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La humanidad, el
periódico obrero de los años veinte
MAURICIO ARCHILA N.
Profesor asistente, departamento de historia, Universidad Nacional.
TABLA DE CONTENIDO
CAMBIOS
EN EL OBRERISMO, ANTICIPAN LOS POLITICOS
LOS
PROBLEMAS PRÁCTICOS DE UNA PERSONA OBRERA
POR
LA CREACION DE UNA CONTRACULTURA OBRERA
LA
CONFIANZA EN LA RAZON Y LA FE EN EL PROGRESO
EL ALCOHOLISMO ADORMECE AL PUEBLO
LA
CONTINUIDAD ENTRE EL "CRISTIANISMO PURO" Y EL SOCIALISMO
LA CLASE OBRERA BUSCA SU
INDEPENDENCIA POLITICA
LA MUJER DOBLEMENTE
TIRANIZADA, DOBLEMENTE REBELDE
COLABORADORES DE LA HUMANIDAD
EL ALCOHOLISMO ADORMECE AL PUEBLO
Como consecuencia de la valoración de la
razón, se desprendía no sólo la necesidad de educar al pueblo, sino también de luchar
contra sus comportamientos "irracionales", el alcoholismo en primer lugar. Dado
que la chicha y la cerveza no eran las bebidas más comunes entre el "obrerismo"
vallecaucano, las baterías de La Humanidad se enfilaron contra el aguardiente. "El
alcohol se decía en un artículo sobre "la embriaguez"- lleva a sus víctimas
al hospital, a la cárcel y al abismo del desprecio. El bebedor deshonra el hogar y lo
escarnece (...) el bebedor es un esclavo sin valor y sin honor" (29, v, 1926).
Nuevamente encontramos frases condenatorias del pueblo por ser complaciente con sus
cadenas: "He ahí la cadena que soporta el pueblo y [éste] no se atreve a romperla
porque se cae su gobierno. El pueblo no quiere que cese la opresión" (16, x, 1926).
La razón fundamental en la crítica al alcoholismo era política -este consumo financiaba
al Estado vía las rentas percibidas sobre dichas bebidas-, sin que el sabor moralista
propio de la época estuviese ausente. El énfasis político diferenciaba la campaña de
estos núcleos obreros contra el alcoholismo, de la emprendida por el clero o por el
sector empresarial. La Humanidad condensaría así su visión sobre el alcoholismo:
"el obrero que bebe aguardiente es un esclavo tributario del gobierno que lo explota
y lo degenera" (13, VI,
1925). Para la Iglesia el problema era de degradación
moral, y para la elite empresarial era de pérdida de productividad
7
. Para el Estado y la gran prensa, el
alcoholismo era la causa de asonadas, motines y violencias
8
. La tesis subyacente en las páginas de La Humanidad
sostenía que el proletariado colombiano no era una "raza inferior" -en el
sentido socialdarvinista-, no se encontraba degenerado sino que, por el contrario, estaba
llamado a redimir a la humanidad
9
. Mas, para cumplir ese papel, el proletariado debía
superar escollos que le impedían avanzar -la falta de educación y el alcoholismo- y que
podían "degenerar" a algunos de sus miembros. El alcohol, y específicamente el
aguardiente, se consideraba intrínsecamente malo: "La historia del aguardiente es
una de vergüenza, corrupción, crueldad y ruina"; el aguardiente deformaba el rostro
y el cuerpo humano, y producía criminales, locos, además de la miseria y la
desesperación (7, XI,
1925).
Mientras se escribían virulentos
artículos contra el aguardiente, en sus avisos comerciales La Humanidad promovía,
ocasionalmente, la venta de vinos de mesa, blancos y tintos (veáse, por ejemplo, 19, VI, 1927)
10
. Así como el "obrerismo" de la región
bebía aguardiente y el de Bogotá chicha y cerveza, los vinos eran consumidos por otras
clases sociales. Parecería que sólo las primeras bebidas fueran consideradas
"alcohólicas". La campaña contra el alcoholismo estaba dirigida, por tanto, no
contra el alcohol en sí, sino contra las bebidas embriagantes populares, que eran las que
más rentas proporcionaban al Estado y las que contribuían a "adormecer" al
pueblo.
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El periódico
se financió con avisos de pequeñas industrias, que a veces acudían a textos tan
curiosos como éste. También anunciaban médicos, abogados y dentistas.
