bibliografía de Hernán Diaz comprende una lista larga que comienza por Seis artistas colombianos, realizado conjuntamente con Marta Traba en 1963, y culmina con un libro documental de denuncia sobre la destrucción de los cerros orientales de Bogotá, Diario de una devastación. Su opus máxima, hasta ahora publicada, es, sin embargo, este espléndidamente presentado volumen sobre Cartagena que ahora editó el Fondo Educativo Interamericano.

Lo primero que habría que anotar sobre este libro, es que en él se incluyen imágenes tan conocidas, en afiches y diferentes publicaciones, que se diría que estas fotos de Hernán Díaz son ya parte del acervo común de la imaginería nacional. Nuevas visiones, ya establecidas como una forma natural de la belleza colombiana.

Pero el libro va más allá. Pareciera que Cartagena es un tema que los artistas, llámense fotógrafos o historiadores, sólo abordaran como un acto de amor. El prologuista de este libro, Belisario Betancur, advierte uno de los aspectos más notorios de Hernán Díaz así: "Desde cuando, muy joven, Hernán Díaz se reveló como uno de los mejores fotógrafos de Colombia, siempre ha sido motivo de admiración la versatilidad con que se enfrenta a un repertorio temático múltiple, desconcertantemente variado: el autor de hondos retratos de mujeres hermosas y de niños atónitos, de paisajes y de bodegones (cuesta trabajo desprenderse de estas engañosas analogías con la pintura), de joyas y del detalle o del conjunto de una arquitectura". Y esta versatilidad, que le permite hallar las imágenes que tomará su cámara como si fuera un trabajo poético, transformará la visión: "lo que Hernán Díaz consigue no es recuperar el recuerdo sino inventarlo, dar forma y presencia a seres y lugares que habíamos percibido borrosa o imperfectamente, o al menos, sin el rigor de su mirada de artista".

Una visión personal; una visión en los dos sentidos de la palabra: imagen percibida por el ojo y, también, alucinación, sueño. Una ciudad personal, que se recorre con el rigor y la finura de un poeta. Díaz, además, es buen prosista, y en hermoso prólogo nos presenta una especie de representación fantasmal; ahí está él mismo, el artista, el fotógrafo, el poeta, haciendo carne las palabras de otros poetas, de Salinas y de Cavafis.

La introducción de Hernán Díaz a este, su antológico libro sobre Cartagena, es como el cuaderno de bitácora de un poseso, que circula por su personal Cartagena de la mano del azar, de la mano de la música. Un recorrido iluminante, de hechizado: "De pasar por aquí, Ulises no habría regresado". Una voz de cierta prosaica cordura, equivocada por definición, nos diría que estas apariciones fantasmales que el fotógrafo describe en su prosa, son apenas fantasías del artista, delirios nocturnales. El desmentido vendrá después, a lo largo de estas, alrededor de cien, magistrales fotografías.

Fotografías que trazan un itinerario espiritual y visual, que construyen una nueva mitología. Allí están los escenarios más ilustres de la ciudad, castillos y murallas, conventos e iglesias, edificios del clero o del Estado, escenarios de un encantamiento más profundo, que Hernán Díaz revela: las frutas y el mar, la belleza de las negras, el reverberante y bullicioso gentío, los hombres y mujeres humildes, sus casas y sus ropas, formando parte de un paraíso visual descubierto, inventado, como se inventa el recuerdo, por Hernán Díaz.

Si en el plano de su materia temática, Hernán Díaz reelabora el lenguaje visual de un lugar privilegiado, de por sí hermoso, en el plano de la creación fotográfica el trabajo de Hernán Díaz es ejemplar y se inscribe dentro de la mejor tradición clásica en la fotografía. Por la originalidad de su visión, lo que ha hecho Hernán Díaz con Cartagena es análogo a lo que hace setenta años hizo Alfred Stieglitz con su Nueva York.

D.J.A.