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Los
hombres-hicoteas y la resistencia popular
Resistencia en el San Jorge, Historia
doble de la Costa - 3
Orlando Fals Borda
Carlos Valencia Editores. Bogotá, 1984, 412
páginas
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Resistencia en el San Jorge se
inicia en Jegua, que en palabras de Orlando Fals Borda es aquel pequeño Macondo, símbolo
del aguante de la gente costeña, de la supervivencia rebuscando", del ingenio para
combinar distintas actividades economicas para subsistir, de la astucia para "vivir
bien" el presente sin amargarse por el futuro. Jegua es, en síntesis, el espacio
físico de los hombres con caparazón, de los hombres-hicoteas.
En este tercer volumen, Fals Borda nos presenta la dialéctica de la
descomposición-reproducción de la economía campesina en su versión costeña. En dicho
proceso el campesina o utiliza distintas estrategias de reproducción: adaptación y
acomodamiento, el "rebusque", el "aguante", la simbiosis y el
sincretísmo, la creación de deidades humanas, la cohesión cultural y la resistencia
armada. En este volumen Fals Borda ofrece una nueva perspectiva histórica sobre los
movimientos sociales. Ya no se trata de ese fatalismo o derrotismo, de ese continuo culpar
a los vencidos, o de ese silencio sobre las estrategias de resistencia que caracteriza a
la historiografía tradicional y a buena parte de la marxista. El autor nos introduce al
estudio de una cotidianidad dinámica, de una actividad ingeniosa y permanente e las
clases subordinadas ante la también permanente ofensiva de los sectores dominantes.
Así como la paradoja de El presidente Nieto era la existencia de un caudillo
anticaudillo, la de Resistencia en el San Jorge es encontrar rebeldía en el
interior de una aparente sumisión y resignación. Ante una historia que negaba o
subvaloraba a las clases subordinadas por sometidas y alienadas, Fals Borda plantea un
nuevo punto de vista historiográfico que se acerca a los movimientos sociales, en la
senda abierta por un grupo de etnohistoriadores y antropólogos
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Ahora bien, Fals Borda no desconoce que las estrategias de resistencia no han sido siempre
exitosas, pues éstas tienen sus riesgos y pueden devenir en alienaciones de nuevo tipo.
Por ello, la perspectiva historiográfica planteada por Fals Borda se halla lejos de ser
la historia apologético de las clases subordinadas. Es una historia crítica no sólo de
las elites, sino de los practicantes de las estrategias de resistencia.
Para estudiar las raíces de la resistencia popular en el San Jorge, Fals Borda se remonta
a las tempranas estrategias puestas en práctica por los indígenas ante el conquistador y
el colonizador españoles. Ante la dominación señorial de la hacienda, los trabajadores
rurales no se cruzaron de brazos. La asonada de Ayapel y la sedición de Jegua, a fines
del siglo XVIII, no fueron sino la expresión condensada de siglos de resistencia.
El siglo XIX está marcado por una ofensiva señorial contra los resguardos indígenas y
las tierras campesinas. Época de repliegue popular y de creciente diferenciación social
en la economía campesina misma que permaneció aun en los peores años de dominación
señorial. En 1890 una generosa legislación nacional sobre resguardos impulsó
infructuosamente la lucha por la reconquista de las tierras perdidas en Jegua y el Guazo.
Paralelamente, ante el descuido de la Iglesia, la gente concibió deidades más humanas y
articuladas a su ethos En este clima propicio, no fue extraño que se presentaran
algunas formas milenaristas en la subregión momposina.
El siglo XIX también significó la descomposición de la clase terratemente tradicional
con la lenta aparición de los terratenientes-capitalistas, y la crisis de los antiguos
centros de poder regional y su correspondiente desplazamiento por otros más dinámicos
(de San Benito Abad a Sincelejo y Corozal; de Mompox a Magangué y El Banco). Hubo incluso
signos de "descomposición" moral y de pérdida de aspectos del ethos costeño
por parte de las elites regionales.
El impacto del imperialismo y de la estructura de dependencia en la formación regional es
también estudiado en este volumen. La especulación en tierras por parte de los
estadounidenses encuentra su límite en la respuesta activa popular. La resistencia
culminó exitosamente en 1949 con el retiro de los norteamericanos de la subregión y la
recuperación de la tierra por los campesinos. Si bien el imperialismo tuvo que amoldarse
a las condiciones ecológicas y humanas de la depresión momposina, saliendo derrotado de,
la subregión, como superestructura salió triunfante no sólo en la región costeña sino
en todo el país. Sin embargo, aun en esas condiciones, tuvo que enfrentar la
contracultura nacionalista, altivamente enarbolada en esta subregión costeña.
Finalmente, Fals Borda señala cómo el dinamismo de la resistencia popular enfrentó con
éxito aun los intentos de domesticación religiosa emprendidos por las misiones
católicas a comienzos del presente siglo, al darse, a través de ciertas alienaciones
articuladas a la resistencia a la dominación, posibilidades de liberación para un
pueblo. Como sucede con la práctica de la llamada teología de la liberación en la
depresión momposina. Acá el autor, paradójicamente, parece concederle más importancia
a la presencia catalítica de agentes externos (curas y monjas progresistas) que a las
potencialidades del pueblo que lucha por su libertad.
En este tercer volumen hay una legítima preocupación por recuperar el conocimiento
popular y por transmitir los hallazgos científicos a las clases subordinadas. Es una
preocupación básicamente pedagógica. Sin embargo, la urgencia política corre el riesgo
de ahogar la riqueza del material cultural hallado y aun la novedad del punto de vista
sobre las "estrategias de resistencia".
Quedamos pendientes del siguiente volumen en el que Fals Borda nos promete la historia de
la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos en la costa atlántica. Igualmente quedamos
convencidos de que la perspectiva historiográfica avanzada por Orlando Fals Borda
irnpactará a los historiadores de los movimientos sociales, pues, como decíamos al
principio, se podrá debatir y contradecir la presente obra de Fals Borda, pero por
ningún motivo se la podrá pasar por alto.
MAURICIO ARCHILA NEIRA
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Nos referimos a una
serie de investigadores sociales latinoamericanistas que, estimulados por los pioneros
trabajos de E. P. Thompson y E. Hobsbawm, han reivindicado esta nueva perspectiva en el
estudio de los movimientos sociales. Baste mencionara estudiosos del movimiento obrero
como J. Nash, M. Hall y P. S. Pinheiro; o de las comunidades campesinas como S. Stern, F.
Mallon y S. Mintz; o incluso a ciertos "chayanovistas" como "N. Long y B.
Roberts".
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