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Ernesto Cerruti Castelli, en
1877. Nació en
Turín (Italia) el 14 de septiembre de 1844,
y murió en Perugia (Italia) en 11 de febrero
de 1915 (Boletín Histórico del valle (Cali),
núm. 6, abril de 1933).
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"¡Centu
per centu,
moderata ganancia! ":
Ernesto Cerruti, un comerciante
italiano en el estado soberano del Cauca
ALONSO VALENCIA LLANO
Reproducciones: William Núñez Franco
TABLA DE CONTENIDO
INTRODUCCION
LA VIDA DE UN EUROPEO EN EL CAUCA
LAS AVENTURAS DEL COCINERO
DE MILITAR ITALIANO A COMERCIANTE
CAUCANO
LA GUERRA DE 1876: LOS NEGOCIOS Y
LA POLITICA
LA DIVERSIFICACION DE ACTIVIDADES
UN
GOBIERNO POR ESCRITURA PUBLICA
EL
INCENDIO DE BUENAVENTURA
CERRUTI
REVOLUCIONARIO
LA
CUESTION CERRUTI
A
MANERA DE CONCLUSION: LA ACTIVIDAD ECONOMICA Y LAS ACTITUDES POLITICAS
El estudio de las
compañías que controlaron el comercio durante el auge agroexportador de los años 60 y
70 del siglo pasado se ha convertido en una de las necesidades más apremiantes en el
conocimiento de la historia económica del Cauca.
En los documentos de la época se
encuentra una razón social que se repite en diferentes formas: Ernesto Cerruti, Ernesto
Cerruti & Cía. y E. Cerruti & Cía. Evidentemente, se trataba de varias
sociedades que giraban en torno a un mismo personaje el cónsul italiano en el
Cauca, don Ernesto Cerruti y a las cuales, curiosamente, estaban asociados algunos
de los más prominentes miembros del sector más radical del mosquerismo: los generales
Tomás Cipriano de Mosquera, Jeremías Cárdenas, Tomás Rengifo, Ezequiel Hurtado y Lope
Landaeta.
El cónsul parecía realmente fascinante:
un inmigrante italiano que llegó a ser, sin lugar a duda alguna, el hombre más rico del
Cauca; que en determinado momento se convirtió en el más importante poder electoral en
Cali; que fue acusado de haber exigido, y logrado, la expulsión del obispo de Popayán,
de haber comprado las tropas que iniciaron la guerra del 85
en el Cauca, y que,
como silo anterior fuera poco, llevó a que el Cauca fuera atacado militarmente por una
potencia europea, suscitando uno de los conflictos diplomáticos más escandalosos en la
historia de Colombia.
Un caso como éste ofrece la posibilidad
de seguir la actividad de un empresario cuyas empresas, si bien conocieron el éxito,
también estuvieron sometidas a los avatares que producía el inestable clima político
que caracterizó al estado caucano durante los gobiernos mosqueristas y de los inicios de
la Regeneración. Por otra parte, ofrece la posibilidad de estudiar la mentalidad
empresarial extranjera y la forma en que los inmigrantes se relacionaron con los sectores
dominantes caucanos.
El presente trabajo pretende, entonces,
estudiar el caso Cerruti, para lo cual se tratará de mostrar tanto sus actividades
empresariales como políticas. Se basa en memorias y documentos oficiales acerca de la
llamada "Cuestión Cerruti" publicadas tanto en ediciones especiales del
ministerio de Relaciones Exteriores como en periódicos en contra del italiano y unos
breves esbozos biográficos escritos por personas que lo conocieron. Estas fuentes se
complementaron con material que reposa en el Archivo Histórico Municipal de Cali, en las
notarías 1a. y 2a. de esta ciudad, en el Fondo Notarial del Archivo Central del Cauca y
en la notaría 1a. de Palmira. También se utilizaron algunos periódicos de publicación
regional. Hasta el momento ha sido imposible conseguir documentación personal de Cerruti
o sus socios, lo mismo que de sus empresas.
LA VIDA DE UN EUROPEO EN EL CAUCA
Algunas de las personas que conocieron a
Ernesto Cerruti relatan, no sin cierta admiración, el estilo de vida que el cónsul
italiano llevaba en un territorio tan aislado como el del Cauca. Gustavo Arboleda, por
ejemplo, después de señalar el gusto que tenía Cerruti por la vida en el campo, su amor
por las aves, que le llevó a llenar su casa de jaulas con sinsontes, escribió el
siguiente retrato de Cerruti:
Todavía se le recuerda en Cali con su
terno de lino de impecable albura, la corbata así mismo de lino, las botas negras y
lustrosas, que hacía limpiar más de una vez al día; su anillo nupcial en la mano
derecha y en la izquierda otro con insignias masónicas. Era de regular estatura, más
bien bajo que alto, de buenas carnes sin tender a la obesidad
1
.
