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Alejándose
del verso ... y de la vida
Este lugar de la noche,
José Manuel Arango
Colcultura. Bogotá, 1984, 142 páginas
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José Manuel Arango era para mí, hasta
la lectura de este libro, un poeta mal conocido. Esta edición de su obra completa incluye
Signos, el único libro que ha publicado el poeta antioqueño de 47 años, nueve
poemas sueltos y traducciones de Georg Trakl, Thomas Merton, Kenneth Patchen, Edward Field
y Denise Levertov, un gran poeta expresionista alemán y cuatro norteamericanos menores de
distintas generaciones y tendencias.
Confieso que me ha costado mucho trabajo llegar a una conclusión honesta sobre una
poesía que en la primera lectura me inspiró un rechazo instintivo. Después, al
releerla, su discreto hermetismo y su brevedad me sedujeron, aunque no hasta el punto de
despejar ciertas dudas. Pero antes de entrar en materia, sería bueno despejar algo de
monte.
En dos notas que acompañan la edición, una lírica a manera de epílogo, la otra, como
se usa, ditirámbica, en la contrasolapa, Santiago Mutis nos brinda algunos datos
biográficos básicos -la edad, el hecho de que Arango haya estudiado en la Universidad
Pedagógica y Tecnológica, de que sea máster de filosofía de una anónima universidad
norteamericana y el de que sea personaje de pocas palabras-, y algunos juicios críticos.
Este párrafo los resume en cierto modo:
"Su obra es breve y rigurosa, tan concentrada y estricta que no tenemos en Colombia
un ejemplo similar. En la brevedad, como forma del rigor, está también Aurelio Arturo, y
en esa despiadada disciplina con la palabra y consigo mismo que suele llamarse 'la
creación artística', está solo, pues ninguna obra poética de este siglo colombiana ha
tenido la fortuna de mostrar su plenitud y su austeridad con tal vigilancia, y sin una
sola palabra de más para halagar al público o al poeta.
La mención del autor de Morada al sur
sobra y puede confundir al lector desprevenido. Por supuesto que Aurelio Arturo está
en cualquier obra poética colombiana poco extensa. También Mallarmé estaría en
cualquier poeta con una obra de pocas páginas. Pero aparte de que la brevedad no es
necesariamente sinónimo de rigor -puede ser de pobreza-, ésto equivaldría a medir los
poetas con un metro, lo que no se puede hacer. No hay en todo caso nada en común entre el
cálido lirismo del dulce poeta de Nariño y las reticentes meditaciones de Arango. Y no
estoy de acuerdo en atribuirle a éste una disciplina lingüística fuera de serie. Al
poeta -filósofo de Medellín no le interesan el peso o el color de las palabras sino lo
que éstas dicen en conjunto, lo que sugieren, pero no en el sentido ambiguo de la poesía
de Mallarmé o en la originalidad metafórica de un poeta riguroso como Juan Sánchez
Peláez, sino en un sentido abstracto y filosófico, que parte, eso sí, de lo inmediato y
lo concreto.
La "despiadada disciplina con la palabra y consigo mismo" desemboca en Arango,
en muchos casos, en unos aforismos que sólo tocan la poesía por su inspiración sensual.
En el entorno cotidiano Arango desen tierra lo antiguo. En cierto modo no estamos en
Medellín, sino en Grecia, o más bien, Grecia y sus primeros filósofos están en el
Medellín de Arango. Al principio pensé comparar sus poemas cortos -casi todos lo son-, y
los "largos", a lo sumo de dos págínas, son pequeños mosaicos- con los haikais
japoneses, pero estaba equivocado. Estaba midiendo con regia,. El haikai, estrictamente
formal, es concreto y por lo general descriptivo. Las cosas, los paisajes dan la medida de
las pasiones y las sensaciones.
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La economía de Arango es abstracta y su "rigor" lo lleva en demasiadas
ocasiones a repetir lo que ha sido dicho millones de veces, sin la suficiente originalidad
y fuerza para darle a la manida fórmula un color individual que nos, haga pensar que la
vemos por primera vez.
