Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 3,  Volumen XXII , 1985

 

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ILUSTRACIONES: ADRIANA ESPINOSA


El camino de las tres culturas

JUAN MANUEL OSPINA
Economista, realizó estudios de postrado en historia.
Subgerente Cultural del Banco de la República

LEOPOLDO SÉDAR SENHGOR era un recuerdo claro del revuelo político-periodístico cuando en el período 72-76 llegaba todos los años, cumplido, a realizar una visita oficial a Francia, como presidente del Senegal. Entonces, ritualmente, Le Monde le dedicaba primera plana y una larga entrevista, generalmente de página entera.
Para un latinoamericano que tiene del África negra algo menos que una corazonada, el dirigente africano aparecía paradójico, indescifrable: político y literato, "padre" del Senegal, es decir anticolonialista y a la vez cercano, casi que sospechosamente cercano (por qué no lo sabría decir, pero así lo percibía) al poder metropolitano, al gobierno gaullista de Pompidou y luego al de Giscard; alto heliotropo de la Internacional socialdemócrata; literato, más precisamente poeta, afrancesado, académico y defensor de Francia, al tiempo que padre y principal impulsor de la negritud, concepto ambiguo pero con claros aires tercermundistas y de búsqueda de una identidad cultural confrontada a un eurocentrismo o, más precisamente, a un galocentrismo chauvinista en alto grado.

Una figura confusa, por no decir contradictoria, con telón de fondo senegalés, un país exhibido por los franceses como su obra maestra en la colonización africana.
Los años pasaron y a Senghor lo fui sepultando en la indiferencia hasta que en octubre pasado tuve el privilegio de acompañar a Leopoldo Sédar Senghor por tres días durante su visita a Cartagena de Indias.
Fue una revelación encontrar a un hombre pequeño, de apariencia frágil, en sus setenta años, sencillo, evangélicamente sencillo -es católico practicante: uno de los momentos emotivos del viaje fue su visita a los restos de San Pedro Claver, del cual es gran admirador y profundo conocedor-; un hombre abierto, comunicativo sin ser locuaz, con sano sentido del humor e infinita capacidad para el asombro, para relacionar hechos, para sacar conclusiones y para transmitirlas. No en vano su vida toda, aun su fase propiamente política, es una gigantesca tarea pedagógica, como él mismo define su vocación primera. Un hombre exuberante en el espíritu, parco y disciplinado en el cuerpo: a sus setenta años practica dos horas diarias de natación, como bien lo demostró en la casa de huéspedes ilustres del gobierno colombiano.

Viéndolo, oyéndolo, recordé mis impresiones parisinas y entendí que la confusión, o aun la contradicción, tenían su origen y solución en la riqueza humana de Leopoldo Sédar Senghor. Pensé que muchos tal vez podrían estar en las mismas condiciones que yo, o ni siquiera sabrían de su existencia y no lo lograrían, pues la prensa colombiana, encerrada una vez más en su provincialismo, dejaba pasar inédita a una auténtica figura de África y del siglo XX . Por ello me decidí a solicitarle el reportaje que leerán a continuación.
Creo que el mismo da luces para entender el proceso cultural colombiano, latinoamericano y mundial, que es uno de los propósitos de este Boletín.

Allí hay puntos para una polémica, hay planteamientos apenas esbozados, que exigirán ampliación. Pero creo que todo el material es pertinente, da claridad, está en la línea de lo que acá hemos propuesto y muestra cómo es posible y necesario abrirse a lo universal sin perder las raíces, sin caer en la vacuidad de lo internacional.

LA CULTURA Y LA POLITICA

Al abandonar voluntariamente la presidencia de Senegal, ¿considera usted que termina su actividad política o que simplemente comienza a realizar ésta por medios distintos de los propiamente políticos, a saber, los que ofrece el campo de la cultura?

Un recuento histórico del problema será mi mejor respuesta.
Estudiantes de bachillerato, en el liceo parisiense Louis le Grand, éramos, mi amigo Georges Pompidou y yo, muy ambiciosos. Nuestra mayor ambición no consistía en querer ser parlamentarios, ni siquiera ministros, sino profesores universitarios. En mi caso, profesor en el Colegio de Francia y poeta.
Por azar "caí en la política". Sucedió en el verano de 1945. Después de enseñar francés, latín y griego durante diez años en los liceos, fui nombrado profesor de lenguas y civilizaciones negroafricanas en la Escuela Nacional de la Francia de Ultramar, de París. Pasaba mis vacaciones en Senegal, efectuando una investigación sobre la poesía popular de mi etnia, la serere, cuando la Federación Socialista de mi país, el cual era por entonces colonia francesa, me pidió ser su segundo candidato en las elecciones para la asamblea constituyente, que acababa de crear el general De Gaulle. Vacilé durante un mes, pues, lo repito, los honores políticos no me seducían. Fue la miseria de los campesinos senegaleses, agravada por la segunda guerra mundial, la que me decidió a aceptar.

