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Ernesto Guhl en su casa de Chapinero, Bogotá, 1984. |
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Solamente se ve lo que se sabe
MARÃA ELVIRA BONILLA
Licenciada en filosofÃa y letras.
Directora del Museo del Oro.
FotografÃas Mario Rivera
Entrevista con Ernesto
GuhI
TABLA DE CONTENIDO
EL PÃRAMO: LO DECISIVO
EL HOMBRE... SU PAISAJE
HISTORIAS QUE QUEDAN
En 1936, inspirados en la realidad
francesa de la Escuela Normal Superior de la rue d Ulm, con sus experiencias
acumuladas en la Facultad de PedagogÃa de la Universidad Nacional, en Bogotá, y con el
completo apoyo del presidente López Pumarejo, un grupo de profesores encabezados por
José Francisco Socarrás, inició una experiencia que en cortos quince años sentó las
bases de la moderna investigación social colombiana.
La Escuela Normal Superior de Colombia,
abierta a las nuevas corrientes del pensamiento psicoanálisis, marxismo, derecho
público francés, antropologÃa y recibiendo a un grupo distinguido de profesores e
investigadores europeos, españoles y alemanes fugitivos de un continente desgarrado,
lograrÃa integrar dentro de una perspectiva humanista con resonancias socialistas los
conocimientos alcanzados por las distintas disciplinas cientÃficas, ligándolos siempre
al desciframiento de una realidad: la colombiana, y a la búsqueda de un objetivo: formar
los maestros integrales para un paÃs en trance de conocerse y de transformarse al
incorporarse en plenitud al siglo XX, a la modernidad capitalista.
De los grandes de este hecho
trascendente, esta revista quiere darle noticia al paÃs. Aparece el primero: Ernesto
Guhl. Alemán enraizado en Colombia, padre de los estudios geográficos modernos en
nuestras universidades, exponente claro de un humanismo europeo en crisis en los años
treinta, que encuentra en América tierra propicia para dar nuevos frutos.
Ha recorrido Colombia
a pie. De memoria recita nombres de lugares, de pueblos, de comunidades. En cuarenta años
de habitar estas tierras ha caminado miles de kilómetros cuadrados: costas, llanuras y
montañas. Mirando, observando, analizando, ha identificado más de cuatrocientas regiones
naturales diferentes. Siempre a pie. Con algún compañero, una brújula o una
intuición... pero finalmente solo. Asà llegó: solo. Huyendo, apurado, del nazismo y
guiado por una obsesión: los trópicos. Y en el trópico se quedó.
VenÃa de la Universidad de BerlÃn,
formado en la herencia de la escuela humboldtiana, para la cual "la geografÃa es el
producto de una relación espiritual, intelectual, del hombre con el medio y sobre todo
con el medio nuevo, el medio extraño. La geografÃa vista como una ciencia de doble faz,
el eslabón entre las ciencias exactas y las ciencias humanas, una ciencia humana con
rigor de ciencia exacta". VenÃa seguro de que en el nuevo mundo, en los trópicos,
estaba no solamente su futuro sino tal vez el futuro de la humanidad. De esa humanidad que
parecÃa enterrarse en una época "de la que no quiero hablar. Que lo cuenten mis
hijos diez años después de mi muerte".
Y llegó a un paÃs donde estaba todo por
hacerse. Con ideas nuevas. Deslumbrado. A abrirse camino. "En ese tiempo uno todavÃa
podÃa escoger dónde vivir. HabÃa libertad para ubicarse. Ya no, claro. Llegué, eso
sÃ, sin nada, sin contrato de trabajo, sin seguro de vida, sin ninguna institución para
defenderme, sin garantÃas. Yo soy de la generación de los humanistas pero también de
los individualistas... el dÃa que entré a la Universidad de BerlÃn y me encontré con
el profesor uniformado, lo vi claro: en Alemania no más".
Y emprendió el viaje. "Panamá era
el ombligo del mundo y por allà entré. En Colombia existÃa la Scadta (Sociedad
Colombo-Alemana de Transporte Aéreo), que contaba con una sección cientÃfica. Era la
primera empresa que se interesaba en fijar fronteras por medio de la fotogrametrÃa.
Trabajamos en el Catatumbo. Pero las cosas se enredaron. La embajada alemana se opuso a
que yo siguiera trabajando en Scadta. Entonces me dirigà a la Escuela Normal Superior. Su
rector era el profesor José Francisco Socarrás el primer colombiano
psicoanalista y me acogió de inmediato". La Normal Superior reunió buena
parte de los intelectuales inmigrantes que llegaron arrojados por la situación polÃtica
de sus paÃses, la guerra civil española, el nacionalsocialismo, y que se convertirÃan
en impulsores de las ciencias humanas en Colombia. "Pero tampoco en la Normal me
quedé indefinidamente. Ser alemán era complicado. Cuando Colombia se declaró
beligerante frente a Alemania, tuve que salir. Se prohibió emplear súbditos alemanes,
asà no fueran nazis. Mi destino entonces era Fusagasugá. Me salvé porque me casé con
una colombiana. Tiempo después estuve en Fusagasugá. VenÃamos de Pasca con Miguel
Fornaguera, Milciades Chaves y Roberto Pineda. Nos detuvimos y allà estaban los alemanes
del llamado campo de concentración jugando naipes. ¡VagabunderÃas! Me da risa. Aquà no
tienen ni idea de lo que es un campo de concentración".
