Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 3,  Volumen XXII , 1985

 

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La humanidad, el periódico obrero de los años veinte

MAURICIO ARCHILA N.
Profesor asistente, departamento de historia, Universidad Nacional.

TABLA DE CONTENIDO
CAMBIOS EN EL OBRERISMO, ANTICIPAN LOS POLITICOS
LOS PROBLEMAS PRÁCTICOS DE UNA PERSONA OBRERA
POR LA CREACION DE UNA CONTRACULTURA OBRERA
LA CONFIANZA EN LA RAZON Y LA FE EN EL PROGRESO
EL ALCOHOLISMO ADORMECE AL PUEBLO
LA CONTINUIDAD ENTRE EL "CRISTIANISMO PURO" Y EL SOCIALISMO
LA CLASE OBRERA BUSCA SU INDEPENDENCIA POLITICA
LA MUJER DOBLEMENTE TIRANIZADA, DOBLEMENTE REBELDE
COLABORADORES DE LA HUMANIDAD

Nuestra Bandera es la Humanidad. Limpios de odios bajuno Y muy libres de Prejuicios atávicos, tenemos la filosofía de Cristo en el apostolado y también el gesto vindicador de Bakunin. Somos del espíritu de Kempis frente a los débiles y hambrientos (...). Luchamos por los tristes y los pobres porque, bebimos el agua de la justicia e la fuente viva de León Tolstói (...).

Hemos renunciado a nuestra herencia política para servir el evangelio de la Humanidad: todos los trabajadores son nuestros hermanos; queremos que todos los hombres trabajen para que ninguno deje de ser hermano nuestro; queremos que lo, hombres sean libres, pero antes queremos que se eduquen, que piensen, porque nunca es libre el hombre que no piensa. (Primer editorial de La Humanidad [16, IV, 19251]).

El 16 DE MAYO de 1925, un tipógrafo de Cali, Ignacio Torres Giraldo, junto con un grupo de intelectuales, artesanos y obreros, casi todos integrantes de la Cooperativa Obrera de Producción y Consumo de la ciudad, inició La Humanidad, que habría de publicarse semanalmente hasta 1928, cuando pretendió aparecer díariamente, constituyéndose en apoyo fundamental del proceso social vivido por el mundo obrero en la década del veinte, concomitante con el fuerte avance que conoció entonces la economía nacional 1 .

Por aquella época soplaban vientos renovadores para la clase obrera colombiana. El general Pedro Nel Ospina culminaba su período presidencial con los mayores índices de crecimiento económico registrados hasta ese entonces en el país. Los buenos precios del café, junto con la afluencia de capitales externos invertidos en obras públicas, conformarían la bonanza económica conocida luego como "la danza de los millones" 2 . La inflación galopante que presenciaba el país exigía de los asalariados la defensa de sus ingresos. Núcleos de la naciente clase obrera consolidaban lentamente su organización gremial, a la par que comenzaban a exigir la constitución de un partido independiente.

CAMBIOS EN EL OBRERISMO, ANTICIPAN LOS POLÍTICOS

En julio de 1924 se habían reunido simultáneamente en Bogotá el Primer Congreso Obrero y la Conferencia Socialista Nacional. En aquel, surgió la necesidad de una organización nacional para la defensa gremial del "obrerismo". De la segunda salieron resultados menos concretos, pues la división entre los socialistas moderados y el naciente núcleo comunista agrupado en torno a Luis Tejada dio al traste con la pretensión de formar una agrupación obrera independiente. Al año siguiente, en el Segundo Congreso Obrero (julio de 1925), se concretaría el primer anhelo de estos núcleos de trabajadores: conformar la Confederación Obrera Nacional (CON), tarea en la cual La Humanidad pondría gran empeño. No es extraño, por tanto, que Torres Giraldo haya sido nombrado secretario de la naciente confederación, y que La Humanidad fuese designada su órgano oficial.