En 1946, un año después de mi elección, en una entrevista a un semanario francés, declaré que mi objetivo era llevar a Senegal, sin violencia, a la independencia en amistad con Francia. De hecho, luego del referendo que aprobó la Constitución de 1958, fui, exceptuando el caso de Guinea, el primer parlamentario africano que demandó la independencia de su país. Mi conversación con el general De Gaulle no duró una hora. ¡Qué gran hombre era!

Elegido presidente de la República de Senegal en 1960, decidí no presentarme nuevamente como candidato a las elecciones presidenciales de 1965. Sin embargo, en la noche del 16 al 17 de diciembre de 1962, el presidente de mi consejo de ministros y jefe del gobierno intentó dar un golpe de estado, que se superó sin ordenar un disparo. Naturalmente, se necesitaron muchos años para encontrar un hombre en capacidad de sucederme, para formarlo y reconstituir el cargo de jefe de gobierno, que en adelante se denominó primer ministro.
Tras renunciar, el 31 de diciembre de 1980, a mis funciones de presidente de la República de Senegal, no he abandonado del todo la actividad política, sino que la he transferido de la esfera puramente senegalesa a la africana. En efecto, soy presidente de la Interafricana Socialista y uno de los vicepresidentes de la Internacional Socialista.

Espero, sin embargo, que se me sustituya en estas últimas funciones, a fin de consagrarme únicamente al campo cultural. En éste permanezco activo. En efecto, he creado en Dakar una fundación que lleva mi nombre y que busca dos objetivos: 1. Ayudar a la formación de profesores e investigadores africanos calificados, para las universidades africanas. 2. Ayudar al florecimiento de las letras y las artes africanas confiriendo un premio anual, sea a un escritor, sea a un artista. Por otra parte, soy vicepresidente del Alto Consejo Internacional de la Francofonía y presidente de la Asociación Miguel Ángel Asturias que reúne escritores e intelectuales de Latinoamérica, el Caribe y África.

¿Obedece esto a una concepción suya de la cultura, que acepta las íntimas y dinámicas relaciones entre ella y la política?

Es evidente que, en la vida de una nación, especialmente de una nación en vías de desarrollo, no cabe separar los campos de la política, de la cultura, de la economía y de lo social. Sobre todo los dos primeros. Como acostumbro decirlo, la cultura, como medio principal y objetivo final, está al comienzo y al fin del desarrollo. Por ello, desde 1960, fecha de nuestra independencia, hasta 1980, fecha de mi renuncia, el estado senegalés consagró, en promedio, el 33% de su presupuesto a la educación, la formación y la cultura, y solamente un 15% a las fuerzas armadas. El resultado es que en esos veinte años, a pesar de haberse duplicado la población, el ingreso por habitante pasó de 163 a 450 dólares, y el número de asalariados se triplicó.

¿Cómo considera usted que la política y la cultura se interrelacionan? En ese sentido, ¿cuál sería el significado y la trascendencia profunda de la cultura?

Como se sabe, la cultura es el conjunto de conocimientos que nos permiten tener, sobre las cosas, los sucesos y los hombres una opinión y un juicio seguros. Los historiadores han anotado cómo los más importantes políticos, si no han sido en todos los casos los más cultivados, al menos han sabido rodearse de hombres de cultura. Si observamos el siglo XX europeo, comprobamos que los más grandes estadistas, Churchill, De Gaulle, Lenin -cito en orden alfabético- eran hombres de elevada cultura.

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SOBRE EL FUNDAMENTO, SENTIDO Y PROYECCION DEL DIÁLOGO EUROPA LATINA-ÁFRICA-AMÉRICA LATINA

Usted plantea una especie de triple alianza cultural entre estos grandes grupos humanos. ¿Cuál es para usted el fundamento de la propuesta, su coherencia y su campo específico de aporte al desarrollo de la cultura de lo universal?

Seré más extenso aquí, puesto que es el punto central de esta entrevista.

