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La Revista Universidad de Antioquia
SANTIAGO LONDOÑO V.*
LA PRIMERA REVISTA
UNIVERSITARIA DE ANTIOQUIA
Corría el primer año del gobierno de
Alfonso López Pumarejo (1934-1938) cuando, siendo ministro de educación el doctor Luis
López de Mesa, se expidió la ley 68 de 1935. Esta disposición introdujo amplias
reformas a la educación superior, que le significaron el otorgamiento de la libertad de
cátedra y la autonomía en materia administrativa, no sin la fuerte oposición de la
Iglesia y del partido conservador, que la atacaron por considerarla de carácter
anticatólico.
Al amparo de la reforma, surgieron
también cambios pedagógicos, nuevos estudios profesionales que buscaron responder tanto
a las modificaciones en la base económica del país como al nuevo espíritu ideológico
que empezaba a prosperar. Con las nuevas carreras, se introdujeron cátedras novedosas en
ciencias y en humanidades que, al mismo tiempo que renovaron paulatinamente el bagaje
cultural de los educandos, crearon necesidades de información y documentación.
La Universidad de Antioquia participó de este ambiente renovador acogiéndose a las
nuevas directrices y creando la biblioteca, predecesora de la actual Biblioteca Central,
que, junto con la revista y la Emisora Cultural, sirvió de base a un amplio programa de
extensión cultural.
Correspondió al doctor Alfonso Mora Naranjo elaborar el proyecto para estos programas, en
los que puso especial empeño y dedicación. El doctor Mora fue profesor universitario,
gramático y literato, administrador de
varias entidades educativas públicas y
privadas, agregado cultural de Colombia en Lima y alto ejecutivo bancario, posición que
abandonó para dedicarse a las nuevas labores universitarias que le encomendó el rector
Clodomiro Ramirez. Bajo su administración apareció la que fue la primera revista
universitaria de Antioquia, considerada como la continuación de los antiguos Anales de la
Universidad de Antioquia, publicados a partir de 1882
1
.
Los Anales servían como medio de
comunicación de la rectoría con los alumnos y la comunidad en general. Allí se
informaba sobre los distintos aspectos de la vida universitaria, tal como las
calificaciones obtenidas en las distintas materias, los resultados de asistencia y
conducta, las actas de los exámenes de grado, los discursos reglamentarios y las
intervenciones importantes. Así mismo, se publicaban las tesis de grado que por su
interés y calidad académica merecían ser dadas a conocer al público, lo cual
constituyó el mayor aporte cultural y científico de los Anales.
Por entonces, Medellín apenas empezaba a romper con su pasado decimonónico. Ya contaba
con un significativo proceso de industrialización, un activo tráfico comercial y
financiero, y veía crecer su población a ritmos acelerados. La ciudad, que para 1905
apenas sobrepasaba los 55.000 pobladores, treinta años más tarde se había triplicado.
Los estudiantes de educación superior no rebasaban en total la cifra de setecientos,
repartidos en la Escuela de Minas (110 alumnos) y en las tres escuelas de la Universidad
de Antioquia: derecho (185 estudiantes), medicina (178) y filosofía y letras (182)
2
.
Así pues, la Revista Universidad de Antioquia apareció dentro del contexto de las
reformas liberales introducidas al ordenamiento educativo, dirigidas a modernizar y
ajustar el sistema a las nuevas necesidades nacionales. Formó parte también de un
programa de extensión cultural de la biblioteca, la cual, hasta entonces, había caído
en manos descuidadas que la redujeron a un cuartico donde se reunían apenas dos mil
volúmenes, cifra irrisoria ocasionada por los hurtos, continuados, la mala conservación
y la censura bibliográfica.
Al poco tiempo, la eficiencia del doctor
Mora, el respaldo institucional a su gestión y el aporte de publicaciones periódicas
suministrado por el sistema de canje de la revista, condujeron a elevar el número de
libros y folletos a 5.926 en 1936. La cantidad de revistas disponibles pasó de 82 en 1934
a 2.142 en 1936. Los usuarios alcanzaron entonces la significativa cifra de 32.205
3
. Para esta fecha ya no era extraño ni reprobable
que en los estantes coexistieran, en paz y sin la amenaza de censura, Churchill con
Mussolini, y la Biblia con El Capital y el Corán.