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Aviso de
publicidad con dibujo del caricaturista Rendón
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LA CONTINUIDAD ENTRE EL "CRISTIANISMO
PURO" Y EL SOCIALISMO
A nuestro entender, La Humanidad, frente
a la religión, buscó crear o fortalecer una contracultura obrera a partir de elementos
tradicionales propios de la mentalidad colectiva popular: recogió cierta tradición
cristiana, desechando todo aquello que indujera a la resignación y al maridaje con el
poder, insistiendo en el espíritu colectivista de los primeros cristianos y en las
críticas de los profetas y los santos padres a la riqueza. No se trataba solamente de
citar a Tomás de Kempis (3, X, 1925), o de transcribir en su totalidad el Soneto
místico de santa Teresa de Jesús (21, V, 1927), 0 de mencionar las ideas de san
Hilario, san Basilio y san Gregorio acerca de la propiedad comunitaria (20, VII,
1925).
Esa era la apariencia. La Humanidad no pretendía la defensa a ultranza de la Iglesia
católica y del pensamiento religioso oficial. El intento del núcleo de Torres Giraldo
era plantear la continuidad entre cristianismo "puro" y socialismo.
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La humanidad
destacaba las huelgas, manifestaciones y paros de la región con gran despliegue.
Esta es una noticia típica.
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Ante la disyuntiva entre razón y
religión -entendida esta última como fanatismo irracional y adormecedor- no se dudaba un
minuto en escoger la primera. De hecho, en el periódico se publicaron abundantemente
citas y textos de autores anticlericales y anticatólicos como Diderot, Danton, Renan,
Zola, entre otros (veáse, por ejemplo, 24, IX, 1926). A la Iglesia, La Humanidad le
criticaba, además de la alianza con los poderes establecidos, la simonía, la venta de
relicarios, indulgencias, etc. (20, II,
1926). Si con algo no conciliaban los
núcleos socialistas era con la posible injerencia de la Iglesia en el sindicalismo. Los
sindicatos "católicos" fueron duramente criticados por ser confesionales y por
disfrazar su contenido de "negocios" tras una fachada gremial (6, vi, 1925).
Así mismo, cuando se habló de la posibilidad de que el arzobispo de Bogotá asistiera al
Segundo Congreso Obrero, La Humanidad lanzó una airada protesta (4, VII, 1925). En
realidad, el núcleo caleño era celoso de la independencia política del proletariado. De
ahí las reacciones ante la posible injerencia clerical en el sindicalismo.
Ahora bien, el meollo del discurso de La
Humanidad sobre la religión consistía en mostrar al socialismo enraizado en las mejores
tradiciones occidentales y cristianas. Claramente se buscaba crear una práctica religiosa
alterna, desechando algunos aspectos del catolicismo, como también de otras religiones
11
. Existía en Colombia un falso patriotismo y un falso
cristianismo, denunciaba el editorial del 20 de julio de 1925: "Si Cristo rompiera la
vetusta roca del bueno de José de Arimatea y pudiera pasearse por los templos, es seguro
que la simonía de los fariseos le obligase a blandir de nuevo su látigo sobre la espalda
de los réprobos". El socialismo, por el contrario, se decía en otro editorial,
contenía "postulados [que] se encuentran en las palabras evangélicas, puras eso sí
de las perversas torceduras que le hicieron los especuladores de Jesús" (5, XII,
1925). Esta misma visión se insinuaba en el Manifiesto a los trabajadores escrito
por María Cano y Torres Giraldo a fines de 1927. "El bien es nuestro camino (...) no
nos arredra ni el rencor ni el odio insanos, si proclamamos la verdad de Cristo (...) el
socialismo es todo lo bueno que soñaron las religiones antiguas. El mismo León XIII,
en
su encíclica del 15 de mayo de 1891, hace saltar de la roca egoísta de los ricos del
mundo,
la fuente de la verdad, como Moisés el agua viva" (27, VIII,
1927).
