Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 3,  Volumen XXII , 1985
 

Una summa explicada de nuestro mejor caricaturista


Ricardo Rendón: una fuente para la historia de la opinión pública
Germán Colmenares
Fondo Cultural Cafetero. Bogotá, 1984, 295 páginas, 805 caricaturas

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Ricardo Rendón inició su actividad como dibujante en Medellín, a mediados de la década de 1910. después de trabajar como ilustrador y caricaturista en la capital antioqueña, se trasladó a Bogotá y, por sugerencia de Alfonso Villegas Restrepo, comenzó a publicar caricaturas políticas, primero en La República y luego en El Espectador y El Tiempo, así como en El Gráfico.
Entre 1921 y 1931 sus dibujos ofrecen un magnífico testimonio de las agitadas controversias políticas de un período de cambio acelerado y tumultuoso. El régimen conservador,- después de normalizar las relaciones con los Estados Unidos mediante la aprobación del tratado Urrutia-Thompson en 1921, utilizó en un ambicioso programa de obras públicas los recursos de la indemnización recibida por la pérdida de Panamá. El acuerdo con Estados Unidos abrió las puertas al capital norteamericano, que se incorporó al país en magnitudes imprevistas, permitiendo financiar la expansión de los ferrocarriles y de los servicios públicos con crecientes créditos de los bancos estadounidenses. El aflujo repentino de estos capitales, así como el auge exportador, trajeron al país años de avance febril, que transformaron bruscamente las estructuras políticas y sociales tradicionales. Mientras aumentaba la inversión industrial y se construían ferrocarriles y carreteras, era necesario movilizar trabajadores para atender las obras públicas, subía el costo de la vida y estallaban conflictos laborales como el de los trabajadores petroleros y la huelga bananera de 1928. Esta "prosperidad a debe", como fue denominada luego, constituyó caldo de cultivo para una corrupción pública inicial que la prensa liberal explotó con habilidad; los conflictos sociales condujeron, por su lado, al surgimiento de movimientos socialistas y organizaciones obreras. (Ver en este número el artículo sobre el periódico socialista La Humanidad).
Todos estos elementos animaron la actividad pública, rompiendo la modorra aparente de los decenios anteriores. Los escritores y políticos jóvenes (los Nuevos) sentían que el país entraba en una, época que borraría la "república fósil" de que hablara Baldomero Sanín Cano.
Al dibujar los incidentes políticos diarios, la obra de Rendón constituye un comentario sin par de los acontecimientos políticos del momento, comentario que, por lo demás, ejerció gran influencia en la conformación de la opinión pública y contribuyó en buena medida al desprestigio de la república conservadora.
De la obra de Rendón efectuó Cromos, hace años, una edición muy selectiva, y el Banco Comercial Antioqueño publicó en el decenio pasado un volumen, de circulación cerrada, en el que se recogía una buena muestra de su producción, con énfasis en su labor como ilustrador y publicista. Incluía, por ejemplo, los numerosos dibujos hechos para la Compañía Colombiana de Tabaco.
Germán Colmenares ha preparado una edición novedosa en varios aspectos. En primer lugar, es la más completa de las realizadas hasta ahora, pues comprende unos ochocientos dibujos, que parecen incluir la totalidad de los publicados por La República, El Espectador y El Tiempo. En segundo lugar, el compilador ha acompañado el documento gráfico con una narración que da al lector las claves principales para identificar los personajes e incidentes aludidos por las caricaturas, sin materiales superfluos ni grandes interpretaciones. Para evitar un texto disperso y desordenado, como el que habría sido necesario para seguir una secuencia cronológica, Colmenares ha preferido organizar las caricaturas por temas: la política conservadora, la política liberal, la oposición al régimen conservador, el tratado de 1914 y sus consecuencias, etc. El resultado es bastante satisfactorio, aunque a veces conduzca a repetir una explicación o un dibujo. Colmenares ha logrado hacer un libro donde el lector puede seguir con facilidad la secuencia de imágenes apoyándose en la explicación histórica. Es interesante resaltar a la vez la complejidad y la precisión de la reconstrucción del quehacer diario de la política de la época, que son características de la visión que texto e imagen contribuyen a crear.
Algunos aspectos del libro son discutibles. En la parte gráfica, la modificación del tamaño de las caricaturas ocasiona que algunas resulten muy difíciles de ver, y altera la intención del dibujante, al hacerlas aparecer congestionadas o imprecisas. A veces el original de los dibujos estaba muy deteriorado, y cuesta trabajo aceptar que no existieran fuentes diferentes de la colección de prensa de la Biblioteca Nacional. Por otra parte, el compilador decidió omitir toda referencia, con la excusa de que quería hacer un libro divertido. Sin duda, éste es entretenido, pero no lo habría sido menos colocando al final del texto en forma abreviada, unas referencias a las fuentes utilizadas (ante todo, a la prensa en la que publicaba Rendón y los informes de los ministros y diplomáticos de los Estados Unidos). También hubiese servido colocar una tabla que fechara las caricaturas e indicara el periódico donde aparecieron.
Algunas imprevisiones menores hubieran podido evitarse: la caricatura 741 muestra al general Ospina, pero el texto alude a la intervención de la Iglesia en las elecciones de 1930; la fecha de la aprobación de la Ley Heroica por el senado (pág. 259) es inexacta; el ministro Rodríguez Diago aparece en una ocasión como Ramón y en otra como Gabriel. Una vez Colmenares atribuye a La República la posición de Rendón, pese a que aquella señaló su desacuerdo (número 42). En unos pocos casos, la información es incompleta y puede inducir a engaño o dejar al lector sin entender el dibujo: nunca menciona Colmenares que Olaya Herrera aceptó finalmente el ministerio de relaciones exteriores en 1921; tampoco alude a la sustracción del texto de Marco Fidel Suárez Honores y deshonra, y a su publicación por Laureano Gómez, lo que aclararía las caricaturas 327 y 781: en la primera aparece Gómez como un "Gutenberg Bochica" ofreciendo a la venta el folleto de Suárez; en la segunda Rendón lo viste de presidiario en la Conferencia de Santiago, "donde se discute sobre propiedad literaria y artística". Colmenares se limita en este caso a decir que Suárez publicó un folleto de defensa y "zahería también a (...)  Laureano Gómez".
Con todo, en el conjunto de la obra, las anteriores son minucias de escasa importancia: el hecho es que se trata de un magnífico libro que contribuye al conocimiento de uno de los períodos más interesantes de la historia del país.

JORGE ORLANDO MELO