Fiel a una mentalidad abierta y pluralista, la revista estableció entre sus propósitos,
desde el primer número, el estar "destinada a promover el espíritu de
investigación científica entre los profesores y los alumnos de las aulas universitarias"
4.
Corrían los tiempos en que se buscaba impulsar la
educación técnica, más adecuada a las necesidades del proceso de industrialización, ya
en vía de consolidación una vez superados los efectos adversos de la gran depresión de
1929.
Los fundadores eran conscientes de la
importante transición histórica que se vivía en aquellos días. Manifestaron que la
revista
ha abierto los ojos
atónicos en un momento de la historia en que se derrumban estrepitosamente muchos
sistemas que los hombres de las generaciones anteriores teníamos como dogmas científicos
permanentemente demostrados (...). De una cosa sí estamos seguros: por fundamentales que
sean los cambios que ya se vislumbran en la estructura política, económica y social del
mundo, ellos abrirán nuevos campos de combate en la lucha contra la injusticia, la
ignorancia, las enfermedades, la explotación humana, el despilfarro y la
guerra
5
.
En el primer número se materializó un
espíritu pluralista y heterogéneo que iría a caracterizar la revista en los siguientes
años. Seis sonetos a una ceiba convivían con una discusión jurídica sobre la
representación del incapaz para suceder y con un análisis del marxismo y del derecho
natural. Se incluyó también un repaso a la preocupante situación internacional (Hitler,
el rearme alemán), y se estableció una sección, que sería clásica, de reseñas
bibliográficas y de actividades universitarias.
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Pronto la revista se ganó el aprecio de
lectores nacionales y extranjeros. Gracias al intercambio que permitió con otras
publicaciones, la hemeroteca siguió creciendo y con ella el número de usuarios. Poco a
poco en sus páginas se dio cabida a nuevos temas en ciencias naturales y sus aplicaciones
(geografía, astronomía, agronomía; zoología, medicina), y a nuevas tendencias en el
saber humanístico (antropología, pedagogía, lingüística, sociología). De 1938 data
un singular estudio sociológico firmado por Alfonso Castro, sobre la situación social
del momento. En uno de sus apartes, analizó los famosos "piernipeludos",
peculiar grupo de delincuentes que causaban estragos en Medellín, y que el autor definió
así: "Inquietantes embriones de presidiario. De voz atiplada, de pantalón corto,
con características intermedias entre hombres y chicos (...) ladrones, cínicos,
desvergonzados, especie de rinconetes y cortadillos, van por las calles y plazas con
ademán desprevenido e insolente de matones que no reconocen vetos para sus fechorías" 6.
El tamaño original de la revista
perduró hasta el número 70, cuando se amplió y se agregaron nuevas secciones como las
dedicadas a reseñar la cultura antioqueña, a presentar las polémicas, discursos y
conferencias de las personalidades académicas que visitaron la Universidad. En octubre de
1950 salió el ejemplar número 100, y a partir de allí nuevos temas tuvieron cabida y la
revista adquirió mayor independencia con respecto al acontecer universitario. Los
problemas colombianos, el folclor y asuntos artísticos de actualidad son ejemplo de ello,
así como la inclusión de un cuadernillo de poesía. Entonces Alfonso Castro, todavía
estaban frescos los recuerdos del 9 de abril de 1948 y de la valerosa, actuación del
doctor Mora, que personalmente defendió la biblioteca evitando que los exaltados la
quemaran.
En 1953 un inquieto muchacho de 22 años
ingresó a la revista como redactor, y a ella permaneció vinculado hasta 1956. Era el
futuro fundador del nadaísmo, Gonzalo Arango, quien colaboró con reseñas de libros y en
las actividades editoriales.
