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La
humorística crónica de nuestro tiempo
¡Piedad con este pobre huérfano!
Daniel Samper Pizano
Plaza y Janés. Bogotá, 1984
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Dos virtudes hacen de Daniel Samper
Pizano el mejor periodista de la Colombia de hoy: primero, la fibra moral del columnista
que se ha convertido en el fiscal de los poderes del Estado, de las multinacionales, de
los políticos,
de todos los estarnentos cuyo poder los hace intocables; y,
segundo, el más hilarante -y delirante- sentido del humor. (Por cierto, dice bien del
país saber que su periodista más fidedigno y más
valeroso sea también su mejor
escritor de humor).
Daniel Samper Pizano nació en Bogotá en 1945, estudió derecho en la Universidad
Javeriana, donde se graduó con una tesis sobre derecho espacial y régimen jurídico de
la estratosfera y de la luna y del espacio interestelar, dedicada "a Yuri Gagarin, el
Cristóbal Colón del espacio". Parodiando las "vidas de hombres ilustres pero
q.e.p.d" que incluye en su último libro, se podría decir que acto seguido abrió
oficina de abogado en Bogotá, pero que no encontró clientes para su especialidad. El
caso es que, desde sus tiempos de estudiante, en 1964, inició su carrera periodística en
El Tiempo y, salvo algunos intervalos de estudios en Estados Unidos -Kansas, Harvard,
Columbia-, y de trabajo -Periodistas Asociados, El Pueblo, Alternativa-, ha trabajado
allí hasta hoy.
Samper publicó en 1978 una Antología de grandes reportajes colombianos (Ediciones
Hombre Nuevo), que es referencia imprescindible para quien aborde la historia del
periodismo nacional. Su bibliografía se completa con cuatro compilaciones de sus escritos
de humor: A mí que me esculquen Dejémonos de vainas -que da título a la serie
más popular de la televisión colombiana, cuyos argumentos se deben, también, al mismo
Samper-, Llévate esos payasos, todos los cuales editó Pluma, y, el cuarto y más
reciente, editado por Plaza y Janés, ¡Piedad con este pobre huérfano!
El único defecto que puede cargarse a este último libro de Daniel Samper Pizano es que
no tiene índice. Si fuera una mano, tendría cuatro dedos y no podría señalar a nadie;
pero tratándose de un libro, y de un libro tan especial como éste, la omisión del
editor se convierte en una trampa para el lector, o mejor, para el relector, que, cuando
quiere buscar alguna de las siempre magníficas crónicas de este libro, termina enredado
en otra, y en otra, siempre riendo a carcajadas.
Acerca de los textos periodísticos publicados hace mucho, cabe preguntarse sobre si
valió la pena reeditarlos o no; casi siempre hay que contestar que no, como con ciertos
libros que hizo la Biblioteca Pública Piloto de Medellín. Pero con el libro de Samper
Pizano la pregunta es inoficiosa. Se trata de escritos muy recientes -1983, 1984-
publicados, la mayoría, en El Tiempo y en la Revista Diners, y el lector (o relector,
porque todo lector de Samper es su relector) se felicita de poder disponer en forma de
libro de aquellas divertidísimas crónicas que alguna vez pudo leer cuando abría el
periódico directamente en la página quinta, omitiendo los titulares de la primera,
buscando a su columnista favorito en el ángulo superior derecho o debajo de la
caricatura.
Podría dedicarse un párrafo -y más- a consideraciones sobre el humorismo. Y citar a
Bergson. Un colorido párrafo que hablara de humor negro y de chistes verdes. Pero lo
principal aquí, a la hora de enunciar los recursos humorísticos de Samper Pizano, es que
este periodista bogotano, si bien no desdeña el calembour y el humor verbal,
despliega su talento más bien en la narración de situaciones cómicas -argumentalmente
humorísticas-, aferrándose literalmente a hechos de por sí hilarantes, ilustrados con
comparaciones y consideraciones -ya desprevenidas, ya mordaces- que hacen que sus lectores
le escriban cosas como ésta: "Gracias a su último libro me están saliendo patas de
gallina, de tanto reír. Por favor, siga haciéndome arrugar".
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En la más agria y desventajosa polémica que durante su vida sostuvo Lucas Caballero,
Klim -en quien Daniel Samper reconoce a su maestro-, la contraparte del humorista, que era
el presidente de la república, López Michelsen, llegó a poner en cuestión el humor de
Klim aduciendo que era demasiado local. En semejante contienda hubo toda clase de golpes,
pero a Samper nadie le podría decir semejante cosa: textos suyos han aparecido en varias
publicaciones latinoamericanas, y el hecho de que su humor sea predominantemente
argumental, más que verbal o construido con chistes, ha permitido la traducción de
crónicas suyas publicadas en revistas como Playboy, honor que no ha alcanzado ninguno de
los miembros de la Academia de la Lengua. Esa misma virtud argumental de Samper ha hecho
posible trasladar sus relatos a una exitosísima serie de televisión.
Aparte de las cualidades hilarantes de ¡Piedad con este pobre huérfano!, puede
decirse que este y los de más libros de Samper son una crónica de la vida de nuestro
tiempo. Si uno quiere conocer algo de la vida cotidiana, de las costumbres y de los
acontecimientos, del ámbito familiar y de la recreación de un bogotano de hace cien
años, consulta a José María Cordovez Moure; y si quiere saber lo mismo de un bogotano
de hace cincuenta años, se lee a Emilia Pardo Umaña. De igual manera, muchos de los
escritos de Samper Pizano son un testimonio, vivaz y aceitado por el humor, de la Bogotá
de los setenta y ochenta y aun de los sesenta, como en una crónica de nostalgia dedicada
a ese período. De este su cuarto libro, en particular, hay dos partes que bien sirven
como ejemplo de la crónica de costumbres: "En familia" y
"Buscapersonas", sin contar algunas de "toda clase de vainas", aquí
ilustradas por Jairo Barragán, Naide, quien siempre ha acompañado a Samper con sus monos
delirantes.
En 1949 Raymond Chandler se quejaba de que "hay una constante impaciencia por no
permitir el ingreso de la novela policial en la literatura". Igual cosa ocurre con el
periodismo. Pero ese artefacto llamado literatura está tan desacreditado, que si llega
abrir sus puertas para que ingresen ciertos géneros, a lo mejor lo que consigue es que se
le salgan otros. Eso es lo de menos. En todo caso, pertenezca a la literatura o no, Daniel
Samper Pizano es, hoy por hoy, uno de los mejores escritores de Colombia.
DARÍO JARAMILLO AGUDELO
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