John Hays Hammond, ingeniero de minas
estadounidense, que estuvo en el Cauca en 1884, escribió la siguiente semblanza sobre
Cerruti y su familia:
Cerruti era uno de los comerciantes
más ricos de esa parte de Colombia. Su esposa, descendiente de Bolívar, era una mujer de
gran cultura y mucho encanto; había sido educada en el exterior y hablaba varios idiomas
con soltura. Tenía tres hijos pequeños, a quienes la madre enseñaba música valiéndose
de un piano que había sido traído a lomo de mula desde Buenaventura. Para mí fue una
grata sorpresa encontrar un hogar tan completo en un lugar tan remoto de la civilización
2
.
Pero a este hogar no lo adornaban
únicamente estas cualidades espirituales, sino una serie de recursos materiales que
llamaban la atención, pues no sólo hablaban del nivel de fortuna que había alcanzado
Cerruti, sino también del estilo de vida que llevaba. La familia habitaba en la hacienda
Salento, que era una de las mejores, si no la mejor, de la región: con 6.250 hectáreas
de potreros, "ganado selecto, elegante y cómoda casa y piscina de natación".
En carta dirigida al mismo Cerruti, James Eder (fundador de La Manuelita) la describía en
los siguientes términos:
Conocí bien su casa de campo en
Salento. Con frecuencia estuve en casa de Ud. la cual estaba arreglada y podía alojar a
40 personas con todo confort y lujo. Los salones, adornados con espejos, pinturas y
objetos de arte; un piano y varios otros instrumentos musicales. Los sofás y todo el
resto de los muebles eran de manufactura extranjera. La vajilla de porcelana y abundante
en piezas. Había servicio de cristalería fino, y también servicio de plata en
abundancia. Sus bodegas con toda clase de licores tales como champaña, oporto, jerez,
borgoña, cerveza inglesa, varias clases de sauternes y vino del Rin y otros licores que
rara vez se ven. Puede decirse, en una palabra, que usted vivía con demasiado lujo para
este país"
3
.
Desde luego, tratar de Vivir en el Cauca
decimonónico como si se estuviera en Europa, forzosamente tenía que llamar la atención
de propios y extraños, y habría de despertar una serie de rumores sobre el tamaño de su
fortuna y la manera como la consiguió. Esto conduciría a la creación de una leyenda
negra que se hizo popular y que fue creída hasta por quienes trataron de cerca a don
Ernesto.
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Vista de los farallones de
Cali
Provincia de Buenaventura
(Album Comisión Corográfica.
Reproducción de Patricia Londoño).
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LAS AVENTURAS DEL COCINERO
Creada para justificar ante la opinión
pública los atropellos que se cometieron contra don Ernesto en los comienzos de la
Regeneración, la leyenda dice que éste era un inmigrante italiano que se encontraba en
Panamá en 1869 trabajando como zapatero, remendón de pailas, lustrabotas y en cuanto
oficio se le ofreciera. Viajó a Guayaquil, en el vapor Inca, cuando se le presentó la
oportunidad de reemplazar al cocinero que había muerto en el barco. Después de
permanecer en Guayaquil sin haber conseguido el empleo que esperaba le diese el presidente
Gabriel García Moreno, nuestro personaje se trasladó a Buenaventura, donde se conectó
con miembros de la colonia italiana y logró un empleo que le permitió, al cabo de poco
tiempo, independizarse y obrar como comerciante, y obtener el cargo de cónsul italiano en
el Cauca. Utilizando el crédito de sus paisanos, don Ernesto se trasladó a Cali en 1871
y se vinculó matrimonialmente con la familia del presidente del estado: Mosquera. Inició
entonces una serie de negocios ilícitos, con particulares y con el gobierno mismo, que lo
convirtió en el más rico de los habitantes del Cauca. Según esta versión, en la
formación de su fortuna don Ernesto había utilizado el robo, la estafa, la explotación
descarada de los indios, la vinculación con la masonería, la persecución al clero
católico y la relación estrecha con los más destacados políticos radicales caucanos,
que lo llevarían a intervenir en los conflictos armados internos
4
.
Confrontando esta "leyenda
negra" con las semblanzas biográficas que nos dejaran personas que conocieron de
cerca al italiano, nos encontramos con un personaje bien distinto del mencionado cocinero.
El mismo Eder, en carta dirigida desde Londres el 4 de noviembre de 1886, le decía:
Señor y amigo: Me da gran
placer contestar a Ud., y es apenas justo que diga lo que sé sobre el asunto al cual Ud.
se refiere. Viví en el Cauca por cerca de 25 años, desde 1861 hasta 1886, y en mi
carácter de Cónsul de los Estados Unidos de América por muchos años, y como
comerciante he tenido muchas ocasiones de tratar con Ud. y de conocerlo desde cuando vino
a establecerse en su casa de Buenaventura. Bien me consta que la posición social de Ud.
fue desde un principio, de la mejor; y que Ud. siempre la conservó. Sus tratos
comerciales fueron de los más extensos en el país y su crédito fue uno de los mejores.