El pasado está en todo: "las miradas de los cajeros adolescentes / repiten los
movimientos de un antiguo baile / sagrado ...... La noche se llena de ecos. La ciudad es
una mujer. En la retahíla del vendedor de pájaros "se recata la antigua lengua
armoniosa / más clara, más / cercana de las tortugas y el fuego...". El poeta
invoca también los dioses autóctonos: "bachué, señora del agua, enséñame a
tocar / la fina pelusa bermeja del zapote / a ver la sal brillante en el oscuro lomo de la
trucha ...... El mar es una bestia; en los sueños rugen bestias; el poeta "en este
lugar de la noche / purificado por la lluvia" descubre en su sangre "un oscuro
animal"; la locura de Hólderlin - aquel otro obseso del mundo griego- se debe a que
"miró los ojos de un animal / terrible ...... No suenan los tangos, ni los tiples y
bandolás sino las flautas. Los sones de estos primitivos instrumentos son los que
convierten otra vez las plazas en "lugares de fiesta" y "la calle nace de un
son de flautas". En un poema de seis líneas hay lenguas extrañas, gritos remotos,
distantes jardines. Un incendio es una excusa para que los "rojos querubines del
fuego" le rindan fugaz visita al poeta. Los animales del trópico y de la selva, pero
también los de la mitología, cumplen una función simbólica: la serpiente de "ojo
súbito", el "búho, de grandes ojos de plata", el "pez de plata"
y "el de ojos de fuego", el cangrejo, el jaguar, el venado y los "pumas sin
sombra aparecen, pero también animales más pedestres, los pájaros -concretas sólo las
tórtolas, las golondrinas y las palomas-, la lagartija, la mariposa nocturna, los
insectos, el gallinazo, el gallo y el perro.
El gato brilla por su ausencia porque Arango elude lo doméstico y lo cotidiano . El amor
es "esta guerra dulce / que hacemos en la
oscuridad / más vieja". La
amada es "como una doncella que se adentra en el bosque en busca de miel
silvestre". Hay "países detrás de su rostro". Es una "muchacha
antiquísima" o una mensajera venida de un país de lagos", y en sus ojos el
poeta ve paisájes lacustres. Los amantes se entregan a "los juegos sagrados de la
noche", y mientras se aman "sobre alguna ciudad desconocida cae la lluvia".
Todo nos remite a algo remoto, a los principios de las cosas. Prevalece la añoranza de la
idea platónica, de la inocencia perdida y de lo exótico.
IRONÍA
Ante el obstinado embate
del pájaro
contra el cielo falso de la vidriera
no cabe ironía
PARAISO
Infancia
vuelta a encontrar, al morder una fruta
en su sabor olvidado
Así, fugaces sensaciones, ideas o
imágenes se convierten en poemas, no tanto por lo que en sí dicen, como por la forma
escueta en que son registradas. La austeridad misma se erige en virtud, en un país donde
la palabrería es norma y donde el poeta ha sido ante todo un retórico algo más refinado
que el orador. En la parquedad, que para algunos será decepcionante, de Arango hay una
crítica implícita, como la hay también en su actitud hacia el medio literario: no
participa en concursos, no publica en los suplementos y no concede entrevistas, lo que
para Mutis equivale a "mantenerse dentro de lo primordial". Cabe preguntarse:
¿Están entonces los que no siguen el silencioso ejemplo de Arango dentro de lo
secundario y lo superfluo?
¿Pero es realmente "primordial" clavar un clavo ya clavado, y sin mayor fuerza?
La infancia puede ser como el paraíso, y los sabores, como los olores, nos devuelven por
momentos el pasado. Decirlo así, escuetamente ¿es poesía? No existe una definición de
la poesía que pueda cubrir los miles de variados esfuerzos poéticos individuales del
mundo entero, por lo tanto nada se puede excluir a priori. El autor propone, el
lector se entrega o no a la labor de descifrar la obra.
Poemas como Paraíso o como Ironía apenas dan margen para un eco.
Aisladamente son poca cosa. Pero en Signos tienen un lugar. Son imágenes
evocadoras, hallazgos del poeta que percibe -y trata de comunicar a su modo- el misterio,
en la noche, en los sordos, en el viento, en las calles, en la maleza de un baldío, en
los sueños y ensueños, en la mujer y en la propia sangre. Hay respeto hacia la vida y
hay valor y riqueza en Signos, un libro que logra imponer una visión poética, y
en Costumbres de las palomas. Éste, que fue publicado en Aquarimántima, como Pensamientos
de un viejo -sobre todo este- muestran que Arango estaría ahora en búsqueda de una
poesía más verbosa, incluso comprometida, más afín a la de Patchen o a la de Merton.
El último poema propio (Vendados y desnudos ... ) demostraría que Arango se está
alejando de la poesía.
Las traducciones de Trakl -ignoro si del alemán o indirectamente del inglés, lo que las
convertiría en versiones- nos revelan la importante influencia que ha tenido en Arango, y
en poetas como Juan Manuel Roca, la visión expresionista. Las de los poetas
norteamericanos no dicen nada sobre su poesía, aunque es obvio que ésta se puede
clasificar dentro de la que afortunadamente ha sido más influida por la poesía anglo
sajona. La escasa pertinencia de estas traducciones se debe probablemente a un deseo de
difundir la obra de poetas poco conocidos en el país en diferentes épocas y por diversas
razones. Su escogencia no habla muy bien del gusto del poeta.
Yo habría preferido leer solamente Signos, con una disposición tipográfica más
ordenada y generosa, que le diera a cada poema, por corto que fuera, su propio espacio. Lo
demás, a mi juicio, son arandelas que distraen.
NICOLÁS SUESCÚN
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