Como se desprende de lo anterior,
el naciente socialismo colombiano, representado por La Humanidad, continuaba usando un
lenguaje religioso, aunque, por supuesto, más secular que el católico oficial. Un buen
ejemplo de fraseología religiosa con contenido laico se encuentra en un discurso
pronunciado por un dirigente obrero de Buenaventura en la recepción que allí se le
brindó a María Cano a fines de 1927:
(...) y vuestro
nombre, María, será el signo vinci grabado en la Roja Bandera que se ostenta flamante y
majestuosa por todo lo ancho y todo lo largo de este jirón de tierra que en hora aciaga
codiciara el yanqui. Descuellas y triunfas rompiendo en pedazos la ignominia y el oprobio
así como el sol con su luz rompe o disuelve las nubecillas que a su paso pretenden
hacerle sombra (...) Fulges y como Flor Revolucionaria del Partido Socialista de Colombia,
eres la brújula de los que amasan el pan de cada día (...) o la rosa de los vientos que
dirige el barco de la emancipación social (10, VII, 1927).
Ahora bien: no sólo se utilizaba el
lenguaje católico. También se encuentran algunos elementos del léxico masónico. A
propósito del incendio de Manizales ocurrido en 1925, el periódico editorializaba así:
Los arquitectos
del Universo, armados de limas y taladros, reconstruyeron a Roma. Ellos reconstruirán a
Manizales en dos años (...) la muerte del Sublime Arquitecto, es la única muerte que
paraliza la vida de las ciudades (11, VII, 1925).
No fue posible precisar los vínculos de
La Humanidad, con las logias masónicas y las sociedades teosóficas - dueñas, unas y
otras, de larga tradición en Colombia -, como sí se lograron establecer los existentes
entre ellas y el movimiento revolucionario de El Líbano (Tolima)
12
.
El lenguaje religioso utilizado por La Humanidad no ha de verse como signo de atraso. Por
el contrario, su empleo obedecía a una estrategia para difundir el socialismo: más que
antagonizar con las tradiciones populares, éstas se recogían para transformarlas y
proyectarlas con un contexto cultural nuevo.
Dentro de esa misma lógica, La Humanidad avanza en sus páginas la necesidad de construir
una ética y un comportamiento alternos, que no desconozcan los elementos tradicionales
arraigados en el pueblo. No se trataba solamente de librar una lucha contra el alcoholismo
y por la educación, sino de alcanzar un comportamiento social y personal acorde con el
ideario socialista predicado.
Las sociedades obreras comenzaron a reglamentar la vida de sus integrantes. Incluso se
impulsaron prácticas rituales alternas a las oficiales, sin desconocer totalmente a estas
últimas. Tal fue el caso del "bautismo socialista" realizado en Dagua durante
la gira de María Cano
13
. En el acta de dicha ceremonia se solicitaba a "los
Directorios Nacionales del Proletariado la aprobación y adopción del presente
sistema de bautismo, que no priva la observancia de los ritos religiosos propios del
pueblo colombiano" (s.n. 26, VI,
1927).
Lo mismo que con el lenguaje religioso, en estas prácticas se intentaba recoger lo
tradicional, transformándolo. Algo similar sucedería con tradiciones populares no
religiosas, como la elección de reinas de los estamentos sociales (Reina de los
Estudiantes, Flor del Trabajo, etc.). La tradición de la Flor del Trabajo, encarnada en
María Cano, fue incorporada oficialmente al partido socialista revolucionario,
reglamentando lo relativo a su elección (29, X, 1927).
Ahora bien: el naciente proletariado no
solamente transformó tradiciones ancestrales, sino que introdujo elementos nuevos, como
la solidaridad, el llamado a la cual consume la mayor parte de las páginas de La
Humanidad. El lenguaje utilizado tiene, nuevamente, un sabor religioso.
A propósito de la huelga del ferrocarril del Pacífico (septiembre de 1926), la
Federación Obrera Departamental declaraba: "[hemos] sacado como fruto de la jornada
libertaria (...) la entera convicción de que sí existe en el país el espíritu de
clase(...). Esta Federación anhela la comunión de todos los trabajadores con la misma
sagrada hostia de la unión" (18, IX,
1926). La unión del
"obrerismo" se debía conseguir no por mandato religioso sino como fruto de la
necesidad. La huelga sería la mejor expresión de aquella solidaridad (10, VII,
1926).
No se hablaba de una comunidad en abstracto, sino de la solidaridad de clase en la cual
desempeñaban su papel las tradiciones transformadas y los ritos "socialistas",
afianzando los lazos de la contracultura obrera que surgía.
LA CLASE OBRERA BUSCA SU INDEPENDENCIA POLITICA
El ataque a los partidos tradicionales se
hizo con un lenguaje bien sencillo: "¿Qué ganan los trabajadores conservadores con
tener un presidente de su partido? ¿Están acaso menos esclavos que los liberales
vencidos? ¿Qué tienen que ver los obreros con un presidente que es el gerente de los
ricos y el más grande accionista de las petroleras de Barranca?" (6, VI,
1925).