"No hace aún un año -decía en 1925 Evaristo Priftis, en una colaboración para el periódico- que empezó la evolución radical del obrerismo en Colombia y, sin embargo, en tan corto tiempo, las ideas libertarlas se han formado por Completo" 3 .
La fundación del partido obrero tardaría otro año más. A fines de 1926, durante el Tercer Congreso Obrero, se organizó el partido socialista revolucionario (PSR), del cual Ignacio Torres y su grupo de colaboradores serían prestantes figuras.
No fue, pues, La Humanidad un órgano insignificante en la formación de una cultura obrera de los años veinte. Desde sus páginas se libraron importantes batallas en defensa del ideario socialista. Este núcleo caleño, junto con otros de Bogotá, Barrancabermeja y el río Magdalena, eran la avanzada de la clase obrera del momento.

La Humanidad pretendía ser más un periódico político que uno simplemente descriptivo de la situación obrero-artesanal. En este sentido no fue un periódico típicamente "obrero". Por ello en sus páginas tuvieron cabida ciertos intelectuales de la época. Sin embargo, era una expresión de la prensa obrera, no sólo por su intencionalidad política, sino porque el grueso de sus colaboradores lo constituían trabajadores manuales, proletarios o en vías de proletarización. "Los redactores de planta de La Humanidad - diría posteriormente Torres Giraldo- éramos todos trabajadores manuales(...). He aquí esa redacción: Enrique Ramírez, albañil de Cali; Agustín Morales, sastre de Buenaventura; Julio Jiménez, carpintero de Palmira; Miguel Ángel Quintero, sastre de Pradera; y Lisímaco Espinosa y Eloy Figueroa, dos campesinos aparceros también del municipio de Pradera. Desde luego, el fuerte del periódico estuvo en el ferrocarril del Pacífico, de donde se nutría con materiales de escritores permanentes que no firmaban sus producciones o lo hacían con nombres opuestos . 4

LOS PROBLEMAS PRÁCTICOS DE UNA PRENSA OBRERA

La tarea más ardua en la gestación de La Humanidad no fue la búsqueda de colaboradores: intelectuales y obreros de Cali, como también corresponsales en las ciudades y poblaciones vecinas, espontáneamente se ofrecieron a apoyar el periódico. Las dificultades reales yacían en la falta de financiamiento y en el aislamiento político del núcleo de dirección. El costo del periódico entre 1925 y 1927 fue de cinco centavos, que era el costo normal de la prensa en ese momento. La Humanidad contó con pocas propagandas -más que todo de cooperativas obreras y pequeños comerciantes, salvo las de gaseosas Postobón-. Por ello, debía ahorrar al máximo en espacio, publicando pocas fotos, por ejemplo. Como no se pudieron contratar servicios telegráficos nacionales e internacionales, el periódico informaba poco, dedicándose más bien al análisis crítico de noticias ya publicadas por la gran prensa.

Desde un principio La Humanidad pretendió romper el regionalismo proyectándose en una perspectiva nacional. Al lado de esta tendencia, se observa su universalidad evidenciada desde su mismo nombre. Citas de Víctor Hugo, Schiller y Voltaire formaban parte del cabezote. Permanentemente aparecían cuentos de Anatole France, León Tolstói y Máximo Gorki; poemas de Víctor Hugo, piezas cortas de Cervantes y Shakespeare, y referencias a textos de Tomás Moro, Bossuet, Tomás de Aquino, Proudhon, Kropotkin, León XIII, Marx. No se defendía a ultranza la cultura europea, pero sí un uso de ella acorde con el ideario socialista predicado por el periódico. Otro tanto puede decirse sobre las expresiones culturales colombianas. No faltaron en las páginas de La Humanidad poemas de Guillermo Valencia y Julio Flórez, por ejemplo, o textos de Miguel Antonio Caro o Rafael Núñez, para no mencionar sino unos pocos.