Siempre encontré en las reuniones sociales de su casa a las personas de la más alta
posición social, como amigos de usted. En sus empresas comerciales y agrícolas empleó a
centenares de personas, y de éstos, a quienes he tratado han estado muy agradecidos y
hacen de Ud. grandes elogios. Por último, por lo que se refiere a la participación suya
de alguna manera en la política o en las revoluciones de Colombia, sus amigos lo creen
incapaz de mezclarse en tales asuntos; y huelga decir que yo comparto por entero esa
creencia. Con mis mejores deseos, etc. James Eder"
5
.
Tenemos así dos visiones contrapuestas
sobre don Ernesto: una absolutamente negativa, publicada en momentos en que era necesario
despertar los sentimientos nacionales ante la agresión a la patria por parte de la flota
italiana que defendía los intereses de Cerruti, y la otra escrita por uno de sus amigos
comerciantes. Ambas, desde luego, tergiversan los hechos y no dan una idea clara acerca de
la vida del italiano, como resulta claro al seguir sus actividades comerciales y
políticas.
DE MILITAR ITALIANO A COMERCIANTE CAUCANO
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Ciudad de Cali y Nevado del
Huila, Provincia de Buenaventura,
Cerruti se estableció en Cali en 1871 extendiendo sus
operaciones comerciales a otros lugares del Cauca (Album de la
Comisión Corográfica) (Reproducción de Patricia Londoño).
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Ernesto Buenaventura Giacomo Maria
Cerruti nació en Turín el 14 de septiembre de 1844. La buena posición económica y
social de sus padres, don Giuseppe Cerruti y doña Mariana Castelli, le permitió estudiar
en el colegio militar de Racconigi, donde se graduó de oficial de infantería el 1o. de
enero de 1863. Con el título de subteniente, ingresó en 1866 al ejército. Actuó en las
guerras de liberación italiana bajo las órdenes de Garibaldi. En el año 1868 pasó al
ejército de reserva, y en 1869 decidió, como tantos paisanos suyos, tentar la fortuna en
América emigrando a Panamá, donde se conectó con algunos miembros de la colonia
italiana y encontró trabajo en la casa comercial Ferrari & Cía. Por nombramiento del
cónsul general de Italia en Panamá, Cerruti pasó a Buenaventura en 1870, como agente
consular de su país, cargo que desempeñaría hasta 1882
6
.
En Buenaventura estuvo como empleado,
primero, y como socio después, de don Sebastián Tassara, con quien aprendió todos los
asuntos relacionados con el comercio de importación y exportación y con los trámites de
aduana, con los artículos de mayor demanda en el interior del Cauca y con los destinados
a la exportación; tuvo también un conocimiento muy aproximado de la situación del
comercio y de la mayoría de las casas comerciales radicadas en dicho estado.
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Buenaventura a mediados
del siglo XIX. En 1869 Cerruti llegó
allí y más tarde fue nombrado agente consular de Italia
(Libro de Phanor James Eder, El fundador Santiago M. Eder,
Bogotá, Antares, 1959).
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Con su oficio consular, con sus
buenas relaciones comerciales y con su trabajo, don Ernesto adquirió un fuerte capital
que le permitió independizarse y comprar los bienes de su antiguo socio y convertirse en
uno de los más importantes comerciantes extranjeros en el Cauca.
En 1871 recibió orden de trasladar el
consulado a Cali, donde estableció la casa comercial Ernesto Cerruti, dedicada a negocios
de importación y exportación, que era administrada por Pacífico Orejuela. Además,
abrió otra en Palmira, con el nombre de Ernesto Cerruti & Compañía, en sociedad con
Fernando Ayala y Vicente Guzmán. También mantuvo su almacén de Buenaventura, que era
administrado por Virgilio Quintana. De esta manera realizaba actividades comerciales en
los tres más importantes centros comerciales caucanos. Además, contaba con el apoyo de
sus dos primitivos patronos, Tassara y Ferrari, quienes le abrieron amplio crédito en
Buenaventura y Panamá, de tal forma que al poco tiempo era el mayor introductor de
mercancías extranjeras en el Cauca
7
.
Su actividad comercial y su desempeño
como cónsul convirtieron a Cerruti en un personaje socialmente destacado en Cali, lo que
se vio fortalecido al contraer matrimonio, el mismo año 1871, con Emma Davies Mosquera,
nieta del general Tomás Cipriano de Mosquera, quien ocupaba en esos momentos la
presidencia del estado soberano del Cauca. Las ventajas políticas y económicas de este
matrimonio no se hicieron esperar, pues el 19 de marzo de 1872 el gobierno del Cauca,
desempeñado accidentalmente por el general Jeremías Cárdenas, lo comisionó bajo
contrato para que importara de los Estados Unidos y transportara a Buenaventura "y en
cajas marcadas con la marca que usa y acostumbra en sus negocios comerciales y guardando
la más estricta reserva [...] 500 rifles y 100 carabinas Remington con 600.000 tiros
y las bayonetas, sables y demás útiles correspondientes", lo que realizó el 22 de
julio del mismo año
8
.