El profesor Paul Rivet, quien creó el Instituto de Etnología de París, nos enseñaba en los años treinta que las primeras y más importantes civilizaciones humanas nacieron en las costas del Mediterráneo, del mestizaje entre amarillos, blancos y negros - sigo citando en orden alfabético-. Mencionaba las civilizaciones egipcia, sumeria e india, griega y latina, judía y árabe. Hoy los más grandes biólogos -pienso en Jean Bernard y en Jaeques Ruffié- defienden esta tesis apoyándose en datos numéricos. Lo remito al best seller de este último, De la biología a la cultura.

Resulta que en Europa son sobre todo los países latinos, a los cuales es necesario agregar a Grecia, los que defienden esta tesis, que es hoy tesis oficial en países como Francia y Portugal. No es por azar si, en 1980, inauguré, en la universidad portuguesa de Evora un coloquio cuyo tema era el mestizaje. Una semana antes, su organizador, el antropólogo Almerindo Lessa, publicó en un diario de Lisboa un artículo en el cual afirmaba que en el siglo XVIII, cuando la población de Portugal era de unos tres millones de habitantes, cerca de un millón de negros de África se habían fusionado con ella. El general De Gaulle respondió al director de asuntos políticos del ministerio de colonias que, en 1945, le expresaba su temor de ver las sangres árabe y negra "solucionar" la sangre francesa: "Señor gobernador, usted es un burgués: el porvenir pertenece al mestizaje".

Es el mestizaje biológico y cultural la justificación de la "triple alianza cultural" entre la Europa latina, África y América Latina, objetivo de la Asociación de los amigos de Miguel Ángel Asturias, especialmente de su proyecto Archivos.

Detengámonos aquí un momento. Están, ante todo, las tablas numéricas de los grupos sanguíneos que solas, nos lo dicen los biólogos, indican la raza. Las de los países latinos se encuentran a mitad de camino entre las tablas de los países escandinavos y las de los países del Magreb, cuyos pobladores son, por definición, mestizos de blancos europeos -Más que árabes- y de negros: Sí, en la Europa latina, el grupo 0, que caracteriza al África, es fuerte, pues corresponde a más del 40% de la población. Ocurre también, y no es el argumento 'Menos pertinente, que los caracterólogos oponen el etnotipo de los fluctuantes al de los introvertidos. Este último caracteriza a los pueblos nórdicos, germánicos en particular, mientras que los fluctuantes comprenden a todos los mediterráneos, africanos y lati noamericanos, sin olvidar, de pasada, a los japoneses. Los introvertidos se caracterizan por una sensibilidad rica y profunda, pero de lenta reacción, en tanto que los fluctuantes, aunque dueños también de una sensibilidad igualmente rica y profunda, son de reacción rápida, explosiva.

Sucede que la triple alianza, de la cual usted habla, existe concretamente después de lo que llamo la Revolución de 1889, que no se debe confundir con la de 1789. Ella, en el plano cultural, es esencialmente una reacción contra el cartesianismo francés y el empirismo inglés, reunidos, entonces, simbióticamente en el positivismo. Regresando, a pesar de las apariencias, a la filosofía griega, la Revolución de 1889 da prioridad y primacía a la razón intuitiva y a la sensibilidad, sobre la razón discursiva y la voluntad.

En efecto, 1889 es el año en que el filósofo Henri Bergson publica su Ensayo sobre los datos inmediatos de la conciencia mientras que Paul Claudel, el poeta y dramaturgo, titulaba su primera obra teatral Cabeza de oro, precedida de esta frase: "Para tambores o tamtams". Es decir, reconocía la marca de la negritud. Tanto más cierto que, algunos años antes, Arthur Rimbaud había escrito Una temporada en el infierno. Presentándose como "negro", sentó las bases de la poesía moderna del siglo XX, donde el surrealismo es la expresión más auténtica. No es por azar que un francés de Senegal, Jean Claude Blachère, titulara su tesis de doctorado sobre la poesía surrealista El modelo negro.

Ese modelo lo logra definir Rimbaud, en Una temporada en el infierno, así: "Sí, tengo los ojos cerrados a vuestra luz. Soy una bestia, un negro (...) Entro al verdadero reino de los hijos de Cam (...). Inventé el color de las vocales(...). Determiné la forma y el movimiento de cada consonante y, con ritmos instintivos, me envanezco de haber inventado un verbo poético accesible, un día u otro, a todos los sentidos". Como lo afirma Rimbaud, "inventó" no solamente una nueva poesía, sino más allá de ello, una nueva estética que, por lo demás, había comenzado a definir en imágenes analógicas en su carta del vidente y en las Iluminaciones. En efecto, él nos habla, acá, de un "verbo poético accesible (...) a todos los sentidos, del alma por el alma, resumiendo todo, perfumes, sonidos, colores, del pensamiento agarrando el pensamiento; y tirante". Pero él había, antes, hablado de un "largo, inmenso y razonado desenfreno de todos los sentidos".

