Dios está en todas partes


Iglesia, pueblo y política. Un estudio de conflictos de intereses: Colombia, 1930-1955
Ana María Bidegaín de Urán
Universidad Javeriana, Bogotá, 1985, 201 páginas.


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Este libro, referente a las actividades de la acción católica en Colombia forma parte de un trabajo de tesis doctoral sobre los movimientos laicales de jóvenes obreros y estudiantes en Brasil y Colombia, organizados por dicha institución entre 1930 y 1955 1 . El trabajo se inscribe dentro de la perspectiva de otras investigaciones recientes cuyo mérito principal es llenar un vacío en la historia de la iglesia católica en Colombia y América Latina, desde ópticas no tradicionales, alejándose de la descripción apologética del quehacer clerical y jerárquico 2.

En lo que se refiere a aspectos teórico-metodológicos, la autora parte de algunos presupuestos que le sirven para situar e interpretar el fenómeno, y mediante los cuales precisa el carácter internacional de la iglesia y su existencia secular, así como su índole policlasista y heterogénea. Para su análisis, se propone utilizar el método dialéctico.

La investigadora se plantea como objetivo principal estudiar las contradicciones de la iglesia colombiana e identificar sus actitudes frente al proceso de organización y sindicalización de la clase trabajadora en el decenio del 30 y el papel desempeñado en ese lapso por las agrupaciones de laicos.

El manejo de fuentes primarias es aquí bastante novedoso, ya que Bidegaín tuvo acceso —por su estrecha relación con movimientos de acción católica— a un gran filón existente en los archivos de esta institución en diferentes partes del mundo, así como a archivos personales y testimonios orales de "antiguos militantes y asesores eclesiásticos europeos y latinoamericanos", lo cual le permitió avanzar por caminos temáticos desconocidos hasta el momento en la historiografía colombiana. Complementa su documentación con fuentes secundarias sobre la iglesia en Europa, América Latina y Colombia. Respecto a las fuentes que sitúan el contexto histórico-social colombiano en el periodo al que hace referencia, Bidegaín reconoce haber tenido acceso solo a escasos materiales en el momento de elaboración del trabajo, aclarando al mismo tiempo que ello no influyó en sus planteamientos fundamentales 3.

En contraste con otros países de América Latina, como Brasil y Uruguay, en Colombia la jerarquía eclesiástica no se apoyó de manera especial en los movimientos laicos para adquirir poder y prestigio en la sociedad. Esto obedeció —según la autora— a que en las postrimerías del siglo XIX no se presentaba en Colombia separación entre Estado e Iglesia —como sí en Brasil, por ejemplo—; por el contrario, la constitución colombiana de 1886 y el concordato de 1887 consagraban un lugar privilegiado para la iglesia, así como la misión de velar por la "unidad espiritual", declarando la religión católica como elemento esencial del orden social.

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La iglesia católica en Colombia se convirtió así en aparato institucionalizado de cohesión, en "gendarme ideológico" del Estado y particularmente del Estado conservador. Es por esto que no emprendió en el país estrategias para adquirir influencia —como sí lo hicieron otras jerarquías nacionales— y, tan solo requería reforzarla, confirmarla, en la misma medida en que, a su vez, legitimaba el orden social existente.

En el período estudiado (1930-1955) se dio en el país una consolidación del modelo capitalista dependiente, el cual se legitimó afirmando la función ideológica de la iglesia. Para Bidegaín este "compromiso" impidió a la iglesia cumplir eficazmente su misión profética y evangelizadora a lo largo del siglo XX, la cual es, según la autora, representar los intereses de las clases desposeídas.

Las organizaciones laicas que se crearon en la década del 30 —Juventud Obrera Católica (Joc) en 1932 y Acción Católica (AC) en 1933—, tuvieron como objeto aglutinar sectores de trabajadores, estudiantes e intelectuales en torno a los principios de la doctrina social católica. La investigadora encontró como una de sus constantes la batalla contra el comunismo, que consideraban infiltrado en el liberalismo, en los sindicatos oficiales y en el Frente Popular que se constituyó en 1936. Este combate "ideológico" las convirtió en instrumento político que utilizó el partido conservador para contribuir al derrumbamiento de la hegemonía liberal.

Afirma Bidegaín que hacia 1936 la Joc experimentó una transformación en su composición social, pasando de agrupar fundamentalmente a empleados de clase media, a congregar, desde ese año, a artesanos, trabajadores independientes y asalariados rurales. El planteamiento de las reivindicaciones de estos sectores influyó en un cambio de las posiciones ideológicas de la dirección de la Joc, que la llevó a distanciarse de las posiciones corporativas que planteaba el sector conservador encabezado por Laureano Gómez y a las cuales había adherido la Joc años atrás, en compañía de la Acción Católica. Este distanciamiento y su progresivo compromiso con las luchas de los trabajadores condujeron a tensiones entre la Joc y las jerarquías locales, la Acción Católica y algunos sectores de las clases dominantes.