Aunque el asunto se llevó a cabo con la
discreción del caso, fue finalmente publicado y sometido a la legislatura del estado en
1873, lo que produjo un escándalo de tal magnitud, que llevó a que Cerruti se
convirtiera en personaje notorio, puesto que, según Carlos Albán, procurador del estado
en 1886, había "estafado" al gobierno en $ 10.000 por lo menos:
El Gobierno Nacional compraba rifles
Remington a razón de $18,50. El Cauca los pagó a Cerruti a $76,95 comprados no
directamente de Remington, sinó embarcados por Goudley & Co. de Nueva York [error por
Hoadley], en violación de un contrato firmado por el hijo adoptivo de Mosquera, Jeremías
Cárdenas
9
.
El negociado de los rifles mostró que
Cerruti no era un comerciante muy escrupuloso. Esto se agregó al hecho de que en el mes
de diciembre de 1872 se le había abierto un sumario por las autoridades nacionales en el
puerto de Buenaventura, al ser acusado por Nicomedes Conto administrador de la
aduana del delito de falsificación del marchamo del organismo, lo que lo colocaba
como sospechoso de contrabando. El sello había sido falsificado en madera y fue
encontrado por Pedro M. Hurtado, guardarremo de la aduana, en el almacén de don Ernesto,
"sobre un cajón". El implicado negó tener conocimiento de lo que se le
sindicaba y, por su condición diplomática, el caso fue trasladado para su conocimiento
al general Tomás Rengifo jefe municipal de Cali, quien finalmente ordenó
archivarlo. Aunque la Suprema Corte ordenó ampliar la investigación, no fue posible
implicar a Cerruti, quien fue definitivamente sobreseído
10
.
Conociendo las ventajas de mantener
buenas relaciones con los políticos caucanos y tratando de aprovechar el auge
agroexportador que vivía el Cauca por estos años
11
,
el 27 de febrero de 1873 formó una sociedad comercial con el nombre de E. Cerruti &
Cía., con duración de tres años y en la cual participarían como socios industriales
los generales Jeremías Cárdenas, Lope Landaeta y Ezequiel Hurtado, vecinos de Popayán,
donde se abriría un almacén. La sociedad contaría con capital de $ 20.000, los que
entregaría Cerruti en partidas de $ 3.000 mensuales
12
.
El objeto de la compañía era realizar los negocios que Cerruti indicara, pero debía
dedicarse preferentemente a la compra de quinas en los mismos lugares de producción.
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Ema Davies de Cerruti en
1877
con una de sus hijas. Nació el 16
de enero de 1857 en la
jurisdicción de Barbacoas y murió
en Roma el 7 de enero de 1890.
(Boletín Histórico del Valle (Cali)
núm. 6, abril de 1933).
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Cerruti acertó al escoger los
socios: los tres eran sin duda los generales más poderosos del ala radical del
mosquerismo caucano: Jeremías Cárdenas Mosquera, hijo adoptivo del "Viejo", y
también su yerno, con quien Cerruti había realizado el lucrativo negocio de los rifles;
Lope Landaeta, militar venezolano que había llegado para ayudar al "Gran
General" en la guerra del 60 y casado con una hermana de Hurtado; y don Ezequiel, el
más importante de los liberales radicales caucanos, con amplias redes clientelistas en la
región productora de las mejores quinas del Cauca: la de Almaguer-Silvia-Pitayó
13
.
La imagen pública de Cerruti se
deterioró aún más con el establecimiento de la mencionada compañía, pues para nadie
era un secreto que los socios intervenían en la política del estado y que su influencia
era aprovechada por la empresa
14
.
Aunque sobre esto no hay datos seguros, se afirma que los socios lograron que el antiguo
distrito de Páez fuera erigido en territorio del estado y que se nombrara prefecto al
señor Vicente Garcés C., quien les facilitó las cosas para explotar los grandes bosques
quineros de la cordillera Central. Para el efecto, el prefecto reunió a los indígenas de
los cabildos de Vitoncó, Mososcó, Lame, Calderas, Huila, Toes, Tálaga y otros pueblos,
y logró que dieran en arrendamiento sus bosques a Cerruti & Cía. por el precio de
$84 anuales cada uno, con el compromiso de no emplear en las explotaciones mano de obra
distinta de la de los indígenas. El presidente del Cauca, Mosquera, puso algunos reparos
al contrato y obligó a que en lugar del precio pactado la compañía se comprometiera a
pagar cinco centavos por cada kilogramo de quina que se extrajera del territorio. Violando
lo pactado con los indios, la empresa introdujo peones de afuera, lo cual causó algunos
problemas que llevaron a que se realizaran atentados contra Lope Landaeta, quien actuaba
como gerente, y contra don Ezequiel Hurtado
15
.
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María Engracia Mosquera de
Davies, hija de Tomás Cipriano
de Mosquera, y suegra de
Ernesto Cerruti (Boletín Histórico
del Valle (Cali), núm. 6,
abril de 1933).
