Para burlarse de todo


Jugando con el gato
Carlos Castro Saavedra.
Biblioteca Popular Piloto, Medellín, 1986. 203 págs.


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 Esta colección de sonetos de Carlos Castro Saavedra es un libro de recreo; recreo que se tomó él al escribirlos —"con un poco de alegría infantil, como jugando con el gato", dice en el autoprólogo— y que se toma el lector al adentrarse en sus páginas, donde predomina el espíritu lúdico. El humor es su nota característica: la burla de aspectos típicos de la sociedad colombiana y en especial de la provinciana.

El comportamiento social, las costumbres, la política, el ambiente intelectual, los hechos actuales (violencia, narcotráfico, SIDA), son blanco de las sátiras del antioqueño. Dentro de esta línea, no son tan sólo el juego inocente o el tono alegre los que dan la pauta, sino también la ironía crítica que desvirtúa todo tipo de convencionalismos. Así, Jugando con el gato se sitúa en el ámbito evocado por el autor en su poema a Chaplin (1955): el del humor amargo.

La manera como se socava el tono lírico o meditativo que por lo general acompaña a la poesía, es precisamente el de la opción por un lenguaje sencillo y coloquial y gracias a la selección de términos mordaces que mediante la rima ponen en conexión los elementos que le interesa destacar y criticar; tal es el caso del "dirigente político" quien insiste en directorios y "escritorios llenos de adhesiones" mientras que el tiempo pasa y "la noche oscurece sus calzones".

En este sentido Jugando con el gato llega a desmitificar temas que Castro Saavedra había erigido como pilares de su producción anterior. Su obra, desde Fusiles y luceros (1946) hasta la Selección poética (1954), se caracteriza por la exposición de preocupaciones de tipo humanista que le ponen en sintonía con las tendencias de Vallejo y Neruda.

Los poemas de dicha época tienen un tono grave y reivindicativo que se centra en el hombre víctima de la guerra europea, la civil española y en lo nacional enfocan el período de la violencia. Se trata de la voz del poeta que entre las ruinas propone la solidaridad humana y el impulso de los jóvenes para luchar contra las dictaduras y lograr la restitución de la paz: "Fuerza para creer en el futuro / y para perdurar mucho más fuerza. / Paz para que se arruguen los cuchillos" (de Plegaria desde América).

Si en cambio se intentara buscarle parentela a Jugando con el gato se le entroncaría con la familia de Quevedo y Luis Carlos López. En este libro la reflexión y el tono combativo se vuelven hacia el sarcasmo y, en lo que se refiere a los problemas políticos de nuestra época, la expresión es de cansancio y casi de jalón de orejas y llamada de atención de hermano mayor. Dice en Soldados y guerrilleros:

No sean tan pendejos hermanitos
y no sigan matando pajaritos
[...] firmen la paz y manden al carajo
a la guerra, a la muerte y al badajo.

También en su producción anterior, la tierra es eje generador de fortaleza y orgullo para el poeta: América, Colombia y Antioquia son instancias que le sirven de inspiración y sustento vital. Aunque la patria sigue teniendo un lugar importante en Jugando con el gato —"Esta sí que es Antioquía medular:/ esta fuerza telúrica y profunda" (en Otra vez en la montaña)—, se ve superada por la crítica a aquellos que "la cantan" a través de lo puramente típico:

No te llamo carriel de mis amores
ni racimo de arepas y de flores
sino que no te llamo simplemente (Para Antioquia).

Porque también este ultimo libro de Carlos Castro Saavedra es una constante crítica al regionalismo y a su retórica poética. Se ataca su mentalidad estrecha, conforme con lo folclórico y la loa a los antepasados, al igual que su tendencia al engrandecimiento de figuras mediocres. Tipifica al regionalismo como el "Insistir en la cosa y en la casa, / […] y afirmar que los hijos son divinos / y únicos en el pueblo o en la plaza".

Dentro de la mofa social también apunta contra el arribismo y la ineficiencia política. Es común hallar la sátira al gamonal, al alcalde o al intelectual y respetado Don Pepe, quien parroquialmente vive y se desliza "fumando un gran tabaco y con un libro de historia en el sobaco". El poeta procura la creación de cuadros de tipo costumbrista poblados de figuras caricaturizadas, su lenguaje literario evidencia su tendencia hacia lo pictórico.

Castro Saavedra usa términos e imágenes irreverente