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Al
fondo del laberinto, un hombre, un poeta
El Laberinto
]osé Luis Díaz Granados
Edición definitiva, Esquina 2000.
Bogotá, 1984, 198 páginas
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José Luis Díaz Granados (Santa Marta,
1946) es un hombre que cuando habla se pone en trance. Sin duda la poesía lo hace -y
siempre ha sido así- poeta. Por ello en su libro se advierte ante todo la presencia de un
poeta que parece ir por la vida cantando. Quiere decir que en este libro predomina el
poeta incluso antes que el poema; se hace énfasis en la creación poética y en su sujeto
y en la versatilidad necesaria para asumir las diferentes circunstancias vitales.
Díaz Granados asume su condición de poeta como testimonio de su experiencia y aventura
existencial. En este sentido posee especial significación el hecho de sus reiterada
referencias a Joyce y a su obra construida sobre lo vivencial. También ratifica este
aspecto el interés del autor en concentrarlo todo en un sole libro que a modo de legado
poético se va ampliando con el tiempo Desde la primera edición de 1968, la segunda del
78, la tercera del 80, la
cuarta completa del 84 y la quinta 3 definitiva, también
del 84, éste ha
sido su libro para la consignación de su experiencia poética; en
él se juntan vivencia y lenguaje. En esta obra el hombre encuentra la poesía en la
acción y los hechos, y el poerna obedece a la búsqueda de la permanecia a través de las
palabras. Ésta fijan la vida para salvarla del tormento del tiempo. Quiere decir que la
vivencia constituye el contexto fundamental de esta poesía y ello se extiende hasta la
palabra como centro del poema y resumen de la vida.
El laberinto significa en la obra -otra vez Joyec con su dédalo vital- el espacio de la
búsqueda; los actos corresponden al deseo que nos lleve a vivir. Cada acción supone el
camino de la realización como escribir la conjugación de poema. También el laberinto en
esta poesía significa el encuentro con el padre y su tragedia para comprenderlo y
sobrellevarlo. Desde el punto de vista poético, el laberinto es el lenguaje por medio del
cual el poeta busca el poema, o sea el sentido en busca de la forma que lo exprese.
De acuerdo con lo dicho, nada explica mejor esta poesía que el canto; se canta y se
celebra la vida, la naturaleza, la luz a través de un hecho único, absoluto y universal.
El poema remite a una totalidad. Es, sin duda, la presencia del poeta órfico que canta el
mundo. Por tanto, se da la realidad del poeta que manifiesta sus sentimientos frente a la
realidad del universo. De esta unión de elementos nace el poema órfico como evidencia y
presente. Para el poeta órfico las cosas no existen sino en la medida que corresponden al
canto. Sobre este tema, escuchemos una muestra en el fragmento del Despertar:
Ahora me pasa la
pálida sombra
de un broncíneo pájaro
que va hacia el Oriente.
Escribo sobre un cielo y sobre
una tierra mojada y seca.
Escribo ante el despertar
de mis párpados secos en la noche
Díaz Granados tiene varias afinidades
con la generación sin nombre que fue la encargada de proyectar la cosecha de Mito y darle
a la poesía colombiana una nueva dinámica de hondura y experiencia poética. Pero tal
vez cultivar una poesía de permanente renovación formal y de diversidad de tonos, le ha
hecho aparecer más como el poeta que sólo va en si propia búsqueda estética y que cada
vez corresponde a la reafirmación vital. Será por ello mismo que se trata de una poesía
porosa que asimila el universo de la cultura. En ella se dan múltiples formas: versos
libres y con métrica, sonetos y prosa, lo mismo que narrativa de acento poético y
diversos juegos retóricas. Además, el libro comienza con citas de Calderón de la Barca,
Walt Whitman, Paul Valéry y Pablo Neruda, cuatro concepciones poéticas que, fuera de
Joyce, determinan esta poesía en diferentes vertientes desde lo tradicional hasta lo
moderno. De igual manera y sin duda por el trasfondo poético del boom literario
latinoamericano, esta poesía asimila dicho movimiento en su logro de estructuras
narrativas diversas, incluso a partir del artificio, el juego de palabras, la
versificación popular o el canto vallenato. No obstante, todo en este libro se encamina a
reproducir el proyecto poético de Joyce en Ulises, la circunstancia vital como
poesía enmarcada por un destino que nos viene desde siempre y para siempre. Y allí el
poeta contempla aquel pasado y presente como un sueño que lo hace vivir de nuevo.
Habito un laberinto de
anchas
geografías y de azules historias con
rincones narrativas donde los tejados
monótonos protegen súbitas
caravanas de bocas interiores.
Allí se alimentan intemperies
consoladas con rojas
murmuraciones, orejas como guías
de navegantes al captar las levantadas
barrigas de las vetustas edificaciones
que en este día sonríen al minotauro
dulce que las reta antes de que el
bramido de las corrientes nos arroje
a los pies de árboles remotos.
Con esta obra, José Luis Díaz Granados
ha escrito su propio laberinto, el de su vida, que se presenta al lector
con sus
páginas abiertas para confesarse y descubrirse ante éste como su propio mundo.
ALONSO ARISTIZÁBAL
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