Es esta última expresión la que resume todo. En efecto, ¿de qué se trata en poesía? Y digo "poesía", es decir creación, puesto que ésta, desde los antiguos egipcios hasta los estadounidenses, pasando por la India, la China, el Cercano Oriente, la Grecia anterior a Jesucristo y la Italia del Renacimiento, es el arte mayor, el que resume todos los otros. Los peules del Senegal definen el poema como "palabras amables al corazón y al oído". Son sus nuevos medios o sus nuevos elementos, ad líbitum, los que nos presenta Rimbaud, idénticos a los medios empleados desde siempre por el África- madre, el África eterna. El primer elemento de esta poesía son las imágenes simbólicas, imágenes que, a través de las fronteras de los sentidos, establecen analogías, es decir, conexiones nuevas. El segundo elemento es la melodía: el canto. Aún hoy, en África, es frecuente, como sucede en mi lengua natal, que la misma palabra designe al canto y al poema. Y este es tanto más melodioso en cuanto se construye con muchas voces: es polifónico. Viene, finalmente, el ritmo, que anima al poema en el sentido etimológico del término: lo hace danzar. Un ritmo hecho, naturalmente, de repeticiones que no se repiten: de reanudaciones y de rupturas, seguidas de otras reanudaciones.

De modo, pues, que es esta revolución de 1889 la que le permitió al África retomar su papel en el siglo XX, puesto que las virtudes por ella preconizadas son las mismas del África. En ese siglo XX, que es el del diálogo de los continentes y de las culturas, de donde nacerá la civilización de lo universal. Con el África, y desempeñando un papel principal, se hallan las dos Américas, donde el mestizaje, biológico y cultural, se ha realizado entre África, Asia y Europa; o mejor, entre los negros, los amarillos y los blancos; o mejor aún, entre los negroafricanos, los mongoles y los alboeuropeos. Son conocidos los aportes de los Estados Unidos de América, especialmente con los negros, en la música, el canto y la danza. América Latina se distingue en las mismas artes, y mucho más en la poesía. La poesía latinoamericana es hoy una de las más altas y bellas del mundo, como lo prueban las selecciones efectuadas por el comité del premio Nobel.

No pierdo de vista la "triple alianza". En los hechos, la triple alianza entre la Europa latina - más exactamente grecolatina -, Latinoamérica y África, se ha concertado de tiempo atrás, biológica y culturalmente. Comenzando en el IV milenio antes de Cristo, con la llegada de los alboeuropeos a las orillas del Mediterráneo, entonces pobladas de "moros" y de "etíopes", para hablar como los griegos. Enseguida, por la colonización y la trata de negros. El problema hoy es apoyarnos en esas realidades para organizarnos científicamente y enriquecernos unos a otros con nuestras diferencias o, más exactamente, con nuestras complementariedades. A eso responde precisamente la Asociación Asturias en su proyecto Archivos.

¿Se encuentra la latinidad en la base de esa alianza? ¿Cuál es su sentido y vigencia?

Sí, la latinidad está en la base de esta alianza. Ante todo, la revolución de 1889 nació en un país latino y lo hizo precisamente porque fue ese país, Francia, el que, al abusar del cartesianismo, rompió el equilibrio preconizado por Aristóteles entre la razón discursiva o dianoia y la razón intuitiva o thymos. Pero más importante que este hecho histórico es la función que debe desempeñar la latinidad en la triple alianza, por intermedio de nosotros los fluctuantes, africanos y latinoamericanos, y que no es otra que una de las virtudes mayores de la latinidad, su "espíritu de método y organización", como gusto de expresarle.
Es, por lo demás, la razón por la cual, en el África negra francófona, especialmente en Senegal, les hemos dado, en la enseñanza secundaria, la primacía a las matemáticas, que son la base sólida de las ciencias y de las técnicas. Aun los estudiantes de la sección clásica orientados al latín, al griego y al árabe, tienen, en los exámenes escritos de finalización de bachillerato, una prueba de matemáticas. La primacía es no sólo para las matemáticas sino, aún más, para la tecnología. Por ello, en principio, en la enseñanza secundaria debe haber tantos alumnos en la enseñanza técnica y profesional como en la general.

En su opinión, ¿cuál es la vigencia y cuál el futuro del mestizaje cultural? ¿Será como resultado de esa triple alianza que saldrá el hombre nuevo, inmerso en esa cultura de lo universal?