EL PÃRAMO: LO DECISIVO
Definitivamente su paÃs
de origen forma parte del pasado. Se refiere a él con cierto desdén. "Uno es un
individuo, no una nacionalidad". Y sin embargo el acento de su español es delator.
"Escribo y pienso en castellano". De Colombia opina con propiedad, con
contundencia y con afecto. "Dedico este libro a la tierra que se describe en
él", dice en su obra en dos volúmenes Colombia: bosquejo de su geografÃa
tropical. Hace chistes, usa giros coloquiales, se burla de la burocracia, de la tomada
de tinto, de sus estudiantes que prefieren luchar a estudiar; alude a sus compañeros de
generación quedados a mitad de camino, y reconoce las "incongruencias tan del
trópico", sin que nada roce el rigor con que sigue madrugando todos los dÃas a las
cinco de la mañana, caminando desde Chapinero hasta la Universidad Nacional,
"llueva, truene o relampaguee", intentando transmitir a sus alumnos en cada
excursión al campo, los fines de semana, esa misma pasión que lo obligó a quedarse para
siempre en Colombia: la experiencia del páramo de Sumapaz.
"Usted puede ver caña, café,
selva, playas. De todo hay en el mundo entero. Lo que sólo existe en este paÃs son los
páramos. El páramo es único. Y el epicentro del páramo es la cordillera Oriental:
Sumapaz. Es la más grande del mundo. Cada vez que llevo a los alumnos es tal el impacto,
que me convenzo de que esa puede ser una impresión definitiva en la vida. Para mà lo
fue. Lo mismo que atrajo a Humboldt. Humboldt se quedó impresionado. Igual le ocurre a
cualquiera que tenga los cinco sentidos puestos en ese paisaje. De una experiencia como
ésta, como la sorpresa de cualquier ser humano frente al paisaje, parte lo que se llama geografÃa.
La geografÃa no existe sin el hombre".
Y efectivamente, el profesor Guhl
sorprende con esa concepción en su libro ya clásico que trasciende la visión de la
geografÃa escolar vista como una lista de rÃos, picos, alturas, nevados, volcanes, ese
inventario infinito de nombres al que se ve abocado, confundido, cualquier colegial
colombiano, para presentar en medio de los cuadros, los gráficos, las mediciones, los
mapas, imágenes de los pobladores del valle del rÃo Sinú, el mercado del grano en un
pueblo antioqueño, cultivos de arroz en la orilla de un rÃo en el Chocó "en
habiendo arroz, aunque no haya Dios", dice la leyenda, gente de BahÃa Solano,
la estampa de un colono, el aserradero de Vistahermosa, huevos de tortuga en una playa del
rÃo Güejar, la colonización fluvial entre el rÃo y la selva, Betania, el rÃo Cauca
cerca de Marmato, la bendición de los animales en Tenza, un vapor en el rÃo Magdalena,
la antigua plaza de mercado en Mompós, todo esto dentro de su amplio y renovador concepto
de geografÃa. "La geografÃa somos nosotros. Donde no hay gente no hay
geografÃa. Y ese es nuestro oficio: observar la relación del hombre con su medio, la
interacción. Los cambios que se producen mutuamente".
EL
HOMBRE... SU PAISAJE
"Como ciencia exacta,
la geografÃa tiene la tarea de estudiar los fenómenos que produce la interacción
dinámica desde el punto de vista fÃsico, inorgánico, de la litosfera, hidrosfera y
atmósfera, con la bioesfera. Esta interacción dinámica produce la geosfera y el
resultado es el paisaje que vemos: el paisaje natural. Asà como para el artista el
paisaje puede revelarse en una pintura o un poema, para el geógrafo es un concepto
cientÃfico. El paisaje es para nosotros lo que es la tierra para el geólogo, la época
para el historiador. Y está sometido a constante cambio. Donde no hay cambio no hay vida.
Tanto en la naturaleza como en el paisaje cultural. La falta de cambio en el paisaje
cultural es uno de los grandes problemas colombianos. Yo fui la primera vez a Tierradentro
en 1939 y volvà hace dos años y está exactamente igual. El grupo indÃgena que habita
allá no ha generado ningún cambio. Es un grupo humano muerto en vida".
ParecerÃa como si el profesor Guhl, como
geógrafo, hiciera una gran apologÃa de conservación del paisaje con un criterio
romántico, idealista, contemplativo. Pero no... "el cambio hay que suscitarlo aunque
a veces haya que destruir. En la base de la historia de la humanidad ha estado siempre
esta relación conflictiva del hombre con su medio, con la tierra. La tierra ha sido el
móvil de los grandes cambios: la Revolución Francesa, la Revolución Mexicana, la
Revolución Rusa, la Revolución China, la Revolución Cubana, e incluso un paÃs tan
ordenado como Alemania logró la reforma agraria después de una gran catástrofe".