Del partido liberal no es que se dijeran mejores cosas. A pesar de haber copiado elementos
del socialismo en sus convenciones de Ibagué y Medellín, el liberalismo era incapaz de
llevar esos programas a la práctica, según lo denunciaba La Humanidad (17, X, 1925 y 10,
X, 1925). "Los viejos partidos han llegado a su ocaso inexorablemente. El Partido
Conservador gobierna pero lejos de sus principios, y el Liberalismo se ha teñido de
socialismo, contradictorio con su individualismo. No existen partidos definidos en
Colombia y ambos gobiernan en coalición" (22, XI, 1925; véase también 6, II,
1926).
La alternativa ante los partidos
tradicionales era la independencia política de los obreros. Al principio de la existencia
del semanario, se insistía en que la independencia política significaba el ejercicio
real de la democracia por el pueblo. "El gobierno de los partidos -decía uno de los
primeros editoriales- es la forma degenerada de los sistemas monárquicos (...) el pueblo
de cada conglomerado tiene el deber de equilibrar sus fuerzas y hacer efectiva la
democracia como principio de administración del pueblo por el pueblo mismo" (23, V,
1925). Incluso una vez fundado el partido socialista revolucionario, se seguiría
insistiendo en el ejercicio de la soberanía popular como la base de toda independencia
política obrera (15, III,
1927). Esta concepción no estaba exenta de cierta
influencia anarquista, destacable al principio de la vida del periódico. Se advierte en
él una concepción pluralista que permitía que se expresaran distintas concepciones en
sus páginas. Ya se dijo cómo defendía cierto cristianismo "puro", se daban
puntadas de un socialismo evolucionista y aparecían menciones importantes del anarquismo
y del marxismo. Sin embargo, las simpatías, ciertamente, se dirigían hacia estas dos
últimas corrientes de pensamiento, y en últimas hacia el marxismo. Menciones a Mijaíl
Bakunin y a Piotr Kropotkin, como también a la anarquía en abstracto, fueron abundantes,
especialmente en los primeros números (16, V, 1925 y 27, VI, 1925, por ejemplo). Se
exaltó también la acción de grupos anarquistas como el de Antorcha Libertaria, de
Bogotá (27, VI,
1925). No faltó la apología de la acción anarquista, como fue
el caso de un artículo sobre la dinamita aparecido el 10 de mayo de 1926: "Soy el
brazo formidable (...) la chispa que destruye y edifica los obreros me buscan (...) no soy
esclava, soy humana y vengativa". Ahora bien: estas referencias al anarquismo se
mezclaban casi ingenuamente con otras al marxismo y en general a toda ideología
considerada como progresista. Afloraron también tesis "sindicalistas" -ligadas
tal vez al anarcosindicalismo o al "sindicalismo" francés- sobre la importancia
de la acción directa en la lucha contra el Estado. Dentro de ésta, sobresalía la huelga
general, que "equivale en verdad a derruir teóricamente todo el orden social"
(3, XI,
1927). A pesar de este indudable pluralismo, el marxismo se fue imponiendo
como el pensamiento más defendido por los integrantes de La Humanidad. Sin embargo, el
marxismo de este semanario no se diferencia claramente del anarquismo, por un lado, y del
socialismo evolucionista, por el otro. No es, ciertamente, un marxismo dogmático; por el
contrario, admite el diálogo con otras concepciones.
La lenta definición por el marxismo se
halla asociada con la superación del proyecto anarcosindicalista, implícito en la
Confederación Obrera Nacional, al fundarse el partido socialista revolucionario en
diciembre de 1926, en el Tercer Congreso Obrero. Este fue un partido explícitamente
revolucionario, en contraste con el reformismo del partido socialista de comienzos de los viente
14
. "Nosotros pertecemos - decía un editorial en 1925-
a una izquierda extrema y somos antiparlamentaristas; lo somos porque no queremos ser
reformistas; creemos que toda reforma es colaboración; creemos que toda colaboración
ayuda a sostener el régimen; creemos más; creemos que todo colaborador es
conservador" (21, XI, 1925). Consecuentes con ese radicalismo, los socialistas
revolucionarios se opusieron a participar en elecciones (19, IX, 1925 y 29 , I 1927), y en
general a cualquier iniciativa del gobierno. "Somos oposicionistas se decía,
por ejemplo - a todo empréstito que consiga el gobierno burgúes" (24, X, 1925). El
obrero no debía solicitar reconocimiento legal de sus derechos sino ejercerlos en la
práctica: ¿Qué nos importan las leyes que el estado burgués confeccione a su
tamaño?" (17, IX, 1927). Cuando se hablaba de la sociedad futura, se mostraba el
ejemplo de Rusia. Por lo tanto, la defensa de la Unión Soviética se convirtió no sólo
en arma agitacional, sino en el centro del discurso político del partido socialista
revolucionario.