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La casa no operaba únicamente en
los territorios indígenas, pues tenía además un apoderado en la provincia de Caldas, el
señor Procopio A. Hurtado, encargado, por poder especial que le confiriera su gerente, de
representarla judicialmente y de cobrar todo lo que se le debiera en dicha municipalidad
16
. Además, no se dedicó
exclusivamente al comercio de quinas, sino que utilizó las influencias políticas de los
socios industriales para especular con artículos de primera necesidad, como sal, que era
importada desde el Perú. Para el efecto, en 1874 empezó a actuar como subsidiaria de
otra de las compañías de Cerruti Ernesto Cerruti, con sede en Buenaventura,
la cual había obtenido el monopolio del producto. Esta se encargaba de importar la sal,
en tanto que la primera E. Cerruti & Cía. se ocupaba en distribuirla en
las poblaciones del centro y norte del Cauca. Gracias a la manipulación del mercado,
crearon una escasez que elevó los precios de manera escandalosa. La reacción de los
consumidores no se hizo esperar, y se presentaron protestas en los cabildos de las
municipalidades afectadas, que llevaron a que las corporaciones municipales decretaran un
embargo de toda la sal que tuviera la compañía en sus almacenes de Popayán, Cali,
Buenaventura y Córdoba
17
.
Ante las protestas y las medidas tomadas por las autoridades del estado, don Ernesto
amenazó con demandar al gobierno caucano y con la intervención italiana, si sus
propiedades no eran respetadas
18
.
Esto aumentó aún más las protestas de la ciudadanía, las cuales dejaban percibir el
odio contra el extranjero, tal como se advierte en la carta abierta que dirigió a Cerruti
la Sociedad Popular Independiente, del Pueblo de Popayán:
Si el negocio que nos ocupa hoy, que
es el monopolio de la sal, como si dijéramos de la vida, no fuera de tan grande
importancia y trascendencia; si no viéramos comprometida en él nuestra suerte, y la
suerte de todos los pueblos del Estado, sobre todo la de los del Centro y Norte, lo
decimos a usted con franqueza, su nombre, que es apenas el de un súbdito que ha venido a
buscar entre nosotros el ambiente de la libertad bajo el ala protectora de la República,
su nombre desconocido por nuestro pueblo, no nos habría ocupado; pero aparece su negocio,
y el alarma es entonces indispensable, porque la existencia está amenazada, y no podemos
entregarnos al sacrificio, besando las manos de nuestros verdugos, ni dejarnos imponer la
codiciosa y despótica voluntad de un extranjero desautorizado como usted, que viene a
abusar de nuestra bandera y tolerancia [...]
La posesión del dinero que usted ha
adquirido en nuestro país, le ha dado la bastante osadía para llamar al generoso,
pacífico y heroico pueblo de Popayán, sólo porque no quiere ni debe continuar
dejándose explotar de un aventurero, alborotador y desocupado, como si dijéramos un
vagabundo; y a nuestro Gobierno Ejecutivo del Estado, y al Municipal de esta Capital,
ridículo e indigno, por haber tomado la medida que todo Gobierno civilizado toma en
beneficio de los pueblos que le encomiendan su suerte; y concluye retándonos y
amenazándonos con indemnización de pérdidas.
Demasiado tolerantes son y han sido para
con usted el magnánimo Gobierno y pueblo del Cauca
19
.
Desde luego, la reacción ciudadana no
fue igual en todos los sitios. En Cali, donde los amigos de Cerruti eran influyentes, la
municipalidad llegó a argumentar, que el culpable del alza era el impuesto que la nación
cobraba, con lo que no estaba de acuerdo el doctor Wenceslao Jordán, secretario de
Hacienda del estado, quien argumentó al cabildo caleño que
la opinión pública señala
como tal la organización de fuertes compañías, que si no pueden llamarse monopolistas
en la acepción legal de la palabra, sí se han adueñado, según se afirma, de casi toda
la sal marítima que hay en el Cauca; existe también el hecho muy significativo, de que
el alza ha venido inmediatamente después que se eliminó el derecho nacional
20
.
De todas maneras, ante la protesta
general, el gobierno tuvo que organizar una compañía competidora, idea que acogió e
impulsó en Cali el general Tomás Rengifo
21
.
Mientras tanto, el secretario de Hacienda del estado invitó a los socios de la empresa a
que desistieran de monopolizar el artículo, a lo cual estos respondieron que
aunque no eran más que simples
comisionistas de la casa Cerruti y mientras obtenían de ésta autorización para bajar el
precio, venderían la sal a 20 centavos menos, con cuya reducción cesaría el desagrado
general aludido
22
.
La forma de funcionamiento de las
empresas de Cerruti se evidencia en la manera como administraban el monopolio de la sal:
el introductor directo era Ernesto Cerruti de Buenaventura, mientras que las otras
empresas, en particular E. Cerruti y Cía., servían como fiadores por los impuestos que
aquella tenía que pagar al estado, actuando, a la vez, como comisionistas expendedores
del producto
23
.