En esa perspectiva, ¿qué raíces tendría la creación literaria cuáles serían las políticas y mecanismos aconsejables para garantizar su pleno desarrollo?

He contestado parcialmente a su pregunta, al referirme a la revolución de 1889. Quiero, ahora, para ilustrar la tesis, por una parte, presentarle algunos ejemplos y, por otra, mostrarle, en forma. viva, "las raíces de la creación literaria", como usted dice.
Bien se trate de artes plásticas o de literatura, resulta evidente que las escuelas más originales y sobre todo las más creadoras, es decir las más productivas del siglo XX, se encuentran en las regiones del mestizaje biológico y cultural: sea en la cuenca mediterránea, sea en las Américas.
Si tomo el ejemplo del cubismo y, más generalmente, de la Escuela de París, donde el expresionismo no es sino una reacción germánica, encuentro allá muchos extranjeros, entre los cuales la mayoría son latinos o al menos mediterráneos, como los judíos. Conozco bien el punto, pues en los treinta, siendo primero estudiante y después profesor, frecuentaba más a los pintores y a los escultores que a los escritores. Citaré, entre los primeros, a mediterráneos como Picasso, Chagali, Modigliani, Brancusi, Miró, Vieira da Silva. En cuanto a escritores, citaré, entre los fundadores del surrealismo a Apollinaire, hijo natural de un italiano, pero sobre todo al rumano Tzara, quien fue mi mejor amigo y cuyo hijo Christopher se casó con una de mis sobrinas.

En cuanto a las Américas son, en general, los estados con menor mestizaje los que han aportado menos a las letras y a las artes. Pienso, en especial, en el Canadá. Se sabe lo que los Estados Unidos han aportado a la música, al canto y a la danza moderna. Y si América Latina ha aportado tanto en todos los campos, particularmente en poesía y en artes plásticas, es porque ha recibido, de manera equilibrada, los aportes diferentes, y por lo tanto complementarios, de Asia, de Europa y de África: de pueblos amarillos, blancos y negros.

En lo que respecta a las "raíces de la creación literaria", debemos regresar a la revolución de 1889 y aun remontarnos a Aristóteles, más precisamente a su obra Ética a Nicómaco. He retenido la frase, esencial, en la que el filósofo griego nos dice que tres facultades nos permiten conocer y transformar la Naturaleza: la sensibilidad (aisthesis), la razón (nous) y la voluntad (orexis). Cuidémonos de traducir nous como intelecto.
El nous es, repitámoslo, una simbiosis de la razón discursiva (dianoia) y de la razón intuitiva (thymos). Como lo muestran los caracterólogos, es raro que una etnia, un pueblo o un continente cultiven de manera igual esas cuatro facultades. Así, con el cartesianismo, el empirismo y el positivismo, Europa privilegió la razón discursiva y la voluntad, mientras que África continuaba haciéndolo con la sensibilidad y la razón intuitiva. Es esta situación, ya lo vimos, la que provocó la revolución de 1889. Y esta revolución, como lo demostró el VII Congreso Mundial de Poetas, que presidí, sigue vigente. En efecto, el tema principal del congreso era "La estética del siglo XX", definida como compuesta esencialmente por la trilogía "imagen analógica, melodía y ritmo". Son ellos, aún más que en las artes plásticas y la música, "las raíces de la creación literaria". Se trata siempre de un equilibrio entre las cuatro facultades pero privilegiando la sensibilidad y la razón intuitiva cuando se trata de literatura y arte, y no de ciencia ni de tecnología.

¿Por qué tiene Colombia un papel para desempeñar dentro de su propuesta? ¿Cuál podría ser éste?

No fue un azar la escogencia de Colombia junto con Argentina, Brasil y México para participar, en el marco del proyecto Archivos, en el primer acuerdo entre América Latina y cuatro países latinos de Europa. Es uno de los países más importantes y más democráticos de la región. Y sobre todo ofrece, hoy, uno de los mejores ejemplos de mestizaje biológico entre blancos, amarillos y negros o, más exactamente, entre europeos, asiáticos y africanos. Sin olvidar, en la costa occidental, a los inmigrantes venidos de Oceanía. Sin olvidar tampoco que su presidente es un gran hombre de cultura, a quien admiro.

En conclusión, he estado, durante mi permanencia en Colombia, preso del encanto indefinible de este país y de su pueblo. Y he pensado: "El mismo encanto cautivante de las signaras -Las signaras -la palabra viene del portugués senhora- eran, antiguamente, las grandes damas de la sociedad mestiza.