"La ecologÃa es equilibrio, pero
también es vida. Es renovación. Cuando no se logra realizar ese cambio en el paisaje
cultural, antropogeográfico, queda revelada la ausencia de una sociedad viva, como
Tierradentro: un grupo humano muerto en vida".
Para Guhl el determinismo geográfico es
un error cientÃfico, con fuertes connotaciones polÃticas, que está en las antÃpodas de
su pensamiento, pues el trópico, y dentro de él Colombia, de manera muy especial, ofrece
altas posibilidades de desarrollo, limitadas por la baja capacidad cultural de su
población: la causa entonces es social y no natural. "Uno de los territorios más
favorecidos en cuanto a su potencial natural es el mundo tropical americano, y
concretamente, por su configuración y su relieve, Colombia. Otra cosa es que no haya
conciencia, conciencia geográfica potencial, para que el hombre sea capaz de aprovechar
el medio de acuerdo con su capacidad cultural. Allà fallamos".
Y son precisamente estas
causas sociales las que contribuyen a explicar la ubicación espacial de la población,
que es como decir el patrón de apropiación y uso del suelo. "Para un paÃs con una
configuración especial montañosa como la de Colombia. La unidad del valle es la unidad
natural. Sin embargo hay una organización social, aparentemente natural, en la que, en la
medida que se va descendiendo de los cerros al valle, la calidad de vida va siendo
superior; no asà las caracterÃsticas de sus habitantes: en las alturas están los
paramunos pobres e infelices, mientras en los valles los ricos y poderosos. ¿Y... tiene
que ser as� ¿Es esto natural? ¿Espontáneo? Esa no es una ordenación de la
naturaleza, ni una implantación de la divinidad. Está dado por la sociedad y las formas
de vida que se ha impuesto. Por ello la tarea ecológica es tarea del geógrafo y no de la
ingenierÃa ambiental. El geógrafo ve el conjunto del fenómeno, que para ordenarlo hay
que conocerlo. No nos podemos equivocar: la geografÃa es una ciencia humana que tiene que
ser tan exacta como las naturales".
HISTORIAS
QUE QUEDAN
Años cuarenta. De sus
primeras incursiones por un territorio que en el fondo nunca le resultó desconocido
"solamente se ve lo que se sabe", el profesor Guhl tiene miles de
anécdotas. De sus compañeros de las primeras expediciones que recorrieron un paÃs
inédito para la mirada culta, muchos han muerto. Quedan notas, experiencias, estudios,
unas veces más sistemáticos que otras, pero muchas historias. Historias que obligan a
pensar en tantas cosas: un aventurero, un conquistador, un explorador, todos enfrentados a
una misma naturaleza hostil, desconocida, fascinante, detrás de un tesoro o de una
verdad. "La expedición a Yurumanguà fue una de las más duras que hicimos. Duramos
tres meses en la costa pacÃfica. Enterrados en la selva. El profesor Paul Rivet habÃa
descubierto el vocabulario de un grupo Ãndigena registrado por un capitán en el siglo
XVIII. Lo llamaron el grupo yurumanguà por la supuesta zona donde habitaba. Rivet
reconoció un parentesco lingüÃstico entre algunos de los grupos que habitaban la costa
pacÃfica americana, entre los cuales estaba el yurumanguÃ, y algunos de los pueblos de
la Polinesia. Esto le significaba el triunfo de su vida, la corroboración de su
hipótesis sobre el origen del hombre americano.
"Rivet era el representante del
régimen de De Gaulle y consiguió la financiación para ir en busca de los yurumanguÃes.
Era el año 1944. No sabÃamos a qué nos enfrentábamos, ni qué podrÃamos encontrar.
Pero eso no importaba. Reichel-Dolmatoff y Roberto Pineda también participaron en el
programa. Es lo peor que he visto en clima. Avanzamos abriendo trocha pero llega el
momento en que hasta de la brújula se duda. No hay más de cinco o diez metros de
horizonte. Es la selva pluvial. la selva tropical de ese verde oscuro triste.
TristÃsimo. Allà comprendà yo las torturas de los campos de concentración, con la
gota, tac-tac; cuando cae esa gota sobre las hojas de la noche... desespera, enloquece. Y
al fin llegamos... y muchos desertaron en el camino... y no encontramos un solo
yurumanguÃ".
En fin, son cuarenta años de andar y
ahora largas horas de conversar que dejan en claro que el profesor Guhl no está para
preguntas ni respuestas, ni disquisiciones, ni grandes definiciones. Sigue siendo a sus
setenta años el mismo aprendiz de siempre, desconcentrado, para quien lo importante es
vivir con los ojos bien abiertos. Y asÃ... se deja llevar por las palabras, como tantas
veces en su vida, sin conducción, sin metas previas, abriendo camino, seguro de que
"el próximo futuro comenzó ayer". |