A raíz del golpe militar
de Gustavo Rojas Pinilla, 13 de junio de 1953, en 1954 el doctor Mora, después de casi
veinte años de continua e incansable labor, durante los cuales aparecieron 115 números
de la revista, fue reemplazado por el profesor José Ignacio González, en una decisión
con marcado carácter político, y que no fue bien recibida por la comunidad
universitaria. Con su retiro se cierra la primera etapa de la revista, durante la cual,
aparte de los profesores y las plumas de prestigio que colaboraban habitualmente, hicieron
sus primeras publicaciones, o se reafirmaron como autores en formación, Abel Naranjo
Villegas, Antonio Panesso Robledo, Edgar Poe Restrepo, Ciro Mendía, Joaquín Vallejo
Arbeláez, Teresa Santamaría de González, Manuel Mejía Vallejo, René Uribe Ferrer,
Belisario Betancur, Graciliano Arcila Vélez. Muy notable fue la labor de reseña de
libros, con marcada preferencia por los temas literarios, jurídicos e históricos; tan
sólo Gonzalo Arango publicó 39 notas bibliográficas entre 1953 y 1956. En las páginas
de la revista se comentó, por primera vez en nuestro medio, La hojarasca de
García Márquez. Y en sus páginas apareció publicada la primera traducción al español
de El pez soluble de André Breton, en una separata dedicada a los poetas
surrealistas, gracias a la cual, según lo ha declarado en diversas entrevistas, Alvaro
Mutis se sintió impulsado a escribir poesía. Sin duda, esto solo ya justifica la vida de
la revista
7.
Entre los colaboradores especiales de
aquella época, cabe recordar a don Luis Ospina Vásquez y al investigador estadounidense
James Parsons, quien publicó avances de su libro fundamental sobre la colonización
antioqueña (Antioqueño colonization in western Colombia). Ernesto Cardenal dio a conocer
en la revista, por primera vez, sus Salmos. Todo esto y diversas traducciones de
temas de vanguardia colocaron a la publicación entre las primeras de su género en el
país. Reconocimiento temprano del nivel alcanzado, fueron los premios obtenidos en las
exposiciones internacionales de Cuba y Argentina en 1937 y 1940, respectivamente
8.
DEL AUGE A LA
DECLINACION
La etapa inaugurada por la nueva
dirección duró de 1954 a 1962, período durante el cual se publicaron los números. 116
a 151. Sin el gran impulso que le imprimía el doctor Mora y con la huella de la dictadura
militar, la revista no se desenvolvió al ritmo que traía desde antes. Cabe destacar, sin
embargo, que se dedicó un mayor espacio a las notas destinadas a comentar las
manifestaciones artísticas y las actividades culturales de la ciudad. Se siguieron
publicando artículos sobre diversos temas literarios y científicos pero, a pesar de ser
un órgano de difusión y discusión universitaria, la revista se mantuvo ajena al
análisis de la situación política, económica y social de Colombia, que enfrentaba
difíciles situaciones de violencia, problemas agrarios, desempleo urbano y reacomodación
de su estructura industrial.
Para 1960 se introdujeron cambios en la presentación y mejoras en la calidad editorial y
en el papel utilizado; como hecho curioso se registra la inclusión de publicidad pagada,
lo que seguramente ayudó a financiar los cambios editoriales.
No estuvieron, pues, estos años caracterizados por la innovación y los aportes en
materia científica o artística. La publicación mantuvo un carácter más convencional y
sus mejores años quedaron en el olvido.
Un tercer período de la revista se
inició en 1963 bajo la dirección de Jorge Montoya Toro, y se prolongó hasta 1972, años
durante los cuales aparecieron los números 152 a 185. Trabajaron como redactores Gonzalo
Cadavid Uribe y Jaime Mercado Jr. La publicación no alteró la tendencia que había
adquirido en los años precedentes, y más bien se agudizó el énfasis en un humanismo de
sonetería y literatura convencional. El material se organizaba bajo una especie de
batiburrillo que buscaba incluir diversidad de temas tratados de manera superficial, donde
ingenuamente se pretendía darles gusto a casi todos, pero, a la vez, se trataba de
mantener a la revista ajena a los conflictos universitarios de estos años. Estudios de
filosofía y sociología, crítica literaria, estudios científicos, vida universitaria y
reseñas de libros compartían páginas con diversas antologías de poesía elaboradas por
el director.