El resultado de dicho Tercer Congreso fue
la creación de un partido amplio, de masas más que de cuadros, que recogía las
tradiciones de pluralismo y rebeldía de los núcleos avanzados de la clase obrera. Es
decir, como el mismo Torres Giraldo lo reconocería posteriormente, se estableció un
partido que difería en su estructura de las pautas trazadas por la Internacional comunista
15
. No es exagerado, por tanto, afirmar que el partido buscó
darle una expresión apropiada a las condiciones del país, al problema de la
independencia política de la clase obrera. Torres Giraldo decía entonces: "Nosotros
hemos aconsejado un sistema de organización libre. Creemos que Colombia tiene una
fisonomía de cierto modo propia y que no es de buena táctica imponer predeterminado
método usado en otras latitudes (...)somos internacionalistas en doctrina, pero
creemos que lo primero es crear y basamentar firmemente la nacionalidad" (s.n. 15,
III,
1927). Los socialistas revolucionarios, y dentro de éstos el núcleo de La
Humanidad, introdujeron un carácter autónomo en la elaboración política, con respecto
a los centros internacionales de la organización obrera.
Ahora bien, el tipo de
"organización libre" predicado por La Humanidad no dejó de presentar problemas
que oportunamente ha señalado la historiografía sobre el tema: confusión ideológica
con el liberalismo, caudillismo y superposición de estructuras organizativas paralelas
16
. A estos problemas, La Humanidad agregó el de la
incomunicación entre los distintos sectores que conformaban el partido, la cual produjo
mutuos reproches y desconfian entre los núcleos obreros de diversas regiones
17
.
Otro problema del socialismo
revolucionario reflejado en las páginas de La Humanidad fue la falta de claridad acerca
de las relaciones entre el partido y las clases populares no obreras. Desde los primeros
números del periódico se insistió en que sería una tribuna libre, no sólo para el
"obrerismo", sino para el campesinado, los soldados y policías, los
desempleados y las mujeres. Sin embargo no existía, por ejemplo, un programa agrario que
diera cuenta de los intereses de la mayoría del campesinado, que constituía el grueso de
la población colombiana.
A veces no se pasaba más allá del señalamiento clásico de que el obrero de la ciudad
debía educar y organizar al campesinado, pues este carecía de política propia (30, V,
1925 y 22, VIII,
1925) o de llamados generales a la repartición de tierras y al
otorgamiento de créditos a los trabajadores rurales (9, X, 1926). En algún momento se
llegó a decir que el campesinado estaba tan sometido a las clases dominantes que se
necesitaría primero cambiar al Estado -leáse: hacer la revolución- para después
transformarlo (25, IX, 1926).
LA MUJER DOBLEMENTE TIRANIZADA, DOBLEMENTE REBELDE
A partir del número 21 (3, X, 1925), La
Humanidad publicó una columna llamada Femeninas, escrita por Clara Luna. En su primer
artículo, la columnista señalaba que, además de la explotación compartida con el
hombre, la mujer sufría otra: "Es considerada inferior sociológica y
fisiológicamente por el hombre, que es quien legisla en su favor. Por tanto, la mujer
tiene el doble motivo de su rebeldía en la doble tiranía que sufre" (3, X, 1925).