A pesar de los problemas con la opinión
pública y con las autoridades, E. Cerruti & Cía. aparecía como una empresa
económicamente exitosa. Esto llevó a que, por escritura del 15 de junio de 1875, fuera
prorrogada hasta el 31 de diciembre de 1878. Los socios industriales se encargarían de
manejarla con la obligación de rendir al capitalista informes mensuales y un balance
semestral. Don Ernesto conservaba la dirección, pero, dado que pensaba viajar a Europa,
los socios podían decidir por mayoría las operaciones que debían realizarse, siempre y
cuando éstas no pasaran de los $ 5.000, caso en el cual tendrían que decidir por
unanimidad. Como cambio importante, la escritura estableció que los artículos que se
compraran con destino a la exportación no tendrían que ser adquiridos en el mismo sitio
de producción. Por otra parte, don Ernesto podría retirar $ 5.000 anuales hasta
completar la suma de $ 20.000, que constituía el capital inicial, estipulándose además
que a la liquidación de la empresa, el 31 de diciembre de 1878, las mercancías que
existieran quedaban de los socios
24
.
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Ernesto Cerruti con sus dos
hijas Italia y Ermita, en
1893 (Libro de Phanor James Eder, El fundador
Santiago M. Eder, Bogotá, Antares, 1959).
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Al día siguiente de firmarse la
prórroga anterior el 16 de junio de 1875, Cerruti estableció otra sociedad
con el nombre de Ernesto Cerruti & Compañía, de carácter comercial colectivo, en la
cual se refundían los dos almacenes que poseía en Cali y Buenaventura, entrando sus dos
administradores, Pacífico Orejuela y Virgilio Quintana, como socios industriales. Cada
uno de los almacenes sería administrado por los socios respectivos, los cuales, como en
E. Cerruti & Compañía, deberían rendir informes mensuales y presentar un balance
semestral al socio capitalista. La sociedad duraría hasta el 31 de diciembre del 78. El
capital inicial fue de $ 2.000, más los balances que arrojasen los dos almacenes al 31 de
julio de 1875. El 11 de marzo de 1876, ingresó en La sociedad otro socio industrial, esta
vez italiano, don Raimundo Doria
25
.
Don Ernesto estableció este tipo de
empresas porque pensaba radicarse en Europa quizá presionado por la desfavorable
opinión pública , a donde viajó en 1875 y de donde regresó apresuradamente al
iniciarse la revolución de 1876, para cuidar de sus intereses, los que sólo serían
respetados al demostrarse que eran de propiedad de un extranjero.
LA GUERRA DE 1876: LOS NEGOCIOS Y LA POLITICA
Con la guerra de 1876 se inició un nuevo
ciclo en la vida de Cerruti, que estuvo marcado por una mayor intervención en los asuntos
políticos internos del Cauca: en guerras, procesos electorales y proyectos
revolucionarios. Mientras tanto, seguía con sus actividades comerciales, como lo
demuestra el hecho de haber abierto una subsidiaria de la casa Ernesto Cerruti & Cía:
en el pueblo del Cerrito, gerenciada por su antiguo socio Vicente Guzmán, quien actuaba
con poderes muy amplios, y debería dedicarse a la compra de tabaco para la exportación y
a la venta de sal, harinas y mercaderías en general
26
.
La oportunidad de intervenir activamente
en la política caucana se presentó durante la guerra del 76, en la cual un dividido
partido liberal se vio obligado a enfrentar la reacción conservadora encabezada por la
Iglesia católica. El conflicto mostró qué tan útiles habían sido los servicios que
Cerruti había prestado al gobierno del estado caucano, pues las armas que importara en el
72 sirvieron ahora para detener la ofensiva de los "carracos", que actuaban
abiertamente apoyados por el clero católico
27
.
La intervención del italiano en esta
guerra puede explicarse por su participación en las logias masónicas, que rechazaban la
intolerancia de los sectores clericales. Por otra parte, Cerruti tenía una vieja deuda
con el clero caucano a raíz de su matrimonio, que se había realizado de acuerdo con las
leyes civiles y sin ceremonia religiosa alguna algo que no era fácilmente tolerable
aun en un estado tan liberal como el Cauca, lo que le granjeó la enemistad
permanente del clero.
Aunque, según Aureliano González
Toledo, a don Ernesto se le acusa de activismo político desde cuando fundara E. Cerruti
& Cía., en 1873
28
, lo cierto
es que su participación más visible en los asuntos políticos del Cauca se dio a raíz
del decreto dictado por César Conto, presidente del estado, en la ciudad de Palmira el 4
de febrero de 1877, mediante el cual se expulsó del territorio caucano a Manuel Canuto
Restrepo y a Carlos Bermúdez, obispos de Pasto y Popayán, respectivamente. Según relata
Manuel Sinisterra, faltando pólvora a los liberales, el doctor Conto intentó
comprársela a don Ernesto, "italiano, masón, enemigo gratuito y personal del
Ilustrísimo Señor Bermúdez"
29
,
que habría puesto como condición para venderla que el obispo fuera expulsado. Sea esto
verdad o no, el hecho es que Cerruti formó parte de la comisión que el 8 de febrero
sacó al obispo de su sede y lo condujo a Buenaventura para que marchara al exilio. En la
misma estuvieron, además, sus socios en Palmira, Ayala y Guzmán, y, para complicar las
cosas, los preparativos de la expulsión se realizaron en la casa de otro de sus socios:
la de Jeremías Cárdenas
30
.