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Ignacio torres Giraldo fue reclutado en 1925, apesar de tener hijos "y con más enredos que un colchón de crín".  En el cuartel lo reseñaron, le tomaron esta foto y se dedicó a hacer propaganda socialista entre los soldados.  Lo declararón inhábil esa misma noche. Constante colaboradora de la Humanidad y activistas socialista, fue designada María Cano "Flor del trabajo" en Antioquia

POR LA CREACIÓN DE UNA CONTRACULTURA OBRERA

Ahora bien, la intención de los orientadores de La Humanidad no era sacar a luz un órgano publicitario de los valores culturales dominantes, sino aportar elementos para elaborar una contracultura que fuese expresión del movimiento obrero, en vías de organizarse. Se han agrupado dichos elementos en cinco aspectos principales: su confianza en la razón y en el progreso; su lucha contra el alcoholismo, visto como el gran obstáculo para la emancipación del pueblo; su concepción religiosa que oscilaba entre el rescate de un cristianismo "puro" y el establecimiento de formas de religión laica; un discurso ideológico pluralista que sustentaba la necesidad de la independencia política de la clase obrera; y algunas consideraciones contradictorias sobre el papel de la mujer en la sociedad.

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El periódico no solo pronunciaba publicidad sino que invitaba gente a colaborar

LA CONFIANZA EN LA RAZÓN Y LA FE EN EL PROGRESO

La Humanidad aceptaba cierta concepción de la ciencia como construcción neutra de la humanidad, en su avance inexorable hacia el progreso. La ciencia contribuía a desmitificar lo que antes se consideraba fenómenos sobrenaturales, como sucedió en el caso del terremoto de Manizales en junio de 1925 (20, VI, 1925) * . Consideraba que la ciencia era una herramienta útil para el avance de la causa obrera. Era tal la importancia que se le veía a la ciencia, y a la técnica derivada de esta, que se intentó, sin mucho éxito, establecer una sección especial dedicada a divulgar avances científicos y técnicos a partir del número 18 (12, IX, 1925).

La concepción básica que se entreveía en sus páginas era que el género humano marchaba evolutivamente hacia el socialismo. El capital, la propiedad privada y la burguesía, como clase social, constituían estorbos en esa evolución y la clase obrera debía desecharlos (13, VI, 1925). Era la razón la que, presidía esa evolución. "Todo se precipita -decía Evaristo Priftis- hacia el allá de la armonía universal; es decir, hacia las ideas modernas" (23, V, 1925).
La confianza en la razón era un elemento de la cultura del núcleo obrero de La Humanidad. Explícitamente decían: "tenemos amor al humano linaje y (...) tenemos el sentido de lógica en el templo de la diosa Razón" (4 VII, 1925). No es de extrañar que ello fuera así, puesto que las tradiciones que nutrían al naciente proletariado colombiano compartían la confianza en la razón y la fe en el progreso. Nos referimos tanto al liberalismo clásico que, desde mediados del siglo XIX se implantó en la Nueva Granada
5 , como al anarquismo y al socialismo evolucionista que tuvieron impacto en la clase obrera de los años veinte 6 .
Por tal motivo, la educación de la clase obrera era tarea prioritaria. Esta educación debía estar libre de todo fanatismo, profundizando en las ciencias exactas y en las sociales y con capacidad para transmitir las ideas socialistas. La educación haría desaparecer los odios, los vicios y suavizaría las costumbres (3, X, 1925 y 28, XI, 1925). Si el pueblo colombiano, y en concreto su proletariado, no entendía lo que le sucedía, era por falta de educación o porque la educación que se te había dado no era suficiente y lo había desorientado. "Las clases sociales -decía un editorial del 27 de junio de 1925-, tienen su origen en la enseñanza (...) los maestros tuercen el espíritu de la juventud al lugar indicado por el amo".

