Potencia que ladra...
Retos de la polÃtica
exterior colombiana
Gerhard Drekonja K.
Fondo Editorial Cerec. Bogotá, 1983
Estamos ante la segunda
edición, corregida y aumentada, de un trabajo pionero de análisis de nuestras relaciones
internacionales. El autor rebasa los lÃmites consagrados en los estudios jurÃdicos, de
los que ya hay un fondo colombiano impresionante, o las aburridas monografÃas que
describen el funcionamiento de las organizaciones internacionales. Drekonja esboza las
relaciones exteriores de Colombia en términos de polÃtica, esto es, de distribución y
funcionamiento del poder.
Buena fe y soberanÃa
Con todo, no se trata de un estudio
global, sino de un análisis sistemático que abarca diferentes aspectos, cada uno de los
cuales se enfoca independientemente, formando un capÃtulo del libro: el diferendo entre
Colombia y Nicaragua (cap. III); Colombia regresa en el Caribe (cap.IV); Colombia en el
sistema energético internacional (cap.V).
En lo que atañe al capÃtulo sobre las
relaciones con Nicaragua, hay que mencionar al margen que la participación colombiana en
Contadora no cierra, de ningún modo, la tendencia del gobierno colombiano a respaldar
militarmente nuestra soberanÃa legÃtima sobre el archipiélago de San Andrés y
Providencia. Manes del 2 de abril de 1982 en las Malvinas. Más bien el "bajo
perfil" es ahora de Nicaragua. A la fecha de escribir esta reseña (23 de abril del
84) no ha sido contestada, que sepamos, la nota de la cancillerÃa colombiana pidiendo
explicaciones por la inclusión del archipiélago colombiano en un mapa oficial
nicaragüense. Este capÃtulo tiene mucho de cuestionable. La soberanÃa de Colombia es
diáfana a la luz del derecho internacional y los consejos de Drekonja para resolver el
"diferendo" son ilusorios como prospectiva de polÃtica exterior colombiana. Su
único mérito es la bona fide del autor.
El capÃtulo introductorio nos
suministra, con cuentagotas, los ingredientes de "La nueva polÃtica exterior
latinoamericana"; "nueva" porque rompe los moldeamientos
"clásicos" de la búsqueda de equilibrios en el orden de la segunda posguerra y
porque pretende replantear las relaciones económicas y polÃticas dentro de un marco
"tercermundista" que condiciona la conducta de nuestros paÃses asimilándola en
esto a la de los asiáticos o a la de los africanos. Con estas premisas, el autor nos
entrega con cuentagotas de boca aún más estrecha lo que serÃa el proceso de
formulación de la polÃtica exterior colombiana. El libro cierra con un capÃtulo
técnico y una ponderada bibliografÃa.
Los presidentes hacen la polÃtica
internacional
Como no se trata de una obra exhaustiva,
es apenas natural que algunos aspectos centrales de nuestra polÃtica exterior no se
analicen. Por ejemplo, las relaciones con Venezuela; "el poder negociador"
colombiano en los convenios internacionales del café o en las discusiones sobre el
derecho del mar. Tampoco hay un análisis especÃfico de las relaciones con Estados
Unidos. El lector no se sentirá defraudado por el método de análisis que muy
someramente traza en el paso colombiano del grupo de paÃses latinoamericanos de
"bajo perfil" internacional a los de "alto perfil". Este es el paso de
la lealtad tradicional frente a Estados Unidos a la "autonomÃa periférica"; de
la eliminación de la concepción geopolÃtica de las "fronteras nacionales" a
la cooperación tipo Sela; de la mayor amplitud en el espectro de relaciones
diplomático-comerciales; de la mayor integración al Movimiento No Alineado y de la
polÃtica diseñada y ejecutada por burocracias diseminadas al control centralizado en el
ministerio de Relaciones. El "bajo perfil" es identificado con el apotegma de
Marco Fidel Suárez del "respice polum" y el "alto perfil" con las
tentativas tercermundistas de López Michelsen del "respice similia", Betancur
las ha retomado y desarrollado con audacia, después del retroceso que sufrieron bajo
Turbay. AsÃ, pues, se explica la dinámica de nuestra polÃtica exterior. Hay, empero,
ciertas inconsistencias. La principal del esquema general es su descuido del carácter
"ejecutivo" o "presidencial" de las relaciones internacionales
contemporáneas. La rebelión exitosa de los jefes de Estado contra las burocracias
estatales, como lo prueba Juan Pablo II o la lÃnea roja que conecta directamente a Reagan
con Chernienko o la ocupada lÃnea telefónica del despacho presidencial colombiano en
"las madrugadas y fines de semana" , según el presidente Betancur. El prÃncipe
tiene su coto propio en la polÃtica exterior, nos lo enseñó Schumpeter y Rooselvelt lo
puso de moda desde la posguerra. En ese sentido lo que afirma Drekonja es un
contrasentido. Porque una polÃtica de "alto perfil" la personifica el lÃder y
no se sabe exactamente si es o no es "funcional" a dicho "alto perfil"
una burocracia centralizada y eficiente de un ministerio de Relaciones. Las enseñanzas de
otro clásico que estudió el asunto del balance entre el "prÃncipe" y la
"burocracia", Max Weber, son claras: la segunda es la camisa de fuerza del
primero.