A partir de 1969 la revista se había
separado de la biblioteca, y fue adscrita al recientemente creado departamento de
publicaciones. Al poco tiempo, y después de casi cuarenta años ininterrumpidos de
labores, se suspende su publicación, coincidiendo con una época de grave crisis
universitaria y serios conflictos políticos.
Tres años más tarde, en octubre de
1972, reapareció bajo la dirección del poeta Carlos Castro Saavedra y de Luis Eduardo
Acosta. Vista en perspectiva, fue tal vez la peor época de la revista, pues se dio un
vuelco completo en el contenido y la presentación, en franco desmedro de la tradicional
calidad editorial. El número 115, con el que se reinició en aquella fecha, fue un
lamentable producto editorial, que no solo alteró las secciones habituales,
desapareciendo hasta los artículos de fondo, sino que introdujo un inusitado desorden y
mal gusto en materia de diagramación, ilustraciones y tipografía. Esta época coincidió
con una nueva crisis universitaria, que repercutió creando inestabilidad en la dirección
y en el cuerpo de colaboradores, y determinó un distanciamiento entre la publicación y
la comunidad universitaria de la que se pretenda órgano de expresión. Pronto se hizo
notorio el aislamiento con respecto a las actividades culturales e intelectuales y
respecto a los problemas nacionales, con el persistente descenso de calidad en el
contenido y el diseño, factores que condujeron a la desaparición de la revista, con el
número 200-201, en junio de 1977. Para entonces, los artículos se limitaban a ser
breves, "sin pretender agotar el tema", según se justificaba la dirección. La
poesía fue motivo de una sonada polémica local, que reflejaba el estado calamitoso en
que había caído la revista. El debate surgió a raíz de la publicación, en el que a la
postre seria el último número, de una separata con versos del caldense Fernando Mejía,
a quien los editores, unos funcionarios de la sección de artes gráficas, no tuvieron el
menor pudor en presentar con gran bombo como "el poeta vivo más grande de
América".
EL RESURGIMIENTO Y LA CONSOLIDA
CION
A partir de entonces, diversos y
complejos problemas universitarios impidieron que reapareciera la revista institucional.
Huelgas, cambios de administración, dificultades presupuestales y falta de compromiso de
los distintos estamentos con la revista prolongaron la interrupción hasta el último
trimestre de 1985. Tras siete largos años en los que surgieron varias publicaciones
periódicas especializadas en algunas facultades de la Universidad, la revista formó
parte, al reaparecer, de los esfuerzos que se hacían para devolverle a la Universidad su
estabilidad académica y por reintegrarla a la sociedad.
El rector de entonces, Santiago Peláez,
estableció en el número 202 las nuevas pautas que rigen la más reciente etapa de la
revista:
(... ) habrá de servir de punto de
unión y de referencia constante del estado actual del trabajo cultural, creativo e
investigativo de la Universidad, del país y fuera de él. Uno de sus propósitos es
rescatar el ,prestigio que tenía y abrir un espacio nuevo y singular para divulgar el
arte, la literatura, la ciencia, la crítica y la imaginación. De este modo buscamos
romper el aislamiento de la Universidad con su medio y conectaría con todos los ámbitos
del mundo exterior
9.
Este último período que vive
actualmente la revista, está caracterizado por una llamativa presentación, un aprecio
por la diagramación y por las ilustraciones, al igual que Una cuidadosa selección de los
temas, que necesariamente reflejan las preocupaciones sociales y económicas del momento,
pero sin desechar, fiel a su tradición, los materiales literarios, filosóficos,
históricos, artísticos y científicos. Se han retomado también las secciones de
crítica bibliográfica, la reseña de la vida universitaria, y al final se incluyen
cuadernillos de música y poesía.
La nueva etapa está respaldada con
una organización administrativa y el apoyo financiero de la Universidad y de los
suscriptores y lectores. Restablecida su periodicidad trimestral, con modernos equipos de
edición e impresión y un renovado grupo de colaboradores de distintas tendencias, la
revista ha recuperado con creces el lugar que ocupaba entre las publicaciones colombianas,
y puede mirar con satisfacción el ejemplo y experiencia que han tomado de ella las ya
diversas revistas universitarias de Antioquia.
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