La razón de la desigualdad de la mujer con el hombre no reside en la mujer misma -es
decir, no se debe a problemas genéticos, raciales o de inteligencia- sino en el
desequilibrio social y educacional existente (10, X, 1925). A la mujer se le marginó,
insistía Clara Luna, de los problemas económicos, sociales y políticos, relegándola al
hogar y convirtiéndola en una "baratija" del hombre, haciéndola dócil y
resignada (17 y 24, X, 1925). El maquinismno afectó más a la mujer que al hombre, pues
antes, en la economía de hogar, el hombre y la mujer trabajaban por igual. Con el
maquinismo la mujer se vio desplazada de la economía y sometida al hombre. Si conseguía
empleo en una fábrica, debía prácticamente romper con el hogar (7, XI, 1925 y 9, I,
1926). La prostitución era vista como un resultado social más que como una decisión
individual (31, X, 1925 y 21, XI, 1925). La solución propuesta por Clara Luna se basaba
en la igualdad de oportunidades educativas: si había educación habría igualdad en los
otros aspectos, pues una "mujer educada ya no se deja someter" (14, XI, 1925)
18
. Pero no bastaba la educación, insistía la
columnista. Había que unirse a la revolución social. "[Mujer,] piensa que tu
espíritu tiene alas y que debes volar sobre las tumbas de todos los sacrificados por el
ideal: Cristo y Rosa Luxemburgo compendian el martirologio" (1, V, 1926). A esta
conclusión habían llegado otras mujeres que escribían para La Humanidad, como Raquel
Torres Giraldo (17, VII,
1926) y María Cano (8, VII,
1925). Sobre esta
última se expresaba así un editorial: "[María Cano] será el símbolo de la
Revolución Social en Colombia, nacida de esta paz octaviana y sobre las ruinas de la
masculinidad" (21, VIII,
1926).
La concepción machista tradicional
estaba muy introyectada en la cultura obrera del momento, a pesar de los intentos arriba
expuestos: No es extraño encontrar referencias "machistas" en medio de
discursos incendiarios: "Si los obreros no quieren romper la coyunda que los ata al
poste de los bueyes, la culpa es de los obreros que tendrán que llorar como mujeres lo
que como hombres no supieron defender" (31, VII,
1926). Contradiciendo lo que
Clara Luna escribía en su columna, La Humanidad publicaba artículos en los cuales se
insistía en que el sitio de la mujer era precisamente el hogar. Desde allí debía reinar
y convertirlo en un sitio agradable para el esposo, de tal forma que éste estuviese
contento y no se fuera a matar el tedio a las cantinas (20, II
1926). A veces se
sindicaba a la mujer de la "infelicidad" de los matrimonios. En un trabajo
titulado "La mujer infiel" se decía que ella, "no solamente hace
desgraciado al hombre que le cayó en suerte, sino que también constituye un deshonor
para los hijos (13,,II,
1926). Por supuesto, lo mismo no se decía del "hombre
infiel".
A nombre del estímulo a la educación de la mujer, se reforzaban las ideas despectivas
respecto a ella, en el mismo espíritu de lo que se señalaba sobre el alcoholismo del
pueblo.
A nombre de redimir a la víctima, se terminaba culpabilizándola (19, IX,
1925).
El articulista Vasco René decía, por ejemplo:
La Mujer está
fatalmente ayugada [sic] al servilismo. Ignorante por abandono y cobarde por su
ignorancia, recibe en su anquilosada masa encefálico las impresiones más absurdas (...)
la mujer ignorante es un ser inferior: ni conoce la felicidad, ni la merece (...)como hija
es un peligro al honor del hogar,- como hermana una temeridad; como esposa un martirio y
como madre una vergüenza (16, I, 1926).
Por supuesto que el autor estaba
criticando más la falta de educación que a la mujer misma, pero su discurso reproduce
necesariamente tradiciones machistas ancestralmente inscritas en la cultura popular. Las
expresiones culturales del núcleo que publicó el semanario entre 1925 y 1927, se pueden
resumir en lo siguiente: aparte de tradiciones que permanecen vigentes a lo largo de los
años veinte (rebeldía y pluralismo ideológico, por ejemplo), las expresiones
contraculturales reproducidas por La Humanidad parten de elementos tradicionales
(cristianismo, iluminismo, prejuicio contra el alcohol, etc.) pero desarrollándolas y
produciendo paralelamente otros valores nuevos, como serían la solidaridad, la oposición
radical a lo establecido y la lucha por la independencia política. Por supuesto, no todo
fue claro, como se vio en el caso de la relación con las otras clases subordinadas o con
la mujer.
Lo que La Humanidad refleja es esa
compleja mezcla de valores tradicionales y nuevos que, como dice el historiador inglés E.