Drekonja perdió este riquÃsimo filón
de análisis. Y este otro: la nulidad formal del Congreso colombiano en asuntos de
polÃtica exterior, lo que refuerza la independencia del ejecutivo y la de la burocracia,
haciendo de la relación informal de los dos uno de los campos de mayor interés
analÃtico.
¿Betancur profundiza a López?
Es difÃcil estar de acuerdo con dos
tesis muy llamativas, por lo actuales: 1. Que no hay un viraje en la actual polÃtica
exterior del presidente Betancur sino más audacia para desarrollarla en la lÃnea en que
la dejó López Michelsen en 1978. 2. Que hay consenso en la nueva polÃtica. Otro punto
débil del libro es su parquedad para establecer la movilidad de los parámetros
internacionales, en particular las incoherencias de la polÃtica exterior norteamericana
y, para el caso de Contadora, los adicionales desarrollos autónomos de la dinámica en
Centroamérica.
La débil conexión establecida por
Drekonja entre lo interno y lo externo de la polÃtica colombiana, se agrava porque los
puntos de referencia propuestos para ver su interrelación no son siempre los más
convincentes. Por ejemplo, parece discutible que el nivel de las reservas internacionales
sea una especie de variable explicativa de la "apertura lopista" y que podrÃa
debilitar la actual "apertura" belisarista. El juego de factores y los factores
en juego hoy en dÃa son muchos. El "rebusque tercermundista" que han mostrado
nuestros paÃses para disminuir los efectos de las "asimetrÃas" sorprende por
su eficacia. Quizás los márgenes del "rebusque" de un paÃs dependan del grado
de consenso real por fuera de las burocracias sobre la polÃtica interna. A
este respecto es prudente guardar reservas frente a la afirmación del profesor Fernando
Cepeda, quien en la introducción asegura que ni en la polÃtica de paz interna, ni en el
viraje internacional, que es su correlato, hay lo que el expresidente de la Comisión de
Paz denominó "enemigos agazapados". Cepeda avala aquà esta afirmación central
de Drekonja: "El paÃs mira con asombro y sorpresa pero también con un
consenso básico. esa nueva polÃtica exterior [de Betancur]". En este punto
abandonamos flagrantemente el terreno académico y nos pasamos al de la malicia indÃgena,
quizás una pieza de la cual faltó al austero profesor Drekonja para suscitar reflexiones
más redondeadas. Como todo pionero, Drekonja nos abrió nuevos horizontes. Tuvo más
suerte que Colón, porque ya en el segundo viaje a la misma latitud, el navegante
austriaco (excepcional, porque deben de ser escasos los navegantes austriacos) consiguió
señalar con modestia intelectual encomiable los linderos de su descubrimiento. Drekonja
enriquece la bibliografÃa polÃtica colombiana con un libro detrás del cual hay mucho
trabajo y paciencia por comprender algo que en el ancho mundo del saber apenas si es
visible: las vicisitudes de la polÃtica exterior de "una potencia moral". Pero
asà es precisamente como se ensancha el saber.
MARCO PALACIOS |