El mismo obispo Bermúdez declaró
después que, durante la marcha al destierro, Cerruti
empezó a pronunciar en alta voz un
discurso que no continuó (no sé porqué), pero hizo comprender, por lo que dijo, que el
objeto que se proponía era excitar las malas pasiones de sus compañeros contra mí. El
arranque de su perorata fue como del que se siente triunfante: habló en plural, como si
se propusiera interpretar los sentimientos de sus compañeros de armas
31
.
A raíz de esta guerra, don Ernesto, ante
los ojos caucanos, quedó vinculado políticamente al radicalismo. Aunque los costos
políticos de esto fueron muy altos, él y sus socios supieron aprovechar la situación
para obtener grandes beneficios económicos. Para citar sólo dos ejemplos, entre los
meses de abril y julio de 1877, el general Jeremías Cárdenas remató, en nombre de la
casa de la cual era socio, cien cargas de quina, que habían sido expropiadas a
conservadores comprometidos en la revolución, con el convenio de entregar el dinero a una
casa vendedora de armas que tenía sede en Panamá. Igualmente, otro de los socios, el
general Ezequiel Hurtado, en su carácter de segundo jefe durante la campaña del sur,
remató otras sesenta cargas que habían sido expropiadas. Así mismo, Cerruti y sus
socios vendieron durante la guerra unas cuatro mil arrobas de sal al gobierno del Cauca
para el mantenimiento del ejército
32
.
Después de la guerra, los negocios
de Cerruti y sus socios continuaron. En 1877 renovó la sociedad Ernesto Cerruti &
Compañía, con sede en Palmira, con sus Viejos socios Vicente Guzmán y Fernando Ayala,
con capital de $25.000, el cual fue ampliado a $30.362 y350 milésimos en 1879. Este
capital lo aportó íntegramente Cerruti. La sociedad duraría hasta el 31 de diciembre de
1881, y la mitad de las utilidades sería para los socios industriales
33
.
También renovó, el 28 de julio de 1879,
la sociedad E. Cerruti & Compañía, en la cual entraron como socios Cerruti,
Cárdenas, Hurtado, Virgilio Quintana y don José Quilici, ciudadano italiano
34
. El otro socio fundador, Lope
Landaeta, había tenido que salir del Cauca por problemas con su cuñado, "por [...]
la dualidad de sus afecciones"
35
.
De nuevo Cerruti aparece como socio capitalista, aportando $106.322 y 265 milésimos,
mientras que los restantes lo hacen como socios industriales. Además, en el fondo común
de utilidades de esta empresa entraría la mitad de las que produjera la compañía
establecida en Palmira. El reparto de utilidades se haría en la siguiente forma: se
dividiría en cien partes, de las cuales treinta irían al capitalista y diecisiete y
medio a cada uno de los socios industriales. Cerruti quedaba autorizado para retirar la
suma de $800 mensuales con destino a sus gastos personales, y sus compañeros $150 cada
uno, que se deducirían de las utilidades que individualmente les correspondieran. La
sociedad tendría una duración de cinco años.
La sociedad tendría almacén en Cali,
administrado por Quilici; en Buenaventura y Córdoba, por Virgilio Quintana, y en
Popayán, por Cárdenas, cada uno de los cuales actuaría, en su respectivo lugar, como
gerente. Cerruti sería gerente general, con residencia en Europa o en cualquier lugar del
Cauca, y recibiría informes mensuales y balances semestrales, como era su costumbre.
Además, se estableció que todos los bienes de la empresa estaban "amparados con la
garantía internacional que representaba don Ernesto como dueño del capital"
36
.
En esta compañía actuó como socio
minoritario un fiel empleado de Cerruti, el señor José Rossi, de su almacén de
Buenaventura, quien recibiría un tres por ciento del fondo común de utilidades. Rossi
debería permanecer en Buenaventura o marchar a atender los negocios que la sociedad le
señalara
37
. No sobra decir que
esta sociedad fue renovada el 2 de octubre de 1884.
