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Buena
investigación documental, cero entrevistas
Conozca a Eduardo Caballero Calderón
Luis Iván Bedoya y Augusto Escobar
Universidad de Antioquia. Medellín, 1984
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Hasta hace muy poco tiempo, el Instituto
Caro y Cuervo tenía el monopolio de las investigaciones exhaustivas acerca de nuestros
escritores. Como se estila en estos casos, los críticos del Instituto tomaban a su cargo
un cadáver ilustre y contaban su vida detalle por detalle, editaban sus obras, incluso
los más ignorados papeles que la víctima hubiera dejado inéditos, y nos entregaban
completamente codificado al pobre muerto. Es modelo, por ejemplo, lo que hizo el siempre
atinado y pacientísimo Héctor Orjuela con Rafael Pombo: tomar sus manuscritos -la letra
de Pombo parece un alambre enredado- y trascribir setecientos poemas inéditos y toda su
correspondencia.
La ley, a este respecto, ley no escrita pero siempre acatada, era que semejantes
arqueologías se hacían sobre escritores ya muertos. Pero vino la fama de García
Márquez y detrás llegaron investigadores como Jacques Gilard, quien no sólo hizo el
inventario sino que recogió todos los artículos de prensa de nuestro Nobel y todos los,
cuentos editados por él en los cuarenta y principios de los cincuenta. No contento con
semejante trabajo que necesitó seis volúmenes de la Oveja Negra para publicarlos-,
Gilard ha efectuado una indagación tan exhaustiva de la vida de García Márquez y de los
miembros del grupo de Barranquilla, que Germán Vargas en una de sus charlas dijo que ya
Guilard sabía más de su vida que él mismo.
La colección "Conozca a" de la Universidad de Antioquia tiene propósitos
semejantes. Hasta el momento ha publicado libros sobre algunos escritores como Manuel
Mejía Vallejo, Tomás Carrasquilla y Antonio García, y también ha sucumbido ante la
tentación de presentar como escritores a algunos políticos como Alfonso López y Otto
Morales Benítez, bajo el pretexto de sus "obras literarias".
El volumen número 6 de la serie, preparado por Luis Iván Bedoya y Augusto Escobar,
contiene la información básica completa sobre el novelista y ensayista Eduardo Caballero
Calderón. Bedoya y Escobar ambos licenciados, ambos másteres, ambos profesores de
literatura en la Universidad de Antioquia- habían publicado con anterioridad varios
trabajos preparados de consuno: lecturas críticas de novelas de García Márquez -El
otoño del patriarca y La mala hora-, Manuel Mejía Vallejo -El día señalado- y
Daniel Caicedo -Viento seco-, sin contar los textos críticos que cada uno de ellos
ha publicado sin la ayuda del otro.
Conozca a Eduardo Caballero Calderón es un libro admirable por el trabajo
documental que realizaron estos investigadores. Tomándolo de atrás para adelante, el
volumen termina con una relación detallada de 196 fuentes escritas de información y
crítica sobre la obra de Caballero Calderón: alusiones en libros, reseñas de sus
novelas, noticias sobre sus traducciones.
Si el plato final, de bibliografía sobre Caballero Calderón, llama la atención por lo
detallado, más aplastante es la impresión que queda cuando uno mira la bibliografía del
autor de El Cristo de espaldas que incluyen Bedoya y Escobar: ya de por sí es
bastante desacostumbrado que se realice tan cuidadosamente como lo hacen ellos, la lista
de libros publicados por Caballero Calderón: diez novelas, once libros de ensayos, dos
volúmenes de cuentos, lista de cuentos no incluidos en libro, dos tomos de memorias, dos
de relatos, cinco compilaciones de otros autores realizadas por Caballero, tres libros
escritos en colaboración y otros tres de traducciones. En total codifican treinta y seis
libros pero, como se anota, esto no es lo más impresionante: Bedoya y Escobar debieron
tragar mucho polvo de archivo haciendo el inventario detallado, uno por uno -título,
revista o periódico, fecha y página- de todos los artículos de prensa publicados por
Caballero Calderón entre 1938 y 1984. Son 46 años de periodismo, de activísimo
periodismo, cuya lista abarca 73 páginas, casi la tercera parte del libro de Escobar y
Bedoya.
Conozca a Eduardo Caballero Calderón no sólo es bueno porque incluye esa
completísima bibliografía de y sobre el novelista bogotano de Tipacoque. Es bueno,
también, como dossier biográfico y descriptivo de su obra. Técnica de cartilla
-información, información-, donde, con fortuna, se rinde culto más a la claridad que a
la originalidad. La primera parte es biográfica: allí presentan un cuadro del ambiente
familiar de Caballero Calderón, una cronología de su vida y una breve reseña de su vida
cotidiana. En este capítulo abundan las notas de pie de página con asuntos que bien
pudieron incorporarse en el texto, como cortesía con el lector. El segundo capítulo se
dedica a recontar el origen y evolución de su vocación literaria, de la mano de las
pistas que el mismo Caballero Calderón ha dejado en sus Memorias infantiles; este
capítulo se complementa con el siguiente, donde se resumen los argumentos de las
principales obras del autor de Manuel Pacho, se citan algunas valoraciones de las
mismas y, nuevamente, se traen los testimonios escritos del propio escritor sobre cada uno
de sus libros.
Si se tienen en cuenta los 196 textos sobre Caballero Calderón que codifican al final,
puede decirse que el capítulo más flojo del libro de Bedoya y Escobar es el cuarto, que
dedican a las "opiniones críticas sobre su obra", en el cual se refieren a muy
pocos críticos. El lector queda ignorante sobre qué dijeron, por ejemplo, Eduardo
Carranza, Fernando Arbeláez, Hernando Téllez, Agustín Nieto Caballero, Pedro Gómez
Valderrama o Rafael Carrillo -para poner los ejemplos más ilustres-, entre los muchos
comentadores de la obra de Caballero Calderón.
Hay un último capítulo, antes del recuento estadístico de la producción periodística
y bibliográfica de Caballero Calderón, donde los autores ordenan temáticamente algunas
citas de sus obras, y que indican con aproximación el pensamiento y el estilo del autor
de Hablamientos y pensadurías. Sin embargo, se extraña en este capítulo, así como
en el primero -sobre todo-, que no haya ningún testimonio directo del mismo Caballero
Calderón: los autores hicieron un excelente trabajo de gabinete, agotando los inventarias
de la obra impresa del autor de El buen salvaje, pero sin tocar para nada la
conversación, el contacto directo, por lo menos la correspondencia con Caballero
Calderón, y ni siquiera con algún pariente o allegado que pueda dar testimonios
personales sobre el autor estudiado. Si lo hubieran hecho, este trabajo, que ahora
celebramos por estar completo, con seguridad parecería un borrador del texto definitivo.
DARÍO JARAMILLO AGUDELO
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