Finalmente, en 1939 la jerarquía nacional ganó la victoria, al conseguir que desde el exterior se suprimiera la Joc en el esquema organizativo de la Acción Católica en Colombia, desmontando "por arriba" la institución cuyo control estaba en peligro. Los restos de este trabajo serán retomados posteriormente por los jesuitas, a quienes se encargará en 1944 de la Acción Social Católica, de cuyo seno surgen en 1945 la Unión de Trabajadores de Colombia (UTC) y en 1946 la Federación Agraria Nacional (Fanal).

Las tensiones también se presentaron con los sindicatos liberales y comunistas que acusaban a los yocistas (miembros de la Joc) de fascistas. A este respecto debemos anotar que en este período la Joc continuaba planteando la lucha contra el comunismo unida ahora a la lucha contra el fascismo. Bidegaín afirma que los dirigentes sindicales comunistas y liberales no lograron ver el carácter popular que la Joc había tomado en los últimos tiempos, confusión que favoreció a las clases dominantes, las cuales se beneficiaron con las divisiones entre las organizaciones de trabajadores. Para la autora los dirigentes sindicales, con esta actitud, ataron ideológicamente a las masas a los carros del liberalismo y del conservatismo. Sitúa, además, la debilidad del movimiento obrero en el escaso desarrollo del capitalismo para ese período, lo que impide al proletariado gestar un proyecto político propio y con la suficiente fuerza para tener posibilidad de negociación con el Estado.

Bidegaín se plantea, de manera nostálgica, si el apoyo de la iglesia a la Joc y a su trabajo con las masas campesinas pudo haber evitado el período conocido como la Violencia, lo cual constituye, sin duda, un supuesto voluntarista, ya que no creemos que como institución la iglesia hubiese contado con poder suficiente para detener un proceso histórico y político de gran complejidad. Así mismo, sus aseveraciones acerca del grado de influencia de la Joc en las agrupaciones de los trabajadores, parecen arriesgadas, ya que los datos documentales que las confirman pueden dar pie a equivocaciones y merecerían un tratamiento más cuidadoso. No obstante, hay que hacer resaltar que, según nos indica Bidegaín, para 1938 la tirada de Trabajo, periódico que la Joc publicaba para difundir las reivindicaciones de los trabajadores, era de cerca de veinte mil ejemplares semanales.

Respecto al cambio ideológico que experimentaron algunos de sus dirigentes y de manera específica Luis M. Murcia, habría que verificar si dicho cambio repercutió en el conjunto de la organización. Igualmente merece mayor reflexión lo que aparece como "involuntariedad" de los vocistas respecto a la utilización de la Joc por el partido conservador.

La información sobre los organismos de Juventud Católica universitaria que se crearon hacia el decenio del 50 es muy general, pero mediante ella se reconfirma la utilización del laicado como "brazo largo de la jerarquía", y su función de instrumento político en la guerra fría contra el comunismo. En esta sección del libro el tratamiento temático decae, no se profundiza de la manera como se ha hecho respecto a la Joc.

Por otro lado, nos parece que la no inclusión de la parte alusiva a los movimientos laicos en el Brasil, obligaba a mayores referencias comparativas, ya que realmente en el libro son pocas las que aparecen, quedando en el aire la afirmación sobre la diferencia en la actuación de las dos jerarquías nacionales.

Por último, la investigadora señala los vacíos que su obra no pretendió llenar y que podrían constituirse en objeto de interés para futuras investigaciones. He aquí lo que ella nos dice: "No hemos hablado de la evangelización hecha por los movimientos, ni de su pedagogía; tampoco de las consecuencias de ella en la vida concreta de los militantes ni del sentido de la vida que ella les pudo haber dado".

Las anteriores observaciones no pueden invalidar tan interesante trabajo, el cual abre caminos a nuevos temas y posibilidades de interpretación en el campo de la historia social, haciendo resaltar la importancia de considerar a la iglesia como unidad dentro de la cual se presentan múltiples contradicciones. La obra se constituye en fuente obligada de referencia para los estudiosos de la historia de la iglesia y para quienes deseen indagar específicamente la influencia de ésta en las organizaciones de los trabajadores, aspecto poco tratado hasta el momento en el país.

MARTA CECILIA HERRERA CORTES

NOTAS:

1 Ana María Bidegaín de Urán, La organización de movimientos de juventud de Acción Católica en América Latina. Los casos de los obreros y universitarios en Brasil y en Colombia entre 1930-1955, París, 1979.

2 Cehila, Historia general de la Iglesia en América Latina, Salamanca, 1981; Rodolfo de Roux, Una iglesia en estado de alerta. Funciones sociales y funcionamiento del catolicismo colombiano: 1930-1980, Bogotá, 1983.

3 Aunque las referencias a bibliografías sobre Colombia no son tan escasas como afirma, las obras básicas que cita son La historia del sindicalismo de Miguel Urrutia y Colombia: medio siglo de historia contemporánea de Antonio García.