LA DIVERSIFICACIÓN DE ACTIVIDADES
Cerruti, como tantos empresarios
caucanos, intentó diversificar sus actividades económicas. Esto, más que a una
posición voluntarista, obedecía a la necesidad que tenían los caucanos de superar
crisis económica en que quedó sumido el estado a raíz de la guerra del 76, lo que
coincidió con de las exportaciones. La diversificación vino precedida de una serie de
rumores acerca de la forma como Cerruti había adquirido el nuevo capital. Desde luego, se
decía y con toda razón, según se ha expuesto que éste estaba relacionado
con la guerra de 1876 y que en su formación tenían que ver sus amigos radicales. Los
rumores comenzaron cuando, al finalizar la contienda militar, Cerruti viajó a Medellín a
visitar a un antiguo conocido suyo, el general Tomás Rengifo, quien desempeñaba en esos
momentos el cargo de presidente del estado de Antioquia. Esto lo relata Gustavo Arboleda:
"Un viaje de Cerruti a Medellín, donde el otro ejercía la Gobernación de
Antioquia, dio asidero a la especie de que el distinguido italiano conspiraba"
38
. Uno de sus detractores don
Francisco Rebolledo dice al respecto:
No se sabe lo que entre los dos se
pactara; pero sí que este le dio en oro una cantidad que no bajaba de $ 60.000, con la
cual hizo un rápido viaje a Europa, de donde, después de percibir el importe de las
quinas remitidas antes, regresó con un gran negocio que, dada la escasez de mercancías
en el Cauca con motivo de la guerra, fueron en breve realizadas a subido precio. Lo
pactado con Rengifo está bajo el velo del misterio [...] Por ahora bástenos decir
que el calabrés aplicaba a paisanos y a extraños, a amigos y enemigos, a indiferentes y
a copartidarios, su máxima favorita:. "Centu per centu moderata ganancia!"
39
.
Sea esto verdadero o no, lo cierto es que
Cerruti empezó a dedicarse a labores agropecuarias. Para el efecto, el 29 de septiembre
de 1879 compró a Belisario Buenaventura.
la hacienda de "Salento"
situada en el distrito de Yumbo en este Municipio [Cali] compuesta de una
casa de paredes de piedra, adobe y bareque, cubierta de teja, un horno de calcinación, un
potrero de pasto artificial denominado "la guinea de los toros" uno
nuevo que está a continuación del anterior, dividido en dos departamentos por un cerco
de guadua, cultivado el primer departamento en guinea su mayor parte y el segundo de
pará; un mangón de pasto común, inmediato a la casa, cercado de guadua; unos cien
cabros, poco más o menos, diez caballerías de brosa, la herramienta existente, el
mobiliario que existe en la casa y el terreno que constituye la referida hacienda [...].
El precio de venta fue de $ 24.000, recibiendo en parte de pago la casa de José
Quilici
40
.
En estas empresas agrícolas, Cerruti
entró en sociedad con su antiguo amigo el general Rengifo, con quien compró Salento al
mencionado Buenaventura, La Burrera a don Vicente Rengifo M. y El Jagual o potrero de La
Torre al doctor Joaquín de Caicedo y C. Todas estas negociaciones se hicieron bajo el
nombre de E. Cerruti y Cía.
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Al centro aparece el
comerciante don Luis Fischer,
transportando maquinaria desde Buenaventura. Fischer protegió a Ernesto Cerruti
de un tropel, en Cali (Libro de P. J. E.).
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Aunque Cerruti no parece haber
efectuado grandes transformaciones en las propiedades compradas, lo cierto es que éstas
parecen haber mejorado ostensiblemente, ya que, según testigos de la época, alcanzaron
niveles de producción nunca antes vistos. Esta vinculación de Cerruti, junto con la de
Eder y otros extranjeros, a la agricultura ha sido calificada como el inicio de "la
transformación de la hacienda tradicional vallecaucana"
41
. Si bien esto es cierto en cuanto a
Eder, no es aplicable a Cerruti, ya que éste y sus socios siguieron explotando las
tierras con ganadería tradicional. Lo único que aparece como distinto frente a otras
haciendas vallecaucanas es una más amplia comercialización de la cal que Salento
producía y que era ofrecida al público al precio de $1,60 la carga de diez almudes
42
. La hacienda tenía unos hornos que
permitían aprovechar las calizas que poseía en la cordillera Occidental, algo que venía
realizando de tiempo atrás el antiguo propietario; igualmente se explotaba un galpón
ladrillero.
Durante el período de 1881 a 1885 las
actividades económicas de Cerruti parecen haberse mantenido en los términos mencionados.
Sin embargo, en 1884 intentó incursionar en renglones nuevos para él, tal como sucedió
con las explotaciones auríferas. Para el efecto hizo venir de los Estados Unidos al
ingeniero de minas John Hays Hammons, cuyos estudios mostraron que la explotación de los
yacimientos no era rentable
43
.
Hay un hecho que no deja de llamar la
atención respecto a Cerruti. Se trata de su negativa a participar en la creación de
obras de infraestructura en el estado del Cauca. En efecto, mientras prácticamente todos
los comerciantes y empresarios de diverso tipo tanto nacionales como extranjeros estaban
financiando bancos, caminos, ferrocarriles, puentes, impulsando la importación de nuevas
técnicas de cultivo y buscando nuevos productos exportables, a Cerruti sólo se le ve en
la junta directiva del Banco del Cauca. La explicación puede estar en el sectarismo
radical de Cerruti. Para nadie es un secreto que las obras de infraestructura que se
impulsaron a finales de los años 70 y comienzos de los 80 fueron motivo de banderías
políticas y que los independientes las usaron para impulsar su programa regenerador
44
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