"Como todo es un producto del régimen burgués y la mentalidad del pueblo es hechura burguesa", no se creía que dicho pueblo pudiera conseguir la libertad por sí mismo (20, III, 1926). En aras de atacar a los que habían esclavizado a ese pueblo, se terminaba prácticamente condenando a quienes se pretendía redimir, al caer en una visión elitista del proceso social. Esto era manifestación del mesianismo existente entonces entre sectores dirigentes del proletariado colombiano. Esta actitud se halla perfectamente ilustrada en un editorial escrito por Torres Giraldo a propósito de las elecciones de 1925: "el pueblo que hizo cuanto existe sobre la faz de la tierra no debe, no puede vivir con su miseria, besando sus cadenas y adulando a sus amos. Que se rebele. La esclavitud voluntaria no sólo es un crimen, es también una vergüenza: quien pudiendo no rompe sus cadenas, no sólo es un cobarde sino que las merece (...)el pueblo colombiano es un esclavo culpable, porque no se rebela" (s.n., 12, IX, 1925).

En la sección Femeninas, de la que se hablará más adelante, la columnista con el seudónimo de Clara Luna llegó a decir:

Difícilmente se conocerá un pueblo más incapaz. La pereza le ha creado una carroña que lo hizo insensible a la luz de su miseria. Cobarde para pensar e impotente para obrar. Un pueblo que no estudia es un cretino que no piensa(...). Espíritus serviles, almas de esclavos (...) tristes con la rara tristeza de los idiotas(...). El pueblo colombiano no quiere sembrar, no quiere caminar, no quiere vivir. Qué triste es la realidad (14, IX, 1925).

Por último, en una nota titulada "El Hombre", se decía: "He ahí el animal más cobarde en el reino animal: se le roba y no protesta; se le esclaviza y calla; se le hambrea y adula; se le ahorca y pide perdón" (10, VII, 1926).
Estas expresiones, más extremas que de costumbre, las cuales pretendían ser llamados al pueblo para que tomara conciencia de su situación y de sus posibilidades históricas, dicen más de quienes las proferían, del afán con que buscaban el cambio social, que del llamado "pueblo".
En síntesis, el discurso sobre la razón, cuyo real impacto desconocemos, tendía a legitimar tanto la existencia de núcleos de avanzada en el combate obrero, entre los que se contaba éste de La Humanidad, como la función educadora por ellos enarbolada.

* Las referencias a las ediciones del periódico se harán mencionando el día, el mes (en romanos) y el año del correspondiente número. (regresar*)

1. El autor del presente trabajo tuvo acceso a los cien primeros números del periódico, publicados entre mayo de 1925 y noviembre de 1927, los cuales reposan en una colección privada facilitada gentilmente por el profesor Medófilo Medina. Parece que después se convirtió en diario, por lo menos hasta entrado 1930. Tanto este exclusivo material, como otros que constituyen el acervo documental del partido comunista de Colombia, se están microfilmando y se hallan en el Centro de Estudios e Investigaciones Sociales (CEIS). Todo parece indicar que esta es la única colección de La Humanidad que se conserva. (regresar1)

2. Véase Jesús A. Bejarano, "El fin de la economía exportadora y los orígenes del problema agrario", Cuadernos Colombianos, núms. 6-8, 1975, y Hugo López, "La Inflación en Colombia en la década de los veintes". Cuadernos Colombianos, núm. 5, 1975. (regrsar2)

3. Número 2 del 23 de mayo de 1925. Para los congresos obreros, véase Medófilo Medina, Historia del partido comunista de Colombia. Bogotá, Ed. Ceis, 1980, págs. 73-92 y 99- 107. (regresar3)

4. Ignacio Torres Giraldo, Los inconformes, vol. 111, Bogotá, Ed. Latina, 1978, págs. 798- 799.(regresar4)

5. Sobre las ideas liberales en Colombia, véase el libro de Gerardo Molina del mismo título, tomo 1, Bogotá, Ed. Tercer Mundo, 1979. En La Humanidad alguna vez se mencionó la apropiación, por los obreros, de la tradición radical liberal (20, VII, 1925). (regresar5)

6. Alfredo Gómez (Anarquismo y Anarcosindicalismo en América Latina, Barcelona, Ed. Ruedo Ibérico, 1980, Introducción) señala cómo el anarquismo en general tuvo una confianza ciega en la razón y en la ciencia como instancias neutras de la humanidad. Algo similar le ocurrió al socialismo de la Segunda Internacional con su evolucionismo patente. (regresar6)