P. Thompson, constituyen el proceso básico de la formación de la clase obrera. Si en
Inglaterra las tradiciones del "hombre inglés nacido libre" de los jacobinos y
de los grupos metodistas fueron la base de la cultura radical obrera para 1830, en
Colombia, ateniéndonos a La Humanidad, las tradiciones ancladas en el cristianismo, y
alimentadas por el iluminisnio y cierto socialismo pluralista, desempeñarían un papel
análogo en ese "hacerse" de la clase obrera y de su marco específico de
valores, de su cultura en ese sentido amplio.
COLABORADORES
DE LA HUMANIDAD
IGNACIO TORRES GIRALDO
Nació en 1892 y murió en 1968. De profesión, tipógrafo y sastre. Militante socialista
desde los años veinte. Después de la huelga de las bananeras, viajó a Europa y
permaneció cerca de un lustro en Moscú. Cuando regresó al país fue secretario del
partido comunista de Colombia por un corto lapso. Posteriormente se retiró del partido y
permaneció el resto de su vida como marxista independiente, dedicado al estudio de la
historia social colombiana. Fundador de los periódicos El Martillo, de Pereira, y La
Humanidad, de Cali; colaborador de Ola Roja, de Popayán. Autor de los libros Los
inconformes, Síntesis de historia política colombiana, La cuestión indígena en
Colombia, La cuestión sindical en Colombia, María Cano, mujer rebelde (reeditado con
el título María Cano, apostolado revolucionario).
MARÍA DE LOS ÁNGELES CANO MÁRQUEZ
Nació en Medellín el 12 de agosto de 1887, y murió en la misma ciudad el 26 de abril de
1967. Activa militante del socialismo revolucionario, poetisa y prosista. Elegida Flor
Revolucionaria del Trabajo en los años veinte. Fundó la revista Cyrano y colaboró en
periódicos socialistas y en El Correo Liberal, donde publicó versos de tema amoroso e
infantil. Publicó el libro Horizontes.
EVARISTO PRIFTIS
Nació en Grecia en 1886. De profesión, sastre y comerciante. Había estado, antes de
llegar a Colombia, en Argentina, Chile, Bolivia, Perú y Ecuador. Trabajó como sastre en
Girardot, donde rápidamente se vinculó a la actividad sindical. En 1925 se trasladó a
Neiva para actuar con la agrupación Sociedad de Obreros Libres. Desde esa ciudad enviaba
sus colaboraciones a La Humanidad, con cuyo núcleo editor mantenía estrechos contactos.
Se le siguió juicio de expulsión del país en 1927.
NEFTALÍ ARCE
Médico vallecaucano. Torres Giraldo dijo de él:[...] fue estudiante de medicina en
París y desde entonces [fue] marxista sin reservas, aunque fuertemente dominado por la
vida bohemia que lo hacía irresponsable a veces". Tradujo muchos de los textos
internacionalistas publicados por La Humanidad.
AGUSTÍN MORALES
Sastre y dirigente obrero de Buenaventura. Militante del partido socialista revolucionario
y posteriormente del partido comunista. A él perteneció la colección de La Humanidad a
la cual tuvo acceso el autor del presente trabajo.
VASCO RENÉ
Colaborador habitual de La Humanidad con artículos agitacionales. Probablemente se trata
de un seudónimo.
CLARA LUNA
Seudónimo de una colaboradora cuyo nombre real desconocemos. Algunos señalan que puede
ser María Cano. También la columna Femeninas aparecía con otro seudónimo: Felicidad
Severa.
7 Alberto Mayor Mora,
Ética, trabajo y productividad en antioquia, Bogotá, Ed. Tercer Mundo, 1984,
págs. 291-294. Nótese la cercanía de lenguaje, en este punto, entre núcleos
socialistas y católicos. El Obrero Católico decía, por ejemplo: "No ha sido el
trabajo el que ha diezmado la raza. Ha sido el tiempo del desempleo, cuando libre de
labores el obrero ha buscado lo que dice merecer y abandonado a su ignorancia, sin
importarle al Estado, ni a la ley, ni a los patrones, va de taberna en taberna
alcoholizándose, incapacitándose para el día siguiente" (citado por Mayor, pág.
293). (regresar7)
8. Si se lee la prensa
liberal (El Tiempo y El Espectador) entre 1920 y 1934, se constata esta afirmación para
la casi totalidad de conflictos abiertos del período. Tanta fue la preocupación por el
alcoholismo, que circuló en el congreso un proyecto de ley para controlarlo. (Véase El
Espectador, 22 y 26, X, 1930). (regrear8)
9. El socialdarvinismo
fue introducido por los positivistas a fines del siglo XIX. Fue destacado el caso de los
"científicos" de México, quienes entre otras cosas se distinguieron por la
predica del socialdarvinismo aplicado a la "degeneración" de ciertas clases de
dicho país. (Véase Michael Meyer y William Sherman, The Course of Mexican History, Nueva
York, Oxford University Press, 1979, pág. 457). (regrear9)
10. Los vinos se
vendían en el café Hamburgo, de propiedad dl¡ artesano Ramón Z. Casas, gran
colaborador del periódico. Parece que dicho café era sitio de encuentro de los círculos
artesanales e intelectuales de Cali. En una ocasión fue defendido desde las páginas de
La Humanidad ante el ataque de la dirección de sanidad de la ciudad (16, 1, 1926). Otro
sitio de ese estilo que sacó anuncios en el periódico fue el billar-cantina La Cumbre. (regrear10)
11. Cuando los miembros
de un grupo de protestantes de la población de Andalucía (Valle) declararon ser asiduos
lectores de La Humanidad y exigieron una definición sobre religión, el semanario
respondió que no se podía comprometer a predicar el protestantismo porque también era
una forma de fanatismo, además de un producto colonial y "agente del
imperialismo" (12, XII, 1925). A pesar del no compromiso con ninguna religión, en
algún momento se sugiere la utilidad de contar con una Iglesia nacional, como la que se
venía impulsando en México en contra del Vaticano (11, VII; 1925). (regrear11)
12. Véase Gonzalo
Sánchez, Los bolcheviques de El Líbano (Tolima), Bogotá, Pandora- ECOE,
1981,
págs. 76-77. Llama la atención que en las propagandas de gaseosas Postobón a veces se
dijera: "En la Logia tome Popular, la bebida sin igual". En otras ocasiones la
leyenda cambiaba el término logia por el de club social.
(regrear12
)
13 Gonzalo
Sánchez (1981) menciona ceremonias de "bautismo" y "casamiento"
socialistas en El Líbano (Tolima) durante el mismo período, op. cit. págs. 79-82). (regrear13)
14.
Véase
Medófilo Medina, op. cit., págs. 51-72. Dicho partido publicó el periódico El
Socialista, del cual sólo se conserva el primer año. Antes de la Fundación del PSR
Parecían existir organizaciones revolucionarias como un partido comunista, de cuya
dirección nacional era miembro Torres Giraldo, una junta departamental socialista y un
Club Marxista cuyos miembros usaban como seudónimos las letras del abecedario griego (13,
111, 1926). (regresar14)
15.
Ignacio
Torres G., op. cit., vol. IV, pág. 8. (regresar15)
16. Se destaca la
confusión entre el partido socialista revolucionario y su organismo insurreccional: el
comité central cons pirativo. (Medófilo Medina, op. cit., págs. 125-155). (regresar16)
17. A comienzos de 1927
se produjo una agria disputa entre los trabajadores portuarios del río Magdalena y la
Federación Obrera del Valle del Cauca, porque la segunda no apoyó una huelga de los
primeros. La Federación decía: "el obrerismo del Valle no actuó cuando ustedes
procedieron, lo que vivamente lamenta, por total carencia de conocimiento [sobre los]
planes [que ustedes] aisladamente desarrollaron allá" (12, 11, 1927). El caso más
grave de incomunicación fue el de la frustrada rebelión de fines de julio de 1929,
cuando la contraorden no llegó a municipios como El Líbano, La Gómez, San Vicente, etc.
En esos sitios los socialistas se lanzarían a una insurrección sin respaldo nacional por
la contraorden dada desde Bogotá. Véase Gonzalo Sánchez, op. cit. (regresar17)
18. Para la autora, la
educación, "afirmación espiritual del pensamiento que recorre la órbita del
dominio de la Idea", comenzaba desde la infancia (23, 1, 1926). Añadía que más que
educar en el miedo, había que estimular la conservación de los afectos. La simple
adaptación al medio era retrógrada; había que orientar a los hijos e hijas en las
nuevas dimensiones de la vida (30, 1, 1926). Las ideas educativas de Clara Luna se
apoyaban en las experiencias de Pestalozzi, Fröbel, Decroly y el centro Clarté, de
París. (regresar18)
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